Actualizado el 7 de junio de 2011

Los libros de Martí

Por: . 26|1|2011

Un total de veintisiete libros restaurados pertenecientes a la biblioteca personal del Apóstol en Nueva York conforman la muestra Mi vicio y mi lujo que se expone en el Memorial José Martí como homenaje al 158 Aniversario del natalicio del Maestro.

De acuerdo con los especialistas de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, encargados de la restauración, los textos fueron confiados por Martí a su amigo Gonzalo de Quesada, en carta fechada el 1ro de abril de 1895, desde Montecristi, bajo el compromiso de venderlos y recaudar fondos para la Guerra Necesaria, excepto los relacionados con temas de América.

“Quesada le entregó los ejemplares a María Mantilla, quien los conservó durante veinticinco años. Con posterioridad, en 1920, fueron adquiridos por el doctor en Derecho Julio Villoldo, el cual los entregó a Emilio Roig, historiador de la ciudad”, aseguró la licenciada Raysa Ruiz de la Oficina de Asuntos Históricos.

“En 1968, continuó la especialista, se cedieron a la Sala Martí de la Biblioteca Nacional y en el año 1976 se declaran Patrimonio del Estado cubano bajo el cuidado de la Oficina de Historia, donde se han mantenido por más de treinta y cinco años”.

Los textos incluyen temáticas de poesía, literatura, historia, política, música y se destacan por la época de edición de los mismos, un momento marcado por las profundas transformaciones de la transición entre los impresos artesanales y los mecánicos del siglo XIX.

Entre las obras más relevantes se encuentran La Historia de la Revolución Francesa, Historia de México, Artículos escogidos de Emiro Kastos, tres tomos de Historia de San Martín, fechados en 1888, las Cartas Físico-Matemáticas de Teodosio Eugenio de 1827 y Erotika Biblión de 1867.

“Obra de significado especial resulta Lalla Brookh de Tomás Moro, cuya primera edición data de 1817; un poema narrativo ambientado en una isla exótica, de cuyo libro se cree que Martí ideó el personaje de Abdala”, aseveró el restaurador Alberto Hernández.

Asimismo constituye material de extraordinario valor documental un deletreador que ayudaba al Héroe Nacional a realizar una traducción rápida de frases en inglés. Además, según los expertos, Martí lo llevó los últimos tres años de su vida en el bolsillo, donde tenía apuntado también los seudónimos de muchos patriotas de la guerra.

“Los escritos poseen un elevado valor intrínseco y son considerados como objetos curiosos, preciosos, raros y antiguos por su calidad artística, la diversidad de idiomas y las materias poco tratadas”, afirmó la licenciada Teresa Zayas del Instituto de Historia de Cuba.

Igualmente resultan interesantes los once libros con apuntes y anotaciones realizados por el Maestro con su puño y letra, así como las seis dedicatorias realizadas por los propios autores a Martí, cuatro de éste a sus amigos, además de uno autografiado por el editor de una de las obras.

“Nuestro objetivo fundamental fue mantener la integridad física de los materiales para no variar su significado, además el proceso se trató de ejecutar con la mínima intervención para conservar, en lo posible, la mayor parte del original, un principio ético básico en la restauración”, subrayó Teresa Zayas.

Por su parte el profesor Jorge Lozano Ross, asesor de la Oficina del Programa Martiano expresó: “al decir de Martí, como sagrado queda un objeto que tocó un héroe; rescatar estos documentos únicos es una obra que solo es posible gracias al amor depositado en tan hermosa tarea.”

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