Actualizado el 8 de julio de 2011

Mayo Teatral 2010

Escenas de identidad

Por: . 4|6|2010

Mayo Teatral 2010Mayo Teatral es mucho más que la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño organizada cada dos años por Casa de las Américas. Edición tras edición, hasta sumar ya nueve, ha ido asumiendo la forma de una puesta en escena que, con dramaturgia, clímax y personajes definidos por la esencia de estas tierras, se concentra en un tema teórico como argumento, para expandirse en narración de identidades tornadas en reflejo e imagen del teatro, y del público que lo vive.

Joven como la década que cierra sus puertas, este constituye un evento maduro por la diversidad hilvanada desde la escena e irradiada en sus diferentes dimensiones. Entre el 7 y el 16 del quinto mes de este año, Cuba vivió nuevamente la lluvia de representaciones que desbordó los espacios de la gran Casa, embajadora cultural del continente, para inundar de arte los escenarios de Ciudad de La Habana, Pinar del Río, Cienfuegos, Villa Clara y Granma. Sobre ellos actuaron, como auténticos apóstoles del tercer mundo, con la misma vehemente fe, doce colectivos teatrales, seis cubanos y seis extranjeros. Más de ocho mil espectadores respondieron con complicidad a su convocatoria.

Del patio, subieron a las tablas las puestas ganadoras de los premios de la crítica Villanueva: ¡Ay, mi amor!, de Teatro El Público; La visita de la vieja dama, de Teatro Buendía; MalSon, de DanzAbierta; Casi-casa, de Danza Contemporánea de Cuba; Federico de noche, de Teatro de las Estaciones; y de la Compañía de Teatro Infantil La Colmenita, Y sin embargo se mueve. Por los visitantes, el grupo peruano Yuyachkani ofreció los espectáculos Hecho en Perú y El último ensayo; el colombiano Matacandelas, Fernando González. Velada metafísica; los argentinos de Timbre 4, Tercer cuerpo (La historia de un intento absurdo); la Compañía Teatral La Cuarta, de Uruguay, Gatomaquia; Teatro Promiscuo, de Brasil, Tres cigarrillos y la última lasaña y Dentro; y los puertorriqueños de Suda-K-ribe, La razón blindada.

Como dijera Miguel Rubio, director de Yuyachkani, en las palabras de agradecimiento a su Doctorado Honoris Causa, entregado por la Universidad de las Artes en Cuba como parte de la celebración, no existe en estas piezas de teatro latinoamericano el Macondo costumbrista que algunas vez esperaron encontrar en nuestra dramaturgia los espectadores europeos. Se trata, sin embargo, de una sólida propuesta conceptual que indaga en las principales problemáticas y asuntos de nuestra realidad social para devolverla hecha metáfora, arte puro.

ELENCO

Mayo Teatral 2010En común, como subterfugio paralelo del gran relato dramático que fue Mayo Teatral, las puestas tejieron la historia, nunca exenta de conflicto, de esta zona del continente. Realidad social apreciable también a través de los cuestionamientos, dolores, juegos, ironías y desequilibrios vividos por sus personajes. El papel del actor y la actriz, en su concepto casi primigenio, fue un elemento clave en casi todas las puestas, no solo como vehículo de expresión de los textos, también como (co)creadores de ellos. Tal como anunció el sitio web oficial de la Temporada, en sus intenciones se encontraba lograr “una reflexión en torno a las maneras de abordar el proceso creador en diálogo con fuentes diversas. Creación colectiva, reescritura de textos clásicos y contemporáneos, performance text, (como) vías distintas que permiten abordar lo cotidiano y lo mítico”.

