Actualizado el 25 de enero de 2015

Conceptualismo Artesanal:

Eufemismos del Arte Contemporáneo

Por: . 23|1|2015

Desde hace algún tiempo algunos comenzaron a utilizar el discordante término “pintura conceptual” para referirse a las creaciones del estadounidense Peter Halley y otros pintores. Una expresión paradójica —desde un punto de vista ortodoxo el Conceptualismo es opuesto a la primacía del objeto físico— pero con mucho sentido porque alude a aquella pintura que va más allá de ella misma, incluso mediante un lenguaje abstracto. Esto evidencia que ningún otro movimiento artístico ha sido tan abierto, ramificado e influyente en la contemporaneidad como el llamado Arte Conceptual, también subvalorado y puesto en tela de juicio por los amantes del hedonismo y las formas gratuitas.

Lo curioso es que antes de que el artista belga Joseph Kosuth lo “patentizara”,  ya estaba implícito, desde las cavernas, con aquellas pinturas cuya función mágico-religiosa rebasaba cualquier posible deleite retiniano (inevitable emplear el término de Duchamp). El arte siempre ha sido en última instancia, conceptual, ya que toda obra se edifica sobre las ideas que la sostienen y el descubrimiento del citado belga en su instalación Una y tres sillas —consistente en el objeto, su fotografía a tamaño real y el concepto del mismo tomado de un diccionario— ya estaba en un dibujo de otro belga: René Magritte. Este último, catalogado precursor de lo que luego sería el Conceptualismo, dibujó una vez un caballo junto a un caballete con un lienzo donde aparece la imagen del mismo. El supuesto pintor no se ve en la obra, queda como sujeto omitido, pero sí aparece un globo de texto típico de la historieta donde se lee la palabra “caballo”. Esto es: una y tres formas de representar un caballo; perfecta coincidencia con las tres formas de presentar la silla en la obra posterior de Kosuth.

Ya sabemos que en las artes plásticas cubanas la influencia del arte conceptual resulta evidente a partir de los años 80. Una presencia más refinada y metafórica en la primera mitad de la década, luego más irreverente y cuestionadora en la segunda mitad de la misma, sobre todo cuando se mezclaba con lo vernáculo y a los artistas le cerraban las exposiciones por no “portarse bien” o ser demasiado directos en sus críticas sociales.

A pesar de los diferentes matices, se trataba de una asimilación de tal movimiento, de una “criollización” en vez de una argucia, muy marcada por la escasez material y el temperamento cubano. Actualmente, más que un aprovechamiento nutritivo, estamos asistiendo a una tergiversación reducida del arte conceptual; se trata de una especie de artesanía. No es un fenómeno típico de Cuba, es algo que está ocurriendo a escala internacional y que reflejamos de manera exagerada.

Nunca imaginé oír tantas exclamaciones de halago en las exposiciones ante obras pretendidamente “conceptuales” pero hechas, al decir de José Bedia, “para que un coleccionista haga la digestión”. Los comentarios de las inauguraciones tienden a girar cada vez más alrededor de las ventas. Obras vacías, pero trabajadas con materiales sofisticados, engañan al espectador con precios que solo son comparables a lo que invierten estos mismos artistas en una notable auto-promoción. En la construcción de estas obras “conceptuales” no tiene cabida la creación artística tal como la conocemos, no puede haber desvelos como los de Ana Mendieta ni gestos violentos, ni dolor.

Estamos ante un arte “conceptual” pero sonriente, bien lejos de los desasosiegos que habitaron en Joseph Beuys, distantes del poder reflexivo de un Juan Francisco Elso o de las preocupaciones políticas de Luis Camnitzer. Es un arte “conceptual” y al mismo tiempo “muy bonito”, casi siempre muy costoso en cuanto a su producción. Claro, se apodera sin piedad de caminos transitados bajo la premisa de que la modernidad ya nos legó todo y no hay nada que hacer salvo repetir las mismas fórmulas. Estos procedimientos pudieran agruparse, esquemáticamente, en tres tácticas que garantizan lo que aquí llamo Artesanía conceptual.

Existen otras variantes que rebasarían el propósito de este texto, sólo describiré tres proyectos y comentaré sus detalles e intenciones. Lo que tienen como factor común —esto se extiende a otros lenguajes como la pintura— es la socorrida y cómoda posición del artista que manifiesta: “No digo nada, pues al no decir nada estoy diciendo algo”.

Primer ejemplo: La referencia histórica

Uno de los caminos de garantía e inmunidad para llevar a cabo el Conceptualismo Artesanal es el que se basa en alguna referencia histórica. Aquí se pueden mezclar elementos provenientes de varias disciplinas como la arqueología y la etnología, que darán a la obra (sobre todo si contiene textos) una apariencia de profundidad por parte del autor, cuando en realidad éste no ha investigado nada.

Cuando escogemos esta vía nos disfrazamos de artistas muy valiosos pero tomamos de ellos sólo la cascara, es decir, el aspecto externo de sus producciones artísticas. Un material que puede ser efectivo es la tierra, pero cuidado, si resulta demasiado hermética, la obra puede entonces confundirse con una de las realizadas por Elso o Brey. Este hermetismo es imperdonable para nuestra opción de Conceptualismo Artesanal;  la tierra puede estar, con toda la carga simbólica que posee, pero la imagen debe ser reconocible. Es la única manera en que los coleccionistas europeos y norteamericanos pueden vislumbrarnos, comprarnos e invitarnos a alguna muestra internacional junto a “chamanes” de otras tierras “salvajes”, y demás curiosidades de feria.

