Actualizado el 4 de febrero de 2015

Identidad-1 = clásico de Danza Contemporánea de Cuba

Por: . 1|2|2015

I

Cada bailarín no está puesto de manera gratuita o utilizando la simple cuadratura que brindan los escenarios.  Constituyen líneas humanas perfectamente visibles desde el ángulo de cada espectador, pero con acciones similares en tempos diferentes. Los números negativos son aquellos menos tangibles en la vida diaria. Parecen casi un acomodo de los matemáticos para poder desarrollar grandes fórmulas, que tampoco llegan a ser muy palpables solo cuando se discursa sobre grandes teoremas. Siguiendo con los matemáticos, aquellos números que llevan el signo de menos tendrían una visión negativa del asunto, pero también podrían llegar a formar un todo, una unidad, que como aquellos que van después del cero en una regla, pueden o deben intentar definirse.

Definirse es un asunto que obsesiona hasta el  punto de caer en debates estériles y en estereotipos estúpidos. En ese sentido, la búsqueda de una cómoda diferencia que no afecte a la masa suele ser el modus vivendi general.

Es tal vez por esto que Identidad-1, coreografía de George Céspedes, cae como símbolo de libertad en una ecuación que por momentos parece repetirse para obtener un invariable resultado: la media o la unificación a fuerza de supuestos consensos.

Identidad… fue estrenada en 2013. Desde ese año hasta la fecha, Danza Contemporánea de Cuba (DCC) la ha presentado en disimiles escenarios, sola o combinándola. En cualquier variante, el texto coreográfico demuestra su valía. No ocurrió de diferente manera en la presentación ofrecida recientemente en el Teatro Mella.

En su infinita búsqueda por universalizar el lenguaje danzario, DCC encuentra una pieza de ese abecedario en su propio patio. Muestra esta obra un elemento definitorio de la compañía, donde no se re-busca sino más bien se re-conceptualiza lo cubano.

 II

El sentido objetual que puede llegar a contener la raza humana es una de las principales líneas de trabajo de Céspedes. Por tanto, discursar acerca del momento en que somos uno o conformamos el todo, se convierte en obsesión coreográfica.  Sumarnos al todo por inercia parece ser la principal denuncia del coreógrafo. La solución radicaría en sumarnos, como números negativos, como ovejas negras, que formarán cifras enteras para un número infinito.

Los números negativos constituyen un reflejo otro de los positivos. Nada mejor explica la relación que se da entre los bailarines en el escenario. Momentos en que cada cual refleja el movimiento del otro, para volver después a su propio espacio.

 III

Intenta Céspedes un viaje a la semilla, y para ello (des)monta la noción del movimiento. La fluidez incuestionable que tiene la vida es puesta en crisis todo el tiempo. Desfragmentar significa entender, y es necesario a veces desarmar un cubo de Rubik para comprender su funcionamiento. Es necesario en ocasiones extrañarse de lo conocido para saber qué tan confiable puede resultar.

Desde el momento iniciático en que los bailarines salen a escena se ve el uso del espacio que hace el coreógrafo. Cada bailarín no está puesto de manera gratuita o utilizando la simple cuadratura que brindan los escenarios.  Constituyen líneas humanas perfectamente visibles desde el ángulo de cada espectador, pero con acciones similares en tempos diferentes. La idea del todo, integrado por inmensas partes sobrevive a lo largo del texto coreográfico. El pequeño y aparente caos, ordenado desde la similitud de movimientos que interpretan la significativa cantidad de bailarines, es uno de los logros del coreógrafo y la compañía.

En esta pieza la perspectiva existe, transmite belleza y sentido en lo que se va deconstruyendo una identidad tal, que puede ser esa en la que nos reconocemos como cubanos, pero también puede ser otra: la de seres humanos. La misma se construye individual y colectivamente.

Insiste Céspedes en mostrar la individual con el trabajo gestual de los bailarines y con el diseño del vestuario. Pocos repiten sus gestos faciales, cada bailarín interioriza el conflicto desde el yo y para el grupo; a lo que ayuda el vestuario, nunca una pieza idéntica, los colores: similares, la forma: no.

Así como Identidad… intenta hilvanar un discurso propositivo sobre la consonancia ¿nacional? se vale de la ruptura del movimiento; además de la mecanización en los posibles pasos de bailes populares. Esto no es nuevo en la obra de Céspedes, ya con su Mambo XXXI el coreógrafo utiliza la desfragmentación por oposición, al movimiento ágil y rítmico que caracterizan estos bailes tradicionales cubanos.

Busca el creador incomodar, no caer en un disfrute melancólico o poético. Es una excelente fórmula para poner en crisis —que significa catarsis, para algo están los bailarines temblando por minutos— lo ya establecido, que se vuelve norma y por ende, aburrido, ajeno al pensamiento.

Quisiera descontextualizar la tradición para hacernos dudar de su valía, de la horrenda posibilidad que brinda el encasillamiento, el molde, el no evolucionar…

Busca el creador incomodar, no caer en un disfrute melancólico o poético. Es una excelente fórmula para poner en crisis —que significa catarsis, para algo están los bailarines temblando por minutos— lo ya establecido, que se vuelve norma y por ende, aburrido, ajeno al pensamiento.Hay tanto de cotidianidad en esta coreografía que casi produce miedo. Las calles que se trazan, los parques que podemos reconocer, el tiempo que pasa. Y sin un tono cursimente existencialista surge la pregunta ¿para qué estamos aquí? Mientras, vuelven los bailarines a des-bailar un guaguancó, a des-palmar un zapateo electrónicamente matizado.

La masa grupal se expande y se contrae como en la química misma. Bailarines/átomos se fusionan con otros de parecida composición. Encuentra Céspedes, en la química y la matemática ciencias sumamente útiles para su propuesta: identidades sustraídas, venidas a menos por el “bien” del grupo.

Categoría: Artes escénicas | Tags: |

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