Actualizado el 20 de agosto de 2012

Una Ciudad generosa vista desde la parada del ómnibus

Por: . 18|8|2012

Ciudad generosaEl otro cultural, cavilación postmodernista utilizada para mirar distinto, para cambiar los paradigmas hasta ahora seguidos y saltar a los microespacios, oportunidad para dotar de valor al sujeto, aplastado, alienado, envuelto en una masa ilimitada, amorfa, carente por completo de individualidad y subjetividad, esbozada por la sociedad capitalista del siglo XIX y primera mitad del XX.

El arte no fue la excepción y con las vanguardias creó una línea divisoria entre la élite y lo popular que parecía inalcanzable, situando a la creación en espacios de culto, poseedora del mero placer estético, incapaz de insertarse en los procesos sociales de su contexto, y por tanto incapaz de transformar su realidad.

Caen en los 60 los conceptos y las ideologías utópicas socialistas, y cae, además, la concepción elitista burguesa; se rompen los paradigmas y se retorna a la subjetividad, se abandonan los grandes relatos y sus experiencias, y se concibe al arte desde un sentido alternativo, accionista y funcional, que entiende al receptor como un ente activo, imprescindible para la decodificación eficaz de la obra y para la construcción de sus significados de acuerdo con sus competencias culturales.

La Oncena Bienal de La Habana, llamada por Jorge Fernández “espacio no de medios, sino de mediaciones”, se contextualiza y, con sede en un país diferente, hace suyos estos presupuestos y toma por titulo, Prácticas Artísticas e Imaginarios Sociales, llenando cada escenario vacío de su geografía con trabajos visuales de gran calidad, dotados de un fuerte sentido crítico, práctico, y ansiosos de encontrar un receptor inteligente.

Respondiendo cabalmente a estas ideas se encuentra el proyecto de un grupo de artistas basado en la corriente filosófica del pragmatismo, cuya tesis central consiste en aceptar como verdadero aquello que funciona a través de sus repercusiones en el mundo real objetivo y que se caracteriza por enfocar la acción desde el punto de vista de las consecuencias, a la vez que atiende a su utilidad o a su eficiencia práctica. Ellos se denominan Cuarta Pragmática.

La idea parte de un proceso artístico-pedagógico de largo aliento: las pragmáticas del maestro René Francisco Rodríguez y sus estudiantes en el Instituto Superior de Arte. La pragmática pedagógica desarrollada por Francisco se ha apoyado en el fundamento teórico expuesto por el pragmatismo filosófico para dar cuerpo a una propuesta artística y didáctica que derrocha originalidad. Las intervenciones del grupo llevan a cabo una política de inserción del arte en la cotidianidad y dan forma, a su vez, a nuevos proyectos didácticos alternativos que efectúan una doble reasignación: por un lado sitúan el arte fuera de los espacios tradicionales y por otro redefinen el discurso pedagógico sobre la enseñanza del mismo.

El propio proyecto educativo se sustenta en el desarrollo de actividades de enseñanza y aprendizaje, enmarcadas en el contexto de una comunidad de investigación que realiza intervenciones cuya artisticidad es inseparable del carácter comunitario que da origen a la acción creativa como tal.

Por lo tanto, el logro de las mismas solo es posible si sus miembros están comprometidos con el mantenimiento del grupo y presentan actitudes de solidaridad y apoyo entre ellos. De manera que el carácter social de la propia actividad alcanzará éxito cuanto mayor sea el grado de responsabilidad de sus participantes.

Ciudad generosaPor otro lado, la pragmática pedagógica desarrolla prácticas artísticas ligadas a sus contextos de surgimiento a través de una síntesis que vincula arte y comunidad, y promueve el desarrollo de redes que colaboran con la sustentabilidad de las mismas. La actividad aparece vinculada al exterior, compromiso del arte sobre el contexto que se expresa en la transformación del lugar de vida y sus habitantes de acuerdo con sus demandas y necesidades.

Interesante propuesta teórica que destaca la orientación social del ser humano, una premisa que, en la práctica, supone el establecimiento de un vínculo con la realidad social y el traslado de la experiencia cognoscitiva al ámbito de la praxis vital.

Finalmente, las consecuencias de este planteamiento acarrearán una fusión entre lo público y lo privado que implicará la disolución de los límites entre arte y receptor, entre creación y vida.

Otro de los elementos definitorios de este proyecto es el altruismo con el que trabajan los jóvenes, un estado que prefiere a las otras personas, un sentimiento de hacer el bien por los demás; este componente se manifiesta en una forma de cuidado hacia las circunstancias y en una sensibilidad especial hacia las necesidades del contexto social. El arte es, para Cuarta Pragmática, don que se entrega de manera gratuita, festiva, y que remite a un regalo, a una generosidad liberada de las estrictas reglas de la equivalencia.

Pero, sin dudas, la idea central es lo fraternal, lo otro, lo social; es como si el socialismo viviera, como si la utopía reverdeciera, porque de alguna manera es sentido común, a diferencia del arte nihilista postmoderno.

Cuidad generosa, propuesta del grupo para la Oncena Bienal de La Habana, es sin dudas un espectáculo inusitado para el espectador que, desde la parada de ómnibus que rodea a la muestra, observa asombrado el ir y venir de constructores, arquitectos y jardineros que crean arte donde solo había escombros.

Compuesta por un total de once instalaciones distintas que representan viviendas salidas del imaginario de sus creadores, se levanta la cuidad. Cada una un hábitat. Proyecto de urbe enlazada a obras precedentes de los jóvenes artistas-estudiantes que vienen de anteriores intervenciones en Trust; Plan Calle, Banca Rota y Class Pool.

Teniendo en cuenta dichos antecedentes, fueron prefigurando escalones y un ritmo de trabajo ascendente —porque condicionaban perímetros cada vez en aumento, así como formas complejas de producción y gestión. El reto se encaminaba esta vez hacia la construcción del espacio, la voluntad de que los terrenos individuales converjan en un terreno plural, y de convivir con el otro (que adquiere corporalidad en los vecinos, la familia, los colaboradores y amigos), convocó a vislumbrar la Ciudad generosa, siempre con voluntades de dádiva, generosidad y altruismo. Una cuidad a escala con recintos habitados por sus propios creadores y experiencias disímiles.

Las piezas se conciben abiertas, transitables, como espacios donde estar, todas ellas dispuestas en su conjunción como un camino dialogado para la mirada, para los sentidos y como un cuerpo multiplicado de deseos: imaginario artístico e imaginario social enlazados. Así, cada uno de los jóvenes y su maestro ofician como curadores del alma herida de la ciudad. Ciudad alígera de levedad cristalina, ciudad de agua y sol, brisa marina y terral de luna, desde poéticas personales que se agrupan como un coro para devenir un todo, donde cada espacio construido participa desde sí y desde su urdimbre en el tejido rescatado del tiempo.

Las estructuras de metal o madera, los paneles de poliespuma o vidrio, el nylon o el acrílico, serán las fuentes materiales primarias desde las cuales se levantará el conjunto y con ellas los referentes míticos, como el Salto Ángel y su agua purificadora, la Biblioteca de Babel, materialización de la creación de Jorge Luis Borges y el árbol de la vida. Alusiones arquitectónicas de las más variadas especies, urden caminos de una memoria imaginada, expuesta al incesante completamiento del vagar de los espectadores transeúntes de la muestra.

Desde las múltiples entradas al espacio intervenido se diseña un recorrido propio para cada caso, donde se advierte que un cierto geometrismo de voluntad minimalista domina al conjunto y no lo agota.

Cada pieza invita a la mirada a penetrarla y se le recorre de modo singular: una no repite a la otra, aunque en la vecindad todas ganen, se encadenen, tramen destinos insondables al paso de cada visitante; una Habana en La Habana

La idea primera fue realizarla en las ruinas de Hotel Trotcha, sito en la intersección de las calles Calzada y 2, en el Vedado, pues la apariencia coincidía con las prefiguraciones del ambiente para la Ciudad y le rodeaba una aura mística sobre la recepción de invitados, festejo, divertimento y placer del que una vez fuera hotel; pero a ocho meses de comenzar el trabajo las autoridades negaron el permiso porque el parque se encontraba en el ámbito de “vía expedita” y ellas mismas sugirieron un nuevo terreno a solo unas cuadras de allí, en 3ª y E.

Los artistas de Cuarta Pragmática se propusieron reinstaurar el espíritu del sitio para trascender las posturas utópicas en torno al concepto de ciudad y ofrecer una vivencia energizante. Cuidad generosa tuvo desde sus inicios la intención de poblar alguna geografía citadina y, finalmente, explorar el dualismo vitalidad-decadencia que caracteriza al Vedado. Así pasó el parque de 3ª y E, de ser un espacio hecho no lugar, a su conversión en ámbito, locus de encuentro.

A pesar de no materializar su idea en la explanada del Trotcha, para los pragmáticos, el arraigo a un lugar y los apegos han de transformarse en soluciones surrealizantes y hábiles para sobrevivir en la urbe de los desafíos diarios. Ya no serán solo los grandes relatos de la mitología del hotel los que se invocarán, sino también las tramas que tejen las convenciones políticas, junto a las leyes y normas que ordenan lo público, o los rasgos de humor y sabiduría popular. Algún pequeño relato habrá de rondar a ese parque y su parada de ómnibus, que deba ser aprehendido y compartido en el ámbito de una Ciudad generosa y su urbanidad surrealista.

Nelson Herrera Ysla titula su texto sobre la idea de esta ciudad: “La galería más grande del mundo”. Una ciudad otra, hija de otro arte, lugar para mirar distinto, para cambiar los paradigmas hasta ahora seguidos y saltar a los microespacios; oportunidad para dotar de valor al sujeto, para romper la línea divisoria entre la élite y lo popular, en la Bienal de La Habana, en Cuba.

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