Actualizado el 13 de noviembre de 2011

XIV Festival de Teatro de La Habana

Abanico de propuestas

Por: . 13|11|2011

ARIZONA EN EL HUBERT DE BLANCK

Como parte del XIV Festival de Teatro de La Habana 2011 la Compañía Teatral Hubert de Blanck presentó, en la propia sede del grupo, durante el 2 y el 3 de noviembre, la obra Arizona. Se trata de una pieza del autor Juan Carlos Rubio y cuenta con la puesta en escena y dirección artística de Marcela García y Fabricio Hernández

Juan Carlos Rubio (1967) es un guionista, actor, director y dramaturgo español contemporáneo que fue titulado por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y la Escuela de teatro de Alcorcón (1981-1985), asumiendo a lo largo de su carrera roles diversos tanto en el teatro como en televisión y cine. El texto a que hoy nos referimos fue Mención especial del Premio Lope de Vega 2006 y se estrenó también en ese año bajo la dirección de su mismo autor.

Una pareja ni muy joven ni muy vieja, pero aparentemente feliz, acaba de llegar a un apartamento situado en Arizona, Estados Unidos. Arriban como voluntarios. Tienen una misión. La chica, Margaret, parece haberla olvidado. George, su contraparte se la recuerda: Tienen como objetivo vigilar a sus vecinos del sur para evitar que inmigren al país. Es por eso que ambos otearán todo el tiempo el horizonte desértico.

La aparentemente afable pareja de Margaret y George va develando poco a poco intimidades terribles no evidentes tras una primera mirada. Desde esta dimensión el texto dramático se encuentra muy bien construido. Varias reiteraciones en las locuciones de los personajes, enfáticos apartes, en que Margaret asegura no ser tan olvidadiza como aparenta, así como las líneas en que están diseñados ambos caracteres nos muestran cuanto de absurdo y farsesco tiene esta obra que su autor definió como Tragedia Musical Americana.

Arizona llega a su punto climático con el avistamiento en el desierto de un niño de unos cinco años inmigrante. Margaret, que no puede tener hijos no soporta que George, obcecado por La Misión, mate al pequeño. Esto es sólo el antecedente del desenlace. Al final George asesina a su amada Margaret.

Kelvis Sorita como George y Marcela García como Margaret son los actores que llevan adelante esta puesta en escena. Ambos con su buen decir, limpieza en la gestualidad y carismáticas presencias escénicas dan muestras de virtuosismo en sus interpretaciones.

Es esta una obra que a través de mecanismos anti-realistas nos invita a pensar sobre lo absurdo de las fronteras que los hombres se inventan para hacer distinciones entre ellos y así justificar odiarse, fronteras que dividen el mundo en Norte-Sur, Este-Oeste, en católicos y protestantes, en heterosexuales y homosexuales, tantas y tantas que dejan de lado la igualdad de los seres humanos, que trabajan y viven bajo un mismo cielo. Reflexiona Arizona también acerca de la alienación que ciega a los individuos cuando afrontan misiones, planes y proyectos que no corresponden a su modo de ver, misiones que no han sido diseñadas por ellos, y que llevan inevitablemente al desenlace catastrófico.

DESNUDAS EN FESTIVAL

En la sala de teatro El Sótano y como parte del XIV Festival de Teatro de la Habana 2011, se presentó Teatro Aire Frío, bajo la dirección de Eduardo Eimil, los días 4, 5 y 6 de noviembre, con la obra Desnudas del dramaturgo español Roberto Santiago.

Desnudas es una comedia que resulta del todo simpática. Un joven director de cine, una actriz, una guionista y una productora cinematográfica son los protagonistas de esta hilarante historia. Las tres mujeres se presentan metafóricamente desnudas, expuestas en sus pensamientos y sentimientos. Sus vidas giran en torno al hombre, manjar codiciado, y al mismo tiempo macho alfa, alrededor del cual como fieras todas se agrupan. Aún cuando aparentemente tiene roles diversos estos no son más que máscaras que caen cuando aflora su condición común y esencial de mujeres. La más “mosca muerta” no es tan buena como para dejar de lado esta suerte de juego de lotería. Tampoco la más terrible —en apariencia—, resulta tal, al final, si comparamos su comportamiento con el de sus contrincantes.

En esta obra, que tiene como trasfondo el muchas veces mitificado mundo del arte son puestos en tela de juicio, el adulterio, el amor y las relaciones humanas en general. Se trata de una pieza con mucho de ironía en una contemporaneidad donde las cifras y censos señalan que los hombres escasean y están en menor proporción en cuanto a número que las mujeres. Quizá en estos tiempos de “tsunamis y fin de mundo”, algunas se vean tentadas a compartir, pero ¿cuánto resistirán en el ruedo terrible?

