Actualizado el 31 de marzo de 2012

La expresión de lo cristiano en el arte cubano contemporáneo

Discurso y susurro de una tradición

Por: . 29|3|2012

 

Yo hallaré manera de poner alas de rosa
A mi mejor pensamiento.
José Martí

Lo cristiano en el arte cubano contemporáneoEn una noche de junio del año 2010, la artista cubana Tania Bruguera recorre un trayecto rutinario hacia Vigo. A su llegada, relata haber sufrido una prueba: ha tenido una experiencia mística en la cual una voz comparte con ella información sobre sucesos globales presentes y futuros —desconocidos para Bruguera— junto a unas pocas frases en las cuales se centra mucho de sabiduría acerca de los males que aquejan al mundo contemporáneo.

Dos palabras pronunciadas durante el incidente: totus tuus, harán suponer más tarde a la artista que Juan Pablo II se ha dirigido a ella.

A escasas horas de presentar su performance “Touched by discipline” en la exposición Corpus en el Museo Madre de Nápoles, Bruguera decide retirar su obra y leer, en cambio, un texto ante el público y la prensa en el que sintetiza el mensaje que cree haber recibido, considerando su acto como una misión, como un deber impostergable:

“El que se limita a satisfacer los deseos materiales, mediante la acumulación de bienes, sin prestar atención del sufrimiento de muchos, y haciendo del hedonismo el fin de las personas y las naciones… Necesitamos elevar nuestra alma a Dios, a través de buenas acciones. La nueva epifanía de la belleza está en la ética del ser humano”.

Al declarar categóricamente que no se trata de un performance y que no está ejecutando su obra personal, así como al relacionar belleza y ética, Tania sacrifica su propia creación y se ofrece —en intenso gesto humanista— como intermediaria de un llamado a la responsabilidad colectiva, redefiniendo además radicalmente la función del artista en relación con su entorno, su condición de mediador entre lo imperecedero y lo humano.

Este hecho cierra de cierta forma el ciclo de una insólita operatoria sostenida durante décadas, mediante la cual ciertas zonas del enfoque del discurso crítico de las artes plásticas contemporáneas cubanas, ha transitado desde el mensaje religioso, en un intento de aprehensión de un paradigma ético.

La vanguardia histórica había, de cierta manera iniciado este proceso de apropiación, al adjudicarse una particular búsqueda de una representación de los hechos más relevantes de la historia cristiana. En principio, se trataba solo de un ansia experimental basada en los valores formales de las obras, pero los resultados fueron en muchos casos sobresalientes. A veces me ha parecido un tanto severo el juicio de aparente silencio que los críticos atribuyen al tratamiento del tema durante los primeros años de la República. Está naciendo la Nación y durante este breve instante, que devendrá posteriormente recurrente proceso de tensiones y contingencias, se reorganiza todo un sistema de pensamiento social; una intelectualidad emerge, apasionada, asumiendo una postura ante múltiples asuntos de interés general y prioritario, pero especialmente se redefine el concepto de la identidad.

Lo que se produce entre la pintura de la Academia y la expresión vanguardista, en relación con el asunto religioso, es menos que un silencio, una transición de lenta instauración. No solo Mariano Rodríguez, Alfredo Lozano o René Portocarrero, Amelia Peláez o Eberto Escobedo, sino en realidad muy pocos, entre los representantes de ese movimiento, escaparon a la seducción de apropiarse de la pintura cristiana.

Será sin embargo en la segunda mitad del siglo, justo en el momento cuando la representación religiosa es conminada a desaparecer como símbolo en el universo ideológico y cultural, cuando su relación con la obra plástica se hace, como nunca antes, más íntima y filial. Son tiempos extraordinarios y la iconografía cristiana es reformulada entonces de una manera igualmente sorprendente.

La obra más importante que simboliza el susurro de estos primeros años es La anunciación de Antonia Eiriz.

