Actualizado el 21 de agosto de 2010

A propósito de la publicación en Cuba de los libros Seva y El corazón de Voltaire.*

Las extrañas ucronías de Luis López Nieves. O la verdadera “subversión”

Por: . 5|4|2010

El hecho de negar a la historia «la última palabra»
es siempre subversivo, como es siempre
subversivo luchar no ya contra el Destino sino
contra la idea misma de «destino».
Javier Muguerza, filósofo español.

¿QUÉ HUBIERA PASADO SI…?

“Es el terror lo indescriptible”, sentencia Allan Querdilion al comienzo de El cuerno de caza, novela de Sarban(1), y a continuación se narran los avatares de pesadilla del joven soldado inglés, quien luego de fugarse de un campo de concentración y perderse en la floresta, viene a dar a un universo paralelo en donde el Tercer Reich triunfador rebajó a los seres humanos hasta la condición de trofeos de caza y bestias de presa para que en los vastos bosques de la Europa entera, una casta suprema de arios puros gaste su ocio al estilo de las antiguas aristocracias.

La búsqueda imaginativa de respuestas al “qué habría sucedido si las huestes de Hitler se hubieran impuesto en la Segunda Guerra Mundial” ha inspirado otros libros, como el clásico El hombre en el castillo del norteamericano Philip K. Dick, y bestsellers recientes como Patria, del inglés Robert Harris y En presencia de mis enemigos, del norteamericano Harry Turtledove, y es uno de los temas favoritos entre los fabricantes de “Ucronías”, una vertiente literaria muy de moda por estos tiempos.

El término “Ucronía” es etimológicamente cercano al de “Utopía”. Compuesto aquel por las palabras griegas ou (no) y topo (lugar), para identificar un «lugar que no existe», cuando se sustituye por ou-crono para significar «tiempo que no existe», indica un “fuera del tiempo” que contesta al “¿Qué hubiera pasado si…?”: esa cuestión humana, de las más socorridas, que en el plano del devenir individual se ha planteado cada persona, en alguna ocasión, para intuir cuántas vidas posibles dejó de vivir.

Trasladada a la Historia general de la sociedad humana, la pregunta se inviste de atractivos adicionales, porque al volver la mirada hacia el ayer y modificar un evento pretérito, se advierte la imposibilidad de cambiar el pasado sin repensar la línea toda del tiempo y la necesidad de construir un continuum de sucesos distinto del reconocido, que alcance al presente, lo desvirtúe, y se proyecte también en los escenarios de probable futuridad. Curiosamente, este género de dudas invoca a la habilidad de conjugar dos instancias de la psiquis humana, la Memoria y la Imaginación, tantas veces consideradas de manera contrapuesta. Digámoslo así: es una cuestión que interpela tanto a la posibilidad de “historiar”, de reconstruir “lo que verdaderamente pasó”, como a la capacidad de “ficcionar”, de suponer incidentes que nunca ocurrieron en realidad. De ahí que para elucidar estas cuestiones, claro, no parezcan servir de mucho los profesionales de la Historia, embotellados en la objetividad del método científico y la labor de desenterrar y explicar las trazas de un pasado “verídico”; y sí, para tarea tal, resulten mejor preparados esos especialistas del desvarío y los inventos que son los escritores de ficción.

Y es que cualquier literatura, incluso la “realista”, presupone una serie de condicionamientos contrafactuales respecto al “mundo real” (un conjunto de desviaciones respecto a lo que acontece), puesto que su marco ideal de referencia atañe a personajes y hechos no existentes, o a alteraciones tolerables en el entorno de los sucesos y entes verdaderos.

Pero la situación es más propicia aún en el territorio de la literatura fantástica(2), donde cabe “el hecho de que el mundo posible es estructuralmente distinto del real”(3); y más si dentro de ella, existe una corriente o subgénero de la ciencia ficción que cobije estas “caprichosas” intervenciones en el orden de la temporalidad validada por la paciente y abnegada investigación histórica: la “Ucronía”, a veces llamada también “novela histórica alternativa o contrafactual”, cuyo rasgo esencial es el desenvolvimiento de sus tramas en un mundo edificado a la medida del giro que la creatividad del autor imprimió a algún acontecimiento remoto para que se desenvolviera de modo diferente a cómo hoy lo registramos.(4)

