Actualizado el 1 de junio de 2018

Disparos de teatro en el mes de la lluvia

Por: . 30|5|2018

Momento de la presentación de Hij@s de la Bernarda. Fotografías Racso Morejón

Momento de la presentación de Hij@s de la Bernarda. Fotografías Racso Morejón

Mayo se derrama sobre la ciudad con lluvias y teatro. Entre los días 11 y 20 inundan el circuito de la calle Línea, en La Habana, catorce espectáculos, como para refrescar la escena capitalina y hacer sentir a los cubanos aires renovadores, llegados de varios países de Latinoamérica y el Caribe.

Casa de las Américas convocó, en colaboración con el Consejo Nacional de Artes Escénicas, a la temporada Mayo Teatral. Colectivos de Argentina-España, Bolivia, Brasil, Chile, Martinica, México, Puerto Rico y Cuba respondieron la invitación. Además del cartel principal, suceden presentaciones en otros espacios del Centro Histórico y en menor medida en Matanzas, Santa Clara y Cienfuegos.

También se ofrecen talleres de interés para aficionados y profesionales de las artes escénicas; se exponen las muestras fotográficas Temporada Mayo Teatral, diez ediciones (2001-2018), en la galería de la Sala Tito Junco del Centro Cultural Bertolt Brecht; y Manuel Galich, imágenes y páginas salvadas, en la biblioteca de Casa.

Durante la semana habrá diálogos y reconocimiento entre culturas y estéticas disímiles. Las realidades del continente se someten a examen por públicos y teatristas, como un exorcismo de nuestras pasiones y anhelos.

Ya lo dijo el director y dramaturgo brasileño Augusto Boal, “lo que nos es familiar se convierte en invisible: hacer teatro, al contrario, ilumina el escenario de nuestra vida cotidiana”.1

EL ESCENARIO DESPUÉS DEL DESASTRE

Cuando María arrasó la isla de Puerto Rico, en septiembre de 2017, había masticado el 11% de los arrecifes de coral de la costa. En algunos sectores provocó la mortalidad del 30 % de los árboles, y un número indeterminado de personas. Varios medios independientes hablan de un millar de difuntos, a contrapelo de los 64 fallecidos de la lista oficial.

El huracán, y la desastrosa gestión de las autoridades coloniales para recuperarse, también puso a cerca de 200 mil ciudadanos en el camino hacia Florida, Nueva York, Texas, Pensilvania, Nueva Jersey y Nueva Inglaterra. En mayo de 2018, más de 16 mil personas continuaban sin electricidad. Todavía es difícil transportarse, comunicarse, conseguir dinero en efectivo, gasolina, electricidad y agua potable.

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Entre lo poco que se mantuvo en pie estuvo el teatro, me diría, luego de una función en el Bertolt Brecht, Rosa Luisa Márquez, maestra boricua que vino con su colectivo Tojunto.

Ella es una invitada de lujo. Le entregaron el premio El Gallo de La Habana, otorgado desde 1966 por Casa de las Américas a quienes aportan a las artes escénicas de Latinoamérica y el Caribe.

La artista representa aquí a Puerto Rico, que fue homenajeado especialmente durante esta edición como “reconocimiento del rol que ha jugado el teatro en medio de las circunstancias difíciles atravesadas por la isla hermana luego del azote del huracán”, según dijo Vivian Martínez Tabares, directora artística del evento.

Rosa Luisa y Tojunto se ubicaron en el epicentro de esas acciones restauradoras. El espectáculo que trajeron a Cuba, Hij@s de la Bernarda, “fue la primera creación de danza/teatro exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico, luego del paso del huracán María; las personas pagaban con medicamentos, agua y comida para llevarle a los damnificados, cuando todavía no había luz”, recuerda.

La maestra boricua dice que regresó a Cuba, donde ha estado en varias ocasiones desde 1977, para compartir esta denuncia en contra de la violencia, que es Hij@s de la Bernarda. Y para ver todas las puestas que pueda –“Mayo teatral es un banquete”– y para dejarse ver, porque a Puerto Rico nadie viaja a enterarse de los montajes y es difícil que los productores inviten obras que no conocen a los festivales.

La puesta es una adaptación de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. También se inspiró en Ocho mujeres, representación del texto lorquiano que hiciera Gilda Navarro en 1974, utilizando su estética de mimodrama.

En el cuerpo de la virtuosa bailaora y actriz Jeanne d′Arc Casas habitan todos los personajes: Bernarda, su madre y sus hijas. Jesús Miranda interpreta a Pepe el Romano, que en el texto de Lorca no aparece como personaje; solo es un deseo.

Otros bailarines de danza contemporánea se integran al performance. A través de los cuerpos se dialoga sobre opresión, invisibilidad y pasiones humanas. Hij@s de la Bernarda pretende provocar un debate sobre la libertad desde un concepto diferente, integrando la música, las artes visuales y la danza.

“No concibo el teatro sin ese diálogo entre todos los lenguajes del arte. Siempre tengo música en vivo, y en esta obra fuimos más sensibles, miramos a nuestro alrededor y utilizamos objetos de desecho para construir la escenografía, inspirada en el Guernica de Picasso”.

Les costó apenas 200 dólares armar toda la atmósfera. Hay música tradicional, en directo, desde que uno se acomoda en los asientos. Luego se oirá también a Joan Manuel Serrat cantando Pueblo blanco: “Os juro por lo que fui/ Que me iría de aquí/ Pero los muertos están en cautiverio/ Y no nos dejan salir del cementerio”.

Rosa Luisa y Jeanne lograron un espectáculo bello, pero no complaciente.

“Este es nuestro grito contra la represión del estado, y la represión de la mujer. El autoritarismo de Bernarda es una personificación del poder en mi país, tenemos un Junta de Control Fiscal –impuesta por Estados Unidos– que administra, no los bienes, sino nuestros males. Hoy existe mucha persecución, regresamos a la época de las carpetas, las marchas creativas que terminan con macanazos, gases lacrimógenos. Queremos que la obra ayude a hacer visibles esas violencias y provoque acciones sobre ellas”.

Rosa Luisa cree que el teatro es un arma útil para el oprimido, y bálsamo luego del desastre, todavía en tiempos veloces y audiovisuales: “La humanidad crece en los contactos directos. Para mí el teatro es una vida más intensa, como ponerle un marco a la existencia misma. Esa es su esencia: seres vivos en escena, seres vivos fuera, mirando. El cine y la televisión no pueden superar esa energía”.

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Cuando no hay electricidad, ni pantallas encendidas, ni Facebook, ni Instagram, queda la voz y un espacio cualquiera para actuar. Así ha sido en Puerto Rico, después que María devastó la isla.

#MATELUNAINOCENTE

 De los 44 años de su vida, Jorge Mateluna Rojas ha estado en prisión dieciséis. El sistema lo regurgita de vez en vez al calabozo porque es un outsider en la postal exitosa de Chile, esa imagen tan neoliberal, tan demócrata, tan a lo Chicago boys.

Por debajo del relato de Mateluna, se advierte la intención de su dramaturgo de cuestionar para provocar un cambio en el mismo sistema judicial. Fotografías de Racso Morejón

Por debajo del relato de Mateluna, se advierte la intención de su dramaturgo de cuestionar para provocar un cambio en el mismo sistema judicial. Fotografías de Racso Morejón

Jorge Mateluna está lejos de los Chicago boys. Durante mucho tiempo solo quiso hacer la revolución, tanto que militó en el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, una guerrilla urbana y comunista, descreída de la democracia pactada, que siguió oponiéndose violentamente al sistema aun después del retiro feliz de Pinochet.

Al muchachito que era, lo apresaron y condenaron a cadena perpetua en 1992. Aunque fue indultado en 2004, y desde entonces trabajó como promotor cultural, en los informes de inteligencia es un “frentista”, para toda la vida.

En 2013 una banda de cuatro robó un Banco Santander, en Pudahel, y se dio a la fuga con 60 millones de pesos. Mateluna estaba en la comuna haciendo unos trámites, tropezó con Carabineros (policía militar), y terminó con 16 años de presidio en la Cárcel de Alta Seguridad.

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Guillermo Calderón es el dramaturgo chileno de mayor éxito en el extranjero, con piezas estrenadas en 25 países, y su firma en los guiones de Violeta se fue a los cielos y las cintas de Pablo Larraín El Club y Neruda.

“Siempre intento que la realidad entre al teatro, pero esta vez entró de una manera brutal, y no nos quedó otra que hacernos cargo de esta historia”, dijo a la revista Qué Pasa en 2016.

La historia es la de Mateluna, a quien él conocía porque colaboraron en el montaje de Escuela (2012), sobre los centros de preparación de guerrilla que había en Chile, aun durante la “transición democrática” de finales de los 80.

La compañía estaba girando internacionalmente cuando Calderón y los actores se enteran de la encarcelación de Jorge. Regresaron a Chile. Jorge se declara inocente y su proceso está lleno de irregularidades y pruebas falsas. Calderón ensaya un nuevo montaje, esta vez con un objetivo más allá del teatro: liberar a Mateluna.

Lo anterior me lo cuenta Javiera Parada, gestora cultural y productora de la Fundación Teatro a Mil, que organiza el evento Santiago a Mil, en Chile. Allí fue el estreno chileno de Mateluna (2016), y ahora ella trajo a la compañía homónima hasta Mayo Teatral.

Javiera cree que hay una diferencia muy grande entre esta obra y otras: “Aquí el hecho dramático que le da origen no está en el escenario, sino fuera. Eso es inaudito en el teatro, donde los conflictos están adentro y no fuera.

Mateluna continua la desconstrucción del proceso dramático que viene haciendo su director desde hace algunos años; es una manera de afrontar el teatro documental como un proceso de mucha búsqueda de ideas –yo diría–, no solo de documentos, sino también de cuáles son las ideas que se quieren poner en escena, y a partir de ellas trabajar y construir la historia”, explica.

La estética de la resistencia, novela de Peter Weiss (1916-1982), es una presencia constante en el montaje, y en las maletas del grupo integrado por María Paz González, Andrea Giadach, Carlos Ugarte, Manuela Mege, Juan Pablo Troncoso y Ximena Sánchez.

Cuando converso con Ximena, asistente de dirección y actriz, a su lado está el grueso tomo en español de la editorial Hiru, con la obra del dramaturgo alemán. Calderón aprovechó la invitación a un festival en Berlín, por el centenario de Weiss, para lanzar internacionalmente el caso de Jorge Mateluna. “No nos hacía mucho sentido llevar una obra sobre La estética de la resistencia sin mencionar lo que estaba pasando a un compañero”, dice Ximena.

Entonces recolectaron pruebas, se juntaron con abogados, hablaron con Jorge y su familia. Hicieron una investigación paralela a la del sistema. Luego se encerraron durante meses a escribir y ensayar. El resultado es un meta-montaje en dos actos, en el cual el colectivo narra y representa, primero, cuatro ejercicios teatrales inspirados en la biografía del ex frentista: Escuela (2013), Vaca (2014), Comunicado (2015) y Estética (2016).

Excepto Escuela, todas son obras apócrifas, concebidas solo para el montaje mayor, como los “falsos documentales” del cine, una jugada de Calderón para llevar al público a los terrenos de la política desde el arte. El segundo acto está dedicado a desmontar el juicio civil contra Jorge Mateluna, examinando en escena algunas de las pruebas de su inocencia, y los argumentos falseados de sus captores.

Ximena Sánchez recuerda que, durante el proceso, los integrantes del colectivo teatral tuvieron discusiones profundas: ¿Cuál era el objetivo final? ¿Sacar a Jorge de la cárcel o hacer una obra de teatro? Dentro del grupo había posturas diferentes.

“Yo no tenía mucha confianza en el teatro más allá de su función estética. Ahora que he visto lo que ha sucedido con la obra, y cómo ha movilizado activistas, estudiantes de leyes, creo que de a poco estamos recuperando esa fe en las posibilidades del arte para transformar, actuar sobre la realidad”.

La obra de Guillermo Calderón desmonta los mecanismos que producen la alienación. Por debajo del relato de Mateluna, se advierte la  intención de su dramaturgo de cuestionar para provocar un cambio en el mismo sistema judicial, que iguala a revolucionarios y luchadores anticapitalistas con delincuentes comunes.

De nuevo, recuerdo haber leído, de Augusto Boal: “no se trata solo de hacer teatro político, sino de hacer políticamente el teatro”.

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Ximena me dice que siempre piensa, antes de cada función, que será la última vez que la harán, que pronto un e-mail, o un sms, o una llamada les avisará: no hace falta más, Jorge salió libre. Pero Mateluna sigue preso. Ya son más de cuatro años.

 

NOTA

  1. Augusto Boal, citado por Rosa Luisa Márquez en el Prólogo de Teatro del oprimido (Casa de las Américas, 2018), libro del dramaturgo brasileño presentado durante Mayo Teatral.

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