Actualizado el 21 de agosto de 2010

La patria es el agua

Por: . 5|4|2010

Enero trajo un hermoso regalo a La Habana. Invitada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, llegó por primera vez a la Isla Liliana Herrero. Dicho así, no es raro que la mayoría no sepa a quién me estoy refiriendo. La radio y la televisión tienen otra vez la culpa de que apenas unos pocos sepan que se trata de una de las más relevantes cantoras de nuestra América. Llegó en una tarde noche de comienzos de enero. Hacía pocos días que Víctor Casaus nos había contado de su fecundísima labor, pero nos faltaba conocerla en persona. Lo logramos muy pocas horas después de su arribo. Era miércoles y del aeropuerto pidió ir directamente para el patio-bar de los Estudios Areito de la EGREM. Allí, con la presencia otros músicos argentinos y los trovadores de la casa, se celebraba la peña Trovando protagonizada por El Caimán, bajo la conducción de Fidel Díaz. Fue recibida con alegría y respeto, y hasta con un poco de solemnidad, que desapareció rápido, en cuando ella empezó a rociarnos con su recia dulzura. Se sintió tan a gusto, que al final terminó brindándonos un par de canciones a capella. Entonces surgió el propósito de hacer esta entrevista.

Soy de una provincia argentina que se llama Entre Ríos. Yo creo que quedé atrapada en ese “entre” y de allí no pude salir más. Quiero decir, quedé atrapada entre los dos grandes ríos que la abrazan, que son el Paraná y el Uruguay, y la innumerable cantidad de ríos, de arroyos, de lagunas que hay en la provincia. Hay más agua que tierra…, entonces un gran poeta entrerriano decía: “para nosotros (…), la patria es el agua”.

Cuando yo nací estaba dentro de la música, pues mi padre era un gran melómano… Era un científico pero escuchaba mucha música y vivía para escuchar música. Prefiero decir, que estoy yo y además la música, le quito el además y digo, yo nací con la música; la música está, no como algo más en mí, sino como algo que me es constitutivo.

Sí, estudié académicamente en mi pueblo, desde niña y hasta los 18 años, que me fui a Rosario. Después aprendí a leer y a escribir música, pero sé escribir poco y leer a primera vista. No fui a estudiar música a Rosario, sino que fui a estudiar Filosofía, a la Facultad de Filosofía y Letras y ahí me quedé. Eso fue a fines de los 60… Y ahí cambió el sentido de mi vida, fue maravilloso. Me gradué en el año 73 y entré a trabajar en una institución magnífica, que fue intervenida en el año 76 por la Marina y fuimos todos echados de ese trabajo y detenidos.

Canto desde finales de los 60… Canto intensamente. Mientras era estudiante de Filosofía, en la facultad yo también cantaba en cuanto grupo contestatario y libertario había en la música de Rosario. Esa experiencia fue muy interesante para mí. Participé en un grupo muy hermoso que se llamaba Canto Libre. Después vino un período muy oscuro, muy, muy oscuro, que va del 76 al 80, del cuál prefiero no hablar, pero no quiere decir que prefiera no recordar; creo que hay que recordarlo, necesariamente hay que recordarlo. Hay que tener memoria. Es un período del que yo prefiero no hablar, porque prefiero hablar de los hechos que han hecho de mi vida una apuesta a la vida y no los hechos que han hecho de mi vida una apuesta a la muerte. Del 76 al 80: fueron esos 4 años en que mi vida misma estuvo en un cono de sombra, digamos entre la muerte y la muerte. Después del 80, surge otro pequeño mundo, en ese pequeño mundo aparece un personaje para fundamental mí, que es Fito Páez.

Entre el 86 y el 87 sale el primer disco. Es Fito quién dice que yo debo cantar profesionalmente, cosa en la que de verdad no había pensado. La música siempre estuvo cerca de mí y la música, la música en serio, no depende de la profesionalidad, Por ello nunca pensé eso. Y es más, con la normalización democrática del país, yo había vuelto a la universidad; me restituyeron los cargos en la universidad en el año 84; y entonces, la verdad yo estaba trabajando en la universidad y nunca pensé en abandonar la música pero nunca pensé en cantar profesionalmente. A Fito fue el que se le ocurrió que yo debía grabar un disco.

A él lo conocí a principios de los 80. Él era muy joven y estaba haciendo sus primeras armas con la música en un sentido profesional. Puede parecer contradictorio que siendo mucho menor que yo, me convenciera de cantar profesionalmente y entrar a grabar discos. Fue algo muy interesante nuestro encuentro. El traía el ímpetu del rock and roll, y el deseo poderoso, furioso, de la transformación del mundo, y yo traía la historia que él no conocía.

Hay algo fundamental en Fito, es alguien profundamente curioso y alerta a lo que había pasado. De hecho, cuando vuelve la democracia nos vamos a veranear a una playa cercana de Buenos Aires que se llamaba Villa Hessel, y entonces caminábamos los dos por la arena; él me preguntaba insistente ¿cómo fue, cómo fue todo?, y yo le conté todo cómo fue, y cuando volvemos a la casa me acuesto a dormir, y al levantarme, él había terminado de escribir “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, donde dice “y uniré las puntas de un mismo lazo”. Es paradojal que él, 15 años más joven que yo, me haya obligado a grabar un disco y a cantar profesionalmente, pero comprendió que el encuentro de los dos unía las puntas de un mismo lazo.

Me han dicho que lo quieren mucho aquí; él también me lo ha contado muchas veces y todavía no me explico por qué no vine con él en los 80. No sé por qué no vine. María Santucho me decía ayer, casi enojada y con razón: demoraste mucho en venir a Cuba. Y es verdad, es verdad, debí haber venido en los 80. He estado en China, Japón, Bélgica, Noruega, España… pero muy poco en Latinoamérica. Lo que sucedió con Cuba, pensando en la frase de María —palabras que en verdad me quitaron el sueño, porque creo que ella tiene razón—, pensándolo bien, es que Fito no insistió demasiado en que yo viniera y yo no insistí lo suficiente en venir.

¿Qué por qué trenzo tradición con experimentación? Creo que todos los países tienen un patrimonio cultural, extraordinario, exquisito, que son perlas preciosas, y ese patrimonio hay que interrogarlo constantemente, porque no está en el pasado, sino que está en el futuro, esperándonos, para que nosotros conversemos con él. Creo que hay que abrir ese cofre y que cada uno haga con él lo que pueda, lo que su talento y su sensibilidad le permitan, que no hay nada del pasado que a mí me obligue a algo… Lo que me provoca el pasado es una tensión y un conflicto, a ver, ¿qué hago yo con eso? Con esos grandes autores, con esos grandes textos, eso es lo que me pregunto. Si yo logro conversar con esas grandes canciones, y logro encontrar en ellas una nueva voz, he producido un hecho absolutamente artístico y novedoso y revolucionario, porque lo que estaba reutilizado, lo que estaba transformado en pura rutina y aburrimiento, se presenta nuevamente con una nueva voz…, para mí eso es hacer una revolución.

No, no soy una compositora, soy una interprete, soy una cantora, como decía Mercedes Sosa, una creadora que no cree válida la repetición…, creo que tiene que haber interrogación e intervención. Eso es para mí un intérprete, aquel que logra estallar algo que nosotros creímos terminado y muerto, y en el hecho de hacerlo estallar, aparece una nueva voz o muchas voces. A veces se logra y a veces no. En once o doce discos que yo tengo, puedo decir que encontré algo novedoso en siete, ocho, tal vez diez temas.

¿Acabas de escuchar mi disco Isla del tesoro? Para mí es magnífico. Ese es mi último álbum en el cual la producción es compartida artísticamente con Fito. Todos los demás, que vinieron posteriormente, nunca los he editado sin que Fito los escuche primero y al revés. Él nunca edita algo sin que yo lo escuche primero.

Ahí hay temas de, por ejemplo, Atahualpa Yupanqui, con los cuales he trabajado. Le di vueltas a esa gran canción de Atahualpa Yupanqui, que se llama “Los ejes de mi carreta”; compuse una secuencia musical que se repite, que se repite, que insiste, que insiste, que insiste, hasta que se vuelve extraño el tema. Le voy quitando, sustrayendo textos, al sustraerle los textos el tema adquiere otro sentido, adquiere otra privacidad… ¿Por qué negarme ese derecho? Por supuesto que los tradicionalistas argentinos están espantados y no me quieren, y a mi me enorgullece… Yo no me subo al escenario para repetir, yo me subo al escenario para hacer una revolución, si no me voy para mi casa. De verdad, no me interesa la música como repetición, no me interesa la música que no piensa en sí misma como la complejidad que es, y no me interesa la música como un acto narcisista de pararse arriba de un escenario. Si yo me subo al escenario es para que en algún momento de las dos horas que puede durar un concierto, en algún momento, al menos en 10 minutos, se produzca una novedad, algo insólito, algo nunca oído, algo nunca esperado, para eso me subo a un escenario

¿El estado de la más reciente canción cubana? A mi me parece que la música no está enferma, que goza de buena salud, que a mí me pueda gustar más una propuesta que otra… Pero de lo poco que yo he escuchado, y he escuchado demasiado poco, tengo buena impresión. Eso sí, he estado leyendo…, he leído un libro llamado La luz, bróder, la luz. Me lo dieron ayer en el Centro Pablo, Está escrito por el periodista y Doctor en Ciencias Sobre Arte Joaquín Borges-Triana. Es muy interesante, muy útil para ver el panorama de los distintos momentos que ha tenido la canción o la trova cubana, como se hace llamar. Este autor la denomina Canción Cubana Contemporánea. El señala una enorme cantidad de nombres y los desconozco. Me avergüenza no saber nada de música cubana. *

Mira, me han hablado recientemente de María Teresa Vera, de su ímpetu, su energía, pero nunca la he escuchado. Realmente siento vergüenza porque no conozco la música cubana Él nombra ahí una cantidad enorme de personas que desconozco absolutamente, o sea, yo puedo hablar poco de la música cubana. A mí siempre me interesó mucho la música cubana más antigua, digamos, por ejemplo, Sindo Garay siempre me interesó; como me pasa también con Brasil a veces, es decir me interesa mucho Chico (Buarque), por supuesto, me parece un extraordinario músico; pero también me interesa mucho Cartola, que es un músico de los años 40, toda esa generación latinoamericana a mi me parece muy pesada, muy pesada, creo que hay que volver a ese manantial a cada rato, para salir fortalecidos
Han sido pocos e intensos los de esta primera visita mía. Además de ir varias veces a la peña de la revista El Caimán Barbudo y a varias veladas en el Centro Pablo, también pude hacer algunas visitas aquí en La Habana. Incluso fui a Santa Clara y a Trinidad, estuve con cantores de allí, con la gente en la calle. Conversé mucho con las personas. Me llevo, momentos así, de extraordinaria emoción, tengo que volver. Ya volveré.

Debimos haber hecho la entrevista con ron de por medio. Nadie nos dio nada (dice y se ríe maliciosa, con aire de cómplice de antaño).

* Muy poco después de concederme esta breve entrevista, Liliana se dirigió a un auditorio mayoritariamente integrado por trovadores nuestros y varios músicos compatriotas de ella. Fue una verdadera clase magistral sobre el deber creador, revolucionador del cantor. Para hacerse entender con más precisión, citó varios trozos de canciones. Una de ellas fue a partir de una interpretación de Bola de Nieve. Su manera certera de describir la expresión novedosa e irrepetible de este creador, revela que ella no es una desconocedora absoluta de la música cubana.

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