Actualizado el 23 de junio de 2013

Martí, arte y Dios

Por: . 19|6|2013

Catedral de La HabanaSi no fuera por los ángeles que se materializan y vienen a la tierra para aminorar las miserias humanas, nuestro destino sería mucho peor. Hay lugares adonde no llega la mano de Dios. Él habita en las catedrales, en los cultos protestantes, en las mezquitas, en los rituales de pequeños pueblos, pero no en los bancos mundiales, o en la bolsa; ni siquiera en la Casa Blanca, y esas lógicas rigen el mundo. Dios ya no gobierna el planeta, aunque se le sigue venerando. Debe ser esa costumbre humana de venerar lo desconocido lo que llevó a los habaneros a dedicarle una misa y una exposición a Martí, no porque Martí sea Dios, sino porque tal vez sea un desconocido. Desde ese día comparten asilo el apóstol, Dios y el arte.

JOSÉ MARTÍ REGRESÓ A LA IGLESIA DEL SANTO ÁNGEL CUSTODIO

En esa parroquia fue bautizado el 12 de febrero de 1853 y hasta allí lo hicieron venir quienes decidieron que una misa a su nombre era otra manera de honrarlo.

La iglesia fue tomada por la imagen de Martí desde la interpretación del artista de la plástica, Kamyl Bullaudy, colocadas como estandarte frente al altar, mientras que tres cruces, obras del Premio Nacional de Artes Plásticas 2009, Nelson Domínguez, tomaron desde lo alto el fondo de la iglesia construida en 1690.

Para cuando se escuchó La rosa blanca, texto del Maestro con música de Lecuona, e interpretada por la soprano, Johana Simón, José Martí era una presencia tangible. No por casualidad, como parte de la eucaristía, cuando Gabriel Navarrete, director de la ONG Cultura y Cooperación Internacional, leyó como laico, pero sobretodo como martiano, la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, fue perceptible la conjugación de la metáfora perfecta, el acercamiento desde la fe: se habló de amor, de ese amor entregado por Martí para salvar a Cuba. No fue en vano, apuntó el párroco y el Martí gigante pintado por Kamyl parecía moverse.

Juntos, unos y otros, en la parroquia que inspiró uno de los pasajes de la novela Cecilia Valdés, donde también fue bautizado el sacerdote y patriota, Félix Varela, todos agradecieron el amor y los sacrificios martianos.

Al término de la misa, que oficiara Monseñor Ramón Suárez Polcari, canciller del Arzobispado de La Habana, el párroco contó cómo le había extrañado la petición de Kamyl Bullaudy de una misa para Martí, porque nadie nunca antes lo había hecho. De hecho esta es la primera misa en sesenta años que se ofrece al Apóstol cubano

“¿Se puede?”, preguntó el artista aquella mañana, según Polcari. ¡Claro que se puede!, respondió la autoridad eclesiástica.

El gesto que hizo venir a Martí ante tantos creyentes y no creyentes, artistas y amigos en la iglesia del Ángel Custodio logró materializar una de sus luchas esenciales: la unidad, esta vez en torno a la hermosura de un homenaje.

Martí no podía faltar y tampoco muchos de los que predican su ideario, desde distintas posturas. En la parroquia estuvieron el Dr. Armando Hart, director del Programa Martiano, la Prima Ballerina Assoluta, Alicia Alonso, quien también fue bautizada allí, César Portillo de la Luz, el pintor José Fúster, el fotógrafo Liborio Noval, Edgard Ponce Iturriaga, embajador de Ecuador en Cuba, los fieles de la iglesia y, claro, los artistas de la plástica Nelson Domínguez y Kamyl Bullaudy, este último, pieza angular para un acercamiento distinto a una de la esencias de Cuba.

Una “misa Martiana”, oficiada en la Catedral de La Habana, acompañada musicalmente por la Orquesta y el Coro José Martí, el Coro Harold Gramatges y que concluye con una exposición colectiva de más de cien obras plásticas montadas en los claustros del bicentenario colegio, por donde desfilaron personalidades descollantes de la historia cubana, es la escusa perfecta para invocar al Poeta de vuelta, regreso que nunca será reiteración infértil ni vacua tradición

Por el amor se vePOR EL AMOR SE VE

Cuenta la leyenda que cuando uno se inclina sobre el sitio en que estuvo sepultado Martí y acerca el oído —en esa hora en que la naturaleza hace silencio— puede escuchar, bajo la tierra, el corazón del Poeta, como si el alma del héroe siguiera alimentando a su isla desde las profundidades.

