Actualizado el 24 de mayo de 2012

Apología del hombre nuevo

Por: . 23|5|2012

“Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio de la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte”1.
Ernesto “Che” Guevara

"El retiro", fotografía de Jaime PrendesPRIMER IMPACTO

Los actos humanos, por lo general, encuentran motivación en convenciones fijadas de antemano. No estoy enunciando un postulado filosófico ni revelando información clasificada. Raramente la obra de un artista desconocido produce un impacto rotundo en el público. Es un hecho. Si no fuera suficiente, en un mundo sobresaturado de imágenes resulta el doble de raro que dicho artista sea en esencia un fotógrafo.

Un cantante de pop, un cineasta, un talentoso actor, tal vez consigan atraer a un número inesperado de seguidores apelando a ciertos códigos funcionales que muchas veces extravasan el ámbito de lo estrictamente artístico. Puede, incluso, que un joven compositor sorprenda en su hábitat —con toda seguridad reducido— poblado por incondicionales de la canción de autor; o que un poeta innovador se lleve las palmas en algún concurso de discutible trascendencia. Pero seamos honestos: ¿un fotógrafo?

En su Pequeña historia de la fotografía —escrita en el ya lejano 1931—, Walter Benjamin advierte: “Los acentos cambian por completo si de la fotografía como arte nos volvemos al arte como fotografía. (…) cuánto más fácil es captar un cuadro, y sobre todo una escultura (…) en foto que en la realidad. Está cerca la tentación de echarle la culpa de esto a una decadencia de la sensibilidad artística, a un fracaso de nuestros contemporáneos”2.

Cual complemento a una advertencia de tal envergadura, el escritor y profesor mexicano Rubén Gallo expresa: “La proliferación de imágenes en nuestra sociedad mediática ha llegado a neutralizar la capacidad de la fotografía para transmitir afecto”3. He aquí otro hecho incontestable. La mayoría de nosotros no está en condiciones de procesar de manera consciente el bombardeo gráfico a que nos someten los medios, sea en su afán informativo, propagandístico o meramente comercial.

Sin embargo, en palabras de Susan Sontag: “Las fotos no van a desaparecer. Esa es la naturaleza del mundo digital en el que vivimos”4. Se produce entonces una suerte de redimensionamiento a nivel sensorial; única estrategia posible de asimilación frente a la realidad que se desdobla en realidad y realidad-imagen. ¿Constituyen las fotografías la memoria visual o la memoria existe, además, para ser fotografiada? La fotografía en tanto documento y el documento fotografiable son prolongaciones de un fenómeno a la vez individual y objetivo: el inventario de cuánto nos rodea y su conceptuación minuciosa.

Jaime Prendes es uno de esos fotógrafos anónimos en cuyas piezas subyace una mirada tan particular como colectiva, tan propia como de cualquier cubano. El hombre nuevo, abierta al público durante el mes de abril en la galería del Cine Chaplin, coincidiendo con la inauguración de la 11na Muestra Joven auspiciada por el ICAIC, provoca ese impacto sumamente anómalo al que me referí al inicio y para el que nunca, como espectadores, estamos preparados. La realidad bajo el lente de Jaime Prendes —como él, anónima— se agencia una identidad y posa ante nuestras narices para lucir auténtica. ¿Fotografías de la realidad o realidad fotografiada? Jaime Prendes es uno de esos poquísimos artistas que, ajeno a los circuitos de exposición, se nos antoja conocido (por momentos demasiado conocido). Como si la conmoción de sus imágenes nos devolviera a la realidad (a la realidad-realidad). Como un déjà vu.

LOS ROSTROS DEL SACRIFICIO

Las fotografías de Jaime Prendes —las de cualquier creador capaz de leer su propia obra— cumplen un rol primordial reproductor con respecto a la realidad. Realidad representada, hiperbolizada, reinterpretada, desmembrada (él prefiere siempre los primeros planos), mas nunca suplantada (acudiendo a Roland Barthes: “una fotografía es literalmente una emanación de lo referente”)5. El andamiaje teórico tras El hombre nuevo se revela intangible. El artista tampoco parece interesado en corporificarlo: sus formulaciones se constriñen a la visualidad en su estado más puro.

En cuanto a coherencia temática y organicidad del conjunto, El hombre nuevo resulta ser una colección de fotografías sutilmente dispersa. ¿Cuánto debe a la bifurcación intencional de un discurso singularmente ríspido, que por momentos prefiere serenar su cauce? ¿Cuánto a la necesidad de optimizar el espacio (y la oportunidad) de exponer formando parte de un evento de innegable alcance? En todo caso, la calidad (la sorprendente calidad) de las piezas, las salva de perder el rumbo. No solo la impresión en material fotosensible: el trabajo con las luces (sobre todo con las luces), las texturas y los formatos, no merecen sino el elogio más comprometido.

Los ambientes oscuros, la atmósfera pesimista, la predominante negrura de los fondos, constituyen los nodos principales en cuanto a órbita estilística. Jaime Prendes prefiere los blanco y negros, la expresividad de los rostros: “El hombre nuevo”, “Reflexiones”, “Drume negrita”. El regodeo lúdico con los símbolos, en obras de corte experimental como “Pedestal”: una bandera cubana deshecha en su asta que sin quebrarse emerge entre las nubes; o “Patria y Libertad” en rojo, azul y blanco ciñendo los torsos desnudos de dos jóvenes muchachas; o “Conquistando el Futuro” con modelo a lo Monroe en uniforme de pionera contra pared rojinegra; o la mucho menos glamurosa “Bloqueo”, reproduciendo ad infinitum el mensaje No se puede encontrar el servidor en la pantalla de un ordenador cualquiera.

