Actualizado el 13 de enero de 2014

Ellos miran al presente

Por: . 10|1|2014

El momento de la comidaSe dice de Jan Vermeer (1632-1675), el pintor de La lechera, que su mejor comprador era un individuo enriquecido con la venta de panes y dulces. Ya no fueron la Iglesia y la aristocracia los mecenas principales de los artistas de la escuela holandesa del siglo XVII, sino un hombre nuevo beneficiado del auge del comercio, la banca y la manufactura, el ser germinado durante un período de recambio de actores económicos que desembocará en el nacimiento de la llamada clase burguesa.

Pero las implicaciones de tal circunstancia no repercutieron solo en los aspectos mercantiles del arte. A cliente renovado, pintura distinta. Pues ya no serán lienzos de gran formato para monumentales templos y palacios; tampoco el tema consistirá en las solemnes escenas bíblicas o el retrato del noble en la pose grave con que quiere pasar a la posteridad. En su lugar florecerán las animadas representaciones de escenas domésticas, unas estampas de la vida cotidiana que revelan la identidad popular, los intercambios y costumbres, los que haceres diarios de este consumidor de nuevo tipo, en cuadros de dimensiones adaptadas para exhibirse en las paredes del hogar familiar.

Es curioso, aunque no hecho casual, que el contexto histórico anteriormente descrito esté en el centro de Herejes, la última novela del cubano Leonardo Padura, donde otro pintor de esa época, Rembrandt (1606-1669), es personaje importante; y también que un joven pintor de la isla, Omar Batista Jiménez, reconozca haberse inspirado en aquella Ámsterdam para Ellos miran a otro lado, la exposición que por estas fechas se muestra en los interiores del restaurante El Templete, del Centro Histórico de La Habana.

Dicho está por el propio Omar Batista en las palabras de presentación a  su expo, compuesta por scenes de genre que se trasladan a la cotidianidad de la familia cubana, a sus labores diarias, los momentos de la comida, los de la charla, el romanceo o el asueto. Y aunque es cierto el título de la muestra de que sus personajes comunes miran a otro lado (a los Países Bajos del XVII); cabría igualmente señalar que ellos miran al aquí y ahora, a la Cuba del presente, y que la alusión de Batista no es homenaje fortuito a una tradición.

Parece obvio que el graduado de San Alejandro en la especialidad de Gráfica y Arte Digital, en su segunda exposición personal, ha establecido un paralelo entre espacios y tiempos, para apuntarnos a las semejanzas de aquel pasado con el actual escenario cubano, en donde la aceptación de los nuevos roles del cuentapropismo y la cooperativa, hacen vislumbrar que se repite la emergencia de un grupo social favorecido por los cambios en el terreno económico.

Más allá de estos apuntes sobre la vertebra temática subliminal de Ellos miran a otro lado, hay que referirse al punto de giro dentro de la propia obra pictórica de Omar Batista que significan estos cuadros de hoy; pues abandonan del todo, en el contenido y en lo formal, las proposiciones de Esto es bello, su primera expo personal, exhibida en 2012, en la Galería Carmen Montilla de La Habana Vieja.

Aquella estaba compuesta por piezas de gran formato y labradas con la pincelada acuciosa que aspira a dotar de realismo y de penetración psicológica a imágenes típicas del género del retrato. La de hoy abandona la exploración en el individuo y aspira más a la captura de instantes comportamentales que propicien una lectura de conjunto, de la exposición toda como un fresco de tipo sociológico, un retrato coral.

Ahora se concentra Omar Batista en áreas mínimas, la mayoría entre los 30 y los 50 cm de tela, y se enfoca en los manejos de la composición y la perspectiva, privilegiando la distinción entre planos medios y fondo. Aquí la fuente de luz es protagonista y domeña los atributos del color; pero nada hay en este acápite de iluminación barroca y artificiosa al estilo Rembrandt (recordar su célebre La ronda de noche, donde de un modo caprichoso, teatral, son aclarados los personajes de un primer plano). En cambio, muy a lo Vermeer, intenta Batista captar los efectos de la luz natural (o de la emisión de un televisor o de una luminaria artificial) para otorgarle naturalismo a sus escenas cotidianas y la sutileza necesaria a los claroscuros que delinean las figuras.

La remendadoraA diferencia de la tendencia mayoritaria del arte cubano contemporáneo, orientado hacia la experimentación con los medios tecnológicos, lo  audiovisual y la tridimensionalidad, o los minimalismos y expresionismos figurativos del avant garde en lo pictórico, Ellos miran a otro lado también es un repaso hacia otras posibilidades de la pintura. Con el rescate historicista a su manera, Omar Batista demuestra que todavía los caminos de la apropiación y la recontextualización permanecen abiertos, y que son válidos para echarle una mirada al presente.

Categoría: Artes plásticas | Tags: | | | |

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