Actualizado el 20 de diciembre de 2011

Explorando el XI Salón de Arte Digital

Por: . 16|12|2011

El Salón de Arte Digital que organiza el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau se ha convertido ya en un espacio consolidado que integra, junto a otros eventos, el vigente panorama de las Artes Visuales en Cuba.

Ha quedado atrás, definitivamente, aquel tiempo en que sus exposiciones estaban contaminadas por un barroquismo insustancial y onírico que, como consecuencia de la imitación a algunos arquetipos, devino en la repetición y el vacío de mucho de lo que allí se exhibía. Sus dos últimas ediciones demuestran este cambio en el que la madurez se hizo evidente. Los estridentes alardes formales y las galas técnicas, aunque no han desaparecido totalmente, han cedido el paso a la inteligencia y a la mesura en el uso adecuado de los medios digitales. No obstante esta depuración, donde la experiencia comienza a dar importantes frutos, el Salón de Arte Digital continúa siendo bastante ignorado por la crítica especializada.

Es de suma importancia que exista entre nosotros un canal de promoción para aquellas obras realizadas mediante recursos digitales. Nunca se ha valorado todo lo que amerita y hasta ha sido repelido por algunos artistas que desde su coyuntural posición de “famosos” (casi siempre tras una “loable” carrera de autopromoción) lo miran como a un fenómeno ajeno al desarrollo de nuestras Artes Visuales. Por suerte también ha tenido mucho apoyo, como lo demuestra el dossier que ha dedicado a éste evento la Revista Arte Cubano en su número 3-2010.

La XI edición del Salón visibilizó emergentes artistas y consolidó a otros más conocidos con sus premios y menciones. En la categoría Obras impresas obtuvieron menciones el Grupo Tapaste (Oslendy Hernández Basallo; Andrys Gil González; Yosleiby Fernández Mesa) con Realización Lázaro, Kevin Beovides con tres piezas de la serie REM; Donis D. Llago Suárez con un conjunto sin título compuesto por dos trípticos y Yomer Fidel Montejo por Discursos, Herramienta perfecta, Meñique y Proyecto fallido.

El Grupo Tapaste apuesta por un lenguaje sumamente sobrio, donde el qué es mucho más importante que el cómo, una vía de comunicación con el espectador muy directa y a la vez totalmente dependiente de específicas referencias, cosa que aquí no es un error porque forma parte de la estructura misma de la obra. Es imprescindible para el consumo de esta propuesta conocer otra, la del artista Lázaro Saavedra, específicamente la serie de fotografías que tomó en un importante museo parodiando las obras (¿o la reacción ante las obras?) de los grandes artistas que pueblan esos espacios sacros. El Grupo Tapaste se apropia de la propuesta de Lázaro y la reordena, tomando el lugar de las esculturas y cuadros mistificados por la Historia del Arte (de pronto uno de los modelos de Chuck Close pasa a ser un integrante del grupo).

A Kevin Beovides ya lo conocíamos por sus obras art-net y por sus conferencias en el coloquio de este Salón y en otros eventos. Tal vez sea uno de los que más conscientemente explota las posibilidades de los medios digitales. No se trata en su caso de sustituir el dibujo, la fotografía o el collage por las imitaciones de estas técnicas mediante la utilización de un software sino que construye una obra esencialmente digital utilizando procesos que solo existen dentro de este universo de los llamados nuevos medios (no se hasta cuando nuevos). Si las Artes Digitales, más allá de definirse a través del soporte utilizado, alcanzaran a precisarse como una manifestación más de las Artes Plásticas, lo harían sin duda a través de obras como éstas, pero como de todos modos asistimos a un momento histórico de fusiones y pérdidas de fronteras las delimitaciones pierden importancia. Y desde este punto de vista las tres piezas de la serie REM, aunque muy interesantes, resultan hondamente crípticas (claro, lo críptico no tiene por que ser disfuncional, pero es más peligroso cuando no se cuenta con la tradición visual de la que gozan otros lenguajes).

A los dos trípticos sin título de Donis D. Llago Suárez asistimos con la condicionante de mirarlos a través de unos espejuelos que llevan sus imágenes a tres dimensiones. Este ilusorio juego está lleno de sugerencias, pues los cambios del simbólico malecón están determinados por el material (alambre, cristal…) del cual parece haberse construido. Es una obra contundente, cargada de muchas y diversas connotaciones, que provoca disímiles asociaciones complejas de traducir al lenguaje verbal pero que están presentes, expresadas con los recursos precisos y bajo una estructura en la que cada uno de los elementos colabora con el otro.

