Actualizado el 21 de agosto de 2013

¿Discurso de la muerte o de la identidad?

Por: . 16|8|2013

Julio César PeñaEl grabador cubano Julio César Peña ha mantenido por más de diez años una intensa vida creativa. Nacido en Holguín, 1969, y de formación autodidacta, se arraigó en el barrio San Isidro de la Habana Vieja y ha sido este el entorno de convivencia social y cultural que ha matizado su existencia.

La actitud psicológica de enfrentar la muerte, sin negaciones absurdas, es una estrategia de vida consustancial a su carácter, pues creció en un ambiente donde la convivencia era puro desafío. No es de sorprender que una vez incorporado al Taller Creativo de Antonio Canet

en 1995, saliera de su mano un dibujo con regusto humorístico, de loa mordaz a los placeres de la vida. Una pareja de calaveras haciendo el amor en pleno cementerio, selló—sin sospecharlo— el camino ulterior de su creación. La intención de eternizar el goce de la vida, aún después de la muerte, se transformó irremediablemente en un discurso personal.

Es Antonio Canet quien introduce a Julio en la obra del mexicano José Guadalupe Posada y le permite llegar al umbral de las infinitas tangencias. Una imagen, una reproducción en algún libro de arte, pudo evaporar distancias geográficas y temporales, para crear un lazo entrañable, casi íntimo, entre lo ya hecho por la mano oficiosa de Posada y este sucedáneo non nato, gestándose en la mano de Julio. El maestro coloca la primera piedra de una indagación que el artista no ha concluido. Podía haberle brindado otros referentes, pues la muerte es un tema universal de la expresión humana. ¿Acaso vio, más que analogías formales, conexiones más hondas? Lo que fue en un principio un homenaje involuntario, con un dibujo jaranero, se convirtió en un referente obligado y una búsqueda consciente, por parte del creador cubano. Amén de las esenciales diferencias entre Julio César Peña y Guadalupe Posada, existe una sintonía raigal con la obra de este último en la sensibilidad del artista cubano. Claro, la obra de Posada es una lección para cualquier grabador novel, pero fue el aspecto humano, vivencial, lo que resultó una revelación. Julio no encontró a la muerte angustiosa, sino al muerto, al ser humano descarnado, descubierto en toda su esencia natural; encontró la realidad humana subvertida, y eso estaba totalmente a tono con su espíritu, forjado en la quemante fragua de la calle; un dibujante autodidacta, empapado hasta el hueso de ese matiz agridulce que se filtra de lo marginal a lo popular.

Julio César Peña, grabando una matriz de maderaJulio César se expone a un ejercicio de autognosis y reafirmación, donde su identidad, personal y social se ven escrutadas.  Con la figuración de Posada, se revela ante él toda una tradición popular, anclada en valores identitarios: la tradición del Día de Muertos. Inmediatamente experimenta un proceso de simultánea identificación-diferenciación; reconociendo los factores comunes, y buscando aquellas diferencias que le obligarán a echar mano de su propia identidad cultural, social e individual a favor de una brecha comunicativa con el público cubano, abocado a los avatares del siglo xxi.

Pasó de ser sujeto de la cultura a sujeto de identidad. En su caso, la representación de la muerte como expresión sociocultural de un contexto y momento histórico, supone un proceso de autorreconocimiento, en el sentido ontológico, y también responde a la identidad como convención, en la medida que toma aquellos códigos establecidos de común acuerdo, que permiten establecer nexos comunicativos. Códigos culturales nacidos al calor del permanente bullir de la identidad cultural cubana, que le permiten alcanzar una dimensión colectiva.

Una representación asimilada en virtud de su universalidad, opuesta inmediatamente alaquí y el ahora, a lo contingente. En su desarrollo, Julio va “internalizando” su contexto sociocultural, a partir de una construcción común de significados, junto a los grupos humanos que van compartiendo su experiencia cognitiva, demostrando el presupuesto vigotskyano de que el significado es un producto colectivo, el resultado de un proceso de índole cultural que tiene lugar inicialmente en el plano social y luego en el psicológico. Dicho significado internalizado fue identificándose y diferenciándose de la obra de Posada, pero, sobre todo, se fue actualizando con elementos y recursos de la propia inmediatez. No hay que olvidar, que los inicios de este creador en el grabado coinciden con el momento de la historia nacional calificado como Período Especial. En este contexto las calaveras de Julio emergen como expresión de la sensibilidad colectiva “de una sociedad asaeteada por la vocación de resistencia de una parte y de la otra, por la precariedad”.1

Rumberos del momentoPermeado por la marginalidad y delincuencia que dominaba el barrio donde creció, Julio César se tornó un hombre muy violento—según confiesa en una entrevista—, pero la nueva perspectiva que generó el arte en su vida personal y profesional reconfiguró las representaciones mentales y enriqueció axiológicamente su visión del mundo. Dicho por él mismo: “la cultura me salvó”. El descubrimiento del grabado marca un punto de giro, comienza a percibir su contexto desde la acción creadora ydeviene en necesidad de convertirse en cronista de su barrio, de sus habitantes. Se erige en intérprete de su medio sociocultural, descubre las coordenadas de una identidad colectiva de la que se siente parte. Se plantea“trasladar una experiencia. Si yo lo vivo, por qué no hacer que otros lo vivan. Esa es mi obra, la vivencia”.La identidad y el calor humano de barrios como San Isidro, no es accesible a quien no pertenece a este circuito. Julio César descubre su belleza y decide convertirlos en el motivo de su arte. Así surgen Fiesta en San Isidro (2000) y Rumberos del Momento(2001) que, según su testimonio, realizó al cabo de tres meses de estar allí frecuentando una peña de rumba.

Desde un enfoque sociocultural, su proceso creativoresponde tanto a factores sociales, como culturales, propios de los contextos, ambientes y espacios donde ha transcurrido su vida. Respondiendo al carácter social que tiene todo proceso cultural, estos factores están implícitos en la interacción de Julio César con individuos y grupos. Conociendo el entorno sociocultural del creador cubano, es posible comprender su experiencia artística creativa.

Si el lenguaje es esencial en procesos de pensamiento y comunicación, es comprensible que el desarrollo cultural de él como individuo, estuviera en gran medida condicionado por ese contexto. Unamuno aseveraba que “cuando las vivencias son descubrimientos, hay creación”; y en el caso de Julio César Peña, su vida diaria devino en franco descubrimiento.

Cuando el rumbero del solar, el rasta, los hombres y mujeres que hacen cola tras una pipa de cerveza, la torcedora de tabaco, la quinceañera con su sombrilla y vestido con corsé, el tipo singular que atrae la mirada del turista y otros personajes anónimos que deambulan por La Habana, son convertidos por Peña en protagonistas de su discurso artístico, se está reafirmando el sentimiento de existencia de estos individuos o grupos humanos, se está denotando y connotando su identidad, contribuyendo así a un proceso de autorreconocimiento a escala sociocultural.

NOTA

1.R. Acosta de Arriba: Windows 5, Noticias de Arte Cubano, 2011, p.3

Categoría: Artes plásticas | Tags: | | | |

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