Así, hay ya “maestros ucrónicos”, como Turtledove, quien ha escrito novelas donde Napoleón impidió la Revolución Francesa (The Two Georges), los confederados del Sur ganaron la Guerra de Secesión y EE.UU quedó dividido (Línea temporal 191) o la Armada Invencible española hundió a los británicos (Britania Conquistada). A George Orwell se le conoce por 1984, en la que una ideología de Estado totalitario, represora de la libertad de pensamiento, se impuso en todas las regiones del planeta. En La danza del tiempo, Igor Baranko invierte la situación del Descubrimiento y Europa es hallada por los indoamericanos antes que Colón emprenda su aventura en el Nuevo Mundo; mientras que The Neanderthal Parallax, de Robert J. Sawyer, vuelca la Prehistoria y exhibe a los neandertales en la cima de los homínidos en perjuicio del homo sapiens.

De lo escrito en castellano, resalta la noveleta Fuego sobre San Juan(5) (1998) de los ibéricos Pedro A. García Bilbao y Javier Fernández Sánchez-Reyes, que opta por reivindicar el vilipendiado honor de la otrora pujante y católica corona, mediante una reescritura de la historia en donde una España valerosa fuerza el repliegue del embrionario imperialismo yanki y salvaguarda para sí a Cuba, Filipinas y Puerto Rico, sus tesoros de ultramar. Pero, ubicada en ese mismo contexto del Caribe y la Guerra Hispano-Norteamericana, 25 años antes, un escritor boricua había enviado al periódico Claridad un enigmático texto titulado Seva: Historia de la primera invasión norteamericana de la isla de Puerto Rico ocurrida en mayo de 1898.

Publicado en la edición del 23 de diciembre de 1983, sin aclaraciones sobre si tratábase de “ficción” o artículo periodístico, era una vuelta de revés a la Historia oficial que asentaba al 25 de julio como “Día D”, en que el arribo por Guánica de los marines yankis terminó con estos plantando su bandera en las astas de San Juan sin encontrar demasiada oposición de los insulares.

La “historia trocada” o “(tergi)versión”(6) del escritor Luis López Nieves hizo levantar estandartes, frenéticos y encontrados, en el seno de una población habitualmente tildada de “pacífica”. Y aunque las razones del revuelo mayúsculo sólo sean explicadas más adelante, por cuestiones de lógica expositiva urge pasar al desenlace de este evento real: La verdad revelada, o embuste, o cuento, se apoderó del imaginario popular y escapó del papel para “convertirse en una obra de teatro con todo Puerto Rico como escenario”.(7)

Entonces, lo que nació de lodazal confuso entre la realidad y ficción, el breve “relato” del periódico, creció con los aditamentos aportados por su repercusión en el terreno firme del día a día, hasta convertirse en toda una “novela”.

Aquello que en sus inicios no ostentaba, en rigor, la marca de “ucronía”, porque transformaba la visión del pasado pero dejaba intacta la estela de la nación hasta su momento presente, sí se convirtió en tal cuando en las paredes, como voz indócil, la gente empezó a grabar: “Seva vive”.

Para colmo, esta extraña “ucronía” no quedaba encerrada entre muros fantásticos o en los anaqueles reservados a la literatura de ciencia ficción. Atípica, su contrafactualidad transcurría por las calles del presente y el mundo real.

¿Y SI LOS BORICUAS PLANTARON CARA A LOS GRINGOS?

“¿Dónde está Víctor Cabañas?”, pregunta Francisco Serrano en email dirigido a L.L.N en 2006. El cineasta estaba absorto por entonces en la realización de un documental(8) basado en el hallazgo de unos esqueletos humanos en lo que lucía ser fosa común, desenterrada durante las labores de limpieza en el área hasta poco tiempo atrás ocupada por la Base norteamericana de Roosevelt Roads, en la localidad puertorriqueña de Ceiba. Lanzada como santo y seña, la pregunta buscaba revivir la polémica desatada en 1983; y el escritor se limitó a exclamar al final del contacto: “Seva vive“, como dándole alas al renacer de la leyenda.

Las cartas supuestamente enviadas por el historiador Cabañas a Luis López Nieves y la interrogante sobre su paradero eran el punto de partida de la trama aparecida en Claridad; la cual se apoyaba, además, en coplas populares, añejos mapas y fotografías, testimonios del “último sobreviviente” y hasta un “fragmento” del diario del mismísimo General Miles, comandante de la fuerza usurpadora, para afirmar que no fue un paseo la puja de las tropas norteamericanas en el asalto a la isla de Puerto Rico y que, en mayo de 1898 —no julio, como machacan los manuales de Historia—, hubo una primera intentona; la cual había sido repelida corajudamente por el pueblito de Seva; y la acción ofensiva desembocó en un bombardeo brutal y el exterminio de los habitantes, más el silenciamiento posterior de toda evidencia del crimen de los invasores.