Dice otra leyenda que los artistas tienen ángeles. Supongo que los más de cien pintores responsables de la muestra Por el amor se ve que cerraría la misa, también tuviesen ángeles. Ariel Borroto, Ernesto Rancaño, Zaida del Río, Gólgota, Nelson Domínguez y muchos otros, creyeron que volver a él, a Martí, es ajustar la brújula, andar seguro, lo mismo que creen los que confían en Dios y como este, en repetidas ocasiones, ese día el Apóstol se transmutó, se convirtió en trazo, textura, color.

Como solo lo honesto entonces debe perpetuarse, Martí se fijó con su imagen de hombre de forma atemporal y cambiante en el otrora Seminario de San Carlos y San Ambrosio, institución que también pensó a Dios, un poco materializado, un poco rebelde, pero Dios al fin, desde el más cubano de los siglos, hoy Centro Cultural Félix Varela.

En Por el amor se ve queda expuesta sin prejuicios, la visión personal de los autores convocados. Cada artista fue sincero, cada propuesta es legítima aunque algunas nos sorprendan por su iconoclasia aparente. Pero aquí no ha habido infidelidades. El sujeto referido, artista a la vez, habló de que el arte para ser poderoso ha de ser genuino y los creadores siguieron este precepto. No existe un solo Martí, de ahí la diversidad de las obras, como no existe un solo dios, por eso de ambos se representa su estado más inmediato, el más fácil de aprehender, el aquí, el ahora y el siempre, no hay otra forma de representar la intrascendencia.

Es que desde las líneas de la figuración el hombre se acerca a la abstracción más definitiva. Por eso hace arte, por la necesidad de acercarse a Dios. El arte es un intento humano por comprender lo inmenso, por destruir y crear constantemente entes venerables y así librarnos de nuestro monótono destino. Arte es satisfacción. Venerar a Martí nos satisface.

Kamyl Bullaudy Rodríguez, nacido en Holguín y graduado en la Academia de Artes Plásticas de Las Tunas, ha recreado ampliamente en su obra la imagen y la actitud martiana a partir de un profundo conocimiento sobre el pensamiento y la acción de José Martí, al que ha representado a través de un lenguaje pictórico, instalativo y escultórico. Pintor, dibujante, ceramista cubano, encargado del montaje y la curaduría de la exposición, sigue a Martí fanáticamente, como los religiosos siguen a su Dios. Un artista que sigue a otro no es nada raro, como Dante a Virgilio. Los artistas, como los ángeles, están más cerca de Dios…

“Es una pequeña jornada que he querido hacerle al Maestro, que comenzó el día 15 de mayo en la sede de la Brigada Nacional de Instructores de Arte José Martí, donde se inauguró una exposición llamada Misa Martiana, luego, el día 17, se inauguró en el Museo de Arte de Jiguaní El misterio que nos acompaña, que estuvo expuesta previamente en la Casa Natal José Martí desde el 28 de enero, y concluyó el día 22 de mayo a las 6:00 p.m. en la Iglesia del Santo Ángel Custodio”, comentó Kamyl.

Sobre la muestra recién inaugurada en Jiguaní, el artista explicó su intención de que se vayan sumando piezas y esta cumpla un periplo más grande por los municipios, sobre todo por aquellos lugares donde la vida cultural es menos intensa por su propia ubicación geográfica, “de manera que esas personas que viven allí y no pueden ir a las ciudades a ver el arte, puedan apreciarlo en su mismo territorio, y ahí está presente un precepto martiano”.

Sobre la misma añadió: “Es una exposición netamente martiana y ahí se respira todo el espíritu martiano, toda la humildad, la exposición se va trasmutando según el lugar en que esté, es accesible a cualquier público, es una exposición muy abierta, con muchas lecturas, muy sencilla como lo era Martí”.

Así la gente venera a Martí, como hay quien venera al banco mundial o a la bolsa o a las lógicas capitalistas; incluso hay quien todavía venera a Dios, en las mezquitas, catedrales, cultos de pequeños pueblos, aunque ya no rija al mundo y aunque su mano no llegue a todos los lugares. Después de todo, siempre quedan los ángeles que aminoran las miserias humanas y acompañan a los artistas, liberadores de monótonos destinos y creadores de nuevos objetos de veneración (satisfacción).

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