Actualizado el 30 de julio de 2014

Avistamiento del Almendares:

Sobre un mural olvidado de Mariano Rodríguez

Por: . 8|11|2013

Mural de Mariano (ca. 1952-1953) en el pent-house del edificio Yang Tsé. (Cortesía de Elito Revé y familia) Durante los años cincuenta, la actividad desarrollada por Mariano Rodríguez como muralista fue una arista tan extraordinaria de su labor artística que singulariza esta década para los estudiosos de su obra. El reconocido autor de El dolor humano (1953) no solo ejecutó esta obra formidable que aún puede verse en el antiguo Retiro Odontológico, hoy Facultad de Economía de la Universidad de La Habana, sino que dejó su huella en otros varios puntos emblemáticos de la ciudad, como el Retiro Médico (Boomerang, 1956) y el Hotel Nacional (Sin título, 1957).

Sin embargo, lo que podría ser el primer mural al fresco pintado por Mariano en esta etapa1, ha permanecido oculto del conocimiento público e incluso de la labor de los especialistas por casi cincuenta años.

Recientemente, durante un trabajo rutinario de documentación de la columna de cerámica creada por el propio artista y que embellece el ascenso a través de las escaleras del edificio que hoy conocemos como Yang Tsé, situado en la céntrica área de 26 y 23 del Vedado habanero, se solicitó el acceso a la vivienda de la última planta. La misma fue, durante cerca de diez años (1953-1962), el mítico hogar de José Rodríguez Feo: un espacio histórico de confluencia de importantes intelectuales cubanos de ese período.

Desde las salas del pent-house situado en el edificio propiedad de Enriqueta Fernández 2, se debatieron temas culturales y se tomaron decisiones editoriales de trascendencia para la publicación de Orígenes. Allí se gestó Ciclón y Severo Sarduy, Antón Arrufat, Fayad Jamis —abriendo de par en par una puerta generacional— leyeron poesía cubana y universal, estudiaron a Borges y a Gombrowicz para después escuchar, en exclusiva, alguna nueva idea, aún bocetada, de Piñera.

Una breve referencia hecha por José Lezama Lima en el intercambio epistolar recogido en Mi correspondencia con Lezama3, inducía a la exploración mediante una pista valiosa: en una carta dirigida a Rodríguez Feo y fechada el 14 de julio de 1953 le comenta a su amigo: “En primer lugar el mural de Mariano4. Creo que hasta ahora, en concepción, realización y posibilidades, ningún mural nuestro ha llegado tan alto. Y él coincide conmigo en que los que había pintado en tu penthouse son una birria. Los piensa modificar a tu regreso.”

Gracias a la generosidad de los actuales propietarios del inmueble, fue posible la inspección detallada del lugar. De esta forma, se comprobó que en la sala colindante con la terraza que domina la vista de la calle 23 y el paso hacia Kohly a través del puente, pervive un mural de 4,78 x 2,33 metros. A pesar de mostrar algunos daños derivados de la intervención humana y una pérdida perceptible de color debida al tiempo, conserva aún todos sus elementos constitutivos reconocibles, lográndose una documentación y catalogación efectiva de la pieza.

Desde la visión analítica que solo pueden ofrecer, en última instancia, el tiempo y la evidencia, seria lícito decir que Lezama fue severo en exceso al emitir su juicio sobre el mural. Indudablemente ejecutado con una impronta de levedad festiva, ajeno a la monumentalidad y profundidad discursiva que muestra El dolor humano, este fresco del edificio Yang Tsé constituye, sin embargo, una obra transicional que nos ofrece datos de sumo interés, en cierto modo anticipatorios, de lo que serían los derroteros artísticos del pintor en los siguientes años.

En el centro de la misma y en primer plano casi absoluto, una versión de exaltada gestualidad del Hombre con guitarra de 19515 nos anuncia que ha comenzado, en la creación de Mariano, el proceso implacable de geometrización y el rompimiento con la figura a que está ya abocada, sin saberlo, su pintura.