Está realizada con la impronta de un desgarrador neoexpresionismo que acompañará todo el legado de esta artista excepcional. En este lienzo sobrecogedor de más de dos metros, el arcángel ha llegado hasta una humilde costurera para musitarle al oído la profecía. Un detalle singular sitúa la escena en la modernidad y la acerca a nosotros: la costurera trabaja en una máquina de coser industrial, típico instrumento de las amas de casa cubanas de la época. La misma, al igual que la silla, están presentadas de forma realista, en contraposición con las figuras del arcángel, la mujer y toda la atmósfera que les rodea. El cuadro, considerado por muchos uno de los más importantes de la historia del arte cubano, ha despertado desde su primera exhibición apasionadas polémicas. ¿Es La anunciación de Antonia Eiriz un cuadro que porta un mensaje religioso o es la premonición de una analista que nos habla desde un plano esencialmente terrenal? De ser juzgado por sus valores estéticos o por la fidelidad en la recreación del pasaje bíblico, La anunciación está inscrita en la más pura tradición occidental y tendremos irremediablemente que enmarcarla entre las infinitas versiones que la historia recoge sobre el momento en que María tuvo la certeza de su maternidad y del advenimiento de un tiempo nuevo. Si nos aferramos, sin embargo, a la avasalladora vehemencia de la escena, al carácter colosal y quimérico del arcángel que porta la noticia, a la reacción de la depositaria del mensaje, La anunciación podría ser, en cambio, un pronunciamiento de la autora a favor de la afirmación de lo trascendente, en medio de un irrefrenable tránsito vivencial en que todas las estructuras sobre las que se asentaba la sociedad estaban siendo removidas de raíz.

Un poco más tarde, el maestro Tomás Sánchez comienza su conmovedora serie de Crucifixiones, que aún no termina. A lo largo de toda esta producción de más de veinte años Sánchez ubicará el martirio de Jesús en la pequeña isla de Cuba. En 1974 pinta Crucifixión, en la cual Jesús está siendo martirizado ante una multitud que observa su dolor indiferente, mientras hace el amor, conversa o lo increpa con crueldad. Una mujer desnuda y pintarrajeada lo señala sonriente mientras una madre ha traído a su hijo a observar, abstraído desde su bicicleta, semejante sufrimiento. Por lo abigarrado del vestuario, por la vibración del conjunto, que remeda una escena casi carnavalesca, el grupo resulta execrable a los ojos del espectador que asiste al hecho esencial del Cristo torturado.

Lo cristiano en el arte cubano contemporáneoEn su obra Crucifixión con cerca rota, realizada en 1983, de marcado carácter hiperrealista, las tres cruces con los condenados se encuentran frente a un apacible paisaje cubano situado en un plano posterior de la escena. El espacio físico ha sido transgredido, pues la barrera de la cerca que salvaguardaba la paz de este entorno fue derribada para cometer el sacrificio. Es notable en la obra no solo el virtuosismo pictórico o la sensación de universalidad y de contemporaneidad del martirio de Jesús, sino la cuidada conceptualización de la violencia y del quebrantamiento de los límites en una escena de aparente armonía.

Con el advenimiento del movimiento de vanguardia de los 80, algunos de los más importantes artistas que lo integraron establecen una intensa relación con el público en la cual el ícono religioso deja de ser un elemento descriptivo dentro de un contexto para devenir, en forma directa e inequívoca, sujeto del diálogo. En la base de tal representación, la praxis del cristianismo es asumida como un código ético y moral desde el cual se discursa sobre lo propio en el campo de lo social. El investigador y critico Rufo Caballero definió con su habitual agudeza: “hoy se adueñan de las galerías y los espacios alternativos de exhibición los discursos oblicuos y tropológicamente incisivos, algunas de cuyas vertientes pudieran esbozar enseguida: la alegoría religiosa como forma de indexar la actualidad sociopolítica, tras la coartada de la generalización de la religiosidad en los períodos de crisis y, especialmente, el alza de su prestigio justo cuando muchas de las instituciones religiosas estimulan la preservación de un grupo importante de valores éticos, de convivencia tolerante y urbanidad, en medio de un resentimiento de las virtudes cívicas tan generalizado”.1

Este el caso de Lázaro Saavedra, un creador que ha trabajado reiteradamente sobre el símbolo cristiano con el fin de dialogar sobre problemas de la sociedad contemporánea cubana. En su obra La fuerza del ejemplo la Virgen de la Caridad del Cobre ha abandonado su sitial en el cielo, desde el cual detenta el poder de la salvación de los pescadores, para compartir a su lado, en el mísero bote, su sufrimiento y su angustia. Siendo Saavedra un intelectual de enorme alcance, estudioso infatigable de la idiosincrasia popular, esta materialización de la santa imagen resulta un testimonio de la fe con la cual se valora la magnitud del compromiso de la Patrona de Cuba con sus fieles, en aquellos momentos trascendentales en los que su sobrevivencia se halla en inmediato peligro. Cuenta la historia que esta pieza estuvo a punto de ser censurada antes de la inauguración de la exposición. Se confundía —por los encargados del análisis de las obras— la posición de la Virgen en el bote con una exhortación a la inmigración por mar. Preguntado al respecto dicen que Lázaro contestó con convicción: “Si yo he elegido vivir en Cuba, ¿cómo quisiera que mi Virgen nos abandonara?”.

Saavedra ha realizado dos versiones instalativas de La última cena. En la última de ellas recrea la despedida de Cristo ante sus discípulos reuniendo ante una larga mesa de acrílico transparente doce pantallas de video que representan a los apóstoles que en aquella noche memorable acompañaron a Jesús. Cada una de las pantallas muestra una imagen en video que en lugar de reproducir el rostro clásico y reconocido del apóstol, refleja, en simbólica representación, una de las cualidades morales por las cuales el mismo fue reconocido y amado por su Maestro. En el centro del conjunto está situado un generador de corriente y esta Fuente nutre de energía a todas las pantallas.

Tania Bruguera, en su performance El peso de la culpa, se representa a sí misma como Pilatos ante el cordero del sacrificio. Frente a la cabeza inerte del animal y afrontada a su muerte irremediable, Tania-victimaria, arrodillada, se lava sin embargo las manos con gesto laxo y contrito, usando la grasa obtenida de los despojos.

Lo cristiano en el arte cubano contemporáneoSería sin embargo, en mi opinión, una obra de arte puramente político el objeto de análisis más importante que en relación con arte y religión haya sido registrado durante los últimos cincuenta años. A principios de los 90 el artista José Ángel Toirac realizó un estudio de varias decenas de imágenes procedentes del movimiento épico de la fotografía en Cuba y de la promoción periodística de los 60, donde las representaciones religiosas y los pasajes de la historia del cristianismo habían sido adjudicados a hechos actuales y luego difundidos masivamente, en función de crear una útil alegoría política. El estudio fue recogido en un pequeño libro y varias de las escenas serían posteriormente llevadas al lienzo en un trabajo de proceso que tomaría años y mediante el cual la memoria colectiva fue preservada para los ojos del futuro. Aunque la documentación demuestra que dichas imágenes son parodias históricas de momentos relacionados con la vida de Jesús, el hallazgo vital es que el hecho testifica el inmenso arraigo de la fe católica en el pueblo cubano en un momento histórico determinado y como el mismo deviene en potencialidad para convertir hombres en leyendas.

La posibilidad de expresión de lo religioso dentro del arte en Cuba sufriría una apertura gradual a mediados de los años 90. Varios factores incidieron en el hecho: la coyuntura política del Período Especial y la caída del Campo Socialista que situaban como una cuestión de primer orden la unidad del pueblo cubano, de creyentes y no creyentes, con el consiguiente replanteo multilateral de las relaciones entre el Estado y la religión; las modificaciones hechas en 1993 a la Constitución de la República acerca del carácter laico (no ateísta) de la enseñanza y por último, la visita pastoral a Cuba del Papa Juan Pablo II, en enero de 1998.2

A partir de este momento, una producción de arte religioso en sentido estricto retornará a los espacios del arte y se expandirá, irrefrenable. Sin embargo, no serán las imágenes descriptivas y atemporales de la historia los hallazgos más relevantes de esta producción sino que tomando como factor común a la fe, los actos fundacionales del legado bíblico serán reformulados por los artistas en función de una realidad netamente cubana, estrechamente enlazados a la misma en una relación de apremiante pertenencia.

