Actualizado el 5 de noviembre de 2014

Arte y Ciencia en la Villa Panamericana

Por: . 3|11|2014

Holograma Nurmikko. El paisaje bien definido de árboles verdes que emerge de este curioso marco trasciende el valor formal de la pieza, para introducirnos en el mundo de la interpretación.Las galerías municipales, cada vez más desamparadas —y excluidas por muchos de los artistas que las precisaron para darse a conocer— continúan siendo espacios importantes dentro del sistema promocional de las Artes Plásticas en Cuba. No solo porque constituyen un canal relativamente accesible y democrático para creadores emergentes que afrontan costos antes garantizados —la confección de un sencillo catálogo es un ejemplo—, sino también porque nos sorprenden con exposiciones que trascienden sus funciones básicas, como “Luz y universos interdimencionales: imágenes en las ciencias y en las artes”, inaugurada el 14 de octubre del presente año en la galería Mariano Rodríguez, de la Villa Panamericana, como parte de la Conferencia Internacional de Óptica, Fotónica y Fotociencias (CIOFF), que sucedió en La Habana del 14 al 17 de Octubre, evento organizado por la Sociedad Cubana de Física y el Comité Territorial Cubano de la Comisión Internacional de Óptica (ICO). Se manifiesta en su catálogo que “es parte de las actividades en celebración por el próximo 2015, Año Internacional de la Luz, declarado por la Organización de Naciones Unidas, con el apoyo de nuestro país.”

Esta muestra internacional no es una exposición convencional. En una de sus secciones se pueden ver las obras holográficas de artistas y científicos de varias partes del mundo y de Cuba. Utilizamos aquí el verbo “ver” aunque el adecuado sería “apreciar”, pues para valorar una pieza holográfica no bastan los ojos, se requiere información para salvarse del equívoco que pudieran confundirla con otras técnicas, otros “trucos” como el de los mágicos espejuelos con que observamos una imagen cinematográfica en 3D. Un holograma no es un ardid que engaña al cerebro para dar una impresión de tridimensionalidad, es una reconstrucción de una imagen en tres dimensiones a través de un proceso de codificación que la traduce a un espacio virtual. Esto le confiere una dimensión mucho más “real” dentro del mundo ilusorio de las imágenes.

Existen disímiles procesos técnicos para construir imágenes holográficas. En la presente exposición se aprecian diferentes tipos de hologramas como los llamados “de reflexión” o los de “transmisión”, entre los de “reflexión” se destacan, en el sentido técnico, los “Objetos arqueológicos”, de Gert von Bally, de Alemania. Sus imágenes poseen tan alta fidelidad que los espectadores dudan que se trate de imágenes holográficas; los objetos parecen estar físicamente presentes. Este nivel de realismo se aprecia también en el autorretrato de Pierre Boone, de Bélgica, quien parece mirarnos a través de la placa fotográfica de alta resolución, ese aparente vidrio oscuro que cobra vida a través de la adecuada iluminación, uno de los aspectos más complejos de llevar a cabo en una galería para la exhibición de este tipo de objetos, logrado aquí con mucha más efectividad que en otras muestras holográficas realizadas en Cuba.

Además de los hologramas con propósitos puramente científicos, están los empleados intencionalmente para la creación artística, como los del finlandés Reima Nurmikko, de alto nivel conceptual, o el titulado “The art collector”, del alemán Dieter Jung, uno de los artistas más destacados del mundo en el uso de este lenguaje como medio de expresión. Nurmikko nos sorprendió con la simpática obra “Up and down”, la cual obliga al espectador a hacer cuclillas para apreciar dos imágenes diferentes en la misma placa, un recurso ya llevado a cabo en obras anteriores a los conjuntos aquí presentados. En “Objects are closer than they appear”, una de las instalaciones más ingeniosas de la muestra, el artista utiliza como base el espejo retrovisor de un automóvil. El paisaje bien definido de árboles verdes que emerge de este curioso marco trasciende el valor formal de la pieza, para introducirnos en el mundo de la interpretación.

Entre los hologramas cubanos, más allá de los excelentes ejemplares realizados a través de las técnicas convencionales de la holografía (de los maestros Rolando Serra y Alfredo Moreno, pioneros de estas técnicas en nuestro país) podemos apreciar algunos que fueron resueltos por un procedimiento íntegramente cubano. Me refiero a lo que Ángel Augier Calderín, uno de los autores de esta invención, define como “holograbado”, consistente en sustituir la vieja técnica conocida como Scratch Holography (holograma grabado a mano), por un grabador láser gobernado por computadora. Además de estos, también aparece en la muestra un holograma hecho manualmente y diseños computarizados grabados a mano con plantilla y punta de acero, como los de Raúl B. Sánchez.

Componen la exposición, además, obras digitales impresas de creadores latinoamericanos, así como una sección dedicada a fotografías tomadas con microscopio electrónico por Augusto González, e intervenidas por diversos artistas.

En el apartado ofrecido al Arte Digital impreso encontramos desde piezas de base fotográfica como las de Alejandra Mejía, de Honduras, o la de Alain Cabrera, de Cuba, hasta otras consistentes en sencillos pero sorprendentes dibujos, como las de Guillermo Araujo, de El Salvador. También son notables las fuertes imágenes expresionistas de Jorge Delgado Gutiérrez, cocinadas por procesos digitales después de fotografiar sus propios dibujos, y grafitis callejeros, especialmente la serie “Profetas”. En el caso de las fotografías microscópicas, la co-autoría entre científicos y artistas —también un escritor, pues una de estas fue intervenida por Roberto Fernández Retamar— manifiesta el espíritu de la exposición: la unión entre la ciencia y el arte que caracteriza nuestro tiempo por su desarrollo tecnológico, y a la vez remite al Renacimiento Europeo, período histórico donde lo artístico y lo científico no estaban apartados, sino tan fusionados como para habitar en una misma persona.

Leonardo da Vinci nunca se presentaba como artista, se auto definía como inventor, como matemático…y luego agregaba, al final de sus cartas, que “además”, pintaba. El aumento del volumen de información acumulado en cada materia y otros factores históricos provocaron más tarde una especialización tan exagerada, que derivó en la ignorancia, en el desinterés y hasta en una errada visión antagónica entre los diferentes saberes. Como un intento para recuperarnos de falsas oposiciones, surge esta muestra donde la ciencia y el arte se integran, colaboran y demuestran el factor común que los une: la curiosidad humana, el deseo de investigar y de crear, que también es descubrir.

Categoría: Artes plásticas | Tags: | | |

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