Actualizado el 13 de junio de 2011

La primera estatua de José Martí

Por: . 26|1|2011

La primera estatua erigida en Cuba a José Martí fue levantada en el Parque Central de La Habana, frente al actual Hotel Inglaterra, el 24 de febrero de 1905, ocupando el espacio de una similar de la reina Isabel II retirada de su pedestal en 1899. Es el único lugar en Cuba donde se yerguen veintiocho palmas reales en alusión al día del natalicio del Apóstol, en enero de 1853.

La obra fue construida en mármol de Carrara por el destacado escultor cienfueguero José Villalta Saavedra y develada en febrero de 1905 en un acto que presidió el Generalísimo del Ejército Libertador, Máximo Gómez. El escultor empeñó sus ahorros y pertenencias para completar el precio estipulado para la ejecución del Monumento. Ya entonces los habaneros comenzaban a llamar Parque Central a la antigua Plaza de Isabel II, tal vez por imitación a su similar de Nueva York, y entre las curiosidades que distinguen a este lugar están las ocho tumbas simbólicas en forma de canteros o jardineras, con las cuales se rinde tributo a los estudiantes de Medicina injustamente fusilados por los colonialistas españoles, el 27 de noviembre de 1771.

A cuarenta y cuatro años de la construcción y a nueve de la exposición Trescientos años de Arte en Cuba celebrada en la Universidad de La Habana —en la que se exhibieron dos obras de Villalta y Saavedra— en medio de la podredumbre política que sufría el país, los pronósticos auguraban que la noche del 11 de marzo de 1949 no iba a ser de modo alguno apacible. Pero los augurios erraron en señalar con exactitud el lugar del conflicto.

Se celebraban unas reñidas elecciones estudiantiles en el Instituto No. 1 (que después de la Revolución fue el Instituto Preuniversitario José Martí) y la policía, previendo posibles disturbios, había concentrado en la calle Zulueta varias perseguidoras.

Entretanto, en el Parque Central, a pocos metros de allí, todo parecía acontecer en la normalidad. Pero esa noche, miembros de las dotaciones de los barreminas Rodman, Hobson y Jeffers; el portaaviones Palau y el remolcador Papago, pertenecientes a la Marina de los Estados Unidos, surtos en el puerto de La Habana, habían bajado a tierra, protagonizando una detestable afrenta a la gloriosa imagen del Apóstol de la independencia cubana en clara muestra de irrespeto y prepotencia.

Como era costumbre, los tripulantes de estas unidades se lanzaron a las calles capitalinas e inundaron los bares, garitos y prostíbulos que proliferaban por doquier. Luego de escenificar una escandalosa juerga a todo lo largo del Paseo del Prado, tres tripulantes del Rodman, el sargento Herbert Dave White y los marineros George Jacob Wagner y Richard Choingsby, en estado de total embriaguez y a todas luces drogados, se aproximaron a la estatua del Maestro y, entre gritos y burlas, treparon al monumento. De ellos, solo Choingsby, logró encaramarse en los hombros de la efigie de Martí, utilizándola como urinario público. Sus dos compañeros, al verlo en la cima, lo ovacionaron como a un héroe, acción que generó una enorme indignación a lo largo y ancho de todo el país y una enérgica respuesta de estudiantes y trabajadores habaneros.

Los policías —signo de la época— se mantuvieron al margen hasta el momento en que los estudiantes del cercano Instituto de Segunda Enseñanza, el ya mencionado No. 1, comenzaron a lanzar piedras y botellas. Varios transeúntes habituales de la zona y consumidores ocasionales de las cafeterías cercanas, se arremolinaron indignados en torno a los marinos. Se entabló una discusión bilingüe que nadie pudo traducir, bajo una lluvia de certeras pedradas. Los airados cubanos obligaron al profanador a descender de la estatua y solo la llegada oportuna de las perseguidoras lo salvó de la ira popular.

La misma noche del incidente fueron conducidos los transgresores a la Primera Estación de Policía, permaneciendo allí justo el tiempo que invirtió en llegar el capitán Thomas Francis Cullens, agregado naval de los Estados Unidos en Cuba. Los insolentes sujetos fueron aprehendidos, pero solo —como fue aclarado apresuradamente por los jefes policiales— “para protegerlos de la ira popular“. Los únicos golpes propinados ese día por los agentes del orden fueron recibidos por los estudiantes.

Aunque el gobierno de turno intentó minimizar la trascendencia de la profanación perpetrada por los uniformados estadounidenses, y a pesar de los esfuerzos oficiales por ocultarlo, el incidente no pasó inadvertido. A la mañana siguiente el periódico Alerta publicó en primera página, en su edición vespertina y con amplio destaque, las instantáneas del momento tomadas por el fotógrafo Francisco Chaviano, reproducidas luego por el periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular, en diversas tiradas. El domingo 13 de marzo, el matutino Diario de la Marina, al comentar “el noble desagravio del embajador míster Butler a José Martí y a Cuba”, propuso “cerrar el incidente”, coincidiendo con el vespertino Prensa Libre que lo daba ya “como liquidado” y para colmo, a Eduardo Chibás y a Salvador García Agüero, quienes iban a referirse a esos sucesos en sus horas radiales, la CMQ les canceló sus espacios ese domingo, bajo la excusa de que la programación de ese día “estaba dedicada íntegramente a conmemorar el aniversario de la emisora”.

A la par de la circulación del periódico, jóvenes de la Universidad y del Instituto de La Habana, y pueblo en general, se concentraron para protestar frente a la embajada de Washington. A la cabeza de la manifestación iba el joven Fidel Castro Ruz, con varios dirigentes de la Federación Estudiantil Universitaria. En el momento en que el embajador estadounidense Míster Robert Butler salía al balcón rodeado por su escolta en su sede diplomática para dirigirse a la multitud, apareció en la Plaza de Armas un contingente policial comandado por el tristemente célebre coronel José M. Caramés, y al que pertenecía el teniente Salas Cañizares, ordenando a los policías dar fustazos con el “bicho de buey” a la multitud, y la escena del día anterior se repitió. A la Casa de Socorros de Corrales fueron a parar una veintena de muchachos. Todo se resolvió con tímidas disculpas del diplomático yanqui, la retirada del pase y una reprimenda a los ocurrentes marineros con una benévola pena de quince días de confinamiento en el buque del marine culpable. No existe constancia documental de que hayan sido enjuiciados y sancionados por tan grave vejamen al país. Para concluir, en una bochornosa votación del Senado de la República de Cuba se rechazó por veintinueve votos contra uno una moción de protesta por el incidente.

Cuatro años después, el 28 de enero de 1953, con motivo del primer centenario del Apóstol, la Universidad de La Habana organizó una manifestación a la que se unió el pueblo capitalino, la cual llevaba ofrendas florales a Martí, representado en la estatua del Parque Central. Entre ese grupo masivo de personas desfiló un grupo de jóvenes —alrededor de mil doscientos— perfectamente cohesionados en un bloque que llamó la atención a las personas que cubrían las aceras. Dichos jóvenes habían sido convocados por el doctor Fidel Castro, jefe del movimiento revolucionario que asaltaría el cuartel Moncada siete meses después. Ellos integraban las diferentes células clandestinas organizadas con ese fin, teniendo como propósito de carácter ideológico no dejar morir a Martí en el año de su centenario y reivindicar su memoria.

En el pasado año 2010 se cumplió el Aniversario 105 de la inauguración oficial de la estatua de José Martí en el Parque Central, de la cual el fotógrafo cubano Liborio Noval dejaría la impronta, en la imagen tomada por su cámara: la del Apóstol sosteniendo en su dedo inquisitivo una avecilla, ¿Llevará en sus alas el recuerdo del fotógrafo Chaviano, autor de la primera instantánea de aquella profanación, y la sangre de los días de la República herida? Sucesos como aquel no se repetirán jamás mientras se mantenga vivo el fervor revolucionario del hombre nuevo.

FUENTES CONSULTADAS

1. Revista Bohemia, 20 de marzo de 1949. Sección “En Cuba”. Enrique de la Osa,

2. Periódico Granma, 10 de marzo de 1979. Julio García Luis, “Afrenta de marines a José Martí y la protesta que anunció futuras batallas”.

3. Informaciones aparecidas en los periódicos Alerta, Prensa Libre y Diario de la Marina entre el 12 y el 13 de marzo de 1949, y en los diarios Pueblo y Hoy, entre el 12 y el 18 de marzo de 1949.

4. Diccionario de artistas plásticos de Cuba, Antonio Rodríguez Morey

Categoría: Artículos | Tags: | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados