Actualizado el 1 de abril de 2015

Apropiaciones reversibles del cuerpo

Por: . 26|3|2015

Tomemos entonces al cuerpo como territorio cambiable, mutable. Hagámoslo altar de las diferencias y las contradicciones. La danza contemporánea ha devenido medio esencial para una apropiación equitativa de los cuerpos. Aún cuando se mantenga una estilización en la anatomía del bailarín, impuesta casi siempre por el propio rigor del ejercicio, la construcción de lo femenino o masculino no ocurre de manera estereotipada en los textos danzarios más modernos. Bailarines de ambos sexos son igualmente importantes para la creación de un discurso sobre cualquier temática.

Pero la danza contemporánea también puede servir de espacio para repensar la construcción de las identidades de géneros. En ese sentido, la activista Lucrecia Masson plantea: “¿Es posible pensar el cuerpo como espacio de disidencia? Un cuerpo plagado de órganos, no siempre sanos, no siempre vigorosos, no siempre jóvenes… Nos encontramos ante la necesidad de una revuelta orgánica, en su sentido literal: revolver órganos. Es actualmente una apuesta urgente la de plantearnos una rebelión de los cuerpos.”

No hay mejor vía para esta “revuelta” que la danza, como espacio de creación donde se pueden subvertir cánones desde un mensaje sencillo, hasta un filosofar en extremo complejo. Tómese por ejemplo, Reversible, coreografía que creara la belga-colombiana Annabelle López Ochoa para Danza Contemporánea de Cuba (DCC), recientemente estrenada.

En esta colaboración, el cuerpo y la diferenciación de este que hace una sociedad como la cubana —machista y patriarcal—, se vuelve el medio perfecto para que la creadora devuelva lo que experimentó durante su visita a la Isla, además de fusionarlo con su poética individual.

 

Desde la desnudez hasta la ropa

Al principio fue el cuerpo. López Ochoa no deja escapar ningún detalle en su discurso, así que al inicio de la pieza, los dos primeros bailarines por aparecer en escena ostentan iguales vestuarios, prendas íntimas, que sirven para equilibrar, para adorar los cuerpos en femenino o masculino. Pero adorarlos, al fin y al cabo.

Después fue el vestuario. Identificaciones binarias atraviesan nuestra cotidianidad, cuando la construcción de identidades es mucho más rica y diversa. Como diría la investigadora Marta Lamas, hay muchas formas de ser mujer y muchas formas de ser hombre. Así que los pantalones en las bailarinas  y las sayas en los bailarines despejan cualquier tipo de dudas. La también coreógrafa de Sombrerismos —montada con el Ballet Nacional de Cuba— apuesta por crear un nuevo discurso en donde podamos revertir los roles asignados. Y el vestuario de su coreografía es una simple pero efectiva declaración de esos principios.

 

¿Quién besa primero?

Es muy fácil dejarse seducir. La tan promovida sensualidad de los latinos, especialmente de los cubanos, se cuela en Reversible. Demasiada la tentación para Anabelle. El romance es leitmotiv, vía de comunicación expedita con el público cubano.

Por mucho tiempo, desde el ballet más clásico hasta la danza más contemporánea, se ha enfatizado en la “forma” de moverse de las y los cubanos. Movimiento que utiliza la coreógrafa para seguir impugnando o re-conociendo las relaciones hombre-mujer.

Esa noción de apareamiento tropical, ese duelo entre especies, es la primera línea de sentidos que producen los bailarines en la pieza. Pero lo cierto es que al complementarse con la acción del desnudo que realiza cada bailarín, retoma así la coreografía su intención de  discursar un poco más allá.

Las relaciones intergenéricas están dañadas por diferencias culturales que crean tensiones  en la relación de pareja, en los grupos sociales. La idea fija de que tenemos más diferencias que similitudes es un impuesto cultural, el cual trae más perjuicios que beneficios.

Se crea así una idea de competencia entre los sexos. Para mantener por conveniencia sistémica la idea de “sexo débil” contra el “sexo fuerte”. Es por esto que la lucha entre los bailarines es dada desde su relación entre ellos mismos, o en el contoneo de caderas.

Todo puede ser Reversible, lo normado, lo estipulado. Los roles son sólo eso: determinados papeles que “alguien” nos dice como desempeñar, más allá de obvias diferencias biológicas que la danza contemporánea se empeña, para bien, en desmitificar.

Hagamos entonces como López Ochoa y las y los muchachos de DCC, la diferencia puede ser eliminada desde el movimiento mismo. La danza es medio, es lenguaje para empoderar al cuerpo, sin importar sexo que deba definirlo. Tomemos entonces al cuerpo como territorio cambiable, mutable. Hagámoslo altar de las diferencias y las contradicciones.

Categoría: Artes escénicas | Tags: | | |

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