En cuanto a las obras de Yomer Fidel pienso que se destacaron, ante todo, por su impacto visual y el muy personal proceso empleado en la digitalización de imágenes que provienes de rayos X, es decir, de placas médicas, radiografías que hace no solo con huesos sino también con objetos con los que enarbola su discurso.

Katia María Uliver Cruz, a quien correspondió el Tercer Premio con su Serie de palabras prestadas alude a la idea del reciclaje, entendido éste como la construcción del futuro con los elementos recuperados del pasado. Palabras de fuerte connotación en nuestro contexto actual emergen equipadas con letras que parecen salidas de trozos de anuncios lumínicos de los años 50 combinadas con otras más actuales. Con un diseño y uso del color que recuerda al pop-art las letras forzadamente ensambladas intentan relatarnos una historia de contradicciones e incoherencias. Los textos crean una tensión dinámica entre el significado de las palabras y su modo de representarlas. Katia ha elegido los códigos precisos para edificar una obra de gran dimensión semántica.

El Segundo Premio correspondió a Leriam Jiménez con Rompiendo las reglas, este artista se ha destacado previamente en este evento. Él ha continuado desarrollando su inusual y muy propio modo de hacer, que se basa en un alto nivel de síntesis gráfica, un acentuado rigor en la realización y una gran capacidad de comunicación con el espectador.

Si aquella obra anteriormente galardonada, Software educativo, estuvo determinada por su ingenioso montaje donde los supuestos cristales fueron cajas de CD, ahora con Rompiendo las reglas el artista construye realmente unas reglas de medir destrozadas como bases para incorporar los personajes que ilustran sus intenciones. El método desconcierta por lo cerrado de sus códigos pero esta literalidad, por extrema, se convierte en una actitud humorística. Aún así pienso que tal vez Leriam, sin renunciar a sus intenciones comunicativas heredadas del diseño gráfico, pudiera enriquecer su propuesta mediante la inclusión de recursos simbólicos que lejos de explicar la idea induzcan a la sugerencia y a la sospecha.

Transformación, de Jorge López Pardo, fue la obra a la que se otorgó el Primer Premio en esta categoría Obra Impresa, un cuestionamiento acerca del dilema entre apariencia y esencia. La secuencia fotográfica narra la inversión de un lápiz en virutas, nos recuerda un poco aquella otra de Arturo Cuenca en la que una flor se diluía en una licuadora; la materia de la flor estaba allí pero su forma se había desvanecido. ¿Cuál era entonces su condición de flor? Las ideas viajan pendularmente y regresan revertidas de otra conciencia, con otros objetivos y bajo otras sensibilidades pero manteniendo su esencia, como en el caso de este lápiz convertido en su propio despojo por un invisible sacapuntas. Es una propuesta al mismo tiempo directa y de amplias posibilidades de interpretación, la metáfora protagoniza la acción para interpelar al espectador con respecto a su percepción de la realidad material y sus mutaciones; es una sugerente pieza de alto valor poético.

En la categoría Obras Audiovisuales se concedieron menciones a Frente frío, de Amilkar Feria Flores y a Libreta de estudio de Yainiel Martínez Valladares.

Amilkar se aprovecha del exceso de información en los medios de difusión masiva, donde la intercalación de noticias se agolpa en la recepción del espectador tergiversando los contenidos originales de las mismas. Lo que vemos en pantalla es el mapa del tiempo narrado por Rubiera, quien anuncia el azote de un frente frío, al mismo tiempo un texto reza continuamente el rechazo a las agresiones imperialistas. La coincidencia de dos textos aparentemente independientes arma un tercero en el receptor que los identifica como una unidad. De pronto las premisas de las agresiones parecen estar contenidas en un fenómeno natural.

Yainiel Martínez opta por la aparente pasividad de elaborar ecuaciones matemáticas con vacas en vez de números, luego de cada vez más complicados cálculos los rumiantes van a parar a un agujero negro donde desaparecen. Sin dudas el artista cuenta con el significado de este animal para el espectador cubano, en cuanto a alimentación se trata. La comunicación se establece entonces, primordialmente, a través de la carga simbólica que ya tiene para un público específico el objeto utilizado y no atribuyéndole un nuevo sentido, pues con su presencia es más que suficiente.

