Actualizado el 30 de junio de 2014

A propósito de Encomienda:

Al conceptualismo “le falta lo suyo”

Por: . 23|6|2014

Eterno retoño, instalación de José E. YaqueEn principio, las Vanguardias Artísticas del Siglo XX se propusieron una revolución a la hora de resolver “el significante” en la obra de arte. Esto es, la contraposición/provocación a la mímesis (a la Academia), que encarnó buena parte de los ismos de entonces, y que provocó (que provoca) tantos dolores de cabeza a esas personas para las que la semejanza a lo superficial de la naturaleza, es el principal indicador de calidad en el acto creativo. Pero esos dolores de cabeza no son nada al lado de los que ha provocado (que provoca también) la apuesta por convertir “el significado” en la guinda del pastel, a veces como si el significante fuera más que un pretexto, un lastre. Los cubismos, las abstracciones pictóricas más agresivas y otras formalidades informales, han pasado hoy el filtro del conservadurismo más reacio a la experimentación, ocupando un lugar en el mercado. Pero la gestualidad conceptual post-duchampiana, aunque legitimada por parte de la historiografía, museos, universidades y otras instancias, sigue sacando muecas a algunos neófitos y poniendo a prueba la tolerancia de buena parte del público especializado.

En mi opinión, son dos los factores esenciales que determinan este estado de cosas alrededor de “los conceptualismos”: su desprejuicio ante la fragilidad y condición efímera de algunos materiales y la mofa que hacen del manoseado horror al vacío, a veces combatiéndolo con inmaterialidad extrema. Para una buena parte del público que consume artes visuales, aún hoy, el empleo de determinados procesos de trabajo y soluciones visuales, es una afrenta a sus paradigmas estéticos y/o morales… o a la decoración de sus casas y “galerías privadas”. Es inherente al buen arte poner en crisis la noción de referente, cuestión para la que debía estar preparado todo espectador (al menos el especializado) luego de tantos años de modernidad y posmodernidad.1

Encomienda es el nombre de la exhibición colectiva que integraron los artistas Orestes Hernández, Yornel Martínez, Irving Vera y José E. Yaque en la Casa de la Cultura del municipio habanero de Playa en mayo de 2014, lugar proyectado originalmente como Iglesia y que ha cumplido, desde 1959, más de una función menos la originaria. En tiempos en que se hace particularmente difícil, desarrollar un proyecto que juegue tan desenfadadamente las cartas de la creatividad gestual, de lo simbólico e inmaterial, una muestra así es una acto de valentía y por sobre todas las cosas de respeto a la historia del arte y sus procesos creativos más emancipados y menos vanidosos.

José E. Yaque instaló una pieza pequeña, discreta o hasta tímida, que alababa esa humedad corrosiva que destruye lo artificial y permite algunas supervivencias: Eterno retoño (2014). Esta acción sintoniza con preocupaciones antiguas del artista: la vida dentro de la obra. Una escoba con ese nombre, en un charco, en cuya celda germinan lentejas, más que un canto a la ecología es un eslogan que parece clamar “La vida se busca la vida y sabe hacerlo”.

Orestes Hernández juega, con su descaro característico, el rol del artista como “iluminado en materias sin importancia”, que crea dándose cuenta de que los accidentes del libre albedrío hablan de cosas aparentemente insignificantes, pero reciclables en función de una ironía vitalista. Tres figuras geométricas advertidas en la esquina del lugar hacen gala de un minimalismo trash, malcriado y autosuficiente (Dos soles, 2014 y Geometría básica, 2014)2; pero “la patada a la lata” es el remake de Línea hecha al caminar (Richard Long, 1967). El dibujo accidental hecho por los transeúntes en el césped (Atajo, 2014), que deja una línea recta y diagonal de tierra que contrasta con el verde herbáceo, legitima un gesto que devela una sensibilidad radical, avalado por una tradición. Advertir cómo las personas dibujan de manera colectiva en el espacio común sin autoconsciencia de ello. “El que lo encuentre es su obra”: de eso se tratan algunas cosas en esta “materia”.