Un grueso trazo azul, elongado hasta forzar los límites del soporte, parte desde la izquierda de la composición, como si quisiera sugerir la incognoscibilidad de su origen, o quizás —solamente quizás— su continuidad y pertenencia a un paisaje exterior que trasciende el propio muro; señorea a través de toda la obra; se bifurca y vuelve sobre sí mismo, formando a su paso sugestivos meandros.

Algunos elementos figurativos aislados evocan la magnífica serie de pescadores, peces y barcos que marcó su producción de los años 50 y 51, y cuyos ecos se extendieron hasta bien avanzado ese lustro. Pero resulta evidente que no existe gratuidad estética en su uso, pues los mismos están siempre asociados espacialmente a este trazo rector que desea protagonizar la escena. ¿Podría ser este, entonces, un ejercicio de reflexión temprana sobre las perspectivas aéreas que apenas tres años después cristalizarían en sus Vista… (1956) y Paisaje del Río Almendares (1957)?

Una concepción inédita y futurista del entorno natural, que Mariano desarrollaría casi obsesivamente entre los años 53 y 55, define el contexto que circunda y completa este conjunto.

No solo es perceptible el tratamiento sensualista e intelectual del color, como Rodríguez Feo anotó en alguna ocasión 6, sino que la austeridad expresiva de la línea y la sobriedad de recursos se han adueñado de la composición, devolviéndonos una imagen depurada de un tema como el paisaje, nunca suficientemente explorado.

Mural de Mariano (ca. 1952-1953) en el pent-house del edificio Yang Tsé. (Cortesía de Elito Revé y familia) El periodo de realización, por otra parte, queda inicialmente enmarcado por el comentario de Lezama: Es anterior a la presentación pública de El dolor humano, en 1953. Si tenemos en cuenta que las obras constructivas de la edificación propiedad de la familia de Rodríguez Feo, habían sido concluidas justamente en ese mismo año7, esto nos permitiría ubicar el lapso probable de ejecución de la obra entre los finales de 1952, cuando la construcción pasó a la fase de terminaciones y los primeros meses de 1953.

El reencuentro con el mural de Mariano queda a partir de ahora en manos de los expertos de su obra, quienes decidirán con mayor precisión su importancia y los datos técnicos definitivos con que se insertará esta pieza en la historia de nuestras artes plásticas, cuya investigación produce, cada cierto tiempo, tan inesperados y sabrosos recordatorios y sorpresas.

NOTAS

1. Su antecedente conocido más cercano habría sido el fresco Educación sexual, realizado para la Escuela de Maestros de Santa Clara, en 1939

2. Enriqueta Fernández no era otra que la madre de José Rodríguez Feo y el edificio, que se consideró en su momento como una joya arquitectónica de la ciudad, era propiedad de la familia de este destacado intelectual. Inicialmente las dos primeras plantas fueron salas de exhibición de autos y posteriormente, cerca de 1955 se modificó la segunda planta para alojar el restaurante Hong Kong, actualmente Yang Tsé, que ha terminado siendo el emblema de la instalación.

3. José Rodríguez Feo. Mi correspondencia con Lezama. Ediciones Unión, 2007.

4. Se refería al mural El dolor humano, inaugurado en 1953 en el Retiro Odontológico, actual Facultad de Economía. El dolor humano está firmado y fechado por Mariano, sin embargo, en 1952.

5. En: Mariano. Catálogo razonado. Pintura, dibujo y cerámica 1950 – 1966 Vol. II (libro en proceso de edición), Ediciones Vanguardia Cubana, Madrid.

6. José Rodríguez Feo. La pintura de Mariano Rodríguez: una definición sensualista e intelectual del color. Siempre. México DF, 1975.

7. Eduardo Luis Rodríguez. The Havana guide. Modern architecture from 1925 -1965. Princeton Architectural Press, New York, 2000, p 130.

 

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