Actualizado el 30 de junio de 2014

De la No-Geisha hasta la tierra pura

Por: . 30|6|2014

Poster para la expo Pintura FrescaCreo que a veces en el arte, como en la vida misma, el azar concurrente guía los encuentros. En el caso de la producción de este artista fue un ejercicio de clase en cuarto año, el hecho que me hizo acercarme por vez primera a su producción. Fue hace dos años y medio, cuando aún no había visto sus poemas en las marquesinas de los cines como parte de su proyecto Exergo, sólo las piezas suyas en Bomba, la polémica exposición colectiva de artistas jóvenes curada por Píter Ortega, y algunas piezas en el catálogo El extremo de la bala, memoria de la muestra curada por Rewell Altunaga.

Apenas unos avances, unos datos muy escasos de lo que  inspiraba sus creaciones. Sin embargo, existía un aire filosófico, un gusto por atrapar lo efímero y detenerse en  los objetos, una voluntad de rescatar un espacio para lo desapercibido. No conocía prácticamente  la producción de Yornel Martínez Elías, pero su obra ya tenía mucho que ofrecer.

Todos estos pensamientos resurgieron a lo largo de muestras colectivas en las cuales ha tomado parte el artista recientemente, como Pintura Fresca (enero 2013) en Galería Habana y Dibujos tontos (octubre 2013) en la Galería Rubén Martínez Villena. La primera indagaba sobre los derroteros de la pintura, género clásico por excelencia; la segunda, intentaba unir a varios creadores pese a los distintos medios y estilos, bajo el tratamiento de un dibujo “desenfadado”, ya alejado del academicismo.

Los proyectos me permitieron apreciar su incursión tanto en la pintura como en un medio más reciente, el videoarte, y se hizo urgente hacer una suerte de retrospectiva, una vuelta de página sobre su producción. Atrás quedaron obras como No-Geisha donde dibuja —haciendo gala de su dominio técnico— una geisha sin rostro, así como sus caligramas, pruebas fehacientes de la importancia que toma en su producción la influencia asiática expresada en la gestualidad, el trazo fluido donde trata de atrapar la vitalidad de seres y paisajes, el impulso primigenio que anima la vida.

A estas muestras siguió en 2014 una nueva edición de su proyecto P-350. Un proyecto sui generis que convoca al público a la confección de una revista de arte tomando como papel los sacos de cemento. Un soporte físico abierto a colaboraciones cuya realización ha incluido desde el esténcil y la poesía visual hasta la caligrafía y el collage.  Una suerte de revista alternativa por cuenta propia, tan plural como la amplia nómina de sus colaboradores y que pone de manifiesto dos elementos que le han interesado: la interactividad y el reciclaje.

Ahora en 2014, fue inaugurada su muestra personal Pure Land. Otra vez  la sobriedad, el tratamiento mínimal de los motivos; el carácter del juego con los polos de lo trascendente/intrascendente se repite. Descubrimos piezas que nos hablan de una continuidad sin por ello devenir en estancamiento.

El objeto intervenido en una pieza como Eclipse (2009), donde recrea a partir de cemento y lata el fenómeno de los cuerpos celestes, se encuentra en diálogo con Meditación en el lago (2010). En ambos casos, el objeto es la base a partir de la cual se crea un artefacto artístico, ya sea desde su construcción hasta una intervención puntual. Un hecho que devela la importancia que reviste el espacio cotidiano como ambiente del cual extrae la materia prima para sus creaciones.

Ha sido importante también el tratamiento singular que recibe el color. Los astros controlan el tamaño de las flores, pero no el movimiento de una mariposa (2008) rememora a La cebra y el arcoíris (2010): obras donde se envuelve al espectador en miles de interrogantes, una atmósfera sin grandes efectismos, reposada, que invita a meditar sobre la brecha que emparenta los elementos unidos caprichosamente en ese fragmento pictórico que es el lienzo. No puede negarse, como afirma la teórica Caridad Blanco en las palabras del catálogo, que hay lirismo en cada pincelada, pero el efecto subyugante es en gran medida por la incógnita que suscita la composición.

Como en Caligramas (2013), vuelve la escritura a tener un papel importante. Esta vez con el deseo de anclar el sentido de los paisajes y vistas que nacen como parte de su comprensión de los entornos y espacios cotidianos. Una forma de “volver a ver”.

Bajo la influencia de las lecturas de Ezra Pound, Antonín Artaud, Severo Sarduy y muchos otros escritores, Martínez Elías ha conformado su imaginario y su poética, moviéndose entre imágenes evocadoras y varias áreas del conocimiento.  No cabe duda de que es la suya una espiral ascendente donde el lenguaje artístico es una herramienta para mostrar su visión personal del aquí y el ahora. Entre los legados de Oriente y Occidente transita la producción de este artista, que ahora sólo abre una puerta hacia la tierra tal vez no prometida, pero sí la soñada, su tierra pura.

Categoría: Artes plásticas | Tags: |

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