Highlight (2014) obra de Yornel MartínezHighlight (2014) de Yornel Martínez, por sutil que trató de ser, terminó siendo el “escándalo” de la exposición. Las vistas ideales de la pieza se tienen a cientos de metros de distancia, aunque es bueno verla también a menos de cien. La obra es un auténtico mojón (en el sentido no escatológico del término) que resalta en blanco el elemento más sugerente del excelente edificio: el campanario…  Sin campana por cierto (protestantismo mediante). Es y será la obra más perdurable y pregnante a la vez de la exposición.

Por último, Irving Vera, desde México D. F., instrumentalizó el proceso más osado del show. Sin los recursos asistenciales y la solvencia de un artista autónomo del estrellato, este individuo de cosmovisión tan dilatada, “encargó” a distancia la ejecución de dos obras, cuya médula es el ejercicio intelectual puro que aspira a ser arte y trascender el término a un tiempo. Las piezas son la simple mención de su nombre en la tarjeta-catálogo de la muestra (Mención, 2014) y el envío de una fábula milenaria al profesor del taller infantil de artes plásticas de la Casa de la Cultura, para que se la leyera a sus alumnos e hicieran un dibujo a partir la misma (<estancamiento>, 2014).3 La operatoria de estos trabajos me hace recordar cómo Marcel Duchamp luego de desatar esa fiera llamada Fountaine (1917), conocida como El Urinario, le pidió a su hermana que, con carácter retroactivo, firmara por él al Porta botellas (1914) y a la Rueda de bicicleta (1913). Duchamp se encontraba en Nueva York y su hermana en París.

Las obras, de varias maneras, le entran por pasadizos secretos a la noción misma de objeto de arte. El tipo de operación empleada por los artistas es mínima y anti-artesanal, percutida en las cuerdas más cínicas del land art, el Sitespecific y el process art a distancia. “Eludiendo” la función actual del inmueble como Casa de Cultura, la curaduría y proyección de las piezas se concentra en, precisamente, “aludir” al espacio y toda su carga simbólica, desde el encanto propio del señalamiento indirecto y nada ingenuo de un lugar que cuenta una historia peculiar.4

“Al conceptualismo le faltan muchas cosas”, como dijo ALGUIEN. En primer lugar enfrentó y puso a prueba la capacidad del art system para rebelársele; y acabó trabajando para él: se puede ver hoy en los museos de arte “moderno” a un Douglas Huebler tan almidonado como a un Giacometti. Si es verdad eso de que el arte es “largo”, la institución arte es “ancha” y todo le cabe, todo le sirve. Pero el mérito de esta tradición (¡qué palabra!, pero es la que hay) es el de haber obligado a ampliar la jaula, ampliación de la que se han beneficiado, por cierto, hasta los artesanos posindustriales débiles a la superproducción. Al conceptualismo le falta glamor ridículo, materialidad tautológica y cacofónica. En fin, melodramatismo mediático y maniqueo. A veces, tener la oportunidad de hacer un acto creativo sincero y divertido, deja el mejor de los sabores en la boca: “Le falta lo que le tenía que faltar”.

 

NOTAS

[1]. De no ser así, a hibernar con la industria del entretenimiento.

2. Dos soles son dos círculos huecos en una plancha de acero que recubre un hueco cuadrado mayor para que la gente no se mate al pasar, probablemente. Geometría básica es un marco metálico cuadrado sin tapa que quedó atrapado alrededor de un poste eléctrico. Esta nota es para el que fue a Encomienda y no vio estas piezas, cosa perfectamente posible…

3. Los niños recibieron luego un diploma que registra su participación en la pieza del artista.

4. El edificio fue concebido como iglesia y terminado en 1959. Nunca se realizó culto cristiano en el lugar y sucesivamente ha sido almacén, archivo, discoteca y actualmente Casa de la Cultura.

Categoría: Artes plásticas | Tags:

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