Actualizado el 12 de septiembre de 2016

Del paleolítico, Valonia y el Bim Bom habanero:

Apuntes sobre las raras avis de la historieta cubana contemporánea

Por: . 4|9|2016

Crónicas urbanas portada: Concebidos como muestrarios de los resultados del espacio en cuestión, estos títulos afrontan con decoro el signo de la irregularidad y el desbalance estético, discursivo y conceptual.

Imágenes cortesía del autor

Al alcance de quienes decidan traspasar el portón del antiguo palacio de los condes de San Esteban de Cañongo, en la Plaza Vieja de la Habana colonial, hoy Vitrina de Valonia, se hallan algunos de los más interesantes y hasta trascendentes títulos de la magra historieta contemporánea cubana. Impresos con todo el primor del desprejuicio hacia un arte asaz subvalorado en la nación, estos álbumes editados allende las fronteras del archipiélago, sea con perspectivas meramente promocionales o destinadas a mercados foráneos, y con una escasa tirada agravada por precios un tanto prohibitivos, ipso facto se convierten en rarezas bibliográficas para nuestros públicos, no bien ocuparon las estanterías de la única biblioteca cubana especializada en el Noveno Arte.

SOÑAR Y CRONICAR LA HABANA… CON ASISTENCIA BELGA

Soñar La Haban: Concebidos como muestrarios de los resultados del espacio en cuestión, estos títulos afrontan con decoro el signo de la irregularidad y el desbalance estético, discursivo y conceptual. aportadaLa fundación de la Vitrina de Valonia hace alrededor de una década, fruto colaborativo entre la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y la Wallonie-Bruxelles International (Bélgica), con protagonismo para el novelista gráfico belga Etienne Schréder, ha buscado marcar pautas en la promoción y fomento de la historieta cubana.

A la par de sus servicios bibliotecarios, exposiciones, conferencias y otras iniciativas, el Laboratorio de producción de historietas de La Habana, guiado por Schréder y otros autores coterráneos como François Schuiten y Benoit Peeters, ha generado ya dos volúmenes compilatorios de obras gestadas por su membresía cubana y ellos mismos: Crónicas urbanas / Chroniques Urbaines y Soñar La Habana / Rêver La Havane (Maison Autrique, 2010 y 2014).

Concebidos como muestrarios de los resultados del espacio en cuestión, estos títulos afrontan con decoro el signo de la irregularidad y el desbalance estético, discursivo y conceptual. Algo que recientemente ha sido paliado un tanto con la antología totalmente en francés: Habana. Made in Cuba (Maison Autrique, 2016), que criba más a fondo el segundo tomo de 2014.

Como sus títulos enuncian nítidamente, lo urbano, y más específicamente La Habana, priman como contexto y tema, desde el confeso deslumbramiento de los belgas Peeters y Schuiten ante la capital cubana, cristalización de sus sueños con ciudades “improbables o sobredimensionales”,1 un “universo fantasmagórico”2 muy semejante a “las páginas de nuestros libros. Sin embargo, esta vez, las páginas estaban pobladas, vivas, férvidas, inolvidables”.3

Sobre estos pies forzados desplegaron sus diferentes habilidades y concepciones los creadores del total de 22 historietas, afectadas no pocas de ellas por la ausencia de un guionista o la tozudez autoralista de dibujantes poco duchos en los constructos dramatúrgicos —para no dedicar más líneas de la cuenta a las pobres grafías de obras cuyos valores no pueden ser mesurados más que como premios de consolación por haber participado en el laboratorio-taller.

Más allá de unos relatos llanos hasta la ingenuidad rampante, didácticos y moralistas hasta la futilidad más olvidable, u otros más decentemente aleccionadores pero igualmente simples, destacan en Crónicas urbanas algunas obras que tomaron el mejor y más lúcido de los senderos: desatender elegantemente la moldura establecida establecida a priori y lanzarse al libre explayamiento creativo. Gracias a las respectivas temeridades de Yolyanko William Argüelles y Duchy Man, se incluyeron en las páginas de marras La catedral sumergida4 y La ciudad muerta, como piezas maduras, sólidas y sencillamente bellas.

Allende cualquier excesivo convencionalismo narrativo, excepto en su proemio y su prólogo, que marcan la naturaleza, ya alucinante, ya epifánica, del relato principal, La catedral sumergida establece un diálogo-tributo visual con las crípticas Estancias del Dzyan, cosmogonía que sustenta los saberes teosóficos. El autor remonta la figuración surrealista de holgada esbeltez para articular este reflejo o eco gráfico; nunca interpretación ni ilustración, pues persigue mantener la solemne atmósfera esotérica que emana del hermético simbolismo plasmado en tal enigmático texto. A la vez, trenza orgánicamente la estética arquitectónica del gótico y la alta sacralidad de la música ritual del medioevo cristiano, como suerte de sintonización con las frecuencias más altas de la existencia.

Yolyanko elucubra derivaciones simbólicas de la siempre reconocible anatomía humana, hibridándola, sintetizándola, expandiéndola, forzándola, sublimándola como básica amalgama antropocéntrica (¿¡humanista?!) de toda la creación posible. Cada página exhibe una composición balanceada que nunca contradice la progresión dramática de una épica tan máxima como puede ser el surgimiento del ser humano, de la inteligencia.

Esbozada por Duchy Man con parca línea art nouveau —con nada oculta referencialidad a la estética de Aubrey BeardsleyEphraim Moses Lilien y otros cultores modernistas—, La ciudad muerta se despliega como espacio onírico o fantasmal donde la protagonista transita de arcano en arcano, de espectro en espectro, incluidos Edipo y la Esfinge; siempre tangencial a la rígida cronología del ser humano.

Cual viaje iniciático, la mujer-alter ego de la autora pendula en este tiempo sin tiempo —pero amasado con la materia del tiempo—, hasta dilucidar los enigmas que acechan. A la libre elucubración del lector potencial deja Duchy Man este poema visual, donde las imágenes son libres piezas de un puzzle, en el que engarzan de disímiles maneras.

A la dramaturgia de la sensación, de la atmósfera, también se confía exitosamente Nara Miranda con La ciudad y el pez, “historia” entretejida con los versos de Gastón Baquero, autor del poema homónimo. La nocturnidad de grueso trazo xilográfico; el abigarramiento habitacional que desafía perspectivas; la atemporalidad resultante del amontonamiento anárquico de estratos epocales, vivenciales y emotivos: tales son las conflictualidades que vibran como torrentes subterráneos bajo la aparente calma “escenográfica” de la obra.

Aunque válidas y atractivas en su búsqueda formal, narrativa, compositiva y anecdótica, obras como Ciudad oscura (Yasser Atala, guion; Arassay Hilario, dibujo), La criatura (Alejandro Abella) y Érase una vez en La Habana (Dina Elizabet Izquierdo, guion; Roldán Lauzán, dibujo) quedan a medio camino entre lo promisorio y la consolidación creativa, pero sólidos como síntomas de lo que subyace, y heraldos de lo que pudiera sobrevenir en el futuro inmediato.

Lo mismo pudiera definir al grueso del más balanceado Soñar La Habana…, donde descolla una singular obra de puro estilo naif —o incluso primitivista— como es Pollo por pescao, de Bárbara Coloma, que irrumpe cual versión muy cubana de la iraní Marjane Satrapi (Persépolis, Bordados), y esparce su grafía juguetonamente infantiloide sobre tres breves y coloridas páginas; suficientes para contener la minimal y fantástica historia. Lástima la opción de una tipografía de imprenta para plasmar el texto, elemento que tiende a quebrar la armónica atmósfera de noche y magia conseguida, en vez de haber confiado la autora en sus propias posibilidades rotuladoras.