Para fin tan complejo, se emplearon numerosos recursos. “Encarando al personaje” fue el taller impartido por Elcio Nogueira, del Teatro Promiscuo de Brasil, donde en tres sesiones los jóvenes aprendieron a relacionarse con el otro desde sus cuerpos, y a buscar estrategias para la construcción de sus personajes sin importar la línea de trabajo de su grupo o director. Juegos teatrales, ejercicios de concentración, confianza y trabajo grupal, y algunas técnicas de Teatro Imagen, regentaron las sesiones de “Educ-Arte: el juego como disciplina teatral, taller orientado por la puertorriqueña Rosa Luisa Márquez”, directora del Teatro Suda-k-ribe. Y para cerrar este ciclo de aprendizaje, uno de los mayores valores de la cita sobre todo por los frutos revertidos sobre la escena cubana, Cristóbal Peláez, director del colectivo colombiano Matacandelas, propuso “Los escenarios del actor”, un espacio para la práctica, donde cada participante llevó su propio ejercicio para desatar la creatividad.

Provocaciones al quehacer del teatro en Cuba desde los estilos del trabajo de los profesores. Teorías y recomendaciones artísticas convertidas en hechos y recursos escénicos. Concurso de talentos, dibujado por Jaime Gómez Triana, director de teatro de la Casa, como “una fiesta, que tiene como principal resultado el encuentro, la red que teje, la oportunidad de dialogar entre teatristas, de pensar proyectos futuros de conjunto; también de dialogar con el espectador que masivamente asiste al teatro y que tiene la oportunidad de parangonar, de acercarse, como solo se puede hacer a través de la escena, a las identidades y realidades de nuestros pueblos, para, a partir de ahí, pensar también nuestra realidad”.

Mayo Teatral conserva sus esencias. Nació como un espacio modesto y como tal sobrevive, porque como casi todo el teatro que se hace en el continente, desafía siempre alguna crisis económica, con la ventaja de haberse probado ya ante las limitaciones materiales que podrían detenerlo mañana. Pero, por fortuna, según el propio Triana, “siempre un evento como este se hace con la solidaridad inmensa de los creadores de nuestro continente, que ven en la Casa, en la revista Conjunto y ya también en el Mayo Teatral, un espacio de legitimación para sus trabajos. Nunca hemos querido usar el término festival, siempre nos gusta concentrarnos en pocas obras y sacarles bien el jugo, y tener también la oportunidad de que los talleres, los encuentros y el resto de las actividades perfilen una línea de diálogo específica”.

PERSONAJES

Hecho en Perú, de Yuyachkani (Perú)Fue esta la tercera vez que Teatro Matacandela vino a mostrar su quehacer en la Isla. Su relación con la institución convocante trasciende los marcos del evento y, por esas cosas del destino, esta vez fue aplaudido con una obra que, en buena medida, debe a Cuba su nacimiento. Lo contó el mismo Cristóbal Peláez en el escenario del Teatro Nacional. Al venir como Jurado del Premio Casa de las Américas, fue precisado a traer alguna creación y un licor típico de su país. El público de aquella tarde dejó para el final la sambumbia colombiana, pero escuchó con atención el epistolario del filósofo y poeta Fernando González. Y desde 2003, gracias a esa sorpresiva identificación de los espectadores con la obra del “gran místico”, andan por los escenarios del mundo 90 minutos de Fernando González, Velada Metafísica.

A los actores del grupo el público les pareció “muy cálido”, aseguró Lina Castaño, la Mademoiselle Tony de la Velada…, a pesar de que “es una obra particular, algo densa, sobre todo porque habla de un personaje poco conocido y porque la filosofía no es fácil bajo ninguna circunstancia”. La representación alcanza a mostrar la vida de Colombia a través de las cartas, libros y apuntes de un hombre extrañamente nihilista y romántico, desde el que también conocemos fragmentos de su vida, su pensamiento y espiritualidad. Lo curioso es que no se parte de un epistolario asumido para la construcción del diálogo teatral, sino que a menudo se adivina el contenido de los escritos en estado puro. Las nociones del mundo, de la religión, la política, el amor o la existencia misma que transmite el personaje en su poesía sui generis regalan a un González intemporal y vigente, cuya racionalidad parece rozar muchas veces la locura. Loco es aquel cuyo punto de apoyo para la representación difiere del aceptado o corriente”, versan las palabras del particular filósofo y al parecer, los de Matacandela, supieron abrazarse a ese fuego.