Creyéndose muchos a pie juntillas la novedosa historia, inundaron de cartas y llamadas telefónicas al periódico; y hubo hasta quien exigió al gobernador de la estrellita incorporada a la bandera usamericana como “Estado Libre Asociado”, que pidiera cuentas a EE.UU. por el genocidio ante la ONU. Otros, sintiéndose ofendidos por el “bulo” o picados por “la broma”, imprecaron fuertemente al escritor y compulsaron a Claridad a excusarse Editorial mediante.

Reconocido ya públicamente el carácter de “cuento”, no obstante le costaba a la nación boricua el resignarse a perder una épica que había derribado de súbito la mansedumbre y el servilismo asignados por el incómodo “mito del puertorriqueño dócil” como rasgos autóctonos.

L. L. N, autor intelectual del desacato, explicó que echaba de menos una epopeya patria y no le había quedado más remedio que inventársela. Su “historia soñada” dotó a Puerto Rico de un grito de guerra: “Seva vive”, que patriotas anónimos clavaron a la entrada de Roosevelt Roads, el enclave militar que presuntamente tapaba las ruinas de la Seva masacrada. Sin importar que de “dóciles” pasaran a “crédulos”, la versión de un pasado glorioso se coló en el imaginario popular con ímpetu tal que es hoy “la verdadera verdad, una verdad trascendente, que va más allá de la verdad factual”.(9)

Y Seva, el cuento, ampliado con las añadiduras de la realidad se convirtió en Seva, un libro(10); al cual se le sigue defendiendo porque su “mentira” no es la del deshonesto, sino la del que interpreta un sueño y convierte en hecho tangible el anhelo escondido. Porque, tal vez, “la verdad es lo que un pueblo crea de sí mismo”.(11)

¿Y SI VOLTAIRE NO ERA VOLTAIRE?

Un aparatoso dispositivo de fuerzas especiales de la policía francesa rodea la Abadía de Aurillac, con la orden de forzar la entrada y pasar por encima de 54 frailes benedictinos si fuera necesario, para rescatar un cuerpo enterrado allí hace más de 200 años y que los religiosos se niegan a ceder. ¿Qué misterio encierra ese cadáver cómo para que los galos dejen caer de tal modo su fachada de gente civilizada?

Es 2003 y ocho meses antes, durante una recepción en la embajada de Francia en Brasil, el presidente del país sudamericano había sacado a relucir de forma imprevista una incógnita que dejó en ascuas a la representante diplomática de la nación europea: ¿Es cierto que el corazón guardado como reliquia en el Panteón de París no perteneció realmente a Voltaire?

Semejante herida al amor propio del país que iluminó todo un siglo, concernida nada menos que al más ilustre de los filósofos de su historia, tenía que provocar un cataclismo. Y así fue: Puesto a correr el experto genetista Roland de Luziers a través de varias naciones del mundo real y las avenidas globales de Internet, con mediaciones que involucran a altas dignidades de la política, la religión, las ciencias y la cultura de todo el planeta, se va desentrañando paso a paso un extraordinario secreto del pasado. La luz se hace, al cabo: ¡Voltaire, el profeta de la Revolución Francesa, no murió, como se creía, antes del magno acontecimiento, sino que llegó a verlo y sobrevivirlo! ¡Porque el Voltaire de los últimos años de su vida registrada no era Voltaire!

¿Lo anterior es patraña o realidad? Ni lo uno ni lo otro. Otra vez Luis López Nieves que se rige en El corazón de Voltaire(12) por la ley de la “tergiversación que consiste en sustituir gato por liebre en muchos niveles —personajes, reliquias, explicaciones— y en confundir y sorprender a cada vuelta del argumento”.(13) ¿Sólo “ficción” entonces?

La ironía “contrafactual” encubierta bajo artes de novela que el boricua publicó en 2005, y de inmediato la crítica consideró “género negro” por describir la metódica deducción de un enigma, poseía la novedad adicional de haberse estructurado completamente a base del cruce de correos electrónicos; siendo, por tanto, la primera novela de corte biográfico e histórico desenvuelta en el modo epistolar típico de la Era Digital. Para L.L.N, por sobre consideraciones literarias, el interés del experimento residía en retrotraer al presente a quien considera “el primer intelectual moderno”, aquel que “inventó la figura del intelectual comprometido que utiliza su fama, poder e influencia para provocar el cambio social”.(14)

Quizás con esta nueva (tergi)versión no llegara L.L.N a trastocar a los entendidos en Historia de Francia, pero sí gracias al sagrado corazón de Voltaire, el autor del cuento que estremeció el mundo local de Puerto Rico, adquirió relieve internacional con las múltiples ediciones de su novela en varias naciones y lenguas; y alcanzó por segunda vez, en 2006, el reconocimiento otorgado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña al Mejor Libro del Año.

¿El primero? En 2000, con otras meteduras de pie en el curso de la historia presentadas a la manera de relatos. Porque luego de Escribir para Rafa (1987), un conjunto de cuentos afiliados al género fantástico en su mayoría y con personajes provenientes de la cotidianidad puertorriqueña, L.L.N se apareció con La verdadera muerte de Juan Ponce de León(15), un muestrario de “historias trocadas” que ambientaba en el Caribe del siglo XVI. Recogió un arcaico rumor: que el Almirante no viajó a ciegas pues de peripecias anteriores sabía ya qué le esperaba del lado oculto de la Mar Océana, y lo dio por cierto; desempolvó un manuscrito (apócrifo) donde un indio esclavo del fundador de San Juan narraba su venganza contra el conquistador Ponce de León, al que se le ha creído muerto de fiebres y —¿en realidad?— fue asesinado. Hasta se atribuyó un antecesor temerario, Don Rodrigo de las Nieves, como héroe máximo en la gesta sanjuanera de impedir la entrada a Francis Drake, el Dragón corsario, en noviembre de 1595; entre otros tour de force al ayer convalidado por los documentos de rigor.

¿Será que L.L.N piensa que una mentira vale más que mil verdades? “¿Por qué el mentiroso soy yo? —seguramente litigará el escritor—. ¿Puedo confiar en la Historia que se nos da por verdadera cuando es la visión que interesa a los vencedores, a los poderosos que nos empujan a consumir, domesticados, sus épicas lindamente encuadernadas?”

IF THE HISTORY IS JUST A STORY?(16)

“Un día me di cuenta que se me hacía difícil diferenciar entre ellas. [historia y literatura] Comprendí que la historia realmente no existe, que es un sexto género literario que recrea los datos del pasado según los gustos y prejuicios de sus autores. A través de los siglos los historiadores han dicho que escriben historia ‘objetiva’, cuando realmente escriben ficción. Pues yo hago lo contrario y no engaño a nadie: admito que escribo historia desde la literatura. Y fíjate que mi obra es más ‘objetiva’ que la supuesta historia, porque cada generación reescribe la historia. Los libros de historia caducan. Pero la narrativa no se revisa ni se reescribe”(17), argumenta L.L.N.

A lo que un historiador de cátedra interpela: ”¿De qué nos sirve una historiografía mitológica? ¿Acaso una ficción ayuda a entender mejor el presente?”.(18) En cambio, otra autoridad replica: “¡Y qué importa lo que ocurrió de verdad o no ocurrió! ¿Cambiaría algo para el pueblo de Francia que se patentizara la locura de Juana de Arco; dejarían ellos de seguir creyéndose el mito fundante de su nación, el de una mujer elegida que escucha la voz de Dios? Los pueblos, los países son lo que creen, y un pueblo puede creer más en una obra literaria que en una pieza historiográfica”. (19)

De cara a esta disyuntiva, cabe preguntarse: ¿Tendría alguna repercusión en los creyentes el que se acabe de demostrar que el Santo Sudario, guardado en la Catedral de Turín, es una falsificación medieval?(20) ¿Después de tantas muertes de infieles y vidas de Santos, de Cruzadas en el nombre del Creador, guarda sentido aún la disputa interminable sobre la existencia de Dios? Cuestiones todas que nos empujan al meollo del asunto: ¿De qué hablamos cuándo hablamos de Historia? ¿Se trata sólo de las huellas materiales o es que merecen ser revalidadas la mentalidades de los hombres y los pueblos como indicios que también delatan la pista del tiempo?

Dejando la interrogante en alto y de vuelta a la vida literaria de L.L.N: Mediados de 2009, publica El silencio de Galileo(21), con la que persiste en la malla de correos electrónicos para armar una novela cuyo eje es una figura célebre. Le tocó el turno al científico italiano nacido en 1564, el que refrendó la herejía copernicana y extirpó a la Tierra del centro del Universo para echarla a rodar, obedientemente, alrededor del Sol. El mismo que, según dicen las lenguas, arrinconado entre la hoguera y la pared, tuvo el arresto todavía de aclarar: Eppur si muove. Hombre de gran iniciativa al que se le había negado, sin embargo, la invención del telescopio, regalándole el crédito a unos oscuros buscavidas alemanes y holandeses.

Pero el autor puertorriqueño observó con lente gruesa el Sidereus Nuncius (El mensajero de los astros), ese tratado de 1610 donde Galilei anuncia el descubrimiento de las lunas de Júpiter; y encontró cómo con un simple cambio de fechas se favorecía la tesis de que el genio toscano hubiera enmascarado la clave con que los astrónomos de la posteridad reconocerían la verdad y lo depositarían en el pedestal justo. Sí, fue Galileo el creador del telescopio. Más, las sempiternas penurias económicas del sabio, los juegos de guerra y el espionaje comercial entre las potencias de entonces, lo instigaron a esconderlo. Porque el telescopio, lectores maravillados, fue ¡el secreto militar más añorado del Renacimiento! Con un poco de imaginación y la lógica puesta en función de comprender la época, o tras un mero paseíto por el artículo de Galileo en Wikipedia(22), salta a la vista el por qué…

Y al parecer, el inspirado L.L.N no anda descaminado, puesto que un cable de la BBC, datado el 15 de octubre de 2009, anuncia que la Iglesia Católica quiere limpiar su falta, exponiendo en el museo de la Santa Sede los instrumentos de Galileo ¡en ocasión de cumplirse 400 años de que el astrónomo de Pisa inventara el telescopio!(23)

Ahora, sólo resta entender que L.L.N no es un fabulador irresponsable, de esos que titubean a la hora de si poner el cartelito de “ficción” a sus escritos, o mejor un ambiguo “basado en hechos reales” (verbigracia: Dan Brown), en plan de anticiparse a tirios y troyanos. Las obras del boricua son fruto de una esmerada documentación histórica; aunque maneje luego los datos con esa libertad que nadie podría arrebatarle a un novelista.

Empero, la iconoclasia vertical del autor de Seva no reside exclusivamente en que sus obras literarias sean “(tergi)versiones” de la historia oficial. Su literatura pone la diana más allá de las tremebundas “ucronías” convencionales, que desde la primera página sabemos el haber entrado al reino de una fantasía o de una realidad sólo potencial que, por fortuna o para desgracia, fue esquivada. La “subversión”, formidablemente lúcida, de la ficción de L.L.N radica en invitarnos a reflexionar que ¡todo pudo haber ocurrido de un modo completamente diferente a lo que se nos ha contado y, aún así, continuaríamos habitando la misma realidad que hoy vivimos! Dicho en términos gatopardescos:

“Toda la Historia pasada podría cambiarse, y el presente seguiría igual”.

Si lo pasado, pasó; y una reescritura del ayer no implica, necesariamente, una actualidad otra… ¿Qué nos queda?
Pues el futuro. Ese mañana cuyas migajas ya existen, dispersas en la imaginación y el deseo de los hombres y los pueblos; ese mañana cuyos atisbos pernoctan aún en el anhelo y el sueño. Porque, y digámoslo para despertar al melancólico Segismundo de La vida es sueño, también los sueños realidad son.

Octubre de 2009

* Dado que del contenido de estos libros se hablará en extenso y para no robarles su sabor y misterio, recomiendo su lectura antes incluso de conocerlos a merced de este ensayo.

NOTAS

1. Su título original es The sound of his horn, y fue publicada en 1960 bajo el seudónimo de Sarban por el escritor británico John W. Well. En Cuba se imprimió en 1981, por el sello de la Colección Dragón, Edit. Arte y Literatura.

2. Aquí el término “literatura fantástica” se toma como un campo más vasto, que incluye a la “ciencia-ficción” y sus distintas variantes, entre ellas la “Ucronía”.

3. Umberto Eco, “Los mundos de la ciencia-ficción”, Los desafíos de la ficción, Casa Editora Abril, La Habana, 2001, pág.1256

4. Para ampliar sobre la definición de “Ucronía” y otros conceptos cercanos:
http://es.wikipedia.org./wiki/Ucron%C3%ADa;
http://es.wikipedia.org./wiki/Historia_contrafactual;
http://es.wikipedia.org./wiki/Historia_alternativa

5. Mención en el Internacional de Novela Corta de Ciencia Ficción de la Universidad Politécnica de Cataluña, 1998. Publicada junto a las demás ganadoras en el volumen Premio UPC 1998, Ediciones B, Colección Nova, Barcelona, 1999, 421 páginas.