Aunque apreciables son la ríspida humorada del Conde Barreto (María Esther Lemus) y la acre fábula de El gato —donde Dick Manresa dialoga conscientemente o no con el Tobblemory del relato de Saki—, la “muda” Posviviente (Giancarlos Pruna) es la otra joya de la corona en este caso. La llaneza anecdótica enfatiza la absurda quebradura de la “realidad” que supone el personaje protagónico, deambulante a sus anchas sobre los tendidos eléctricos de la ciudad. Anomalía esta que engarza en la diégesis como un elemento totalmente naturalizado. Lo que viene a delatar un cosmos ligeramente divergente y más terrible de lo que se muestra.

Si bien Duchy Man repite su presencia con El pueblo alado (guion de Yaima Castro), esta pieza, amén de su línea segura y garbosa, no emula con su precedente a escala de historia y relato. Sin embargo,Alexander Izquierdo supera su Super(Alex)man de Crónicas urbanas… para estructurar, precisamente de la mano de Duchy Man ahora como guionista, un cálido homenaje a la trova bohemia habanera de inicios del XX —y hasta un guiño mínimo y coherente al cine de rumberas— con Rosa de La Habana. Su versión extendida a más de cuarenta páginas, solo en francés, ya vio la luz en Bélgica (2016) bajo el sello Mosquito, suscribiéndose quizás a las filas de la novela gráfica.

OJALÁ LA HISTORIETA CUBANA…

Premio de Creación Ojalá: Las obras más promisorias (compilaciones del Laboratorio de Producción guiado por artistas belgas, el volumen de Premios Ojalá 2012 y una novela gráfica publicada por editorial madrileña), permanecen, lamentablemente, lejos de las librerías cubanas y el público nacional…La pequeña eclosión de concursos de historietas cubanas suscitada en el último lustro, como “Caimán a cuadros” (2010), auspiciado por El Caimán Barbudo, y “Cuadro a cuadro” (2011), convocado por el programa homónimo de TV y los Estudios de Animación del ICAIC, ha venido a urdir nuevos nichos promocionales para algunas de las creaciones contemporáneas más interesantes, además de esbozar una loable jerarquización.

La Beca de Creación Ojalá (2012), pensada por Silvio Rodríguez, ha arrojado el resultado más “lujoso”, con la edición (fechada en 2013, pero comercializado par de años después) de un exquisito volumen de tapa dura, páginas cromadas e impresión en cuatricromía, que lo sitúa a niveles editoriales internacionales, intitulado Premio de creación Ojalá 2012. Historietas. El “caché” industrial favorece el disfrute de la lectura de las dos obras recompensadas: El primer encuentro, de Osvaldo Pestana (Montos) —gran constante autoral en los tres concursos referidos—, y El viaje, de Luis Aguiar Palacios (Palacios).

La ciencia ficción y la adaptación de textos literarios de autores cubanos como F. Mond (El primer encuentro) y Miguel Collazo (El viaje) marcan la absoluta axialidad en el tomo, aunque bien alejado de didactismo y moralina, de reduccionismos infanto-juveniles y banalizaciones tendenciosas del concepto de lo nacional. Cardinales también resultan sus visualidades “realistas”, apegados estos autores al comic de aventuras occidental.

No renuncian, sobre todo Palacios, a la articulación —discreta— de mundos y contextos fantásticos, que tampoco dejan de obedecer a ciertas y muy nítidas pautas estéticas de esta zona creacional. Lo mismo para el ser extraterrestre que determina el clímax de El primer… En su sólida “corrección” formal, nunca llegan a arriesgarse en terrenos más complejos.

Sin embargo, en algunas de las siete obras finalistas de la beca —se incluye una página per cápita a manera de anexo— se advierten búsquedas formales y narrativas otras, de promisoria complejidad: Mi tío el empleado, de Alejandro y Leandro Rodríguez; Por primer vez, de Raynier Bermúdez; y sobre todo Rosas y espinas, de Arí Bayolo. Pero parecen no haberse concretado en resultados sólidos, apostando finalmente el jurado por las “seguras” y muy atractivas piezas de Montos y Palacios.

Una vez más, permanece prácticamente ausente la figura del guionista, rol asumido por el dibujante en arriesgada incursión en la plenitud autoral, que no siempre arroja buenos frutos. Aunque ambos creadores decidieron apelar a la literatura para poder asentarse en muelles hombros de gigantes.

Adaptación del cuento homónimo del satírico escritor cubano de sci-fi, F. Mond (Crónicas koradianas, Cecilia después o por qué la Tierra), la propuesta de Montos lanza intensos guiños estético-narrativos a la (editorialmente) inconclusa Yakro, de Orestes Suárez, publicada par de decenios atrás en la desaparecida revista trimestral Pablo. Ambas abordan el paleocontacto: la visita de civilizaciones extraterrestres humanoides muy desarrolladas a la Tierra prehistórica.

El primer… consiste en una secuencia relampagueante, de acción inniterrumpida y coronada por un inesperado golpe de efecto conclusivo. Destaca en ella el uso del silencio; el parco empleo de los diálogos consolida la hegemonía del ícono, de la imagen no verbal como recurso expresivo cuasi omnímodo. El encuadre, con preeminencia del primer plano, viene a servir de elemento significador de las acciones y los objetos. El intenso montaje aparece como dinámica herramienta narrativa. Las viñetas y sus estructuraciones, un tanto convencionales, agilizan la narrativa hasta ritmos vertiginosos mediante fugaces primeros planos y planos-detalle; mientras, para escenas climáticas o planos generales de altos rigores plásticos, se explaya en amplias composiciones a página completa, que pueden o no englobar viñetas menores.

No poco entusiasmo despertó en mí la valiente adaptación que Palacios propone de una de las —en mi opinión— grandes novelas cubanas y de las más olvidadas: El viaje, de Miguel Collazo (El libro fantástico de Oaj, Onoloria), casi perdida en la irregular colección Radar de los setenta y ochenta.

Contrario a la breve y sencilla historia de Montos, Palacios se lanza —repito— valientemente a revisitar, revalorizar y adaptar el críptico texto desde su contemporaneidad; y más aún, condensar la compleja trama, pletórica de personajes y sucesos, en apenas 26 páginas, rebosantes de horror vacui, exacerbado por la adición de un oscuro cromatismo.

Se apoya en una composición más convencional, casi siempre de viñetas pequeñas y bien delimitadas, con algunas excepciones que, en pos de la espectacularidad, dinamizan la historia. Opta por la figuración de corte épico-aventurero, cercana al universo howardiano del cimerio Conan y el atlante Kull.

La síntesis conduce en este caso a una simplificación de las dimensiones simbólicas de la novela, la desaparición de arcos dramatúrgicos completos, y una encriptación un tanto excesiva, en el intento por concentrar la mayor información posible en cada página; más la acelerada conclusión que, aunque coincidente con la escritura de Collazo, se desfasa con la trama planteada en la historieta. Quizás El viaje hubiera requerido una obra mucho más extensa, a pesar de lo agotador que es concebir una pieza como esta. Pero no deja de ser válido el intento premiado por “Ojalá”.

A COGER LUCHA CON ESTOS RELATOS DE LUCHA

A inicios de 2015, la casa madrileña Diábolo Ediciones presentó el título Bim Bom. Historias de lucha, que bajo la signatura escritural del guionista y realizador cubano Arturo Infante (Utopía, CDR 666, Flash Forward) y la autoría gráfica de Reinier Quer (Requer), fue, en la propia portada, promocionada como la “primera novela gráfica cubana”...A inicios de 2015, la casa madrileña Diábolo Ediciones presentó el título Bim Bom. Historias de lucha, que bajo la signatura escritural del guionista y realizador cubano Arturo Infante (Utopía, CDR 666, Flash Forward) y la autoría gráfica de Reinier Quer (Requer), fue, en la propia portada, promocionada como la “primera novela gráfica cubana”, a pesar de su casi simultaneidad con Rosa de La Habana, que bien pudiera engarzar en esta taxonomía.

