Actualizado el 7 de mayo de 2012

Mientras se sueña despierto

Por: . 6|5|2012

Los que sueñan de día son conscientes
de muchas cosas que escapan
a los que sueñan solo de noche.
Edgar Allan Poe

Orlando BarrosoBuscando la luz es una exposición cuyo eje conceptual está enfocado en exponer las complejidades de la existencia humana. Constituye una múltiple y sofisticada exploración de las posibilidades plásticas más allá de los parámetros tradicionales fundamentalmente dado por el enfrentamiento con la obra misma. En ella convergen el testimonio de la naturaleza del artista y esa fusión instintiva de disciplina y desenfreno que le acompaña para develar las esencias desde la luz interior de sus soledades.

En esta colección se aprecian los códigos propios de una trayectoria que propone una realidad en sí misma no siempre como una representación del mundo real. Nos convoca a la recreación de sensuales rostros femeninos de los que emana luminosidad, contención, equilibrio y sosiego. Cual si fueran criaturas escapadas de un universo de ensoñaciones meditadas, la representación de féminas va poblando los lienzos para una elocuencia narrativa aparentemente libre de exigencias conceptuales al tiempo que deudor de muchos caminos. Sus composiciones denotan un singular barroquismo ecléctico, distante de las incongruencias inquietantes de las composiciones del automatismo psíquico surrealista, imaginadas como una agradable conjunción de visiones, de préstamos o apropiaciones ajenas a toda intención transcontextual premeditada. Su acervo está conformado por una recopilación de motivos atractivos al creador, concebidos por él, y convertidos en claves expresivas de sus motivaciones personales para construir una cosmovisión de regencia hedonista, cautivadora de nuestra atención, y sobre todo, fiel regodeo del artista en el goce de su propia labor.

Nuestra percepción de la sutil expresión mítica de las protagonistas nos revela la paz profunda que emana del espíritu del autor concentrado en la madurez de su expresión artística. Como si se tratara de sorpresas dispuestas por traviesas musas, se combinan fieros duelos medievales acompañando sosegados rostros femeninos en el primer plano de la composición, que en ocasiones, ocultan parte de su juvenil belleza tras insólitos antifaces incitando a la imaginación del espectador ante la incógnita identidad para procurar la aventura y convocar al misterio. En esta coexistencia de circunstancias inconexas, cual si fuera una suerte de collage temático de evidente filiación antropocéntrica, conviven la tranquilidad de esos semblantes de factura precisa y esmerada corrección formal, reflejos de un universo creativo interior de delicadeza profunda, inmersos en las omnímodas claridades de una iluminación neoclásica. No obstante, su aspecto confirma su evidente apariencia y sensualidad contemporáneas.

La presencia del dramatismo teatral de torneos de lanza y espada, a caballo, sobre la cuadrícula de un recurrente tablero de ajedrez donde se humanizan las piezas del juego para conseguir un campo de batalla, ¿será acaso expresión de las situaciones a las que nos enfrenta la vida a uno contra otros? Jinetes, batallando en la zona baja de la tela, rompen con la paz y el sosiego de la figura, que acompaña la escena siempre resuelta con componentes románticos, a pesar de la apariencia de un relato de contenido medieval resuelto con una mayor soltura en la pincelada. Esta contraposición temático-expresiva se integra de manera coherente al equilibrio compositivo general de la obra en la cual impera una sugestiva pluralidad temática. La escena juega de manera sutil con esas dos realidades y trata de manera alegórica este antagonismo

Una lágrimaA primera vista su obra se podría leer como una radical reinvención de la cotidianidad. En ella se intuye una redisposición de los aspectos funcionales convencionales, a contrapelo de los hábitos, y las convenciones que el ser humano ha consensuado a través del tiempo. Resulta significativo observar cómo en algunas obras se invoca un nuevo orden, un absurdo, que no constituye necesariamente un caos violento, sino que a partir de ciertas premisas se delata la naturaleza arbitraria de las convenciones con respecto a los personajes y los objetos que le rodean. Estos mecanismos le permiten al artista construir un universo otro cuyas características formales contribuyen de manera clave a la creación de una atmósfera que lleva su sello. Por un lado, el uso expresivo del color —en tanto recurso estético— y por el otro, la incursión en ambientaciones apropiadas. Esos escenarios posibilitan una dualidad efectiva en términos de enganche con el espectador.

Esta estética propia imagina la construcción de un suceso como parte de una trama mayor, cual una narración que se concatena con la suma de estos personajes convocados para conseguir una cierta tensión en contraste con esa especie de reposo que crea un ambiente de misterio subyacente en las escenas. El autor parece estar comunicándonos el carácter más íntimo y personal de su yo desde la sublimación de su mundo de ensueño, recreando constantemente, repensando sus operatorias, ofreciendo desde la decantación de su perspectiva adulta la concreción de sus fantasías de niño grande.

En sus composiciones se destaca su preferencia por el uso de la luz homogénea, sin contrastes de claroscuros, con precisa definición de los contornos y el movimiento interno de los trazos, transformados en delicadas líneas orgánicas, vivas, mediante una gama cromática reducida y de gran sobriedad. El uso de iconos propios que emergen de su imaginación y estos temas personales en su trabajo hacen que los títulos de las obras sirvan como una explicación breve del asunto, una evocación, una sugerencia…

Orlando consigue extrapolar los significados del tiempo a través de su discurso. Con pintura y un lienzo en blanco el artista puede crear todo un mundo personal con muchas referencias a los objetos del mundo, pero que suceden en la realidad de su pintura y no siempre en la del mundo. Esta es una manifestación audaz de entender el traslado de la modernidad de un contexto a otro. Maniobra con sutileza la posibilidad de coquetear con la idea de vivir en el mundo y entre mundos donde su pensamiento y su trabajo constituyen la potencialidad para lograr su objetivo. Tal parece que el autor vive en una narración constante de varios lugares donde siempre está adentro y afuera al mismo tiempo. Sus obras son historias, metáforas dentro de su contexto, que el artista transforma a su antojo. Lo importante para él es imaginar y visualizar la historia (sus historias) desde una visión de pluriversalidad más que de una postura de universalidad.

Su proyecto artístico nos convoca a una narrativa de un solo lugar, pensando que en cada momento, en todas las épocas, y en toda narración existen lecturas múltiples que justifican sus historias, que son una y varias al mismo tiempo. Revela los lazos entre el pasado y nuestro presente con artificios y argucias. Estos espacios individuales constituyen su estrategia artística a partir de la idea de que sus creaciones conforman una narración otra donde el enigma se crece en poesía. Inserto en la realidad actual conforma una galería de personajes con los cuales propone, con el uso del tradicional óleo, traslucir sus intenciones conceptuales desde la superposición, los desplazamientos y la asociación para crear un producto de alianzas de procesos culturales.

Orlando Barroso es un artista de difícil clasificación. Su poética delata a un pintor que desde su perspectiva prefiere entregarse a la complacencia de los caprichos de la imaginación, confiando en la fiel expresión de sus inquietudes individuales desde las libertades que puede concederle la razón, sus preferencias estéticas y la subjetividad en el conjuro y alumbramiento de estas imágenes soñadas durante la vigilia.

Categoría: Artes plásticas | Tags: | | | | | |

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