Actualizado el 7 de octubre de 2011

Narciso y Caravaggio:

Misterios reunidos en La Habana de 2011

Por: . 3|10|2011

Un poeta entonces muy joven, en La Habana de 1937, abría con el verso “Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo”; y culminaba con “Así el espejo averiguó callado, así Narciso en pleamar fugó sin alas”, un poema que crecerá en fama al mismo tiempo que su autor.

Muerte de Narciso fue el título que recibieron aquellas estrofas elegíacas y las compuso José Lezama Lima, el mismo genio de las letras cubanas que después escribiría la novela Paradiso.

El Narciso de Lezama se suicida ante la desesperación por no poder abrazar su imagen reflejada en el cristal de las aguas. Pero otra versión de este mito de los griegos antiguos convierte al enamorado de sí mismo en una víctima de Némesis, la diosa del castigo y la venganza. Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, acuñó el término “narcisismo” para ese encantamiento enfermizo con el yo propio.

El poeta y crítico literario cubano Virgilio López Lemus ofrece en su ensayo de 2008, Narciso, las aguas y el espejo, una interpretación diferente de la añeja fábula: Narciso es el poeta mismo y “la poesía es lo que se ve en el lago”. López Lemus agrega que “El mito de Narciso interesa a la percepción barroca del mundo” y ve en el poema lezamiano una pieza cardinal del barroco literario.

Tal visión parece conectarse a la perfección con la recreación de Narciso que introdujera Michelangelo Merisi (Milán, 1571-Porto Ercole, 1610), más conocido por su sobrenombre artístico: Caravaggio.

Su obra “Narciso ante la fuente” (creada entre 1599-1600) se enmarca en la etapa de la producción de este pintor en donde su manejo de los claroscuros acaba de cuajar con la exclusión de la fuente de luz de entre los marcos del cuadro. Ya desde entonces Caravaggio dota de matices definitivos al movimiento pictórico que tomaría el nombre de “barroco” y marcará con su sello personal a los innumerables seguidores que tendrá en la Europa del siglo XVII.

Caravaggio fue el clásico “pintor maldito”, por su vida desenfrenada, sexualidad “equívoca” y un carácter irascible que lo llevó a blandir la espada y complicarse en hechos de sangre.

Este nacido en familia noble, ganó unas veces y otras tantas perdió el favor de la poderosa Iglesia romana, a causa de sus representaciones de las escenas religiosas, incomprendidas porque sus beatos y santos exteriorizaban sus pasiones a la manera de la gente del vulgo.

Hombre de luces y tinieblas, el autor de la escalofriante “Decapitación de San Juan Bautista” llegó a ser un protegido de la influyente Orden de los Caballeros de Malta; sin embargo, su vida culminó en medio de turbulentas circunstancias que aún hoy se busca esclarecer.

El pasado año, a los 400 de su muerte, una noticia se expandió por el mundo y desató la “caravaggiomania”. Silvano Vinceti, a quien consideran “el Indiana Jones del arte italiano”, dijo estar sobre la pista de los restos mortales del pintor y que un grupo de científicos rastrearían en el ADN.

Lo que se intenta determinar es, de una vez por todas, si Caravaggio murió asesinado a manos de alguno de sus múltiples enemigos, como se ha rumorado por siglos; o si falleció de “fiebres” provocadas por alguna enfermedad común de la época (sífilis, tifus, malaria), cual se dice en la versión más aceptada.

Pero dejando a un lado las incógnitas que rodean a un personaje de leyenda y a otro de la vida real, lo que es ahora noticia y cabe reportar, es la reunión de Narciso y Caravaggio que tiene lugar en La Habana de 2011, desde el pasado viernes 24 de septiembre y hasta el 27 de noviembre.

Por primera vez en la historia de la Isla, los amantes de la pintura pueden apreciar a Caravaggio y a su obra “Narciso ante la fuente” en una exposición que acoge el edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes.

Alrededor de este majestuoso óleo de 115,5 x 97,5 cm, se han colocado otros 12 lienzos, varios de ellos pertenecientes a figuras de relieve, contemporáneas o posteriores, que fueron influidas por el maestro italiano.

Vale la pena mencionar el “Autorretrato” (1615), de Orazio Borgianni; “Baco y un bebedor”, de Bartolomeo Manfredi (1610-1620); “San Francisco de Asís” (1619), de Carlos Saraceni; “Coronación de espinas” (1620), de Lionello Spada; y las piezas de Orazio Gentileschi y de su célebre hija Artemisia.

Se ha valorado que el monto total de estas pinturas, pertenecientes a los fondos de la Galería Nacional de Arte Antiguo del Palacio Barberini, la Galería Borghese, la colección Lampronti y el Convento de San Silvestre en Roma, asciende a más de 70 millones de euros. Y el mérito mayor para que esta muestra haya podido viajar hasta Cuba reside en el auspicio del Ministerio para los Bienes y Actividades Culturales de Italia.

El viceministro italiano de Cultura, Riccardo Villari, presente en la inauguración, trasmitió que la exposición es un puente de conexión entre los pueblos de Italia y Cuba a través del lenguaje del arte.

“Hoy estamos sembrando cultura”, dijo el funcionario. Y tal vez por ocurrir en estas fechas, de una estación poco ostensible dentro del clima de la isla nuestra, puede que a cualquiera le de por recordar unos versos de aquella exquisita Muerte de Narciso de Lezama: “Ya el otoño recorre las islas no cuidadas, guarnecidas/ islas y aislada paloma muda entre dos hojas enterradas.”

 

Especial para Cubanow

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