"El opio de los pueblos", fotografía de Jaime PrendesEn contadas ocasiones apuesta el artista por la instantánea, capturando a la manera tradicional el “instante fotográfico”, el segundo inédito (aunque la vida toda es inédita), como ocurre en “Juventud Rebelde” y “El opio de los pueblos”: jinete sobre caballo encabritado entrando a un mar bravío y jóvenes de aspecto rocambolesco a la entrada de un templo. Ambas fotos de belleza incomparable.

Aprehendidos los códigos, El hombre nuevo tuerce con total limpieza en dos sentidos posibles. Jaime Prendes cronista: “Cuenta propia”, “Disponible”, “Los mandados”, “El retiro”, “El impuesto”; escenas y retratos de los que dimana una carga alegórica aplastante, pero cuyos protagonistas difícilmente “posaron” ante la cámara o intervinieron en el diseño y selección de los ambientes. Esas imágenes, que actúan en nuestro inconsciente con efecto de sinécdoque, fueron tomadas en plena calle, en un parque, en la habitación de un vecino (lo doy por sentado) y retocadas con precisión en el laboratorio (en el laboratorio como concepto: manipulación digital incluida).

Jaime Prendes fabulador: “A degüello”, “Autocrítica”, “Homenaje”, “Fin de mes”, “El chivato”, “Oscurantismo”; composiciones cuya dramaturgia interna denotan la preexistencia de una idea platónica con estructura y apariencia que eventualmente logramos intuir (asumiendo que la fotografía es la copia). Esas imágenes, que imprimen en nuestro espíritu una sensación (ternura, inquietud, melancolía, ira), no son exactas per se, operan a nivel metafórico y se erigen, mediante nuestra cualidad asociativa, en monumento visual de una época que habrá de recordarse —y juzgarse— bajo el prisma de un imaginario múltiple.

En “Compañeros”, “Nemesia”, “La guerrillera” o “El último hombre”, ni siquiera importan los rasgos. La niña de los zapatos rotos no tiene rostro; el navegante solitario no pasa de ser una silueta; la “luchadora” hace sus necesidades de espaldas al espectador; los lentos bueyes tiran de un carro sobre el que viaja un cartel con la consigna Venceremos. Los filósofos tratan de explicar un mundo dominado por las imágenes mediante la concepción de arquetipos que puedan prescindir de ellas. Los fotógrafos como Jaime Prendes parecieran intentar lo contrario.

RECICLAJE

En Pequeña historia de la fotografía, Walter Benjamin acaba preguntándose: “¿No debe el fotógrafo —descendiente del augur y del arúspice— descubrir la culpa en sus imágenes y señalar al culpable?”6. Susan Sontag, en su conocido ensayo “Sobre el estilo”, sostiene una opinión interesante: “La obra de arte, en tanto obra de arte, no puede —cualesquiera fueren las intenciones personales del artista— abogar por nada en absoluto. Los más grandes artistas alcanzan una neutralidad sublime (…) Aprobar o desaprobar moralmente lo que dice una obra de arte es algo tan extravagante como excitarse sexualmente por una obra de arte (ambas cosas, naturalmente, son muy comunes)”.7

¿Para qué sirven entonces las imágenes desgarradoras de Jaime Prendes? No es posible enjuiciar sin generalizar y el arte no tiene entre sus destinos el establecimiento de verdades históricas. Sin embargo, en modo alguno resultan sostenibles los criterios que apuntalan la mera función decorativa. La fotografía de arte —tanto como la de prensa— sintetiza valores y símbolos, pautas y esquemas; actitudes más o menos conscientes; hechos, circunstancias; todo lo que en alguna medida se injerta en la experiencia del hombre sobre la tierra. La fotografía, como ninguna otra manifestación artística, incide en el reajuste de los resortes sociales. El reciclaje de la realidad es la premisa del mejoramiento.

NOTAS

1. Ernesto Guevara, El socialismo y el hombre en Cuba. Texto disponible en Centro Che (http://www.centroche.co.cu/centroche/index.php?q=node/77)
2. Walter Benjamin, Pequeña historia de la fotografía, pág. 9. Versión PDF disponible en: http://bibliotecamaguen.chmd.edu.mx/
3. Rubén Gallo, “Alfredo Jaar: La fotografía destronada”, Atlántica: Revista de Arte y Pensamiento, No. 21, 1998, págs. 2-8
4. Susan Sontag, ¿Qué hemos hecho?, pág. 7. Versión PDF disponible en: http://redescolar.ilce.edu.mx
5. Roland Barthes, Camera Lucida: Reflexiones sobre la fotografía, Farrar, Strauss & Giroux, New York, 1981, pág. 80
6. Walter Benjamin, Ibídem, pág. 11
7. Susan Sontag, “Sobre el estilo”, Contra la interpretación, 1966, pág. 12. Texto disponible en: http://es.scribd.com/doc/32385882/Sontag-Susan-Sobre-El-Estilo

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