Actualizado el 15 de agosto de 2011

Hay que aprender a leer

Por: . 11|8|2011

El pasado 20 de abril se inauguró, en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y en la galería Rubén Martínez Villena, Ya sé leer. Imagen y texto en el arte latinoamericano, una exposición colectiva de artistas cubanos y latinoamericanos contemporáneos. Algunos consagrados del ámbito cubano como Raúl Martínez, Umberto Peña, José Bedia, René Francisco, Eduardo Ponjuán, entre otros, están presentes en la muestra integrada por unas ciento cincuenta piezas, en casi la totalidad de los géneros de las artes plásticas, desde la pintura más tradicional, pasando por el videoarte y las instalaciones.

“La exposición tiene como foco central el tema del texto en las artes visuales a nivel regional (del Bravo a la Patagonia incluyendo el Caribe). Ya sé leer incluye piezas que se alían a la tendencia conceptualista, neo y postconceptualista; otras de vocación neoconcreta; poesía visual, así como aquellas en que el afán antropológico incluyen el registro de ciertos datos. También contiene el documento, y expone obras con un dejo bastante decorativo y dulzón, si se quiere, y otras que prescinden del ornamento y del propósito de agradar a primera vista”.1

Lo primero que quisiera apuntar es la magnitud de esta exposición, cuyas obras están conectadas entre sí por la utilización de las disímiles vertientes del texto como soporte válido para la creación artística, ganancia obtenida del conceptualismo de la década de 1960-70, que proponía el texto como un recurso formal dentro de la obra de igual importancia a la imagen en la construcción de sentido que la obra de arte proponía. En palabras de una de sus curadoras2: “En ninguna parte de este planeta sería difícil armar una expo sobre este tema. De hecho la cuota ha sido sobreasada con creces. Sólo con plantearse una tesis que incluya únicamente al conceptualismo basta para comer y para llevar”.3

El proyecto curatorial de la exposición se basa en determinados usos del texto en su relación con la imagen: como base estructural, como suplemento verbal, título o registro, como aportador de sentido, como readytext y texto como no texto.4 Estas propuestas se explican de forma didáctica en el catálogo de la muestra. A partir de ellos pretendo llamar la atención sobre aquellas obras que me despertaron mayor interés desde el punto de vista intelectivo; enfocándome en subrayar un elemento específico que se pone de manifiesto en ellas: la dinámica de interacción, específicamente la postura del espectador frente a la obra, y cómo este elemento a su vez se articula con el motivo central de la exposición, el cual no es sólo invitar al público a “leer las obras” sino a saber “leer el arte”, lo que reclama una postura más crítica de los acontecimientos.

Desde el propio título de la exposición está implícita la invitación al receptor a no sólo la apreciación de la obra sino reclamar su lectura más profunda. “Leer” podía haber sido el pasar la vista por lo escrito comprendiendo la significación de los caracteres empleados; pero, en este caso, la exposición exige la decodificación del texto de modo que obligar a los receptores a leer y descifrar lo más profundo de la obra ocurran a la vez. Ya sé leer simboliza la necesidad de decodificar el mensaje que emite el arte y forjar conocimiento.

La obra “Ojoespiral” (2003-2011), de Yornel Martínez, está estructurada básicamente por un texto colocado en la pared de la galería a modo de espiral: “Fijación, concentración, dilatación. Mi pupila se dilata y se convierte en sol, mi pupila se dilata y se convierte en sol, mi pupila se dilata y se convierte en sol, el sol se contrae y se convierte en mi pupila, el sol se contrae y se convierte en mi pupila, fijación, concentración, fijación, concentración…” El autor recrea el boceto de un ojo compuesto por letras desde donde el texto emerge en forma de espiral. Desde el punto de vista formal, el texto es utilizado como base estructural; el texto y su disposición es la obra de arte, y su colocación dentro de la galería a modo de espiral nos advierte sobre las posibles consecuencias de la obra en el momento de la recepción: la pupila se dilata.

Esta pieza altera el modo de representación tradicional de un texto horizontal y de izquierda a derecha, pero dentro de ella hay un concepto mucho más profundo que el autor invita a descubrir. En un primer momento es el proceso de observar y recorrer la obra, que exige un esfuerzo físico y una postura inusual del espectador por el hecho de torcer la cabeza para poder acceder a la lectura del texto. Luego reparas en las palabras y adviertes que el autor exige de ti un nivel de concentración mayor. Lo que permite la obra es subvertir la relación tradicional que se da entre receptor y obra y eliminar el distanciamiento. Las frases se comportan de manera cíclica, que remite al continuo desarrollo de la vida. El mundo es una espiral de evolución y por tanto el ojo debe ser más agudo y entender los procesos no desde una perspectiva frontal sino observarlo en su evolución.

Por su parte, cuando tuve ante mí la obra “Tranca” (2010) de Eduardo Ponjuán, no reparé en su calidad de obra integrante de la exposición; pensé, en medio del tumulto que siempre existe en las inauguraciones, que se trataba de un obstáculo para proteger y para controlar la entrada. No fue hasta más tarde, en un segundo recorrido por la galería, que me tropecé con el pie de obra, y mi primera reflexión fue “qué significa esto”. Ante esta obra se produce un conflicto visual en el espectador, lo que llama a la vez su atención y le hace detenerse ante la pieza.

El significado literal de Tranca: “Estaca, garrote. Palo grueso para atrancar puertas y ventanas. Embriaguez. A trancas y barrancas. Dificultosamente, pero saliendo adelante”.5 O dicho en el argot popular: “la cosa está de tranca o esto está de tranca”.

La obra consiste en una tranca atravesada en la puerta de una de las salas de exposición del Centro Wifredo Lam, que impide y regula en cierta medida el acceso del público al interior del salón. El objeto no está aparentemente trabajado por el autor, sino que es un objeto tomado del uso cotidiano. A su vez genera una interacción con la obra diferente, pues para acceder al interior del espacio hay que retorcerse y pasar por debajo o simplemente levantar la tranca. ¿Será que Eduardo te invita a una cosa u otra?

Esta obra se vale de ambigüedad para producir disímiles interpretaciones y efectos en el espectador, desde cómo interactuar con la obra hasta extraer el significado de la misma, pues la atención se fija sobre el objeto mismo, lo que pone a mover el intelecto del receptor. El autor está poetizando en este objeto las posibles relaciones que se pueden establecer con el mismo, está haciendo una metáfora de todos los posibles temas y definiciones asociados a la tranca. Ponjuán utiliza la tranca como alusión a la posibilidad de atravesar la exposición, de lograr descifrar la muestra. Lo que, por demás, se puede entender como que “está de tranca”, debido al concepto tan abarcador que propone: atravesar la “metatranca”, ir más allá de lo que la tranca encierra.

Vemos entonces “Imaginación” (2010) de Danay Vigoa, una obra que consiste en un gran avión de papel surcado por el texto: LímitesSinlímites. Un aspecto a destacar en esta obra es el sobredimensionamiento del avión, colocado en el techo de la estancia, y que parece que se te viene encima. Esta obra recuerda los avioncitos de papel que confeccionan los niños para jugar, con lo que la autora dialoga un poco, es decir, el aspecto lúdico que guarda la propuesta en sí. Exige también del espectador un movimiento inhabitual respecto a la contemplación de la obra de arte, pues hay que levantar la mirada y desplazarse por debajo y por los lados para leer el texto. La autora plantea a través de “Imaginación”, como el mismo título sugiere, la ruptura de los límites en el acto de imaginar, lo que a su vez se pudiera conectar a los juegos infantiles y poner de relieve cuán importante y determinante es la imaginación en la manera que percibimos el mundo.

En todas las obras citadas hay una interacción con el público. Hay que moverse para poder leer en espiral, o retorcerse para poder acceder a la exposición, o levantar la mirada. ¿Será que hay que cambiar la manera de leer? Existe un concepto que une a estas tres obras; y es la puesta en crisis de la postura tradicional, la necesidad del cambio de mentalidad para establecer una postura más crítica ante los hechos, lo que también implica un cambio de perspectiva al afrontar el hecho plástico, no sólo física sino mentalmente.

La exposición Ya sé leer “estimula la sospecha de que la organización del mundo a que estamos acostumbrados no es definitiva. Lo que no equivale a que la obra de arte ‘diga la Verdad’. Simplemente impugna las verdades establecidas e invita a un nuevo análisis de los contenidos”.6 Y es que se puede leer sin haber escritura, pues en “el acto elemental de leer se puede conocer el mundo con visión propia.7

NOTAS

1. Castro, Elvia Rosa. “Líneas escritas con temor” (Fragmentos del texto escrito para el catálogo de la muestra).

2. La expo contó con varias curadoras: Elvia Rosa Castro, curadora independiente; Ibis Hernández Abascal y Margarita Sánchez Prieto, curadoras del Centro Lam; y Sandra Contreras, especialista de la galería Villa Manuela.

3. Castro, Elvia Rosa. Ibídem.

4. Ibídem…

5. Diccionario Práctico Grijalbo. México, D.F, 2008.

6. Eco, Umberto. Tratado de semiótica general. Barcelona. Editorial Lumen. 2000. pp.383. (Edición digital)

7. Entrevista a Elvia Rosa Castro por Zorky Crespo Orozco, en http://www.cmbfradio.cu/cmbf/Noticias/actualidad/actualidad.htm

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