Actualizado el 5 de diciembre de 2012

La utopía enmendada del arte cubano contemporáneo

Por: . 3|12|2012

La utopía enmendada del arte cubano contemporáneoEl arte cubano de las últimas dos décadas se puede reconocer bajo la máxima de “un arte que no desmaya, incansable, que no se retira a esperar ‘buenos tiempos’, sino que abre caminos y desafía circunstancias en su propio territorio y se articula en cualquier ámbito sobre la base de códigos universales”.1 El espíritu que respira y transmite este movimiento plástico, de finales de un siglo y principios de otro, no es más que aquel iniciado por el llamado Nuevo Arte Cubano2 en los albores de los 80 y renovado en los veinte años que lo siguen. Sin embargo, la plástica del período más reciente ha mostrado, y continua haciéndolo, signos propios. Estos rasgos característicos responden a una época y un contexto social que no son los mismos que originaron la transformación que dio pie al “renacimiento del arte cubano”.3 De ahí que, a la hora de analizarlos con detenimiento, salgan a relucir conexiones, pero a la vez rupturas, entre el arte de los 90-2000 y el de los 80.

Baste recordar que el último decenio del siglo, como novedad en el ámbito sociopolítico, tuvo su inicio con el derrumbe del Campo Socialista y la entrada de nuestro país en el conocido Período Especial. Como todo proceso social, esto influyó en el arte cubano, en su manera de actuar, de enfocarse, de producirse y de ser recepcionado. Aparecía para este momento un nuevo accionante del motor artístico de nuestra isla: el mercado. Aquel se hacia imprescindible en unas circunstancias donde la economía era un factor fundamental a atender. Por tanto, los artistas respondieron a ello con nuevas alternativas. En oposición a la vocación ética, más que estética, del arte ochentiano, y como respuesta a los imperativos de insertarse en un mercado, los artistas del 90 recrean una vuelta al oficio. En este sentido se experimenta una valorización de los elementos estéticos, un rescate de manifestaciones tradicionales como la pintura, la escultura (Esterio Segura trabaja con la madera, el barro, todo ello desde la ebanistería de lujo hasta la imaginería religiosa, por poner un ejemplo), el grabado y la fotografía, ya que lo importante en este instante era resaltar la calidad del objeto artístico y el dominio del soporte, como muestra del valor del creador y su obra.

Sin embargo, la ética que preconizaba el arte cubano de aquel momento, no quedaba desplazada a un segundo plano, ni desprovista de lugar. La visión crítica de la plástica que se hizo patente en cada una de sus esferas durante el devenir de los 80, continúa en este momento, ahora bajo nuevas condiciones.

La utopía enmendada del arte cubano contemporáneoDurante los 90, o más bien desde finales de los 80, la institución arte y los artistas que producían un discurso crítico directo agudizaban sus tensiones, debido a las nuevas circunstancias que no se podían permitir una crítica tan abierta. A la vez, los espacios de exhibición mostraban una incapacidad de proveer lugar para todos, o al menos una buena parte, de los artistas.

Como resultado, los creadores modificaron sus estrategias para abordar la realidad circundante. El discurso dio un salto hacia la metáfora, la alegoría, y los dobles lenguajes. El artista criticaba, pero a la vez no lo hacía. Un ejemplo muy interesante lo constituye el trabajo y la postura de Fernando Rodríguez, autor que creó el personaje de Francisco de la Cal, especie de álter ego que le dictaba las obras en medio de sueños. Este personaje ciego (condición que permitía regodearse en el doble sentido) discurría entre la crítica de acento sociopolítico, las influencias del mercado y la relación entre política y religión.

Queda de relieve entonces que el análisis del medio, que estuvo maximizado con el Nuevo Arte Cubano, es continuado por las nuevas generaciones inclinándose más hacia lo tropológico. El arte joven no se desvincula, por tanto, de la sociedad y la época que lo rodea, y continúa apelando a temas cruciales en la década del 90. Un ejemplo lo constituye la insularidad, la cual muchos artistas abordan desde diferentes puntos de vista y manifestaciones. Una de las tendencias en este sentido fue la de volver a pensar el concepto de territorialidad del país,4 ilustrado en los mapas cartográficos de Ibrahim Miranda, a partir de los cuales se reinventa el propio mapa de la Isla con diferentes referentes visuales como puede serlo un cuerpo femenino. La obra de Kcho muestra también un cuestionamiento de la insularidad, el encierro que esta supone y las alternativas de salida a través de palmeras, jaulas, remos y botes.

Otra manera de discursar sobre esta temática fue a través del problema migratorio, el cual a través de la representación del mar, los botes o aviones, el trauma de la separación, la nostalgia y la ausencia, se desborda en la obra de Sandra Ramos y de Kcho nuevamente.

Todo esto connota una manera nueva de actuar del arte de los 90. Y es que, a pesar de ser la emigración una temática universal, los artistas de este momento la abordan desde las vivencias más personales. Se mira la Isla desde dentro. De ahí, y teniendo en cuenta las demás líneas generales que discursan en el período, que sea permisible hablar de un tránsito de lo colectivo a lo individual, con el protagonismo de un discurso autorreferencial que marque la identidad. Es decir, un cambio respecto a la década precedente.

La utopía enmendada del arte cubano contemporáneoEn este mismo sentido se da un fenómeno que no se había hecho patente hasta el momento y es el del empleo del cuerpo como manera de reafirmación del individuo, que en muchos casos es el propio artista. La fotografía se inventa casi completamente, saliéndose del mero documento e inclinándose hacia la interioridad del ser, todo ello sin perder el sentido crítico, solo que ahora con cierta ironía. La obra de René Peña, por citar un ejemplo, dialoga con ello, pues aunque se aborden temáticas de interés y validez universal como el género o la raza, se hace a partir del yo, pudiendo ser referencia a ese colectivo, pero que lo sobrepasa.

El arte noventiano ha discursado también sobre la religión, tan importante en la sociedad cubana a partir de las escaseces provocadas por del período especial. Este tema adquirió una fuerza en la plástica como nunca antes visto. Al mismo tiempo, en la década no sobraron las nuevas lecturas al sexo, a lo ecológico, a los mitos, la historia y su relación con la política como expresión de lo social, ni los homenajes a figuras importantes del arte, las apropiaciones y las citas que hablan de un arte postmoderno y de un discurso sobre el este.

Ahora bien, plantea Rufo Caballero que hacia 1998 se observaba un debilitamiento en la producción artística naciona.5 Visto a través de los Salones de Arte Contemporáneo Cubano que tuvieron su inicio en 1996, con el resultado más que satisfactorio de un Primer Salón y que luego, debido a ideas curatoriales y a factores de otra índole, no se comportaron como se esperaba, puede que esta aseveración sea cierta. No obstante, entrado el nuevo milenio, con el contexto histórico social que este presenta: el agravamiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, principal gestor del mercado para el arte cubano, la producción plástica vuelve a mutar.

Los artistas buscan una universalidad de sus propuestas, que van desde el empleo de los medios más novedosos, hasta la utilización de títulos en inglés, pasando por todo tipo de técnicas y movimientos. Ello con el fin de insertarse nuevamente en el mercado. Sin embargo, para esta época se divisan diferentes líneas de acción. Por un lado están aquellos que retoman el espíritu de grupo, emergido de los ochenta, con DUPP y ENEMA entre otros, que vuelven a hacer gala de proyectos pedagógicos que estimulan el accionar colectivo con una huella sociológica. Ejemplo de ello lo constituyen la Cuarta Pragmática (dirigida por René Francisco) y la Cátedra de Arte de Conducta (dirigida por Tania Bruguera). Así mismo, cobran importancia formas que habían quedado en desuso durante los 90 como el performance, los happenings, las instalaciones y el videoarte como parte de una nueva estética, como contraste a una década en la cual el objeto fue lo principal, y como afirmación de otra en la cual una preocupación fundamental la constituye la comunicación. De igual manera se observa una proyección hacia la calle como pretexto para la experimentación, que permite hablar de un arte de guerrilla6 en las generaciones emergentes. Sin embargo, existe otra tendencia, conocida como “nueva pintura” que se centra en la estética y se desliga de todo contexto social.

La utopía enmendada del arte cubano contemporáneoEl discurso del arte cubano contemporáneo de las últimas dos décadas, por tanto, se ha movido por diferentes vías que si bien hablan de una forma de hacer que tuvo su origen con el Nuevo Arte Cubano, dicen más de una remodelación y renovación de la misma, aunque ello no suponga la vuelta a orientaciones que se manifestaron durante los 80. Este arte ha transitado desde lo social, no perdiendo autorreferencialidad (Kadir López), hasta lo más autobiográfico (no olvidemos la obra de Jairo Alfonso), sin dejar de pasar por aquellos cuyo principal interés se centra en lo sensorial, poniendo de relieve un espectro temático que permite hablar de continuidad, ruptura y nostalgia con el período anterior inmediato.

NOTAS

1. Herrera Ysla, Nelson. “Arte cubano a vuelo de pájaro, entre dos siglos”. En Revista Artecubano, La Habana, No. 2, 2000, p. 8.
2. Denominación que se le da a la producción plástica cubana de los años 80.
3. Numerosos críticos en sus artículos han hecho uso de esta denominación para referirse a la década de los 80 con relación a la plástica cubana.
4. Mosquera, Gerardo. “Historia y contexto”. En Estados de intercambio, artistas de Cuba, p. 10-22.
5. Caballero, Rufo. La sociedad tautológica. (“A partir de los años 97 y 98, los vectores de la producción artística comenzaron a evidenciar unas alarmantes desorientación e irregularidad de calidades. Era demasiado. Sin un soporte institucional que propiciase el diálogo y el crecimiento espiritual, el arte cubano había resistido bastante”).
6. Así lo plantea Sandra Sosa Fernández en “Entre el ademán y el acto. Emergentes en el arte cubano contemporáneo” (Texto digital).

Categoría: Artes plásticas | Tags: | | | | | | | | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados