Actualizado el 5 de febrero de 2014

La otra mirada a la luz de Gólgota

Por: . 3|2|2014

Gólgota en su estudioPrimero fue en el Prado habanero, cuando nos cruzamos las manos en el saludo informal que propició Leo —nuestro “extrañable” amigo, entonces webmaster de la página digital del Caimán—.  Ese encuentro se produjo durante la presentación de uno de los números de la revista. Luego volvimos a vernos dentro de la Caverna de Santo Tomás, allá en Viñales; me adivinó debajo de un casco de espeleólogo improvisado, gracias al eco que produjo mi nombre. Pasados unos meses, me visitó en la redacción de la propia revista, yo coordinaba el cobro de sus honorarios, suerte de crucifixión para los caimaneros, y esa mañana la expresión de su rostro dejaba entrever a un tipo conmovido, con cierta ansiedad en la mirada y noble en el tono de la voz.

El próximo avistamiento sería en la inauguración de una exposición suya que se avecinaba. “La otra mirada a la luz” abriría sus puertas durante el mes de diciembre en una galería del Memorial José Martí, sobre la colina más alta de la Habana, para ofrecer acceso al paisaje interior del artista.

DOS HORAS EN EL CRÁNEO DE GÓLGOTA

 El último encuentro lo fijamos, a propósito de todos los anteriores, en su casa-estudio: un sitio que según su propia definición se le asemeja a un cráneo por dentro. Ciertamente es algo laberíntica, sombría si se quiere, pero habitada por esa luz de saber y querer saber de los artistas y creadores. Es un universo de intríngulis y a Gólgota le gusta el intríngulis del universo. Por demás, es una persona multifacética, que pinta al óleo sobre lienzo, hace fotografía, escribe sobre el universo del artista, imparte conocimientos de artes plásticas y es profesor de Historia del Arte, y hace mensualmente un programa de radio. Si a esto le sumamos que luce un bigote de señor antiguo, debajo de unos ojos muy negros, que miran al entorno cuestionándolo, podremos apostar porque estamos delante de un ser humano sorprendente. Dos obsesiones pudieran sintetizar la personalidad de Gólgota: su espíritu contradictorio y la curiosidad como cañería para llegar hasta el saber que procura.

Se me antoja un tipo coherente, útil a su sociedad a partir de saberse identificado con inquietudes que le hacen mover el pincel hacia las coordenadas de un arte antropológico, sociológico, frente a cuyas obras el espectador pareciera estar en el haz y en el  envés de una encuesta. En pocas palabras, su obra no escapa —ironías del observador— de “la otra mirada a la luz”. Interesa entonces apreciar esta muestra como reflejo de un momento social ante el que nuestro autor se exalta y reacciona inconforme; su interés por la psicología y el drama que viven sus retratados, le impele urgencias cuando crea. Gólgota siente al arte como animador de la realidad, como herramienta de crecimiento individual y colectivo.

EXCAVACIONES Y CRUZADAS DE GÓLGOTA

Otra mirada a la luzEn el catálogo de la muestra, el también pintor José Luis Fariñas apela a “las ciencias naturales” para hablarnos del procedimiento desde el que Gólgota se acerca a la sociedad.  A mí me gustaría verlo también desde el herramental de las ciencias sociales, ese andamiaje de la sociología que viene colmando el discurso del artista contemporáneo y la perspicacia conque este expresa hoy desde lo más trágico hasta lo más sutil. En su caso, el “lastre obsoleto que es la violencia y la discriminación contra la mujer y la niña”, como dijo el propio Gólgota en sus palabras de inauguración.

En el juego con el espacio físico habita el creador y en el diálogo con el espacio mental sitúa éste el par dialógico actor-espectador, acaso el propósito explícito de esta muestra expositiva. Apenas once cuadros que retrotraen los pasos hacia un interior de claroscuros, que reformula la visual y polemiza con nuestra laxitud, para ir —ya al término de nuestro recorrido— por un final de esperanzas…

La rebelion de Eva“La otra mirada a la luz” nos enfrenta a una obra con tendencia a lo cinético. Un lienzo muestra a un infante de espaldas al espectador, que se difumina en la distancia, justo bajo una iluminación animosa y explayada en optimismo, que tira de nuestra necesidad por lo desconocido, lo nuevo, lo distinto, lo perentorio. “La luz no es otra cosa que darnos cuenta que ella también es la igualdad”, sentencia el artista.

Nos encontramos con estados de ánimo que el artista ha recogido de manera casi testimonial, al amparo de una inquietud que continúa alarmando hoy día nuestra sociedad: el maltrato o daño a que están expuestas ellas, o como diría el propio artista: “nuestras compañeras”. Gólgota explora esa realidad, la exhibe, la denuncia y anuncia otro sentido para la existencia de ellas. De su derecho a ser —“En el alma del cristal, soy”, es el título de uno de los cuadros—, a liberarse —otro título: “El pelo suelto”—, a estallar en “El grito”…

El GritoEl ansia creadora riñe siempre con las contradicciones del individuo y esa contienda trae una simiente magnífica para su crecimiento. Gólgota nos ha permitido mirar ese interior de sus tormentos y fermentos, y desde ese mirar es que se ensancha el diálogo del binomio creador-espectador, desde ese atisbo quisiera hacerme eco también de Vincent Van Gogh, cuando en junio de 1879 le escribiera a su hermano Theo: “El arte es el hombre agregado a la naturaleza; la naturaleza, la realidad, la verdad, pero con un significado, con una concepción, con un carácter, que el artista hace resaltar, y a los cuales da expresión, que redime, que desenreda, libera, ilumina”.

Categoría: Artes plásticas | Tags: | | | |

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