Actualizado el 29 de septiembre de 2014

De campaña teatral en Bayamo y por el Turquino

Por: . 26|9|2014

Escena de Subterfugo. El montaje trata de las múltiples desesperaciones del amor, del sexo y de sus sorprendentes transacciones en medio de soledades, compras y ventas, falsos encuentros. Las Comunitarias de Verano conducen cada año a los artistas escénicos bayameses y a sus invitados por comunidades intrincadas de la Sierra Maestra. Las funciones para niños activan al conjunto de los pobladores y otorgan un especialísimo papel al teatro. La edición 2014 incluyó, por primera vez, la jornada Filtro de campaña, celebrada en el propio Bayamo: un encuentro con la crítica organizado por el Consejo Provincial de las Artes Escénicas (CPAE) y la Casa Editorial Tablas-Alarcos.

Como resultado del encuentro con la crítica que hicimos en Santiago de Cuba durante el Festival Máscara de Caoba, el pasado marzo, surgió la idea de repetirlo en la capital de Granma. Repetir es término equívoco si se trata de un evento de esta naturaleza. Podría decir que duplicamos el tipo de experiencia, cuyo contenido, sin embargo, fue lógicamente diferente.

Resulta significativo que la solicitud de realizarlo viniera de los teatristas granmenses, después de un aparte que hicimos en Santiago, en los días mencionados, para analizar las puestas en escena presentadas allí por los grupos de su provincia.  Es un deseo, en mi opinión, compartido por la mayoría de los artistas escénicos cubanos, sobre todo por aquellos que viven y trabajan fuera de La Habana. Confrontar con críticos y especialistas es más difícil, traspasados los predios de la capital y de algunos eventos.

Pero, reitero, los teatristas tienen la disposición. Son ciertos críticos los que inventan una falta de interés que no existe, al tiempo que prometen visitas y presencias luego no cumplidas. Por mi parte, no me canso de reafirmar que cuando se crean las condiciones mínimas para el trabajo, el encuentro real es ganancioso para ambas partes.

Con mínimas condiciones me refiero, simplemente, a un espacio de trabajo donde todos los convocados quepan con comodidad, igualdad de medios y en un mismo nivel. Si alguien ocupa un estrado sobre el nivel de los otros, el encuentro horizontal comienza a afectarse. En la vieja Bayamo lo logramos plenamente en el vestíbulo del teatro homónimo, institución que mantiene intactas la belleza y la prestancia con las cuales nació, después del increíble esfuerzo inversionista de años atrás que lo transformó radicalmente, del cual fui testigo más como acarreo de voluntades que de recursos.

Lo segundo es conseguir un adecuado clima de trabajo. Para ello es imprescindible la sincera disposición de críticos y teatristas. La aclaratoria de que el objeto de enjuiciamiento es el trabajo y no las personas, aunque sea tan difícil dividir la actuación del actor o la actriz. Presentar la crítica como una interacción que, a pesar de sus herramientas y conocimiento especializado, no es juicio final ni trascendental, sino ejercicio que también sirve al resultado escénico. Evitar palabras que puedan zaherir sin dejar de señalar los problemas. Dar voz a directores, actores y miembros de cada colectivo.

Por ahí empezamos cada sesión. Los responsables de los espectáculos se referían a los objetivos del montaje, a las bases generales de la agrupación y al momento que atravesaban en sus búsquedas estéticas. Sin fórmulas, sin pasos obligatorios, a la manera de cada cual. Después opinábamos, preguntábamos, intercambiábamos, sin orden preestablecido ni acuerdos previos, y sin poses ni menosprecios, las teatrólogas Isabel Cristina López Hamze, profesora del Instituto Superior de Arte y asesora de La Isla Secreta, Aimelys Díaz Rodríguez, del Departamento de Teatro de Casa de las Américas y este redactor.

Teatro andante en una escena de  Ay Margarita que bajo la dirección de Juan González Fife y la visualidad conseguida por el diseñador Félix Viamonte, ofrece un legítimo bufo actual y callejero. Todos agradecimos a Teatro Andante y al liderazgo de su director general Juan González Fife, quien fue el eje de la cita, inserta en su tradicional Comunitarias de Verano, así como al CPAE por su apoyo logístico y de coordinación. Fife propuso nombrar la jornada Filtro de campaña, de resonancia táctica, en verdad toda una estrategia que nos proponemos mantener anualmente.

La programación fue diseminada por varias salas y espacios de Bayamo, y buscó, como regla, la presencia de un espectáculo por cada grupo de la provincia. Y así fue, con dos excepciones. El Colectivo Teatral Granma, que dirige Norberto Reyes, no pudo estrenar por una dificultad insalvable de última hora, y el grupo Tiempo presentó dos puestas en escena.

Tiempo venía gestándose en las entrañas de La Guerrilla de Teatreros desde el estreno de Inopia. El hasta entonces actor Ariel Hernández comenzó a explorar el mundo del clown de una forma muy particular y luego de su debut vino Tiempo y ahora Subterfugio.

