Actualizado el 21 de enero de 2013

Patinazo en Línea

Por: . 19|1|2013

Quedaré detenido ante el temor de incendiar las alfombras.
José Lezama lima

Patinazo en LíneaCarlos Garaicoa Manso (1967) es un artista que surgió en plena crisis de la economía cubana: el llamado “Periodo especial en tiempo de paz”. Tal vez por esa razón el tópico de la “crisis” sea uno de los resortes que impulsan su obra. Una producción visual que ha tenido la suerte, perspicacia o argucia de ir acompañada de una carrera ascendente en el plano nacional e internacional. El quehacer de este “fotógrafo callejero” (convertido en globetrottter interdisciplinario del mainstream) se apoya en el efecto brechtiano de indentificación-distanciamiento con lo que intuye, documenta y representa el caos urbano en diversidad de soportes. Cada “nuevo hallazgo” es producto de una “vieja búsqueda”, que se concreta en el tiempo y espacio justo que debe (o puede) salir a la luz pública.

El trabajo de Garaicoa exige ser analizado como un largo y meticuloso work in progress que transcurre entre La Habana y Madrid. A pesar de esta concatenación seriada, una “pieza autónoma” y seductora es Ahora juguemos a desaparecer (2002, Galería Continua, San Gimignano, Italia). Una ciudad de parafina que se derrite y desaparece a fuego lento. Una sencilla complejidad donde la noción de lo efímero potencia el matiz de la idea. La estética de la desaparición (teorizada por el filósofo, arquitecto y crítico de arte Paul Virilio) se funde con un diseño deurbe (real o simbólica) que se desvanece en la pira de su historia. Es sintomático y hasta lamentable que esta instalación-performance nunca se haya realizado en Cuba. ¿Por qué Garaicoa no ha repetido esta “lección de calidez”en el “más acá” luego de probarla con éxito en el “más allá”? ¿Será que el calor del trópico no es suficiente para reducir a la nada el iceberg creciente de una gestualidad impostada?

Patinazo en LíneaEl tránsito de lo local a lo global no solo ha marcado la expansión estratégica de este aglutinador por excelencia. De igual forma, influye o determina que no se conozca en su país el resultado de sus exhibiciones por el mundo. Este pudiera ser uno de los motivos por los que Garaicoa se preocupe por no evaporarse de la escena artística cubana. Su presencia como invitado oficial a la XI Bienal de La Habana prueba esta observación. Fin del silencio eran unos tapices con textos impresos en letras de notable escala, donde el espectador siente que persiste una convicción: lo absurdo que resulta insistir en actitudes contestatarias que rozan el panfleto. Garaicoa ofrece la impresión de cuestionarlo todo sin atreverse a fulminar nada. Costosas alfombras y “provocadores axiomas” extraídos de la sabiduría popular que el visitante pisa descalzo con una tranquilidad pasmosa, mientras el lobby se coloca al nivel de la propuesta instalativa que se consume.

Los tapices de Garaicoa solo persiguen instalarse en el imaginario visual del espectador a manera de “capricho esteticista”, postura lógica de quien gusta rescatar mitos de la arquitectura de “estática milagrosa” o grietas recientes que le atraigan en el orden retiniano. ¿Quién negaría el hedonismo complaciente en cada maniobra de este gestor proyectual? Alguien dijo que estos no son tiempos de hacer un arte cobarde. Y nos preguntamos: ¿para qué sirve el “suicidio a traición” o la “eticidad sin mácula” en el contexto del arte contemporáneo, donde cualquier atascado o desplazado calla o negocia con quien haya que otorgar o flirtear para resucitar en el circuito nacional o foráneo?

Patinazo en LíneaEn construcción (frase común en el argot de las utopías como work in progress) es el título del reciente aterrizaje de Carlos Garaicoa en Galería Habana (diciembre 2012-enero 2013). Otra vez percibimos las secuelas de una operatoria fría y predeterminada que la hermana con un recurso del método: los croquis arquitectónicos. De nuevo el letargo de las ruinas tercermundistas yace congelado en el soporte fotográfico. El glamour tecnológico se mezcla con el grafiti o la valla propagandística. Tampoco falta una tautología demasiado naïf para lastimar a nada ni a nadie: “Socialismo o Socialismo”. La complejidad formal oculta la médula de un testimonio portátil. Sofisticación o disparidades matéricas proporcionales al racionamiento de ideas. ¿Una contingencia dual orgánica?

La nota fresca (o hermética) de la exposición se concentra en unos relieves en poliespuma adosados a la pared. En esta serie de piezas, se manipula la fotografía como plano topográfico, mediante elevaciones y depresiones del terreno. O mejor dicho: presenciamos una representación tridimensional de cuestionables “estados de ánimo” dotados de un aura impersonal. Es decir, una traslación de lo fotográfico-bidimensional a lo fotográfico tridimensional. Se trata de un cambio de medio con el fin de imprimirle un toque abstracto a las fotos sepias de edificaciones y parajes en mal estado.

Garaicoa logró captar el momento perfecto del abandono gracias a esta “opción cero”: recrear imágenes de la “arquitectura política” tan inertes como la teatral y aburrida reproducción industrial minimalista de los 60. ¿Acaso satisface una alianza donde la forma rebasa al contenido dramático que consigue sublimar? ¿Tanto vacío pseudoescultórico contra la pared inducirá un lleno experimental en la ansiedad de oportunos y esnobistas compradores de arte salido de la Isla? Dichas interrogantes responden a una táctica de emergencia: la condición periférica como escala del trasiego especulativo, accidente habitual en producciones visuales que no se afilian ciento por ciento a la dinámica primermundista. Ciertos viajes de ida y vuelta denotan la imposibilidad de renunciar a los orígenes como “emblema de autenticidad”.

Patinazo en LíneaUn aliciente de esta muestra navideña devino la presentación y venta de La fotografía como intervención (2012), primer monográfico dedicado a la trayectoria de Carlos en esta variante de su producción. El volumen-souvenir fue publicado por La Fábrica Editorial durante el Festival FhotoEspaña y lo preceden breves textos de Lillebit Fadraga y Antonio José Ponte, poeta y ensayista cubano radicado en Madrid. Lástima que esta recopilación tuviera un precio respetable hasta para los freelance solventes económicamente que median entre un “arte de marca” y el tráfico bajo como dealers o coleccionistas. Pero ya esto no es noticia: el público que le interesa a Garaicoa no es precisamente el que asiste puntual a sus inauguraciones en busca de relaciones sociales y una refrescante sangría.

El discurso de la añoranza o negocio de la nostalgia constituye un gancho ideotemático en la apariencia heavy como esencia light perpetuada por Carlos Garaicoa. Este resbalón sobre la misma pista en Línea entre E y F llegó antecedido por una acumulación de pompa capaz de borrar con una oración fúnebre el producto de una lucha (individual e interactiva) por equilibrar el valor de la obra y el precio de una carrera. Por ahora, preferimos evocar intervenciones felices del astuto productor visual (La enmienda que hay en mí, Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, 2009, por ejemplo) y aguardar por un retorno contundente. Aquí en el punto de arrancada y descanso vital que le interesa conservar, a pesar de su nombradía en el circuito internacional del arte contemporáneo.

Categoría: Artes plásticas | Tags: | | | | |

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