“Desde siempre ha sido una gran preocupación en Matacandelas que los actores se dediquen también a la música, principalmente por la formación que da, por todo el sentido que brinda respecto a la escena, en cuanto a ritmo, tonalidades, al trabajo de la voz, del cuerpo y a la disciplina misma”, agrega Castaño, y justifica por qué este colectivo y su director Cristóbal Peláez apelan mucho más a los recursos sonoros (texto, música, sonidos) que a los visuales, de modo que el montaje utiliza la sensibilidad que despiertan melodías y hasta fragancias místicas y desconocidas.

También habitual, Yuyachkani nos saludó con sendos espectáculos: Hecho en Perú y El último ensayo. Ambos sirvieron para reafirmar la maestría que ha convertido desde hace más de cuarenta años al colectivo que dirige Miguel Rubio en una de las principales referencias del teatro latinoamericano. El sólido trabajo actoral unifica a las piezas, marcadas también por la impronta del performance, la experimentación, el trabajo en colectivo y el diálogo con distintos registros creativos como la música, la danza, las artes plásticas y el audiovisual.

En la primera, Rubio conforma una narración que es a la vez denuncia de los imperativos que signan la condición de nuestros países colonizados. Resguardados en supuestas vidrieras de exhibición o de feria, seis actores representan de manera simultánea pequeñas escenas desconectadas entre sí, pero de similar propuesta discursiva. En quechua, Yuyachkani significa: “Estoy meditando. Estoy recordando”, válida observación para comprender lo aportado por la puesta: una reflexión intensa, a ratos ríspida y con cierta ironía, al devenir histórico, cultural y político de la nación suramericana. Muchas veces han quedado expuestos nuestros países a la corrupción, la guerra civil, el neoliberalismo, a la prostitución de identidades, el saqueo simbólico de los pueblos originarios, la inestabilidad económica, entre otros males que pululan como ideas al acercarnos a la puesta.

La unidireccionalidad con que usualmente recibimos el teatro se abandona aquí, pues los espectadores van captando fragmentos de sentido al transitar por el corredor sobre el que se ha montado el escenario. El público adquiere un rol activo cuando quedan a su elección el ángulo y la profundidad desde el cuál recibe el trabajo de los actores, quienes se encuentran totalmente a su alcance, en interesante cercanía. La labor de estos histriones: Juan Vargas (El asesor), Alberto Casafranca (Embarque-desembarque), Ana Correa (Pieles de mujer), Rebeca Ralli (La Madre Patria), Teresa Ralli (La mano poderosa) y Ariel Cayo (El Dorado) recuerda la máxima asumida por el grupo de llevar el rol actoral hasta las consecuencias últimas. Ellos ofrecen sus cuerpos para ser escrutados, quedan expuestos ante el ojo del otro y resultan capaces de transmitir pensamientos sin necesidad de pronunciar palabra, apoyados en el movimiento, la danza, la gestualidad, la desnudez o el cambio de vestuario.

En El último ensayo, los personajes semejan las habituales discusiones características del montaje escénico, cual si fuera el ejercicio final previo al estreno. A la vez, van representando segmentos de la historia de su patria, apoyados en la música popular peruana y los versos de Mariátegui y Vallejo. La destreza de los intérpretes sigue siendo en este caso el elemento fundamental, se les ve tocar diversos instrumentos musicales, cantar y trabajar con las máscaras. La puesta, de intención lúdica e jocosa, mira también a problemas de la realidad peruana contemporánea.

Suda-k-ribe encontró cercanías a sus compañeros en cuanto al contenido ideológico, e incluso discursivo, mas resultó bien diferente en su concepción teatral. Los puertorriqueños versionaron La razón blindada,de Arístides Vargas, que él mismo trabajara junto a Malayerba en Mayo Teatral 2008. La pieza, inspirada en las enajenaciones comunes que permitieron sobrevivir a dos presos en una cárcel latinoamericana como a Don Quijote y Sancho Panza, late sobre todo a través de los dolores y preocupaciones de pueblos conocedores de la injusticia, las represiones y la corrupción en todas sus formas.

En la realidad de esta nación se encuentran aún más razones para la lectura del texto desde la perspectiva de la directora Rosa Luisa Márquez: “Nos acercamos a un espacio Isla, minimalista, con fronteras concretas que la contienen. Transformamos un juego de ajedrez en un pequeño teatro dentro del teatro para contar la historia y nos apropiamos del texto para hacerlo nuestro. (…) A pesar de ser una pieza tan íntimamente vinculada a la historia personal de Arístides, nos pareció que tenía, como Pulpos, resonancias en la realidad puertorriqueña. Recogimos la esencia del ensayo de Kafka, donde es Sancho Panza el que se inventa al Quijote para poder sobrevivir. Conversamos con ex-presos políticos nuestros y con confinados regulares, y descubrimos el lugar del juego y de la imaginación en sus respectivos encierros”.

Como resultado: Dos presos —que pueden ser también dos países, dos islas, dos sistemas de pensamiento— se reinventan historias, enajenándose de la tristeza del encierro, blindan sus raciocinios para terminar también filosofando, desde la aparente ingenuidad del juego escénico, sobre la vida. Pareciera que América no puede zafarse de su condición de continente tercer mundista, y su discurso teatral sigue ahondando en sus dolores, y sus identidades siempre a medio destruir por algo más poderoso.

El nombre de Teatro Promiscuo, de Brasil, remite a su total libertad de pensamiento para asumir cualquier tipo de estética o corriente teatral. Sus piezas exhibidas este Mayo, fueron capaces de remover mentes anquilosadas en el prejuicio. El grupo fundado en 1990 por el actor, dramaturgo y cineasta Renato Borghi, llevó a escena Tres cigarrillos y la última lasaña, dirigido por Débora Dubois e interpretado por el director general. La amputación de su mano lleva a un hombre a reflexionar sobre la dualidad entre lo auténtico y lo impostado en las sociedades contemporáneas, donde tan complicado resulta determinar sus fronteras. Dentro, la siguiente propuesta interpretada por Borghi y Elcio Nogueira Seixas, pudiera resultar incluso agresiva para un espectador pacato, pero traduce una particular filosofía en torno al amor, la búsqueda del placer y las íntimas pulsiones del erotismo. Un viejo que satisface sus ansias sexuales pagando a adolescentes prostitutos, se reencuentra con uno de sus antiguos amantes y en esta retomada relación se tejen los intersticios de la complejidad humana, cuyos sentimientos también son posibles de vivenciar en la aparente crudeza.

ARGUMENTO

En el discurso citado, Miguel Rubio recalcaba la necesidad de que el lenguaje del teatro “no se resista a usar nuevos términos y que podamos ir al encuentro de una teatralidad compleja, que tenga que ver con reconocernos en todos los matices de una identidad inclusiva, donde se encuentren los elementos de una América prehispánica, y en ella lo híbrido, el arte conceptual, el artista objeto y sujeto de su obra, la negación de la representatividad, la intervención de espacios públicos, las ambientaciones, la apropiación de tecnologías, etc. Todas estas entradas cobran sentido y son pertinentes como objetos de exploración, debido a lo complejo de nuestras sociedades, donde ciudadanía, exclusión, corrupción y racismo son objetos de reclamo permanente. El buen teatro siempre será aquel que funciona en los códigos de su comunidad sin renunciar a esa compleja relación entre lo real y el artificio”.

Latentes en cada una de las piezas que por algunos días convirtieron a Cuba en eje dramatúrgico del hemisferio, fue posible percibir estos presupuestos. Se mantiene la condición propositiva e ideológica de las tablas latinoamericanas, el diálogo con la realidad y la exploración de nuestras diversas identidades; mas también se aprecia la búsqueda de novedosos y diversos lenguajes para representarlas. Hallamos presencia del teatro de grupo, del trabajo con el actor, de las narrativas posdramáticas con énfasis en la narratividad, de la performativización y de la investigación previa al montaje.

Como asegura Gómez Triana: “El teatro latinoamericano sigue apostando por recuperar día a día la memoria, por reconstruir la identidad y mantener un diálogo directo, sin mediaciones, con el espectador, con la platea, con esa persona que sigue viendo en él, una oportunidad para encontrarse consigo mismo”.

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