De la mano del muy caro “realismo sucio” —Rosa… acusa igual grado de “exótica” marginalidad, aunque pretérita— que como contexto subraya historias de minimal intimismo y sueños rajados, y desde una orgánica vocación psicosocial, el dueto Infante-Requer aborda la nave con harto decoro argumental, visual y sobre todo narrativo.

A un continente y un océano de distancia de Cuba, encarna en buenos papel y tinta este tríptico con preámbulo, sobre prostitutos masculinos cubanos o “jineteros” gay juveniles; zona social de las más obliteradas, y aún hasta evitadas en la cartografía marginal, en el repaso de la otredad insular que desde sus respectivos códigos las artes cubanas acometen con gran frecuencia y diversas cotas de calidad.

El Bim Bom, cafetería encajada en el Vedado capitalino, deviene plataforma axial. Las hordas nocturnas de jineteros que allí se congregan, resultan las circunstancias. Las vidas, rutinas, venturas, desventuras y complejidades personales de Yasmani (encarnación del Fatalismo), Dariel (triste fábula sobre el Amor) y Tomasito (optimista episodio sobre la Amistad), protagonizan definitivamente el libro, con sus amores perros, sus ilusiones perdidas y sus amistades peligrosas.

Se deslinda Infante de la ironía y el sarcasmo abiertos que signan casi toda su obra fílmica, para desarrollar unas historias marcadas sobre todo por el respeto y el humanismo tranquilo. Aunque lo grotesco no deja de emerger por momentos entre las viñetas.

La sólida y profunda línea de Requer delata, mucho más de una vez, una cuerda expresionista que lo salva del realismo fotográfico excesivo, a la vez que resuelve a fuerza de buena composición plástica los riesgos que implican su marcado horror vacui. El blanco y negro primaron sobre la seducción del color, para urdir una obra de tintes sombríos, acorde la nocturnidad reinante.

Bim Bom… se expande por las páginas como un complejo storyboard de una película muy posible, dado el ritmo y el tiempo de verdadero montaje fílmico emanado de la fluidez minuciosa con que se desarrollan las subtramas interdependientes de esta obra coral.

La interrelación del cine y la historieta no es secreto para nadie, pero la novela gráfica de marras está insuflada por el aliento de un cineasta y sobre todo guionista probo. Bim Bom… ingresa así en los anales de la historieta cubana como un hito maduro y vivificador de un arte agotado y asediado en el mundo editorial.

¿FIN DEL PRINCIPIO?

Desafortunadamente, lejos de las librerías cubanas —y por ende del acceso mayoritario de los públicos— permanecen estos curiosos y lujosos títulos, que marcan jalones promisorios en la cartografía de la historieta cubana contemporánea. A la vez, quizás la visibilicen como nunca en el contexto comercial internacional, donde hace unos años ya campea Montos como dibujante de las editoriales estadounidenses Ape Entertaintment (Donarr), Graphic Illusions Comics (Intrepid) y Guardian Knight Comics (Gears and bones). Quizás los esperados éxitos en ultramar de Bim Bom… y Rosa… ayuden a ir desenredando la apretada madeja de subestimación, olvido y desmotivación que aherroja a la historieta cubana.

NOTAS:

1.- Peeters, Benoit (texto) y Schuiten, François (dibujo): Prólogo a Crónicas urbanas/Chroniques Urbaines. Maison Autrique, Bruselas, Bélgica, 2010. p. 7

2.- Ídem

3.- Ibídem

4.- Versión o variante gráfica de la animación homónima realizada por el propio autor en 2008.

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