Actualizado el 27 de abril de 2011

El dragón de finos bigotes vuelve a convocarse

Por: | Fotos: . 28|10|2010

Museo Lezama LimaEn la tarde del viernes 22 de octubre “el dragón de finos bigotes” volvió a convocarse, justo cuando los amigos, fieles y admiradores, llegaron hasta su casa de Trocadero No. 162, bajos, para asistir a la reapertura del sitio que alberga muchos de sus misterios y tesoros, y el perenne fuego de su sabia danzando de libro en libro, o desde el humo del habano hasta la impaciencia de sus últimos días.

La casa, a pesar de los años y de la inclemencia del tiempo, seguía siendo la misma, ahora con renovados aires. El espíritu mantenido de su memoria se trasparentaba en la pintura de sus paredes e interiores, para dejarse descubrir casi treinta y cinco años después. Aún está allí el cenicero de fino cristal de Murano, y aunque ya no baila en su mesa, al centro de la sala, con sus antiguos colores, irradia otras luces desde la altura de una repisa. Allí permanecen los cuadros de Mariano, las piezas de Saura y de Lozano, que trasmutan su lugar para ambientar los espacios ya conocidos y revisitados, donde el poeta convivió con todos sus libros y fantasmas.

A las 4 de la tarde nos encontrábamos afuera, mirando con cierto idilio y complicidad la puerta principal, como si aún observáramos su silueta trasladarse hacia la ventana —ahora clausurada con el imponente y herrumbroso candado en su reja—, que permanecía allí como misterio indetenible del tiempo, ya que el día antes de su muerte hubo de romperse para conducir tristemente al poeta hasta la no deseada morada, donde ya se encontraba atracada la nao de Proserpina.

Pablo Armando Fernández, el poeta y amigo cercano del autor de Paradiso, evocó el día en que lo conoció, dando inicio a una entrañable amistad que aún conserva indefinidamente. Y justo cuando en sus anécdotas aparecieron los nombres de algunos origenistas y citaba al inmenso y querido Cintio, se hizo presente ante la vista de todos una mujer que siempre sería convocada, aún cuando físicamente no pudiera acompañarnos; allí entre nosotros estuvo, más lúcida y más bella, Fina García Marruz, leyenda viva de los días de Orígenes y casi un familiar en la vida de Lezama.

Fina García Marruz recordó al poeta de Trocadero con la misma ternura de cuando lo conoció, fue paciente y a la vez intrépida en la lectura de sus palabras ante los asistentes a la reinauguración de esta Casa Museo, donde entre otros se encontraba también sus amigos Cesar López, Reinaldo González y su médico José Luis Moreno del Toro, quien horas antes de la cita compartió con los trabajadores de la institución sus recuerdos y anécdotas de sus días allí, desde la muerte de Rosa Lima, madre del poeta, en 1964; para instalarse indefinidamente junto a esa familia y esa casa hasta agosto de 1976, cuando la vida colocó sus trampas para que “el dragón de finos bigotes” realizara su último salto, el salto mortal a la mansión de Hades, que más bien fue un salto inverso de la muerte a la vida, visto en un día como el de esta tarde de viernes, cuando se robustece su presencia en la nueva generación, en los que no lo conocieron pero ahora lo llevan en sus lecturas, en la búsqueda de su pensamiento martiano, y en la profunda cubanía que le caracterizó.

Así, entre remembranzas y canciones del trovador Gerardo Alfonso, rodeado de amigos en el atardecer ya fresco de octubre, con el “vientecillo que viene de Cojímar”, transcurrió la reinauguración.

Como “fiesta innombrable”, Lezama vuelve un día como hoy a convocarse inseparablemente desde sus símbolos, y como expresara en su ensayo Imagen y posibilidad, “la imagen es la causa secreta de la historia”,de su imponente historia, que siempre vivirá en la memoria de la literatura universal.

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