Los diseños de vestuario, escenografía, programa y cartel para la puesta en escena han sido concebidos por Erick Eimil Mederos. La escenografía juega con el tono realista que se encuentra en la base de todo el montaje para escamotearlo sutilmente a partir del trabajo con el color y los elementos. Así queda representado este apartamento donde los utensilios de cocina y los licores tienen tonos antojadizos, o donde una bañadera surge de la nada para facilitar el elemento lúdico en la escena toda.

El vestuario se emplea para hablar del interior de cada personaje, de su esencia y proyección ante los otros. Carlota es la productora de traje de sastre que utiliza su imagen para imponer respeto. Daniela es la guionista recatada, la poquita cosa entre las otras. Ana es la actriz dispuesta a usar su cuerpo como arma infalible de seducción. Los códigos de color existen y aunque, en dependencia del montaje, se pueden subvertir, también pueden, en función del género, ser utilizados a conciencia, de forma deliberada. Así, aquí la sexy viste de rojo, la mojigata en tonos cercanos a la tierra —carmelitas y verdes— y la elegante en blancos.

La banda sonora por su parte opera como lenguaje en sí misma con una definida dramaturgia que sirve de apoyatura a los distintos momentos y situaciones.

Eduardo Eimil es un director que a lo largo de su carrera ha demostrado poner especial atención no sólo a las necesidades generales de un montaje sino también a la dirección de actores, por eso sus intérpretes logran la emoción a través del cuidado especial de transiciones y matices. Michel Labarta ha sido escogido intencionadamente como protagonista masculino. Él podría parecer lo contrario de lo que se espera de un hombre capaz de desquiciar a tantas y tan distintas mujeres y esto, garantiza junto a la indiscutible vena cómica del actor, la risa en los espectadores. Cuatro actrices de fuerza dramática luchan en esta obra por la preferencia del público al asumir caracteres que dejan apreciar su histrionismo. Por un lado presenciamos la veta humorística de la Carlota de Beatriz Viña, actriz que realiza un esmerado trabajo con su cuerpo y voz, logrando provocar la más sincera carcajada con sólo “aparecer”, antes incluso de decir un texto. Es la productora elegante, sí, pero de carácter fuerte y hasta desmedido. Por otra parte apreciamos la excelente interpretación de Tamara Venereo, en el personaje de la guionista Daniela. Ella se auxilia de la expresión facial y corporal para teatralizar la tontería aparente de su personaje. Yaiselí Hernández por su parte alterna este rol con una sinceridad profunda en un tono más cercano a la realidad pero igualmente capaz de lograr atraer las sonrisas de los espectadores. Ariadna Delgado como Ana suple con gracia y frescura el exceso de juventud al lado de las actrices que la acompañan.

Eduardo Eimil como director sabe combinar de modo efectivo lo kitsch con lo irónico en comedias cercanas a la esencia del ser. Notamos así tanto en este, como en otros de sus montajes anteriores, cierto regusto por personajes que se acercan a la vida real, algo melodramáticos, y por tanto risibles “al borde de un ataque de nervios”, siempre en poses de representación, y con máscaras de las cuales, poco a poco se despojan hasta quedar expuestos.

TÍTERES

El Arca estuvo presentando su obra El gato de Lilo, “un texto para niños, sombras y gatos” en el horario de las tres de la tarde, del viernes 28 al domingo 30 de octubre, en su sede en la llamada Casa Pedroso, que se ubica en Avenida del Puerto, —hoy calle San Pedro— esquina a Obrapía. Se suma así este grupo a la fiesta toda que es este XIV Festival Internacional de Teatro de la Habana 2011.

El Arca es un proyecto teatral de reciente fundación que dirige la actriz Liliana Pérez Recio en el Centro Histórico. La Oficina del Historiador de la Ciudad, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas y la UNICEF, apoyan la creación de este grupo con el fin de “fomentar el arte como medio didáctico de desarrollo de la imaginación y la creatividad de los niños y las niñas.”

Varios jóvenes se reúnen en el trabajo para El gato de Lilo, la directora Liliana Pérez Recio, el dramaturgo Maikel Rodríguez de la Cruz y el diseñador, que participa en la obra además en cualidad de actor, Mario D. Cárdenas (Mayito), a ellos se suman figuras de amplia trayectoria como Miriam Sánchez, Mario González e incluso Estherlier Marcos, quien presta su voz a un tema musical.

La obra es una versión libérrima de El gato con botas, del relato popular recogido por Charles Perrault, en Historias o cuentos del pasado, en la cual un gato sagaz lleva a su amo a convertirse en todo un señor. La historia del gato se entrecruza con la de Lilo, un niño que, al cuidado de su “cuentera” abuela, se recupera en un hospital.

En este primer montaje del grupo se opta por la experimentación. Se utilizan las posibilidades expresivas del teatro de sombras que consiste en la proyección ante una pantalla de figuras planas recortadas. Revisita así el colectivo una práctica que es posible constatar en las tradiciones de Indonesia (Wayang-kulit), Turquía (Karagoz), India y China. En Occidente grupos como el Chat Noir de Henri Riviêre y Giocco Vita han utilizado también las sombras como lenguaje.

El gato de Lilo se asume en su totalidad en tonos blancos y negros. Figuras planas para el relato protagonizado por el Gato con Botas confluyen con figuras humanas, en silueta, para la historia de Lilo.

Niños y no tan niños tienen hoy la oportunidad de apreciar, en la pequeña y nueva salita de la Habana Vieja, la sagaz revisitación de un clásico que hoy asumen los creadores de El Arca en este nuevo Festival de Teatro de la Habana.

GATOS CANTORES

La compañía Mefisto Teatro, presentó junto al coro escénico Estrellitas, el espectáculo Gatos, bajo la dirección artística de Alejandro Milián y la dirección musical de Jennifer Almeida y Marisol Cao, en la sala Tito Junco del Centro Cultural Bertolt Brecht durante los días 30 y 31 de octubre en el horario de las 2 de la tarde como parte del XIV Festival de Teatro de la Habana 2011.

En esta experiencia única de teatro infantil colaboran niños actores con dos de los intérpretes más experimentados y queridos de nuestras tablas, Carlos Pérez Peña y Hedy Villegas, ambos actores de Mefisto Teatro.

Gatos parte del espectáculo musical Cats que fuera compuesto por Andrew Lloyd Webber en 1981 a partir de Old Possum’s Book of Practical Cats de T. S. Eliot. Cats a pesar de haber sido duramente desvirtuado por la crítica, que le cuestiona su falta de argumento, ha gozado de tal popularidad que ha sido traducido a más de veinte idiomas. Cats cuenta con una breve historia que constituye su núcleo central y sirve de enlace a los diversos números musicales: un grupo de felinos, los Jellicles, se reúnen durante la medianoche en un basurero, para decidir cuál de ellos será elegido para ir al Edén Sideral, con lo cual habrá de renacer. Cada uno de los gatos, que se presenta como aspirante al paraíso, interviene con una canción o número diferente. Aunque ocurre una pequeña complicación, el secuestro del patriarca Jellicle, Old Deuteronomy, el gato inmortal, por parte del terrible Mackavity todo se soluciona con la mágica intervención del gato Mistófeles. Finalmente Grizabella, la gata que otrora dejara el clan para explorar el mundo es aceptada de nuevo por el grupo y elegida para partir hacia el Edén Sideral.

La traducción de Gatos es de David Guerra, y cuenta con una versión para la puesta de Alejandro Milián. La puesta pretende contribuir a un diálogo intergeneracional. Promueve el homenaje de los más jóvenes a artistas experimentados de nuestra escena. Así Carlos Pérez Peña interpreta aquí al patriarca Zapirón y Hedy Villegas a la otrora glamourosa Grizabella.

A cargo de Meiling Álvarez se hallan los diseños escénicos de la propuesta. Si bien la acción en el musical original se desarrollaba en un basurero aquí se ubica en una azotea, donde en la estrellada noche abundan tanques de agua y antenas de televisor. Con acertados recursos se articula la visualidad de la obra en que los niños actores son protagonistas esenciales. Fundamentales en materia de vestuario resultan las máscaras y maquillajes que permiten lograr la adecuada caracterización a nivel externo de los gatos-personajes.

Iván Tenorio y Marisol Rodríguez han realizado las coreografías de este espectáculo, que cuenta con la particularidad de que los niños se han apropiado de los pasos de bailes haciéndolos suyos en sus diversas intervenciones.

De los niños ¿qué decir? Cumplen con virtuosismo las duras tareas del teatro musical, que ni muchos adultos logran salvar a veces. Resulta grato verlos presentarse en vivo exhibiendo por un lado lindas voces en el canto y por otro dando muestras de una capacidad muy singular para el dominio de la escena a través de la danza, y la actuación. Todo lo hacen con una energía, y un encanto que evidencian la espontaneidad propia de los años de infancia.

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