Pero el tema es aún más amplio. Ha dicho Stefan Morawski: “La religiosidad del más alto grado es el contacto místico con la divinidad”.3

En 2010, en el espacio abandonado de una iglesia habanera de curiosa historia y de mística aura, las curadoras María de Lourdes Mariño y Anamely Ramos realizaron la exposición Quinto día, en la que varios artistas, en su mayoría estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA), trataron de representar el momento de la creación inmediatamente anterior a la aparición del hombre. La exposición compartía los significados de un espacio que se concibió consagrado al ritual y que nunca llegó a ser.

Lester Álvarez, uno de los creadores en la muestra y católico practicante, presentó dos obras abstractas: Ascensión al Monte Carmelo y El rostro de Dios. El artista refiere que ambas pinturas están basadas en experiencias religiosas vividas por él durante el acto de creación de las mismas. En el primer caso, Álvarez revive los pequeños esquemas con que San Juan de la Cruz ilustraba a los peregrinos sobre la forma de ascender y guiarse en el camino. En la segunda tela el artista sintió la presencia de Jesús justo en el momento en que imprimaba el lienzo, por lo cual lo conservó hasta el punto en que había trabajado, y lo consideró una obra terminada. La ausencia de figuración nos aleja de la narración convencional pero ¿por qué no? también nos protege de lo evidente, dejándonos a solas con la necesidad de una sensibilidad exaltada para lograr su lectura. Son, sin dudas, valiosas creaciones para quien intenta juzgar la expresión de lo cristiano en la pintura actual.

Siempre he pensado que una de las fuentes más puras de la fe cristiana que perviven en el discurso de las artes plásticas, está plasmada en las representaciones del arte naif. Ajena a la presunción de cualquier análisis intelectual, indiferente a los avatares de la inmediatez histórica, intuitiva, devota y con frecuencia ingenuamente irreverente, la religiosidad expresada en estas pinturas constituye un reservorio vital de la tradición. Recuerdo una Virgen con niño de Armando Portieles, un artista multipremiado, autodidacta, que vive y crea en el pequeño poblado de Caracusey, en un punto perdido del camino entre Sancti Spíritus y Trinidad. El manto a la usanza hebrea cubre la cabeza de la Madre, quien sostiene al niño entre sus brazos. El niño la mira en señal de adoración. Sin embargo, la escena transcurre en un bohío cubano, la mujer es una pobre campesina con los pies descalzos sobre el piso de tierra. A través de la ventana, un pasto verde y algunas palmas nos indican la existencia de un paisaje “otro” que la árida tierra del desierto de Judea, o el abrigo de un suntuoso palacio de la Italia renacentista, donde la tradición se asienta y pervive.

NOTAS

1. Rufo Caballero. ”Los recuerdos del cómplice”. El arte cubano en tiempos de Revolución, para otra escritura de su historia. En: Agua Bendita. Crítica de arte cubano, 1987-2007.Artecubano Ediciones, Editorial Letras Cubanas. 2009, La Habana Cuba. pp. 64.

2. Juan Carlos Mejías. “El tema religioso católico en las artes plásticas camagüeyanas de los 90 a la actualidad”, (Tesis de Maestría) Centro de Investigaciones Nicolás Guillén, Camagüey, 2009

3. Stefan Morawski. “Sobre el llamado Arte Religioso” Criterios, La Habana, No. 29, enero-junio 1991, pp. 197-211. (Traducida del original por Desiderio Navarro).

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