El espejo:
Lo esencial va a la escena
El respeto por los dramaturgos y sus obras precedentes como un gesto de humildad creativa, más que la soberbia artística, fue la impresión que me causó El espejo. Lo esencial del teatro cubano está dando la talla. Sorprender.
Lo primero que sobrecoge es la disposición de los actores en escena. Todo cuanto va a ocurrir, aparentemente, ya está dispuesto. Solo que desde una identidad camuflada detrás de máscaras. La rigidez impuesta al movimiento corporal despierta suspicacia en el espectador. Los travestidos se toman su tiempo antes y después de la campanada conque se anuncia el espectáculo.
Así se presenta para el público habanero la obra El espejo, basada en un texto casi inaugural en la dramaturgia de Abelardo Estorino: El peine y el espejo (1956). Un espectáculo concebido por Mariam Montero a manera de despegue en su carrera como directora teatral, y una marca creativa que le abrirá salas y público como conductora de grupos actorales.
Concebida como una representación en sí misma de la novela radial lacrimosa, una estética prohijada por el medio desde su fundación misma; y que hoy, Mariam y su compañía traen de regreso a un estadio de notable cubanía y lúdica mirada a la escena nacional. Con un atrevido elenco de actores y cantantes masculinos, algunos de los cuales figuran travestidos en su representación; cabe resaltar el desempeño de Frank Ledesma, Luis A. Aguirre y Felix Román. Porque ellos, quienes no poseen justamente una formación actoral, con su entrega al compromiso histriónico le confieren a la puesta esa versatilidad que el público se ocupa de celebrar en cada función.
De esta puesta en escena se desprende un inequívoco fundamento psicológico, reflexivo y, como todo buen teatro que se respete: político, cuya capacidad de diálogo con los asistentes deja horadada la memoria al salir de la sala Tito Junco del Complejo Cultural Bertolt Brecht. Más que personajes en sí arroja símbolos sobre las tablas: la inocencia, lo timorato, el oportunismo, el machismo acendrado y un guiño acaso tácito al folklore y el sincretismo como huella indeleble de formación cultural nacional.
Resalta el tono emancipatorio de una de sus escenas y, por sobre todas las cosas, el diseño de banda sonora de la propia Mariam Montero y la dirección musical de Leonardo Barquilla, que hace galas de exquisitez y de justicia al repertorio nacional. También cabe subrayar la coreografía de Luvien Mederos, en armonía absoluta con la dramaturgia de la puesta.
Tal vez, como carencia, valdría la pena hacer notar que el diseño de luces necesita mirarse con premura al “espejo”, repensar su ubicación de manera más acertada, porque “la luz, brother, la luz”, en el teatro, según esa cátedra que es Carlos Díaz, lo es todo, o casi todo que no es lo mismo pero…
Pero no hay dudas de que existe una concordancia feliz entre esta puesta de El Espejo y la versión original de Abelardo Estorino; lo cual es una manera loable de rescatar el pasado del teatro cubano y sus autores.
Elenco
Rosa/ Frank Ledesma
Hilaria/ Roberto Romero
Carmela/ Carlos Busto
Cristobal/ Rolando Rodriguez
Narrador/ Rone Reinoso y Eugenio Torroella
Nenita de la Plama/ Luis A. Aguirre
Efectos/ Joel Martínez y Félix Román
Categoría: Artes escénicas | Tags: Abelardo Estorino | Carlos Díaz | Cultura Cubana | Festival Internacional de Teatro de La Habana | Mariam Montero | Teatro Cubano












1 Ruffini. 20|10|2017 a las 9:55
Vayan a verla. Se sorprenderán.