Actualizado el 11 de abril de 2018

La espera de Perancita, una cubana singular

Por: . 10|4|2018

Fotografía Alina Morante Lima

Fotografía Alina Morante Lima

 

Sufro la inmensa pena de tu extravío/ siento el dolor profundo de tu partida/ y lloro sin que sepas que el llanto mío/ (…)/ tiene lágrimas negras como mi vida.1

La sala Adolfo Llauradó de la Casona de Línea festeja su decimoquinto aniversario. Con motivo de esta celebración, varias han sido las propuestas que se han presentado en este capitalino espacio durante las últimas semanas. Llama poderosamente la atención una de ellas: Lienzo de mujer que espera, unipersonal de Jorge Luis Lugo, director de Teatro Rumbo.2

A sala llena tuvo lugar este espectáculo —en el sentido más estricto y encumbrado del término. Lo primero que se escuchó al atravesar las puertas del teatro fue un estridente y turbador reggaetón cubano.3 La música fue precisa y descriptiva para la situación que se presentaba desde horas antes a la entrada de la sala. Decenas de personas amontonadas en el patio de la institución, tratando de conseguir su entrada para la pieza: un espectáculo poco usual en la escena teatral cubana.4

na teatral cubana.4

Jorge Luis Lugo se presenta en su triple rol de dramaturgo, director y actor, en esta nueva entrega que se satura de cubanidad y cubanismo, 5 así como de una innegable identidad cultural y nacional. La vida de Esperanza Águila del Llano (Perancita) está signada por la escasez, la soledad y el sufrimiento, en armónico antagonismo con la presentación de un personaje que desborda cubanía en cada gesto, cada frase. Su actuación, henchida de incontables altibajos, transiciones, histrionismo e ironía, lo hacen merecedor de las más sinceras ovaciones.

Perancita aparecería por vez primera en medio del público con una caja de cartón bajo el brazo, que rezaba casi ilegiblemente “MANÍ TOSTAO”. ¿Pero… quién es esta mujer? Pues “una cubana cincuentona definitivamente universal que nos convoca para hablar de su soledad, de sus pérdidas y sus miedos”. 6 Obsesiva y caprichosamente aduce al pasado, los muertos (Papá y Petra, la madre de Felipe7), sus penas (ausencia de su esposo e hija) y la presencia casi onírica de Felipe, quien se marchó de la Isla en el verano de 1994.

Durante toda la puesta en escena se asiste a una crítica sin tapujos ni medias tintas; pero también sin agresividad, con un sarcasmo y mordacidad profesionales, que se aleja de la banalidad y la repetición, tan caros en nuestro contexto. Los “lineamientos”, las “reflexiones”, nuestras carencias y miedos, son algunos de los elementos que en su rol de actor travestido parodia el vueltabajero, con mesura y respeto hacia el ser y sentir de cada cubano.

Asimismo, se produce una reactualización del texto original.8 Para esta nueva presentación, Lugo introduce algunas problemáticas político-sociales de notable trascendencia en el presente más inmediato de la Isla: la política hostil del presidente Donald Trump, así como lo concerniente a las zonas WiFi y su repercusión en la sociedad cubana actual: elementos que le confieren a la pieza un valor en el aquí y ahora de nuestro contexto insular, muy a pesar de la distancia epocal que separa el texto de los momentos actuales.

La escenografía de la puesta en escena es escasa, sin pretensión alguna de fastuosidad. Un radio ruso, un taburete, una mesa de madera y un pequeño altar que ostenta una botella de ron, un indio protector, flores y velas, representan la totalidad de elementos que circundan a Perancita, muy en consonancia con la escasez que signa su vida. Sin embargo, esta propia insolvencia contrasta armónicamente con su dignidad y sentido de pertenencia para con la isla, lo cual enfatiza a través de la gestualidad, la música y sus propios parlamentos en la representación.

La luz acrecienta los momentos intimistas: la salida de Felipe del país y la aparición de este en escena, frutos del recuerdo y de la fantasía de Perancita, respectivamente. Durante casi toda la puesta, sus angustias y reproches van dirigidos a ese hombre que se marchó y le dejó solo la añoranza de una vida pasada. Felipe está ausente; pero sobrevive en sus pensamientos, sus memorias… en su vida.

La caracterización de diversos personajes le confiere a este actor una impresionante seguridad, ímpetu y destreza sobre el escenario. La entrada y salida de estos roles —que él mismo interpreta, según las exigencias del unipersonal— no le hace demeritar la trascendencia de cada uno de ellos ni su perfecta ecuanimidad en las tablas. Así, imita la voz de Felipe, al tiempo que conversa con él y le recrimina por su ausencia. Interpreta también la presencia de la cubana que regresa y le obsequia dinero, para que reponga los huevos que le tiró cuando su salida por el Mariel en la década del ʻ80.9

El uso de lexicalizaciones y otras marcas de la norma diastrática, propias del lenguaje coloquial (“cagarse la perra”, “salir a flote”, “luchar”, “no van lejos los de adelante…”); así como la readecuación del refranero popular con un propósito humorístico (“vivo sin pollo y muerto en el hoyo”) le confieren a esta pieza —y muy especialmente a Perancita— la exclusiva de ser una mujer genuinamente cubana. Asimismo, la importancia de la música en la vida de este peculiar personaje, que vive conectado a su radio ruso y las noticias nacionales.

El final de la obra se presenta revelador y auténtico. Perancita viste un pulóver rojo que además ostenta una imagen del Che. Se dirige a la parte trasera del escenario y cuelga una bandera cubana; la acaricia; arrastra el taburete hasta el lateral izquierdo, recoge su cartera, la caja de maní y canta “Cuba, qué linda es Cuba, quien la defiende… Maní, maní tostao…”, con una mezcla de desasosiego e ímpetu, perfectamente hibridados.

NOTAS

  1. 1. Lágrimas negras, de Miguel Matamoros.
  2. 2. Teatro Rumbo surge en el año 1964, como continuador del Conjunto Dramático de Pinar del Río. Entre sus puestas en escena de mayor trascendencia se encuentran Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca; Chamaco, de Abel González Melo; Lienzo de mujer que espera, de Jorge Luis Lugo; y La casa vieja, de Abelardo Estorino.
  3. 3. Muy a pesar de mi desavenencia con el género, al menos en esta ocasión no me causó reticencia alguna.
  4. 4. “Gerente, gerente, abre la puerta de par en par que afuera se quedaron gente…”, rezaba el conocido tema de reggaetón cubano.
  5. 5. Según la terminología utilizada por Fernando Ortiz en su ensayo Los factores humanos de la cubanidad: cubanismo se define como el modo de hablar propio de los cubanos; y cubanidad como la calidad de lo cubano: su manera de ser, carácter, índole, condición distintiva, etc.
  6. 6. Palabras de Daisy Días en las Notas al Programa de la reposición de la pieza en 2016.
  7. 7. Ambos personajes meramente aludidos en la representación, “ausentes”, según la terminología de José-Luis García Barrientos en Cómo se comenta una obra de teatro.
  8. 8. Lienzo de mujer que espera fue galardonado en los premios Caricato 2012 y Aquelarre 2013 en diferentes categorías.
  9. 9. Indirectamente se presenta uno de los temas más revisitados por la dramaturgia cubana contemporánea: el regreso.

Categoría: Artes escénicas | Tags: | | | | |

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