Actualizado el 21 de octubre de 2014

A falta de agua…Sed

Por: . 17|10|2014

Marianela Boán, al centro de su grupo, La directora y coreógrafa del grupo, luego de once años fuera de su patria, retornó con Sed de reencuentro con los suyos...El grupo dominicano ProDanCo (Proyecto de Danza Contemporánea) arribó por vez primera a la isla de la mano de la cubana Marianela Boan para deleitar, —o mejor, asombrar—, al público capitalino que los siguió hasta el teatro Mella. La directora y coreógrafa del grupo, luego de once años fuera de su patria, retornó con Sed de reencuentro con los suyos, con el público que disfrutó de sus primeros años de formación como bailarina en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y de su entrega como integrante de la compañía Danza Contemporánea de Cuba y fundadora de Danza Abierta.

Boan, embajadora de la cultura, es una artista que ha sabido llevar a múltiples latitudes la esencia de la cubanía, para impregnar su obra de elementos criollos. Pero también recoge en su quehacer las realidades otras que le ha tocado vivir. Tal es el caso de Sed, obra que se basa principalmente en los problemas sociales que agreden en la actualidad a la República Dominicana, país donde reside desde hace algunos años.

Esta pieza, que nos devuelve a tan galardonada y prestigiosa directora, coreógrafa, bailarina y hasta escritora, es hija de lo que ingeniosamente su propia autora ha nombrado “danza contaminada”. La danza contemporánea brinda a esta cubana múltiples posibilidades de representación y más aún si logra mezclarse con el arte dramático, la música en vivo, el audiovisual, el canto. Más que un ejercicio, la obra se convierte en un juego, en una rotación constante por diferentes manifestaciones, que va comprometiendo al espectador, a la vez que deja apreciar las cualidades artísticas de los protagonistas. Este eclecticismo no es solo formal, pues qué es el Caribe donde vivimos sino una mezcla de ritmos, razas, culturas. Aunque en principio Marianela concibió la obra pensando en el contexto dominicano, la verdad es que cada detalle de Sed nos identifica, y ahí precisamente radica la universalidad de esta puesta.

La presencia del botellón de agua, que adquiere una dimensión simbólica pero también se aprovecha para complejizar la coreografía, adquiere múltiples connotaciones semánticas. El agua, que falta todo el tiempo excepto en la última escena, se convierte en símbolo de identidad. La sed de estos personajes es la búsqueda de la génesis, es el reencuentro inevitable con sus raíces. Si para el poeta español Antonio Machado este elemento vital representaba el curso de la vida y el paso acelerado del tiempo, en Sed es el ansia de una búsqueda, la necesidad de saciar muchos tabúes que “ahogan” todavía a la sociedad latina de nuestros días.

A partir del significado que tienen los recipientes de agua para los dominicanos, y de la lucha diaria que representa para ellos el problema de la falta de agua potable, la directora desprende riachuelos que conectan con otras situaciones como el machismo, la lucha de la mujer por su emancipación, el racismo, el servilismo, entre otras. El recurso de la repetición, tanto de movimientos como de frases verbales, es utilizado para resaltar dichas problemáticas, siempre traducidas al lenguaje corporal.

Cuerpos que se enlazan y bifurcan al compás de diversos géneros musicales como el merengue, el hip hop, la salsa, el guaguancó: un collage que incentiva el carácter dinámico y lúdico de esta propuesta. El sonidista es un personaje más sobre la escena. La espontaneidad del sonido, —gracias a las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías— mueve los hilos de los bailarines con ritmos propios de esta región caribeña.

La sátira es otro de los elementos que “contamina” la obra. El uso de un data-show en escena les permite a los seis personajes mostrar al público, a manera de zoom, sus expresiones faciales para, a través de farsescos gestos, acercarnos al tema de las razas. Se utilizan además, en esta secuencia performática, elementos de peluquería y maquillaje, pues con su auxilio los protagonistas intentarán metamorfosearse en hombres blancos. Escenas que acercan al espectador a un estilo que va marcando a este recién formado grupo de danza.

El final resulta prodigioso. Una de las protagonistas entona una melodía afro a la que se van uniendo sus compañeros, hasta formar un coro de voces distintas pero complementarias. Se llega a la unión de los seres humanos a través de lo que realmente somos, al hallazgo de lo que nos hace semejantes y a la vez diversos. Los personajes se despojan de todo lo que disfraza su mestizaje, hasta quedar desnudos. Pensar o criticar una desnudez literal sería errado. Significa, en esencia, el retorno, el encuentro con todo lo que se ha negado en el transcurso de la obra. Momento de consagración. Después de tantos avatares, los individuos se encuentran ante el agua que los bendice.

Lo ingenioso de Boan es que logra a través de su mensaje trascender los límites de la puesta en escena per se. Si bien es cierto que la obra presenta un final concluso, tras el cierre del telón regresamos a casa pensando en la reflexión que propone esta creadora. La búsqueda ahora nos corresponde a nosotros. ¿Hasta qué punto aceptamos o participamos de un pasado mestizo por antonomasia?

Sus temas y modos de hacer, y por supuesto, la profesionalidad de su directora y coreógrafa, han puesto en alto alrededor del mundo la idiosincrasia de todo un pueblo que es Latinoamérica. La visita de ProDanCo mostró el camino que va tomando la danza contemporánea en su país de origen. Como primer grupo de su tipo en esta nación, han sabido glorificar no solo la cultura dominicana, sino también la de todo un continente. Sus temas y modos de hacer, y por supuesto, la profesionalidad de su directora y coreógrafa, han puesto en alto alrededor del mundo la idiosincrasia de todo un pueblo que es Latinoamérica.

Categoría: Artes escénicas | Tags: | |

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