Actualizado el 30 de abril de 2012

La Boca en boca de Teatro El Taller

Por: . 30|4|2012

Fotos: Erick Eimil Mederos y Barbarella D’AcevedoTomás González Pérez (1938-2008) fue sin dudas, como él mismo se definiera alguna vez, un aventurero, y además un hombre maravilloso, de enorme capacidad creativa, inventor de cuentos e historias fabulosas…

Nacido en la ciudad de Santa Clara, Tomás González estudió allí Magisterio y Artes Plásticas. Formó parte de la experiencia de Teatro Universitario, que dirigiera Irma Pérez de la Vega, donde asimiló el método Stanislavky, que ella aprendiera en México de Seki Sano1. Luego sería fundador, en 1959, del Teatro Experimental de Las Villas. Durante los años 60 (1960-1964), tuvo la oportunidad de participar en el célebre Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional de Cuba. Allí contó con profesores de la talla de Osvaldo Dragún, Luisa Josefina Hernández, Alejo Carpentier y Rolando Ferrer, entre otros. Compartió aula con José Ramón Brene, Maité Vera, Eugenio Hernández Espinosa, José Milián, Mario Balmaseda, y Nicolás Dor, por sólo citar algunos.

Posteriormente participó en la fundación de Los Doce (1968), paradigmático colectivo dirigido por Vicente Revuelta, que se diera a la práctica de la investigación teatral en nuestro panorama escénico. Más tarde, Tomás cursaría en el ISA las especialidades de Teatrología y Dramaturgia, convirtiéndose luego en profesor de actuación y de otras asignaturas en esa institución.

Cabe aclarar que Tomás fue, además de actor y fértil dramaturgo, director de teatro. A principios de los 90 crea y desarrolla sus teorías y prácticas de Actuación Trascendente y Danza Oráculo con su grupo Teatro 5. El trance y la posesión devienen en su poética recursos escénicos válidos para el enfrentamiento de los roles en el drama. En un interesante proceso sincrético asume las teorías de Artaud, Brook, Grotowsky y Gurdjieff, junto a experiencias de raíz afrocubana.

Prolífico e infatigable autor cuenta con varios textos publicados2. Con La Boca (Confesiones de un difunto llamado Virgilio Piñera), Tomás vuelve a incursionar en el tratamiento del monólogo, género del que tuvo un amplio dominio, como probaría su presencia constante durante los Festivales del Monólogo desarrollados entre 1988 y 1994, donde se alzaría con premios en múltiples ocasiones.

La Boca constituye un homenaje merecido a la figura de Virgilio Piñera, al que ya José Milián había dedicado su obra Si vas a comer espera por Virgilio. Ambos autores coinciden en el acercamiento desde la añoranza y el respeto a la figura del conocido dramaturgo, propiciando la reflexión sobre realidades que nos atañen. Virgilio Piñera (1912-1979) ha devenido arquetipo del artista como creador irreverente y olvidado, poeta maldito, marginado en su tiempo. De él ha dicho Antón Arrufat: “Sus críticas y salidas de tono, su gesticulación incesante, el sempiterno paraguas cerrado, enganchado en su brazo y su afectación escandalosa comenzaron a convertirlo, por extraña transustanciación en lo que ya es para la literatura cubana un personaje mítico”3.

Precisamente esta es la obra que llegó a la Sala Adolfo Llauradó de la capital, de la mano de Teatro El Taller, bajo la dirección general de Dimas Rolando, y con puesta en escena de Bárbara Nieves Acosta. Dicha temporada transcurrió entre 14 de febrero y el 1º de marzo. La pieza había sido estrenada con anterioridad por el mismo colectivo teatral en El Mejunje de Santa Clara.

En La Boca, al regresar del más allá, Virgilio encuentra las cosas tal y como las dejara décadas atrás, tal vez por eso, lo más recomendable para él tras una breve disertación, sea el retorno inmediato a la esfera donde habita. El personaje parece tener conciencia plena de que está en un teatro —único lugar posible donde su espíritu podría volver a materializarse—, por eso se dirige directamente al público mientras avanza su alocución. A medida que se desarrolla la trama apreciamos la existencia de otros caracteres referidos en el discurso dramático: Por ejemplo, Bola de Nieve, Servando Cabrera, Julio Cortázar, Wifredo Lam, Lezama Lima —se ha incluido además en la puesta en escena el nombre de Tomás González—, son mencionados en tanto comparten cielo con el protagonista. Además constatamos la presencia de un Ángel Guardián encargado de custodiar el acceso al otro mundo.

La obra pareciera carecer de conflicto dramático: Virgilio simplemente desea entablar una conversación con los suyos, a quienes quiere estremecer con sus reflexiones.

Fotos: Erick Eimil Mederos y Barbarella D’AcevedoTanto el texto como la puesta comienzan con la llegada del personaje; luego se desarrolla con la exposición del devenir de su pensamiento. El final se impone con la partida o regreso al más allá. De un modo gracioso se soluciona el desenlace: ante el deseo de Virgilio de retornar a su pérgola celestial, un guardián le pide la identificación que él ha perdido. La salvación llega de la mano de un personaje referido, Lezama Lima: “¿Qué dices…, que hay una persona gorda, con guayabera y un puro en la boca? ¿Respira con dificultad? ¡Ese mismo! ¡Ese es José Lezama Lima! (al guardián invisible) Llámalo y dile que soy Virgilio. Él te dará toda la información acerca de mí”. Justamente él podrá identificar a Piñera y facilitar así su ascensión al Más Allá.

Las acotaciones que aparecen en la obra son mínimas. No obstante se presta atención al elemento escénico así como a las tareas del intérprete. Las transiciones del actor y su desdoblamiento en otros personajes son elementos pautados a nivel textual. Pasará así por los más diversos estadios emocionales: tristeza, nostalgia, alegría, éxtasis. La obra brinda también sugerencias para el movimiento escénico.

Yunier López Rodríguez, como actor de este monólogo, resulta un vivísimo Virgilio Piñera. Logra una adecuada caracterización tanto a nivel externo como interno. Transita por una modalidad escénica, que exige del intérprete el despliegue de sus máximas capacidades, al convertirse en dueño absoluto y único de la escena. Su interpretación resulta grata y emotiva, al permitir la resurrección de un Tomás-Virgilio hecho carne en el devenir de la representación.

La teatralidad en la puesta en escena se logra a partir de ciertos efectos de vestuario y luz, algunos de los cuales aparecieran apuntados desde el texto mismo: La memoria del dramaturgo evoca la imagen de Virgilio con su paraguas, que fuera casi una prolongación de su persona. Este utensilio será empleado para acompañar el juego escénico. La solución visual de la propuesta de Bárbara Nieves resulta sencilla pero eficaz, con pocos elementos: un sillón, unas maletas y el sempiterno paraguas, se resuelve la utilería escénica y se logran sugestivas imágenes.

Estamos en presencia de una obra que rezuma ironía, y humor, que recurre al choteo como mecanismo para tratar los más diversos asuntos. Sólo la risa permite el distanciamiento sobre tópicos capaces de resultar problemáticos.

La boca es un texto que reflexiona sobre diversos temas a través del personaje. Por momentos el tratamiento de las diferentes temáticas nos lleva a preguntarnos ¿hasta dónde la voz del personaje se ha fusionado con la del propio dramaturgo? La primera de las obsesiones del protagonista es la Muerte en relación con el Poder. Así repasa el absurdo que suele acompañar a los homenajes póstumos. Sus parlamentos remiten a aquella frase de dolor irónico que el propio Piñera dirigiera a Rine Leal en alguna ocasión: “Sólo los muertos gozan del respeto de todos”4. Otros tópicos presentes en el texto son la Isla y el Mar —este último apreciado como salida que permite salvar las esperanzas—, el amor en su dimensión de acto liberador, la pasión total, el matrimonio cual jaula y representación ante la sociedad, y el homosexualismo. El elemento erótico, a su vez, se introduce con la mención de la carne, y el placer que sólo esta puede procurar.

El Mesías deviene ente abstracto en el discurso, capaz, sin embargo, de motivar en Piñera diversas reflexiones. Los Mesías son especialistas en decir lo que todos quisieran expresar. Su discurso les permite encantar a las multitudes. Por esa razón su voz es desvirtuada mediante la más cruda burla: “Tú boca, dame tu boca / Tú boca, tu boca linda /Tu boca, de que te sirve / Si no la enseñas a mamar…”. Virgilio asegura que no hay que temerle a esta expresión ya que todo el mundo mama, desde la infancia… El título evidente de la obra, La boca, jugará entonces con este otro, subyacente, que constituirá, de alguna manera, su velado subtexto.

Antes de terminar su asunción el personaje regala una serie de consejos. Seguramente muchos de los temas y tópicos que La boca aborda formaron parte, de algún modo, de las obsesiones del autor de este monólogo. Es por eso que es posible entrever, en las máximas finales, posibles lecciones de vida dictadas por Tomás González antes de su ascensión final.

NOTAS

1. Seki Sano, de origen coreano, fue uno de los últimos discípulos de Konstantin Stanislavsky.

2. “El gran amor es siempre el último” en Monólogos cubanos (Editorial Letras Cubanas 1989); “Giordano Bruno” en La soledad del actor de fondo (Ediciones UNIÓN, 1999); “Cuando Teodoro se muera” en Revista Tramoya No. 63, 2000, México; “Shango Bangoshé” en Wanilere Teatro (Editorial Letras Cubanas, 2005); El bello arte de ser y otras obras, que recoge cinco textos: “El bello arte de ser”; “El camino del medio”; “La artista desconocida”; “El viaje en círculo” y “Delirios y visiones de José Jacinto Milanés” (Editorial Letras Cubanas, 2005).

3. Antón Arrufat en Prólogo a Virgilio Piñera: Cuentos completos (Letras Cubanas, 2004).

4. Rine Leal: “Piñera todo teatral”, en Virgilio Piñera: Teatro Completo (Letras Cubanas, 2006).

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