Actualizado el 30 de julio de 2011

Raupa y la Muestra Joven:

Narrar historias en blanco, negro y rojo

Por: . 27|4|2011

La imagen es el primer lenguaje que decodificamos, lo que a primera vista apreciamos. La identidad gráfica de cualquier artículo siempre nos conduce, poco a poco, hacia su esencia.

Dicen que lo que no entra por los ojos no lo hace por ningún otro lugar. También algún sabio popular afirmó que no hay segundas oportunidades para primeras impresiones, por tanto, lo que vemos posee a priori gran connotación en nuestras interpretaciones. A veces, impregnados del dinamismo de la vida moderna, soslayamos la importancia del diseño y de la apariencia estética de los productos que consumimos, sean estos de cualquier índole. Un evento es igualmente un producto a consumir y disfrutar por todo lo que representa. El placer arranca desde que empezamos a apreciar su imagen, su impronta visual.

Todos estos años le han servido a la Muestra Nacional de Nuevos Realizadores para consolidar su identidad visual. Cuando se acerca el final de febrero, de inmediato en materia cinematográfica nos viene a la mente la fiesta del audiovisual más joven, siempre representado en blanco, negro y rojo. Todo comenzó hace una década, como sabemos, y desde sus primeros instantes lo acompañó esa iconografía tan característica que entre transiciones formales, nos acompaña hasta hoy.

El primero en trazar esta estrategia, que resume desde el diseño gráfico la esencia de la Muestra, fue Pedro Juan Abreu; y desde hace cinco años es Raúl Valdés, más conocido como Raupa*, el máximo responsable de esa peculiar identidad visual.

Con el joven diseñador que en una ocasión se desempeñó, además, como jurado de la Muestra, conversó El Caimán.

—¿Quién descubre primero a quién: usted a la Muestra o viceversa?

—Siempre estuve muy al tanto de este certamen, interesado desde la primera edición por todo lo que representa en la promoción y difusión del audiovisual hecho por los más jóvenes en el país. No fue hasta la Quinta Muestra en que me involucré más de cerca, formando parte de su equipo desde mi rol de diseñador, cuando Pedro Juan dejó en mis manos la concepción visual del evento. Para mi representó una gran responsabilidad y también una buena oportunidad. Recién me graduaba del Instituto de Diseño y mis motivaciones profesionales siempre estuvieron encaminadas en este sentido.

—¿Cómo fueron exactamente sus inicios rediseñando la imagen de la Muestra?

—Tuve bastante libertad creativa para realizar mi trabajo. Tenía que mantener los tres colores iniciales: el blanco, el negro y el rojo. Estos me habían agradado siempre por la fuerza expresiva que transmiten y, además, las posibilidades que brindan debido a lo fácil de imprimirlos a pesar de los problemas económicos. Fue interesante asumir el reto de trabajar sobre una propuesta preestablecida, sobre todo a la hora de reinterpretarlo desde mi perspectiva.

—¿Cómo se las arregla para crear en cada edición una identidad que mantiene su esencia y es diferente a la vez?

—Es cierto que siempre mantiene su esencia, aunque sean distintos iconos y alegorías los que protagonicen la historia que quiero narrar desde la gráfica. Han sido antiguas cámaras de filmar, tiburones, cuchillas, cables, cintas, entre otros, los encargados de materializar mis ideas. Creí que ya era el momento de quitar el icono que identificaba a la muestra, esa suerte de personaje masculino o máscara, la que volveré a utilizar la próxima edición. Quise quitarle esa especie de disfraz a la Muestra. La imagen de este evento representa toda una manera de ser, un determinado comportamiento: irreverente, iconoclasta, transgresor, como mismo es la juventud a la que se debe y por la que existe.

—¿Cuáles considera que sean las mayores transiciones formales y conceptuales que ha experimentado entre una Muestra y otra?

—Además de los iconos y otros símbolos que siempre se diferencian, la dramaturgia también es distinta, debido al hilo conductor que mueve la historia que intento expresar. Por ejemplo, el pasado año utilicé el gris, color que nunca se había usado; esto marcó una ruptura cromática, pero fue bien aceptado y funcionó. Creo que las diferencias entre un año y otro cumplen la función de no sobresaturar al espectador con más de lo mismo, aunque sean similares los cánones a seguir con la identidad visual.

“La muestra tenía que tener y mantener una imagen nueva, fresca, juvenil, para diferenciarse de los otros certámenes de cine que se realizan en el país, como el del Festival de La Habana cuya identidad es bien conocida desde hace años. Creo que la Muestra cumple sus objetivos como espacio de intercambio, debate y promoción de las emergentes generaciones de cineastas y también desde su imagen, que es bastante diferente a todo lo que en materia de promoción de eventos de audiovisuales estamos acostumbrados a ver.

“Casi siempre el concepto que manejamos es un tanto inclinado a la violencia y a la agresividad. En la Novena, donde el protagonista era ese hombre maquillado de blanco con cierto look galáctico o samurái, como algunos lo interpretaron, la violencia no era lo más importante que transmitía esa imagen, sino todo lo contrario. Era una evocación a la paz, al sosiego y un poco a la madurez que estaba alcanzando el certamen. Este año es la antítesis del anterior, tanto en el color de las pieles de sus personajes como en su comportamiento y proyección escénica.

—¿Cuán compleja es la realización del spot promocional manteniendo la identidad gráfica de la Muestra?

—Antes de mi llegada a la Muestra el spot audiovisual lo realizaban jóvenes realizadores como Pavel Giroud, Esteban Insausti y Léster Hamlet. Estos materiales tenían gran calidad, pero no tenían mucho que ver con la campaña gráfica, debido a que eran distintas miradas e intereses creativos, y disímiles a los del diseñador, por lo que no se apreciaba la necesaria coherencia y unidad temática. A partir de mi inserción, como también me desenvuelvo en el audiovisual, trabajamos muy unidos para que todo se perciba, sin desniveles, como una misma historia. Es importante destacar la labor de Amaury Castrillón, Roberto Ramos y de Oscar Ernesto Ortega, del Central Producciones, que en esta ocasión realizó la fotografía.

—¿Qué importancia le concede al concurso de carteles en competencia?

—Considero que es una parte inseparable del evento y que posee gran relevancia. De ella fui jurado en una ocasión y pude apreciar la calidad de las propuestas concursantes. Cada año se hace un llamado a los estudiantes del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) a que vean los materiales para que le realicen su respectivo cartel. Vienen muy motivados y con buenas ideas.

“En los 80 y en los 90 se perdieron un poco las ganas de hacer carteles, mayoritariamente debido a las dificultades económicas, y creo que la Muestra ha revivido de cierta forma el joven movimiento cartelístico cubano. Una de las mayores motivaciones de los diseñadores, además del premio, es ver su obra plasmada en un cartel serigráfico. Esta es una técnica muy antigua, que se realizaba desde los momentos fundacionales del ICAIC y que aún se mantiene cumpliendo sus funciones específicas de promoción de los filmes.

—A diez años del inicio de la Muestra, ¿cómo la valorarías?

—Soy de los que opinan que es el momento de repensar varias cosas y de replantearse otras, para que queden cada vez mejor. El diálogo y el intercambio que se realiza, es de suma importancia en todos los sentidos, para el joven audiovisual que va ganando un espacio merecido entre nuestro público. Siempre es mucho trabajo, pero se hace con ganas porque son gratificantes los resultados.

—Y si habláramos de retos…

—Son tantos… Pero el más importante es el de poder contar la historia que me invento, con su dramaturgia y personajes, mediante el diseño.

*Raúl Valdés González (Raupa) nació en La Habana en 1980 y se graduó del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI), exactamente en el 2005. En un inicio se desempeñó como diseñador del Museo Nacional de Bellas Artes y ha trabajado para varias Instituciones Culturales (Casa de las Américas, El Instituto Cubano del Libro, El Consejo Nacional de las Artes Escénicas, La Fundación Martin Luther King, La Fundación Antonio Núñez Jiménez y El Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam). Se ha especializado en el perfil audiovisual, como muestran sus spots para el 12 Festival Internacional de Teatro de la Habana, los Premios Casa de las Américas 2006 y 2007, la Novena Bienal de la Habana y otras actividades a nivel nacional e internacional. Ha realizado trabajos de cartel para la Cinemateca de Cuba y el cine. Creaciones suyas han recibido galardones en Cineplaza, IMAGO (Gran Premio por la obra conjunta), Premio Giros 2005 en producción para cine y TV, Premio colateral del Centro Pablo de la Torriente Brau, Premio Caracol, Premios Imagen de Cristal y Finalista para el Diseñador joven más destacado del año 2006 otorgado por el Comité Prográfica Cubano.

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