Actualizado el 16 de julio de 2015

Traspasos escénicos:

Por una intervención sin ataduras

Por: . 14|7|2015

 

Los exámenes­ terminados. Aciertos y desaciertos. El trabajo que nunca falta. Las novedades internacionales. El verano que hace lo suyo. Una Cuba cada vez más repleta de teatralidad. Todos estos elementos funcionan como pretextos para que artistas, investigadores, personas en general que aman el mundo del arte y la cultura, nuestra y foránea, se reúnan a intercambiar experiencias y conocimientos en la cuarte edición del evento Traspasos Escénicos, celebrado recientemente en una de las casas cubanas de las artes: el ISA.

Uno de estos laboratorios que merita mención es el impartido por el maestro mexicano Juan Carrillo, actor y también director del grupo de teatro independiente Los Coloños. Bajo el nombre: “Escrituras y escenarios: intervenciones” se trazaron las coordenadas del laboratorio. Fue una experiencia dedicada a la construcción y deconstrucción de la escena, dirigida a una relación directa con el espectador. El análisis de un discurso en acción y el proceso creativo por medio del modelo de intervención, también tuvo un espacio en las dinámicas desarrolladas.

Juan explicó que el modelo de intervención tiene su basamento en la necesidad de intervenir una dinámica una y otra vez, hasta encontrar ese estado de fricción, de riesgo, que la continúe o modifique. Desde el punto de vista teórico referencial, explicó su método a través de figuras como el director y teórico teatral Peter Brook y el dramaturgo argentino Octavio Paz.

Según Carrillo, interpretando a Brook: “el espacio vacío es aquel recipiente donde el actor se encuentra consigo mismo en soledad y relajación a partir de un proceso de búsqueda que está incorporado.” Para Juan, la técnica del buen actor se expresa de manera incluso automática, fluida, sin que se note en escena que se está pensando la técnica.

Otra de las ideas importantes del maestro es la necesidad de ser concretos en relación con nuestras propuestas de trabajo. Saber a qué tipo de público dirigir nuestra mirada, ya sea desde la dramaturgia, la dirección o desde la actuación. La búsqueda de un tema que fuera conectado con esa noción de público ideal. La búsqueda de referentes particulares para nuestros deseos. La búsqueda de las esencias.

Cada una de estas lúcidas alternativas las podemos focalizar en grandes pensadores del arte teatral como Santiago García y su método de creación colectiva, Grotowski y su idea del actor santo como el performer que a partir del compromiso, del rigor del trabajo, alcanza ese estado de comunión, y Aristóteles con sus tesis de ir de lo general a lo particular, para poder ser concretos y organizar de manera coherente el material dramático.

Las máscaras se fueron desprendiendo de los rostros de los participantes a medida que avanzaba el proceso. Los apuntes teóricos se fueron calzando con ejercicios prácticos, en procesos individuales que todo el tiempo iban progresando de manera feliz.

Liliana Pérez Recio propuso la intervención del antiguo espacio de la facultad de teatro del ISA: Elsinor, hoy en ruinas. Linet Rivero Rubio, la idea del desequilibrio, a partir de la danza y el apoyo con los objetos que otros dos actores iban desordenando, y que ella intentaba ordenar con premura. Texto, espacio y cuerpos danzantes fueron intervenidos una y otra vez, hasta lograr ese punto de desgaste, de nueva vida. Yo empleé un texto dramático escrito para una beca con los ingleses del Royal Court. Su reto consistía en trabajar la exaltación del humor a partir del tono más bien serio, trágico, que descubría esa partitura.

Lo negable sería evaluar estos resultados desde una óptica hecha, conclusiva. Fueron propuestas que se transformaron día a día con el quehacer, con nuestras propias ideas, con las del compañero, y obviamente según los criterios del maestro, siempre potenciadores; pero que aún necesitan un descanso para luego volver a ser revisitadas, desangradas, reoperadas. Fueron propuestas llenas de dudas e satisfacciones, que han dejado una valiosa huella para seguir en busca del influjo teatral.

Llegar a ese punto donde el error sea parte del acierto. Pero lo más importante: ser sinceros con nuestros propios caminos para poder llegar al espectador y en definitiva, intervenirlo.

Juan Carrillo nos enseñó en apenas cuatro días cómo se puede potenciar una obra, su contenido y forma, sobre la tesis de hacer de ella una nueva variante.Entender el arte también en espacios con otros códigos. Llegar a ese punto donde el error sea parte del acierto. Pero lo más importante: ser sinceros con nuestros propios caminos para poder llegar al espectador y en definitiva, intervenirlo.

Categoría: Artes escénicas | Tags: | | |

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