Actualizado el 4 de diciembre de 2011

Resonancias del XIV Festival de Teatro de La Habana, 2011

Descargas, reposiciones y noches shakesperianas

Por: . 1|12|2011

La obra del grupo Teatro El Público ¡Ay mi amor! (una descarga de Adolfo Llauradó) llega a escena nuevamente, esta vez como parte del XIV Festival de Teatro de la Habana 2011, al Café Teatro Bertolt Brecht los días 28 y 29 de octubre a las 5 p.m. La obra que tuvo su estreno en el año 2008 contó en su origen con la colaboración de la viuda del reconocido actor Jacqueline Meppiel y ha recibido diversos premios1.

El libreto teatral de Norge Espinosa versiona los textos del reconocido actor cubano Adolfo Llauradó, junto a otros que fueran concebidos por Shakespeare o Chejov, dotándolos de un carácter que a veces linda con lo onírico. No son trozos de memoria las palabras del actor, sino fragmentos de pensamiento inspirado. Llauradó en la propuesta de Teatro El Público “se confunde con Hamlet, se sienta en el famoso banco de En el parque, regresa al Lalo de La noche de los asesinos, o se convierte en El travieso Jimmy. Y es el Tabo de Piñera, o el Stanley que fue en el adiós de una trilogía. Pasa con él lo que con algunos actores muy particulares: su rostro es todos esos rostros.”2

Léster Martínez, el joven actor que protagoniza esta propuesta escénica, al realizar este homenaje no es ni pretende ser en la puesta Adolfo Llauradó. Ni a nivel interpretativo ni de maquillaje se busca la caracterización sino más bien una suerte de evocación. Construye Léster ante todo un personaje teatral o más bien teatralizado independiente del ser real que fuera Adolfo Llauradó y tal vez por eso, en su sinceridad, resulta más vivo que si imitara. Realiza en esta puesta un minucioso trabajo a nivel corporal casi coreográfico con gran corrección en sus movimientos

A nivel escénico es digna de desatacar la propuesta escenográfica de Roberto Ramos y Luis A, Rodríguez que sirve de apoyatura a la narración escénica. Iconos como son las maquetas del Moncada, un Moscú con nieve, así como el detallado juego con unas maletas, no exento de cierta ironía, contribuyen a situar la acción que acontece. Como ocurre en otra puesta del grupo, Josefina la viajera, hay aquí también espejos. Se trata de uno grande, central, situado al fondo del escenario, símbolo tal vez de la simulación, del juego entre apariencia-realidad, obliga al espectador a mirarse y participar.

OTRA VEZ CHARENTON

El grupo Teatro Buendía repone en su sede habitual, en la iglesia de Loma y 39, la obra Charenton, en el horario de las 8 de la noche, luego de haber presentado esta obra como parte del XIV Festival de Teatro de La Habana 2011.

Charenton es un espectáculo que se basa en el texto que Peter Weiss escribiera en 1964: La persecución y el asesinato de Jean Paul Marat representado por el grupo teatral del asilo de Charenton. La historia puede resumirse del siguiente modo: Sade obliga a los enfermos del hospicio de Charenton a representar en el sótano el asesinato de Jean Paul Marat que fuera llevado a cabo durante la Revolución Francesa por Charlotte Corday. Los actores se niegan una y otra vez a representar un hecho cuya culminación conocen de antemano.

Para la adaptación actual Raquel Carrió exploró fuentes de todo tipo, históricas, literarias, plásticas, musicales, gestuales, y danzarias: “Escribí una versión que acercara la obra de Weiss a nuestro espacio (la iglesita de Loma y 39); que ha sido isla, ciudad, desierto, arena, cabaret…. pero esta vez concebido como un sótano húmedo y áspero, pobre, muy pobre.”3 A nivel de discurso hay una modificación en la adaptación, ya que se trata de un grupo de actores que Sade ha escondido en el sótano del hospicio para salvarlos de la guillotina o —lo que también pudiera ser— para someterlos al curioso experimento de una de sus obras.”4

El actor deviene punto central del presente montaje. El momento final de la puesta marca y demuestra tal planteamiento cuando los actores van saliendo de sus máscaras y vuelven a ser ellos mismos. Los personajes protagónicos juegan con el arquetipo. El Marat de este espectáculo, en su ceguera y enfermedad, remite al Edipo Rey de Sófocles y al mismo tiempo a otro participante en la Revolución Francesa, el Victor Hugues, de El siglo de las luces de carpenteriano.

La obra se inicia con cada uno de los actores situados frente a espejos en sus celdas o camerinos. Una pequeña luz refleja cada rostro: “son máscaras, personajes de la historia que van a representar.”5

Uno de los cambios asumidos en la versión es la eliminación del Señor Coulmier, director del hospicio y constante espíritu censor ante el genio de Sade, en el texto original. Él es aquí un títere con el que juegan los actores, al que cuelgan y matan.

Junto a las máscaras de maquillaje aparecerán las fijas o materiales, un ejemplo de esto es la recurrente máscara de La Muerte que juega con el imaginario colectivo y alude al contexto brutal de la representación, marcado por la sangre y la guillotina. Como recurso escénico sirve para la creación de imágenes congeladas que remiten a obras pictóricas (El triunfo de la muerte de Peter Breughel, el Viejo). Cabe destacar que La Muerte, en tanto arquetipo con características fijas y fácilmente reconocibles, funciona teatralmente en esta puesta como especie de títere, en tanto es un objeto animado en función dramática frente a un público, y no toma parte directamente en la acción sino que alude a las situaciones de extrema violencia que es posible constatar a lo largo del montaje.

Es en la Escena Seis donde llega a su máxima expresión la hibridación de lenguajes teatrales en Charenton: Charlotte Corday ha llegado a la Feria de París. Se escucha la fanfarria. La ciudad pareciera recibirla. Las calles quedan invadidas por locos-mendigos que arrastran en su baile a muñecos de reminiscencia grotesca: el Señor y la Señora Coulmier. Tiene lugar la mascarada. El personaje de Napoleoncito anuncia los inventos de la época: la Mujer Eléctrica y el Pájaro Mecánico.

Luego Sade “narra” el Retablo de los Nobles, la Feria de los Muertos o el Pequeño Trianón. Ocurre una representación dentro de la representación principal. Se impone el juego de “teatro dentro del teatro dentro del teatro”, o sea la representación de los nobles dentro de la representación de los locos actores, del espectáculo de Sade, dentro de la representación que nos ofrece Buendía. Suma de representaciones. Meta-representación.

Entran música y sonidos del retablo, trompeta, y efectos. Se abre el telón de harapos. Los locos actores aparecen con las cabezas de María Antonieta, el Rey, los Nobles, y el Capitán. El cuerpo del actor se sobredimensiona. Cabezas de muñecos se colocan por encima de las de los intérpretes. El vestuario de los títeres cubre a los actores. El gesto marca las acciones consiguientes.

Entra cada personaje con música de ópera y el texto de presentación de cada uno. Ejecutan una pantomima de carácter cómico grotesco, que permite dentro del espectáculo principal, la representación del régimen monárquico corrupto. Los personajes son la Reina Ramera, el Rey Bobo, y Madame Lavado quien hace llamar al doctor “porque la reina tiene fiebre”. El capitán aparece dispuesto a socorrer a la ilustre dama “de su calentura”, como canta el coro de nobles. Luego ejecutan una pantomima erótica: El Capitán penetra con su sable a la Reina Ramera y a Madame Lavado. El chiste procaz y la alusión de tono sexual remiten a ferias y carnavales que antaño tuvieran carácter licencioso.

La máscara de La Muerte aparecerá otra vez bailando con el esqueleto de la Señora Coulmier. La Muerte y La Censura se alían en pos del orden. Sade hace llamar al verdugo: ¡Sansón!

En la siguiente escena continúa la loca mascarada. Los muñecos rodean la carreta de La Muerte a la que se encuentran atadas tres cintas: rojo, azul y blanco, los colores de la bandera francesa. Sansón es un actor en zancos, verdugo gigantesco que se alza por encima del régimen corrupto. Los zancos, técnica ampliamente usada en el teatro de títeres y de calle, se emplean también en el espectáculo. Tras el sonido de la guillotina van cayendo las cabezas en las cintas-banderas. Para que triunfe una revolución tiene que haber sangre, cabezas cortadas. Los títeres se prestan muy bien para esta acción. Los movimientos de los actores se hacen lentos. Otra vez la imagen se articula a partir de Breughel con El triunfo de la muerte. El grotesco es constante. Los muñecos sin cabeza ríen, se contorsionan. Marat da un discurso: La patria está en peligro. Los locos actores se quitan los trajes de los muñecones.

Charenton hace uso de los más diversos referentes: Obras pictóricas traducidas en imágenes congeladas, estructuran un sentido performático del espectáculo. La música, otro de los recursos sabiamente utilizados, acompaña a la puesta con tonos constantes de opera rock. Hasta aquí se puede ver como distintas técnicas obedecen a las leyes dramatúrgicas de este espectáculo y se convierten en propias. El teatro debería ser eso, más que la simple suma de lenguajes escénicos y extraescénicos, espacio de cohesión, comunión y confluencia…

¡OH, BELLA NOCHE DE REYES!

Actores experimentados y bisoños de Teatro El Público junto a jóvenes actrices que confirman su despedida de la Escuela Nacional de Arte y su entrada al mundo profesional, se presentan en un Trianón recién restaurado con un texto de William Shakespeare en versión de Norge Espinosa, bajo la dirección de Carlos Díaz. Se trata de Noche de reyes también llamada La duodécima noche. Son las 8 y 30 del viernes 25 de noviembre de 2011.

La escena toda es un gran barco donde se celebra la Fiesta de Epifanía. Un “naufragio” de luces y acrobacias da lugar a que los protagonistas de la obra lleguen a Iliria. Viola, ha sido separada de su hermano Sebastián a causa de la tempestad y lo cree muerto. Vestida como varón decide ponerse a merced del Duque Orsino y enamorada de él accede a conquistar en su nombre los favores de la bella Duquesa Olivia. El paralelismo entre Viola y Olivia, no va solo a los nombres, sino a las circunstancias similares que las rodean, las dos mujeres han perdido un hermano (al menos Viola creer haber perdido el suyo). Olivia puede llorar su pérdida abiertamente y aunque ha decidido pasar su duelo cubierta por un velo y encerrada, el joven mancebo emisario de Orsino, en realidad Viola disfrazada de varón, le roba el corazón. Al final todos terminan felices tras la reaparición de Sebastián el hermano perdido y mellizo de Olivia.

No faltan en la obra las intrigas de los criados. El mayordomo, un tal Malvolio, se cree más de lo que es realmente, queriendo obtener el status de señor, por ello cual burlesco héroe de comedia griega, es puesto en ridículo por la criada María con ayuda de Feste el bufón y de dos señores intrigantes y terribles: Sir Andrews y Sir Toby.

Shakespeare, al parecer siempre buscaba de quien reírse a través de sus obras. Aquí hace burla de los señores con sus convencionales maneras de comportarse, incluso en materia de amores. Se chanza de una señora que se enamora de una mujer y de un hombre que no logra resistirse al encanto de un mancebo que resulta al final fémina. Se ríe también de los siervos que a tales señores quisieran compararse. Al final habla de las esencias profundas del alma humana y del amor que puede existir más allá de géneros y roles. En esta Noche de reyes, unos y otros, si bien terminan dueños de regalos no pueden escapar de lo inesperado de los obsequios, cuestión que el montaje enfatiza sabiamente.

Noche de reyes es una puesta en escena que provoca con sus desnudos, sobreexplota el uso de una visualidad grandilocuente, utiliza la música grabada y en vivo de forma oportuna, juega con citas, pastiches e intertextos al recontextualizar a iconos de la cultura pop (Lady Gaga por ejemplo) y en definitiva divierte a un espectador deseoso de festejar en la fiesta feliz que es el montaje todo.

Con Shakespeare se presenta Teatro El Público en su sede del Trianón, no hay naufragio sino una navegación ciertamente arriesgada, pero en el fondo segura, por aguas venturosas.

NOTAS

1. Premio Villanueva de la Crítica a los mejores espectáculos del año. Gran Premio de las Jornadas de Teatro Cubano, 2009. Premio de Diseño Escenográfico de las Jornadas de Teatro Cubano, 2009. Premio de Actuación Masculina en las Jornadas de Teatro Cubano, 2009. Premio de Actuación en el Festival del Monólogo Tomás Terry. Premio de Puesta en Escena del Festival del Monólogo Tomás Terry. Premio al Mejor Texto en el Festival del Monólogo Tomás Terry. Premio Especial Adolfo Llauradó 2009.

2. Norge Espinosa: “El rostro de un actor es su memoria”. Notas al programa de mano.

3. Raquel Carrió: “La escritura invisible. Notas sobre Charenton”. En Revista Tablas 1, año 2006.

4. Ídem.

5. Ídem.

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