En esta edición del Salón hubo gran cantidad de animaciones presentadas, entre ellas se destacó con el Tercer Premio la serie Cabezones de Ivette Ávila y Ramiro Zardoya Sánchez. La precisión, la perspicacia y la economía de recursos son notables en este conjunto de animaciones cortas y concisas. Uno de sus personajes construye su sonrisa con los dientes de un cuchillo, otros juegan futbol con la cabeza de uno de ellos, hay otro al que le crecen alas y en su supuesto crecimiento abandona sus pies… así se suceden estos ingeniosos cortos de alrededor de medio minuto de duración que con increíble frescura nos activan y nos sacuden por su inteligente humor.

Es quizás en Reconstrucción de ideología de Néstor Ramón Siré Mederos (Segundo Premio de esta categoría) donde más se advierte una sensibilidad que abunda en muchos de los participantes en este concurso que es digna de atención, me refiero a la preocupación por los temas sociales de nuestro contexto, algo que en otros tiempos fue general entre nuestros artistas y que ahora es mucho menos imperante (por una serie de razones que enumerarlas rebasaría las pretensiones de este artículo) en el panorama de las Artes Plásticas Cubanas. Esta obra, por ejemplo, consiste en la imagen de una madre durmiendo a su hija mientras le canta el himno nacional.

La lógica de su construcción posee elementos en común con obras realizadas por los artistas cubanos de los 80, o más bien se parece a aquellas piezas que intentaron realizar pero que no pudieron exhibir en su momento. ¿Habrán regresado, con el movimiento elíptico de la Historia, las utopías que caracterizaron al Arte Cubano de otros tiempos? ¿Tendrá esto que ver con la tan discutida repolitizaciòn del Arte? Y en ese caso: ¿por qué se da en este contexto específico?

Pienso que hay varios elementos a analizar en busca de una respuesta sobre por qué sucede más esto aquí que en otras galerías, uno de ellos es que quienes participan en el Salón de Arte Digital no buscan la comercialización de la obra que allí exponen, pues las exposiciones no se hacen con fines de lucro sino con un sentido estrictamente promocional, mientras que cuando el artista expone en una galería con posibilidades de comercializar los condicionamientos son otros. Otro elemento a tener en cuenta es que el propio lenguaje de las obras elaboradas con recursos digitales es mucho menos comercializable que otros como la pintura o la escultura. Por supuesto, a muy altos niveles de promoción la obra digital es tan comercializable como cualquier otra, pero no nos estamos refiriendo al mundo de los museos ni estamos hablando de artistas establecidos, sino de artistas en su gran mayoría emergentes.

Nos hemos detenido a abundar en este tema a partir de Reconstrucción de ideología por su desafiante re-contextualización que nos permite reflexionar sobre tópicos medulares para nosotros como son la nacionalidad, el desgaste o tergiversación de los símbolos patrios y la alteración que sufre el sentido original de un discurso a causa de su mecánica repetición. Pero igualmente observamos la preocupación de los artistas por su contexto social en otras muchas obras presentadas, incluso (en este caso bajo una mirada mucho más mesurada y un tratamiento más poético) en Apertura, el Primer Premio en la categoría Audiovisual, que fue realizada por Janler Méndez Castillo.

Apertura nos muestra una muralla de lápices que actúa como una metáfora del encierro. El aislamiento se revela a partir de su propia grieta, pues uno de los lápices ha sido usado y deja un área vacía, curiosa rendija que deja ver un oscuro pedazo de cielo por donde se desplaza furtivamente la luna. Es asombroso como se puede decir tanto a través del silencio.

Además de emplazar las categorías Obras Impresas y Obras Audiovisuales, la convocatoria exhortaba a los artistas a presentar obras en otros lenguajes como el art-net o los interactivos, pero sólo se presentó una pieza con esas características y ésta no traía indicaciones precisas para su ejecución. El autor de este artículo trató de edificar para el coloquio una mesa de discusión donde participasen artistas con estas experiencias, pero al parecer aún no hay muchos artistas en Cuba produciendo obras interactivas y los pocos que hay están muy aislados. Esperemos que en el futuro crezca la participación de artistas que exploren también estos lenguajes, pero por el momento, el XI Salón de Arte Digital ha sido uno de los más logrados.

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