6. “Historia trocada” es como el propio L.L.N. suele referirse a los rejuegos con la Historia que emprende en sus obras. Estelle Irizarry, profesora emérita de la Universidad Georgetown de Washington DC, es autora del volumen El arte de la tergiversación en Luis López Nieves (Editorial Terranova, Puerto Rico, 2006) donde descifra las técnicas narrativas del autor boricua, y propone la fórmula “(tergi)versión” apoyándose en la raíz latina de la palabra “tergiversar” (tergum -espalda- + versage -volterar-; o sea: “la realidad se vira de espaldas”).

7. Según el testimonio de Estelle Irizarry para el documental Seva vive (Dirección: Francisco Serrano. Producción: Cine con Eñe. Nacionalidad: Puerto Rico. Año: 2008).

8.Ver Nota anterior.

9.Al decir de Carlos Pabón, profesor de Historia en la Universidad de Puerto Rico (entrevista: ver Nota 7).

10.Una versión del libro Seva se publicó en Cuba por Colección La Honda, Casa de las Américas, 2007. Para este ensayo se revisó la edición de la Colección Cara y Cruz, Grupo Editorial Norma, Colombia, 2006.

11.Así lo plasma Juan Manuel García Passalacqua, abogado, analista político y novelista de Puerto Rico en una entrevista (Ver Nota 7).

12. Recientemente publicada en Cuba por la Casa Editora Abril. Para este ensayo el autor consultó la 5ta. Edición de La otra orilla, Grupo Editorial Norma, Bogotá, Colombia, 2007.

13. Estelle Irizarry (pág. 105 del libro citado en Nota 6). Curiosamente, la experta que se ha especializado en el uso de herramientas informáticas para el análisis de textos literarios, ahora está siendo noticia con una declaración que luce extraída de una novela de L.L.N. En su libro inédito The DNA of the writings of Columbus (El ADN de los escritos de Colón), afirma que “la lengua materna del navegante Cristóbal Colón era el catalán y que el descubridor del Nuevo Mundo era de origen aragonés y no genovés, como defiende la hipótesis comúnmente aceptada” (“Un estudio muestra que el catalán era la lengua materna de Colón”, El País, España, 15-10-2009)

14. L.L.N en la entrevista concedida por email a Rafael Grillo (“El corazón de López Nieves o el revés de la historia”, El Caimán Barbudo, Edic. 340, may-jun 2007, pág. 10-12).

15. L.L.N, La verdadera muerte de Juan Ponce de León, Editorial Cordillera, Puerto Rico, 2000.

16. Traducción literal: “¿Y si la Historia es sólo un cuento?”. Pensada como un juego de palabras en inglés, la frase adquiere variadas connotaciones. Pues “history” es la Historia como disciplina académica que estudia los sucesos del pasado, y además todo relato o discurso sobre eventos del ayer que se diga elaborado a partir de fuentes fidedignas; mientras que “story” es el modo con que se nombra al “cuento” como forma literaria (la pieza breve de ficción), pero se aplica también a cualquier narración o recuento de hechos, de origen real o ficticio, que una persona ofrece a otra.

17. Ver Nota 14.

18. Fernando Picó, entrevistado por: ver Nota 7.

19. Juan Manuel García Passalacqua, entrevistado por: ver Nota 7.

20. “Otro desafío científico al Santo Sudario”, BBC Mundo, 9-10-2009.
(http://www.bbc.co.uk/mundo/cultura_sociedad/2009/10/091006_ santo_sudario_np.shtml)

21. Luis López Nieves, El silencio de Galileo, Ediciones Mosaico, Grupo Editorial Norma, España, 2009).

22. http://es.wikipedia.org/wiki/Galileo_Galilei

23. “Galileo visita el Vaticano”, BBC Mundo, 15-10-2009.
(http://www.bbc.co.uk/mundo/cultura_sociedad/2009/10/091015_galileo_vaticano_rg.shtml)

El corazón de López Nieves o el revés de la historia
Entrevista concedida por email a Rafael Grillo y publicada originalmente en El Caimán Barbudo No. 340 (mayo-junio, 2007)

La última noche de Rodrigo de las Nieves
Cuento de Luis López Nieves

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