En este último, que vimos allí, el referente técnico y poético de este ente, que yo llamaría clown triste, aparece más borrado, solo base o soporte de otras técnicas y lenguajes. El montaje trata de las múltiples desesperaciones del amor, del sexo y de sus sorprendentes transacciones en medio de soledades, compras y ventas, falsos encuentros.

Los personajes, el Viejo, la Prostituta, el Policía, el Travesti…, bien asumidos por Reynier Riera, Lisbet González, Rafael Llorente o el propio Ariel, llevan sus vidas en sus maletas, que se convierten en mesitas, cargan de todo lo que arrastran. Eluden por completo la palabra y comunican mediante el gesto y la acción, aunque en algunas secuencias la caligrafía escénica podría ser más precisa y más rica la imitación de los referentes que sirven a estos arquetipos. La música resultaría más efectiva si cumpliera su protagónica función, acudiendo a composiciones originales. Subterfugio puntualiza escapatorias,  modos de actuar que se filtran debajo de la vida cotidiana de estos seres.

Junto a Álvaro Torres, quien realizó la adaptación, y firma la puesta en escena, Ariel Hernández comparte la dirección artística de La noche, sobre el original de Abilio Estévez. Aquí el grupo Tiempo desanda otro camino, de nuevo con Reynier, Lisbet y Rafael, en exigencias y labores muy destacadas.

Escena de La noche Se trata de una versión curiosísima. Un universo escénico para el que no fue concebida la obra, en tono sarcástico y humor negro, sirve muy bien a esta rescritura con títeres para adultosSe trata de una versión curiosísima. Un universo escénico para el que no fue concebida la obra, en tono sarcástico y humor negro, sirve muy bien a esta rescritura con títeres para adultos (en lo esencial con técnica de piso y excelentes muñecos). Vehículo que también aporta natural síntesis y concentración de los presupuestos de Estévez, sin faltar a lo mejor de su palabra y de sus atrevidas disquisiciones filosóficas sobre Dios, el goce, el Mal, la Verdad.

El escenario se presenta en penumbras, la iluminación solo atiende a los personajes en sus escenas específicas. Adivinamos los vestuarios semejantes a ripios. Se teje una imagen que transmite con fuerza, hasta con espanto, el oscuro mundo de la pieza, de clara intertextualidad bíblica. La Madre que busca al Hijo y en su peregrinar encuentra la destrucción y sus múltiples representantes, en medio de una lucha contra el pensamiento, el sueño, el amor, siempre atravesados por la corrosiva ironía abiliana.

El montaje desvela con densidad la estrategia de Abilio Estévez cuando sublima o satura un discurso para resaltar justamente lo contrario. Hiperboliza para hacernos ver la otra cara de la Luna
que alumbra el feo carnaval nocturno. Tiempo sorprende, muestra facetas y marca lugar.

Escena de El gato abate las botas, firmada y dirigida por Súlkary Peña, a partir de textos de Alexis Díaz Pimienta y Felipe OlivaEl Guiñol Pequeño Príncipe presentó El gato abate las botas que, como indica el título, es una versión libre de El gato con botas, firmada y dirigida por Súlkary Peña, a partir de textos de Alexis Díaz Pimienta y Felipe Oliva; ahora con explícito carácter de juguete cómico, pero también asumiendo sin ambages la campaña pública de higienización.

Aunque tiene buenos momentos en la interacción entre actores en vivo (Jorge Félix Moreno Sam y Damián Armando Jorge) y el teatro de sombras, abusa de esa interacción con una indiscriminada cantidad de técnicas y produce indefiniciones de estilo.

Con La loca aventura e increíble historia del caballero que conquistó su luz o Ay, Margarita, Teatro Andante, bajo la dirección de Juan González Fife y la visualidad conseguida por el diseñador Félix Viamonte, ofrece un legítimo bufo actual y callejero. Con mucho tiempo en zancos, esta fábula de animales es humorística de principio a fin. Con excelentes desempeños de Dailín Anaya, Julianner Suárez y Roque Figueredo, quienes parodian canciones, melodías y estribillos de moda e introducen “morcillas” a gusto, el espectáculo apunta a la necesidad de una sólida identidad individual.

Fernando Muñoz asume Mamá, de Raúl Alfonso, con dos jóvenes actrices (Alianna María Díaz y Lauren Guevara) y el experimentado Juan Alberto Ante, de Teatro Alas D’Cuba. Pero no logra vencer la dificultad de un texto donde todo el conflicto se produce en el plano verbal, en el propio juego de referencias, pero no en lo que pasa.

Aunque no cuesta trabajo leerla como denuncia de cualquier política dogmática o sectaria, a través de la familia como núcleo, padece de una inverosimilitud, con todo y el nivel metafórico, que bien podría ser inyectado con mayor realidad y actualización.