Es muy importante el ingrediente político explícito, mezclado con lo histórico. Pudiera montarse, por ejemplo, una instalación con la estructura de la boina del Ché, a gran tamaño y utilizando para ello un tejido de horquetas como las que usan los niños para construir tirapiedras. Este tejido natural, que sin duda será visualmente atractivo, podemos contrastarlo adicionando la estrella de la boina, preferentemente fundida en oro. Sí, es una imagen de mucha “fuerza” y como la estrella se ha construido de oro, ya el valor de la pieza crece —como ocurrió con la calavera de  Damien Hirst cubierta de diamantes y titulada For the Love of God. Una obra así complace a la mirada colonizadora y a causa de esto tiene grandes posibilidades de éxito. Desde el punto de vista plástico, el impacto reside en el contraste entre lo que por un lado es primitivo o carente de valor (heredado del Arte Povera) como la tierra y la madera en estado natural, y por otro lado la brillante estrella metálica, de carácter y terminación industrial, que tiene además la función de encarecer la obra y hacerla más sofisticada.

Segundo ejemplo: La oveja negra

Otro camino de garantía en este nuevo tipo de Conceptualismo consiste en lo que pudiéramos llamar “La oveja negra”. Es un truco que viene de la gráfica. El espectador común lo consume siempre como nuevo, todos se asombran por lo “ingenioso” que parece cuando en realidad es muy trillado. Hay un anuncio de Marlboro de los años 70 que ya lo contiene: el cowboy va a caballo fumando en dirección opuesta al rebaño de ovejas.

Pero pasemos a construir nuestra obra: Podemos remitirnos a las acumulaciones del artista francés Armand Pierre Fernández —más conocido como Arman— y comprar una gran cantidad de ejemplares de un mismo objeto. No importa cuál elijamos, siempre va a ser un buen significante. Aquí las lecturas estarán condicionadas por la diferencia de uno de ellos con el resto.

Pongamos el ejemplo (un poco caro) de que compramos unos sesenta pares de zapatos iguales. De 59 pares nos quedamos con los correspondientes  al pie derecho y de uno conservaremos sólo el del izquierdo. Distribuimos en la mitad izquierda de una pared de la galería todos los zapatos para pie derecho a la misma distancia, como una red. Luego, en el centro de la mitad derecha de la misma pared ubicamos el izquierdo.

Hasta aquí estaría ya completada la obra pero no tendría ningún valor artesanal, se lo tenemos que agregar aunque sea gratuito para estar a tono con el Conceptualismo Artesanal. Para esto lo que haremos es comprar hilo negro. Entonces desde cada centro de los zapatos para pies derechos brotará una línea de hilo negro directamente hacia el zapato izquierdo. Se dibujará un sugerente tejido de líneas negras sobre el fondo blanco de la pared, los hilos se irán uniendo organizadamente en dirección al calzado solitario y si cerramos con un sugerente título, la obra estará completa.

Este título debe insinuar algo relacionado con la posición contra-corriente del objeto diferente, especial, poderoso —todos los hilos conducen a Él— y contrario a la masa que representa el zapato derecho. Se recomienda que sea en inglés —consejo asimilado por muchos artistas cubanos contemporáneos.

Tercer ejemplo: El impacto visual

Más allá de lo humorístico, de lo irónico que puedan resultar estos ejemplos, nuestras tres hipotéticas “obras de arte” solo pretenden exhortarnos a tratar de distinguir, dentro de la amplia y variada producción artística contemporánea, cuales son aquellas obras que verdaderamente aprovechan la herencia del Arte Conceptual de una manera creativa y auténtica. Aunque el impacto visual no es exclusivo de lo que aquí hemos categorizado como Conceptualismo Artesanal, tal vez sea el recurso más efectivo para caracterizar la decadencia de dicho fenómeno. No se necesita en este caso casi nada de imaginación, simplemente recursos, muchos recursos para elaborar obras a gran tamaño y en las que lo tecnológico juegue un importante papel. En mi ejemplo acudiré al recurso de la proyección magnificada —el Mapping. Cualquier imagen que usted proyecte a gran tamaño sobre la pared de un edificio va a resultar impactante, no se necesita para esto tener la imaginación de un Bill Viola, fotógrafo estadounidense que —realmente— utiliza el impacto de la imagen y la alta tecnología como recursos insustituibles para sus inteligentes propuestas. En el caso que nos ocupa —la fabricación fácil de una obra de arte puramente artesanal pero disfrazada de Arte Contemporáneo— usted simplemente necesita los recursos.

Digamos, por ejemplo, que usted puede grabar en video el nacimiento de un bebé y proyectarlo sobre un hospital materno, aquí lo importante es la dimensión, el espectáculo, no importa cuán pobre o socorrida sea la idea.

Más allá de lo humorístico, de lo irónico que puedan resultar estos ejemplos, nuestras tres hipotéticas “obras de arte” solo pretenden exhortarnos a tratar de distinguir, dentro de la amplia y variada producción artística contemporánea, cuales son aquellas obras que verdaderamente aprovechan la herencia del Arte Conceptual de una manera creativa y auténtica. Y se trata de una labor difícil porque nunca ha existido un momento en las Artes Plásticas tan complejo como este, donde tantos lenguajes se mezclan, y los artistas despistan a los críticos habituados a encontrar respuestas fáciles.

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