Actualizado el 30 de abril de 2015

Resplandor de un desengaño

Por: . 29|4|2015

                                               “El arte es colocar un espejo ante la realidad”                

                                                                                        Robert Smithson

 La estrella (2014), Yornel Martínez: Una lámpara de lágrimas, alquilada a un anticuario perteneciente a la extinta aristocracia habanera, reinaba suspendida del techo por una cadena. Así, un vestigio de los años cincuenta del siglo pasado fingía recuperar el aura perdida frente al ímpetu vulgar de los “nuevos ricos”.

El 27 de enero de 2006, Francis Alÿs salió de Buenos Aires rumbo a la Patagonia, acompañado por una mínima tropa de cómplices. La aventura consistía en seguir los pasos perdidos de ñandúes y tehuelches, quizás tratando de verificar esa teoría de lo “real maravilloso” americano fabulada por el también peregrino cronista Alejo Carpentier. En un relato de sus viajes a la Argentina junto al artista, el crítico  y curador Olivier Debroise (1952-2008) estampó: “Hemos llegado hasta aquí y aún no sabemos si aquí es donde tenemos que estar. Al fin y al cabo, eso no tiene la menor importancia: sabemos dónde nos encontramos y estamos listos para la decepción.”

Yornel J. Martínez está lejos de practicar un “nomadismo situacionista”, donde la experiencia del caminante husmeando trances sociales, facilita documentar promesas incumplidas en registros periféricos. Su tránsito de experimentar como  poeta en versos a lo poético visual, describe un trayecto que lo condujo a potenciar el lleno de la imagen por encima del vacío lingüístico o, en todo caso, su equilibrio.

Un día de noviembre partimos hacia un codiciado espacio del arte cubano repletos de expectativas. A pesar de una lluvia obstinada, la galería Servando acogió a una legión de personajes y personalidades del gremio plástico. Allí, bajo la “cegadora estrella”, merodearon eventólogos, especialistas, artistas sobrios o pintorescos y funcionarios éticos que sacrifican su tiempo libre en pos de saberlo casi todo. Una lámpara de lágrimas, alquilada a un anticuario perteneciente a la extinta aristocracia habanera, reinaba suspendida del techo por una cadena. Así, un vestigio de los años cincuenta del siglo pasado fingía recuperar el aura perdida frente al ímpetu vulgar de los “nuevos ricos”.

Lo curioso es que el artefacto estaba apagado, pero a la vez resplandecía gracias a las bombillas que le rodeaban indirectamente. Quienes evadieron la “trampa lumínica” lograron notar esta peculiaridad, emitiendo lecturas tan válidas como disparatadas. Una exigente curadora dio la impresión de hallar en la refinada manipulación otra manera de inventarse una sonrisa antes de marcharse con premura, mientras los que llegaban retrasados se entregaban distraídos al vernisagge ordinario.

(Leonardo da Vinci adelantó una moraleja-statement que podría ayudarnos a descifrar la esencia del presuntuoso equívoco: “Los detalles hacen la perfección pero la perfección no es un detalle”)

Yornel Martínez busca falsear el suceso astronómico de las supernovas, instante cuando más brilla una estrella, seguido de su anónima disolución. De igual manera, la instalación alude a la pasión consumista por la descontinuación de los objetos o al fenómeno del star sistem y su estatus provisional. “Hoy eres noticia y mañana no existes”: transición absurda de la escena competitiva estelar, inmutable para unos y fugaz o lejana para otros.

De lo planetario a lo terrenal, La estrella (2014) funge como bisagra para anclar en el drama de esas lumbreras concretas o ficticias. Hecho consumado vs. Realidad virtual. “Callar es el recurso del método para gozar el triunfo.” “Especulo, luego avanzo.” Tras un pictórico y cauteloso Torneo que abarrotó las paredes de esta galería, Yornel obvió la utilidad comercial que ofrece el soporte bidimensional, para recrear una velada interactiva como simulación de una disco-lobby, donde la gente se marea con tragos suaves pero sin música ni pasos de baile.

Aspirando a ser un ajedrecista occidental del arte contemporáneo, Yornel concibió un site specific citadino como remedo frente al augurio warholiano de los quince minutos de fama. “Nombrar las cosas” visualizando “arquetipos folletinescos” del  “oscuro esplendor” devino opción para intervenir en una semana que galería Servando brinda a figuras emergentes que no giran en la órbita de su staff sistem.

Refuncionalizar la utilidad de un objeto decorativo. Desintoxicar el ambiente contaminado por una burda producción comercial. Parodiar el trauma del estrellato mediante secuelas de sus fantasías; dislocar la noción tradicional de fijeza museográfica. Luminosidad secundaria interpretando el rol protagónico de una trama sin ganadores ni vencidos. El desengaño como yugo cotidiano de una historia interminable. Vagancia del sujeto estéril, ansioso por conseguir la iluminación o satori sin derrochar esfuerzo personal.

La estrella de este Solo Show está perfilada a imagen y semejanza de una mujer bella, costosa y déspota que escoge a su partenaire de ocasión y nunca al revés. Peripecia que defrauda al espectador feliz de sobrevivir hipnotizado bajo el imperio del artificio. El problema de la elección (Kierkegaard) deja de ser una angustia filosófica íntima, para trocarse en humillación colectiva. Yornel J. Martínez es uno de los invitados cubanos a la XII Bienal de La Habana (2015). Por lo cual deberá exponerse al juicio elitista-mundano de si brilló con luz propia o ajena en un marco competitivo plagado de claros y oscuros.

Categoría: Artes plásticas | Tags: | |

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