Actualizado el 26 de febrero de 2016

Reseña a una exposición imaginada

Por: . 24|2|2016

Vladimir Llaguno: El mago.Investigadores, curadores, críticos, promotores culturales e historiadores del arte destacan y argumentan, con sus textos y opiniones, lo que consideran valioso dentro de la producción artística de su tiempo.

A menudo son los mismos individuos quienes desempeñan estas diversas labores, de matices diferentes pero estrechamente relacionadas: críticos de arte que fungen como curadores, teóricos que participan como jurados en diferentes eventos, galeristas o directores de centros culturales que realizan las palabras al catálogo de esta o aquella exposición…También algunos artistas incursionan en la crítica, organizan exposiciones o son invitados a seleccionar a otros creadores para bienales, salones y demás acontecimientos artísticos.

A medida que el tejido de opiniones enarboladas por estas personas se va fortaleciendo, el artista se va legitimando; su credibilidad se basa en esta trama de discursos alrededor de lo que produce. El consenso de las voces autorizadas legaliza su condición de artista “de primera línea”, criterio discriminador que reduce a la condición de mediocre a cualquier otro creador, por el simple hecho de ser menos conocido.

A diferencia de la naturaleza no asistimos en este caso a un proceso de selección natural comprobable científicamente, sino a una coincidencia de factores subjetivos que influenciarán en gran medida el éxito del artista. Lo primero que pone en duda la veracidad de la calidad ponderada por los críticos y curadores, es el hecho de que no se ha tenido en cuenta a los artistas que, lejos de centralizarse en la autopromoción, han priorizado quedarse en el estudio produciendo su obra, profundizando en ella y desatendiendo la encarnizada competencia que demanda en nuestros días el mundo del arte; artistas que por diversas razones no se acercan periódicamente a las instituciones, no hacen una exposición cada año y no socializan demasiado su producción artística.

Las causas pueden ser múltiples: a veces la timidez de imponerse, un mal recuerdo de no haber sido bien recibido en una institución por no ser “de primera línea”, inseguridades, apocamientos… ¿Acaso no suelen ser los artistas personas especialmente sensibles? ¿No está llena la historia del arte de seres inadaptados, disfuncionales, alucinados y con falta de sentido común?

La lista sería interminable, más allá de las exageraciones que los mitifican en el cine y las novelas, ahí están los hechos: suicidas como Van Gogh, alcohólicos como Modigliani, drogadictos como Basquiat, no tuvieron la inteligencia emocional necesaria para manejar sus sentimientos, para funcionar en la sociedad de manera que les fuese conveniente y cuidar de sus vidas.

Es tan alta la responsabilidad de los críticos, curadores y demás “voces autorizadas”, que no deberían limitarse a promover a los artistas que tienen a su alcance, aquellos que gozan de una vivacidad que les permite lograr oportunidades para mostrar lo que hacen. También deberían prestar atención a esos otros que, aunque iconoclastas, incómodos e irreverentes ante los condicionamientos institucionales, producen una obra interesante. Porque es el arte lo que se supone que nos interesa investigar y es probable que pasemos por alto la existencia de muchos talentos si nos circunscribimos a quienes se nos acercan para proponernos proyectos.

Como mismo un médico no puede conocer el alcance o las características de una epidemia atendiendo solamente a los pacientes que acuden a su consultorio, el estudioso del arte no tendrá una idea clara de lo que está ocurriendo en materia de producción artística si ignora a aquellos creadores que no se le acercan.

Como resultado de este estado de cosas, muchos artistas no exponen con frecuencia sus obras y, por ende, tampoco ven sus nombres en las publicaciones especializadas. Para contrarrestar el olvido a sus producciones he imaginado una exposición de 3 artistas cubanos que han desarrollado una obra madura, han expuesto esporádicamente en nuestras salas, han logrado cierta atención de la crítica y gozan de cierto prestigio, pero que no participan en la feroz competencia por los espacios más prominentes.

Imaginemos entonces que estamos en una galería o museo de cuyas paredes cuelgan las obras de Vladimir Llaguno, Jorge Delgado Gutiérrez y Francisco Núñez. Esta exposición imaginada nos proporciona una excusa para difundir el trabajo de estos artistas.

PALABRAS AL CATÁLOGO:

Entre los numerosos artistas cubanos que han desarrollado una obra madura y a la vez poco conocida se encuentran estos que hoy nos presentan su trabajo. Un breve análisis de sus obras puede servir de ejemplo a lo antes expresado:

VLADIMIR LLAGUNO:

Es un artista de notable fertilidad. La amplia producción de Vladimir de León Llaguno (el Vlado) no se limita a una manera definida de hacer. Inquieto, irreverente y lúdico, escapa tanto de los “estilos” como de cualquier clasificación en la que pretendamos enmarcarlo. Esta vitalidad, este constante cambio, hace que su obra no pueda asimilarse a partir de un cuadro o una serie de cuadros. Aquí la actitud del creador va más allá de lo que el espectador pueda leer a partir de esta pieza o de aquella instalación.

