Actualizado el 3 de noviembre de 2017

Marianela Boán:

Donde la idiosincrasia de dos islas se entreteje y danza

Por: . 31|10|2017

Es la intensidad de la música. Es la temperatura en los colores del vestuario de los bailarines. Es la exaltación rigurosa de la esencia de la danza.

Fotografías Racso Morejón

Hay una mesa con mantel orlado en encaje fino, de blanco impecable, dispuesta sobre el extremo derecho del escenario. Hacia el final del tablado un chorro de luz la ilumina a ella sola. A ella sola. Su reflejo se dilata por todo el escenario, rayándolo, trayéndolo hasta deshacerse en vagos trazos a la vista de los más curiosos. El murmullo en la sala denota expectación.

Es la intensidad de la música. Es la temperatura en los colores del vestuario de los bailarines. Es la exaltación rigurosa de la esencia de la danza. Es la manera de presentar en escena la pintura de Fernando Peña Defilló. Es la impecable armonía para hacer coincidir las artes visuales con la lógica de un espectáculo danzario. Es la Compañía Danza Contemporánea de República Dominicana. Es “Marianela Boán, una mujer abierta a la danza” –como la calificara el periódico El País.

Su reflejo se dilata por todo el escenario, rayándolo, trayéndolo hasta deshacerse en vagos trazos a la vista de los más curiosos.Con la coreografía Defilló, la cubana Marianela Boán trajo al Festival Internacional de Teatro de La Habana a sus bailarines, credencial de excelente factura para participar en el recién concluido evento. Un gesto danzario como homenaje al pintor dominicano Fernando Peña Defilló, espectáculo donde la idiosincrasia de las dos islas se entretejen y danzan las escenas de la obra artística de quien es considerado el renovador de la pintura nacional en la isla antillana, la Quisqueya.

De premio la banda sonora. Un surtido en el que dialogaron los temas de  Wim Mertens, compositor belga cuya música explora el vanguardismo con apetencias de música ambiental, combinada con temas de Chucho Valdés, franquicia que se permitió con toda entereza la raíz originaria de Boán, por una parte, y esa sed de universalidad que caracteriza su obra por la otra.

Valor agregado llevan el ritmo de una música -insisto- urgente y temperamental que se implica con los movimientos por momentos vehementes y dinámicos de los bailarines, de modo que el público pudo sortear en apenas 60 minutos un ejercicio sensorio de vasta factura estética y que fueron inaugurados con una singular muestra de algunas de las obras que marcaron pautas y matices estéticos dentro de las artes plásticas dominicanas.

Compañía Danza Contemporánea de República Dominicana.Así, sobre un mantel de impecable blanco, fueron proyectadas a manera de exposición instalativa, performática si se prefiere, algunas de estas obras de Fernando Peña Defilló; figurativas, abstractas, simbólicas, estampando ese clima poético, erótico, sensual, definiendo elegancia e impavidez con mesura estética. A manera de introito para inaugurar el espectáculo conocimos a Defilló.

Y sabiendo – además- que el artista es considerado “el padre del informalismo dominicano” quiero pensar que la Boán apostó por esta tendencia para presentárselo al público de la manera informal con que la existencia premia a los creadores legítimos. Donde lo “simbólico y paradigmático” se mezcla parsimoniosamente con el ímpetu de la danza. He ahí la trascendencia humana y profesional de la propuesta.

Eufonía y movimiento escénico habitan en la obra del pintor, de la misma manera que en la coreografía destellan paralelos cromáticos alegóricos, con-movidas por oscilaciones y ardores del cuerpo como esos códigos que (a)bordan el movimiento, la palabra, la imagen, el sonido en un derrame de linaje creador emblemático.

Un gesto danzario como homenaje al pintor dominicano Fernando Peña DefillóCreo en las obras de arte que pasan fugaces pero dejan en el espíritu de los espectadores una luz que nos provee de señales interiores. Vi la reacción del público al concluir el espectáculo, más bien la sentí, aplaudir, vocear el consabido ¡Bravo!, agradecer exaltados la actuación y ovacionar ese instante supremo en que la coreógrafa sube desde el proscenio a compartir loas y saludos con su público, modulación perfecta y manifiesta de haber escanciado el deseo por consumir un producto artístico genuino y al mismo tiempo, quedar varados en el éxtasis.

Marianela Boán, confesa en la idea de la danza de vanguardia, concibió un espectáculo para cautivarnos y acaso nos (re)conquistó con creces, aquellos “instrumentos estéticos” que le fueron insuficientes un día, regresan transfigurados hoy en lo que la coreógrafa reconoce como la “mezcla de lenguajes artísticos en el mismo plano de importancia”, razones por las cuales música, pintura y danza rezuman en la coreografía Defilló el ánimo de exploración que la define como una de las más importantes coreógrafas cubanas que descuellan en la historia de la danza de la mayor de las Antillas.

Defilló, tanto el creador como la coreografía, por otro lado, llevan el común denominador del entusiasmo y la  exploración humanas, signos afines a todo proceso creativo, sea cual sea la manifestación de que se trate, pero que no siempre consiguen templar el ánimo del espectador, dejarles una imagen que visualizan con emoción denodada y que se expande hasta la nostalgia, la identificación con impulsos conmovedores que se interconectan en un espacio físico, con el mismo apremio con que lo reservan para el espacio psicológico de cada uno de nosotros, mortales espectadores. Tal fue mi aprehensión personal del espectáculo.

Marianela Boán, confesa en la idea de la danza de vanguardia, concibió un espectáculo para cautivarnos y acaso nos (re)conquistó con creces, aquellos “instrumentos estéticos” que le fueron insuficientes un día, regresan transfigurados hoy en lo que la coreógrafa reconoce como la “mezcla de lenguajes artísticos en el mismo plano de importancia”Por eso quería dejar tácito mi agradecimiento a Marianela Boán -y su Compañía de Danza Contemporánea de República Dominicana-  este feliz regreso que augura otras jornadas según lo prolongado de los aplausos, los comentarios y las expresiones del público asistente a la sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba los pasados días 27, 28 y 29 de octubre; donde se pudieron (re)encontrar –por demás- bailarines, amigos, admiradores y maestros de la talla de Ramiro Guerra, con esta bailarina, coreógrafa y profesora cubana a quien el público le ha prolongado en el tiempo y la memoria sus aplausos de siempre.

¡Bravo Marianela!

¡Bravo Mari!

¡Bravo Nela!

Escuché al concluir cada jornada.

Poseso pues de ese halo experimentador que cohabita en sus coreografías, me propuse una experiencia propia: Intentar develar la interioridad de esta coreografía. Disolver el movimiento en la luz. Buscar a Defilló. Obturar hasta hartarme, aunque no lo consiga.

 

¡Bravo Marianela! ¡Bravo Mari! ¡Bravo Nela! Escuché al concluir cada jornada.Compañía Nacional de Danza Contemporánea de República Dominicana.

DEFILLÓ

Danza en 60 minutos

Elenco: Daymé Del Toro, Patricia Ortega, Erick Roque, Mildred Rubirosa, Hendel Herrera y Jonás Padilla.

Dirección General y Dramaturgia: Marianela Boán

Coreografía: Marianela Boán en colaboración con los bailarines

Música: Wim Mertens y Chucho Valdés

Vestuario: Renata Cruz

Iluminación: Rubén Lara

Asesoría danza aérea: Cindy Sosa

Categoría: Artes escénicas | Tags: | | | |

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