Escena de Alarma de fuego. Alemay Caballero, sin formación previa como actor y sí como artista plástico, asume con organicidad su sencillo unipersonal que con modestia quiere homenajear el oficio de los bomberosLa Guerrilla de Teatreros nos condujo hasta un cuartel de bomberos para ver Alarma de fuego, de Yamisleidis Reyes Beltrán. Alemay Caballero, sin formación previa como actor y sí como artista plástico, asume con organicidad su sencillo unipersonal que con modestia quiere homenajear el oficio de los bomberos, si bien le falta dinámica para transitar entre títeres, narración oral y representación.

Por Manzanillo se presentaron en un programa concierto los colectivos Bienandanza, Okkán Addé y Grandanza, a los cuales se les debe un encuentro especializado similar a este, pero especializado en danza. Y estuvo Ategua con La Jaula que centra su mirada en la pareja y sus problemas de comunicación, pero a cuya puesta en escena se le debe mayor elaboración en todos niveles.

En pleno fragor de la campaña permanente que es hacer teatro, pasó este filtro crítico que tomó el pulso a la escena de la provincia. Fue la comprobación de un estado, que ahora podemos divulgar hasta una próxima vez, hasta otro Filtro de campaña que sea también hijo de los estímulos dejados por este intercambio.

La comunidad teatral de Granma, hermosa manera en que el director Fernando Muñoz se refirió a sus colegas, agradeció honestamente el encuentro. Porque fue útil al conocimiento mutuo y porque propició un sentimiento de unidad antes maltratado por el acontecer cotidiano. La crítica, aunque parezca insólito, sin abdicar de sus armas, logró reunir y unir al movimiento escénico granmense.

Con ese magnífico impulso nos fuimos muchos a escalar el Turquino que, dígase lo que se quiera, no es coser y cantar. Así fue noticia, el pasado 13 de agosto, el estreno de Abdala, de José Martí, en la cima de nuestro Everest, el Pico Real del Turquino. Se coronaban, de esta manera, las Comunitarias de Verano, al tiempo que la acción, a cargo de treinta personas, la mayoría jóvenes y hasta algunos adolescentes, rendía homenaje a Fidel en su cumpleaños y a los hermanos Sergio y Luis Saíz Montes de Oca a 57 años de su asesinato. No olvidemos que la historia no une esta fecha por una coincidencia, sino por una causalidad: los hermanos Saíz salieron a notificar y celebrar en San Juan y Martínez el onomástico del líder de la Revolución.

Juan González Fife, avezado conocedor de esos senderos, preparó una puesta en escena de campaña, un teatro mambí de este tiempo. Así las varas que ayudaban a propulsarse en la trepada, se convirtieron en armas y pendones de los guerreros de Nubia, comandados por Abdala. Tres telas desplegadas sobre algunas de ellas descubrían los colores del pabellón nacional. El vestuario no viajaba al pasado. Uniforme, descubría los torsos juveniles de actrices y actores que, a través de la propia puesta, se preguntaban hoy el sentido del poema dramático martiano a 145 años de su publicación.

Observada, muchas veces, como simple ejercicio dramático del jovencito de 15 años José Martí, Abdala es, sin embargo, un precioso cofre donde se junta su declarada pasión por el teatro, su transparente credo político, puro amor en ebullición, en realidad; su visión adolescente sobre las relaciones filiales y, en definitiva, una premonición en torno a su destino: la de quien entregará todo por hacer un país, por construir una nación.

Martí se transfigura, se ve en un joven africano negro, elevado cual héroe griego y no burlado o ridiculizado por la mirada del blanco. No es poco a la altura de 1869 y si pensamos en la edad de quien se convertirá con el tiempo en un gran escritor.

Ahora, este Abdala descubre a actrices y actores como jóvenes de nuestro presente. Se cuestionan dónde está el enemigo que nos impide andar mejor y la función que les corresponde como individuos. A tono con ese universo, la puesta de González Fife huye de la “representación” y de cualquier engolamiento al decir el verso, mientras se apega a la realidad del elenco en tanto personas que reiteran hoy, en un nuevo contexto, los dilemas del héroe nubio.

Para los nuevos de Teatro Andante, junto a sus invitados de otros grupos de Granma y Camagüey y los más de 70 espectadores (increíble pero cierto), que presenciamos la función en la cota de 1974 metros sobre el nivel del mar, la respuesta simbólica se hallaba en la voluntad expresa de estar allí ese día, en la connotación que el pequeño claro en la corona del Turquino traía a las interrogantes de Abdala. Las notas del himno nacional, desgranadas de a poco, como en la excepcional versión que Carlos Fariñas compusiera para la película Soy Cuba, se convirtieron en la contestación de todos, liderada por bayameses, al costado del busto de Martí esculpido por Jilma Madera. Una suma de significados imposibles de soslayar. La emoción embargaba el final colectivo del espectáculo. «El amor madre a la patria, no es el amor ridículo a la tierra…» amplificaba Abdala desde la cima de Cuba.

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