Obras rigurosamente facturadas conviven al lado del collage más espontáneo, un objeto encontrado o una colección de tarjetas de presentación. A menudo estos diversos lenguajes están presentes en la misma exposición y lo que más sorprende es cómo estos concuerdan.

Es un manantial inagotable de discursos que se cruzan creando una extraña armonía. La aparente cacofonía deriva en una rara sinfonía, en una estructura compleja en la que no hay nada postizo.

El Vlado fue conocido durante los años 80 por su trabajo gráfico junto a Eduardo Marín. Ambos conformaban el dúo NUDO e hicieron los carteles de muy célebres exposiciones y eventos. Quizás el más conocido fue el que hicieron para el performance La plástica cubana se dedica al béisbol, una serigrafía que contenía la imagen del David de Miguel Ángel con un guante de pelotero.

Luego no se oyó hablar más de él hasta que reapareció con una contundente exposición en Galería Habana. Eran las imágenes de estos cuadros unos extraños objetos mecánicos que parecían naves espaciales. Al cabo de mucho tiempo de esto, asistí a una exposición suya más abierta y dinámica en la pequeña galería municipal del cerro. Y tuvo la misma ignorancia que cualquier otro artista que exponga en una galería municipal.

JORGE DELGADO GUTIÉRREZ

Jorge Delgado Gutiérrez: Cazadora con ofrenda.La obra de Jorge Delgado Gutiérrez se apoya en el arte de los orígenes para emitir un discurso que se refiere al presente. Posee fuerza sensorial y vigor conceptual al mismo tiempo. Su método abraza la intuición, esa luz interna que alumbra a los artistas naif. Pero Jorge no es un “primitivo”. En su serie más reciente, Tensión, alcanza a codificar sin literalidad y con agudeza, ideas que nos implican a todos, como la manipulación de la historia o la ambivalencia de los enfoques políticos.

La referencia al pasado, al arte de las cavernas, queda como un pretexto para discursar sobre la artificialidad de nuestro tiempo. La apariencia de la pesadez de la piedra en un material bien ligero, los secretos procesos técnicos para fingir un bajorrelieve hecho a cincel y demás subterfugios, actúan como salvoconducto para integrar lo que más caracteriza a nuestra época y que en inglés se conoce popularmente como fake.

Haciendo imágenes que sintetizan el arte primitivo y uno de los movimientos de las vanguardias artísticas del siglo XX (el arte matérico), cualquier lectura que hagamos de estas obras apuntará hacia la evidencia de que no ha pasado en realidad tanto tiempo como pensamos, que por mucho desarrollo tecnológico que tengamos el ser humano sigue siendo básicamente el mismo.

El cazador no ha dejado de serlo porque se haya sofisticado su modo de actuar. Aquel que temió al trueno y se refugió en la roca ha cambiado sus temores por otros, pero con igual fe edifica sus mecanismos de protección. La beligerancia entre las tribus, el temor a lo desconocido, la guerra al diferente por ser diferente, se ha complejizado pero no ha dejado de existir.

FRANCISCO NÚÑEZ:

Francisco Núñez: Sin título.Hace coincidir la vertiente más emotiva del expresionismo abstracto con una figuración de base fotográfica donde frecuentemente asoma un ser humano marginado: el negro. La discriminación subyace en la psiquis de las masas aún en sociedades que se propongan erradicarla. Figuras como Tata Güines o Basquiat, aparecen veladas e interrumpidas por fuertes pinceladas que las deconstruyen.

La obstrucción de la claridad en estos retratos no es un mero pretexto para el enriquecimiento formal, intrínsecamente plástico de la obra, sino también una metáfora del esfuerzo, de esa voluntad  que inspira a los marginados a superar los prejuicios sociales y que Harold Bloom llama despectivamente “cultura del resentimiento”.

El acto de incluir materiales como el cartón recuerda a los artistas matéricos, que incorporaron a la abstracción el uso de medios no convencionales y reciclables. Este elemento formal opera a favor de la propuesta de Francisco Núñez, pues más allá de su valor plástico actúa como codificador de precariedad, humildad y cotidianeidad.

Estos artistas, a los que brevemente hemos presentado bajo la reseña a una supuesta exposición colectiva, son solo algunos ejemplos de la potencialidad y diversidad con que cuenta nuestro país en el terreno de las artes plásticas. No se trata de artistas emergentes ni de jóvenes talentos prometedores, sino de creadores sólidos que cuentan con una obra ya madura, labrada desde sus humildes estudios y bastante ajena al panorama visible de la plástica cubana.

 

Categoría: Artes plásticas | Tags: |

Director: Fidel Díaz Castro

Diseño web: Héctor Otero

Relaciones públicas: Racso Morejón

Redacción digital: Editor: Racso Morejón y Darío Alejandro Escobar

webmaster: Racso Morejón

Desarrollador web: Escael Marrero

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados