Actualizado el 6 de julio de 2013

Un nuevo pensamiento respecto al Arte Contemporáneo

Por: . 6|7|2013

Un nuevo pensamiento respecto al Arte ContemporáneoCuando comencé a inquietarme con lo inamovible de las artes plásticas de nuestros días, creí que me adentraba solitario en el camino de una experiencia únicamente dada a partir de mi propio quehacer como pintor. Luego fui notando que hay sitios donde esta incomodidad se convierte en resistencia a las normas que se han acuñado en salones y galerías, que hay otras personas que se inquietan por lo que ocurre y que ha comenzado algo así como un nuevo pensamiento respecto al arte llamado “Arte Contemporáneo”.

Ante los actuales parámetros del arte conceptual y de todas las formas modernas de experimentación, se está sedimentando un tipo de quehacer vacío, escondido detrás de discursos que coquetean constantemente con la famosa diáspora cubana o con las carencias del modo de vida de la gente dentro de Cuba, y se apoya generalmente al Arte Povera como algo grandioso y novedoso que se reitera con temas idénticos y motivos semejantes, y la mayoría del público queda sin entender y la asistencia a las galerías es escasa. Falta algo.

¿Cómo el artista alcanzaría legitimación si no hay oportunidades para que suficiente público conozca las obras? Hoy, por lo general, se “legitima” sólo lo que cabe en un criterio esquemático de lo experimental y conceptual, manipulándose esto en los medios como la totalidad del llamado “Arte Contemporáneo”. En Bienales y Salones se presenta este criterio como englobando todo el arte cubano actual, mientras, el “otro arte”, calificado como descontextualizado y retrógrado, ocupa espacios insignificantes, recibe el silencio de la crítica o simplemente está ausente.

El arte se convierte así en un maratón de discursos de supuestos riesgos morales y políticos, pasando por alto valores artísticos y estéticos consistentes. La mayoría de los acercamientos a lo generalmente aceptado como bello, o a ciertas técnicas, es casi siempre estigmatizado como decadente por los comisarios y curadores de exposiciones que hoy ellos mismos califican como Arte Contemporáneo; criterio establecido prejuiciadamente en relación con el resto de las expresiones, condenando asía los artistas a un segundo plano que lo aleja, como objeto anacrónico, del protagonismo artístico.

El tipo de espectador que aguarda por una obra de arte que le conmueva —no solo por los conceptos más o menos filosóficos expresados—, recibe solo una pléyade de discursos extraartísticos, o incluso extratextuales, construidos por los curadores en torno a la obra en sí, y que no tienen mucho que ver con aquellos objetos que se exponen como “lo más genuino del arte de nuestro tiempo”. Aquello que fuera singular y propio se ha esfumado.

Al decir de Avelina Lésper: “Los objetos y valores estéticos que se presentan como arte, son aceptados, en completa sumisión a los principios que una autoridad impone”. Muchos curadores se instauran entonces como el sacrosanto personaje que con su discurso subordina al propio arte y casi enmudece al artista, al imponerle su propia voz.

Al hacer la obra y exponerla, el creador no precisa de un traductor de “lenguaje”, ni siquiera de criterios estéticos, y la galería es el espacio de comunicación entre el creador y el espectador. La crítica: en la prensa, en los espacios digitales o en los catálogos, porque ha de existir, pero sin pretensiones normativas.

Son escritores los que presentan los libros y músicos los que producen los discos. ¿Por qué los artistas plásticos han dejado de presentar sus muestras? ¿Qué influye en que las galerías distingan a los curadores sobre los propios creadores que hacen artes plásticas en cualquiera de sus manifestaciones? Hoy algunos periodistas, y aun parte del público, no preguntan ya quién es el artista, sino quién es el curador. De este lastimoso modo se seguirá perdiendo talento y obras verdaderamente originales, mientras que en las galerías se siguen sedimentando los remedos de los 80; vacíos envases de un arte que ya no tiene sentido presentarlo como único, amén de que cuentan solo una parte de la historia.

Es preciso abrir las galerías a otras expresiones y presentar a nuevos artistas; estimular a todos los maestros a presentar sus obras y que el público observe diversos modos y discursos; que se invite, con talento y tino, a los jóvenes a crear el arte de este tiempo: realmente a todo el arte de este tiempo. Y, por otra parte, que no haya que esperar los consabidos diez años de atraso para poder ver el arte que se hace hoy en el mundo.

Que las galerías y museos se muestren abiertos a la pluralidad de discursos artísticos. Y que los críticos hagan lo suyo: analizar y discutir, comentando en los medios adecuados. Que el público se sienta libre de ejercer su criterio (que lo tiene). No es el llanto de Orfeo frente al mar, es el reclamo de cada vez más personas amantes del Arte Cubano Contemporáneo. Es una necesidad social.

Categoría: Artes plásticas | Tags: | | | | | | | | |

Director: Fidel Díaz Castro

Diseño web: Héctor Otero

Relaciones públicas: Racso Morejón

Redacción digital: Editor: Racso Morejón y Darío Alejandro Escobar

webmaster: Racso Morejón

Desarrollador web: Escael Marrero

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados