Actualizado el 8 de julio de 2011

Wikileaks

Una filtración en El Caimán Barbudo

Por: . 21|3|2011

La redacción de El Caimán es siempre un hervidero, no porque en ella se reúna mucha gente (tampoco el espacio lo permitiría) sino porque siempre que en el local haya al menos dos de los miembros del equipo, la conversación fluye fácilmente, ya sea para intercambiar sobre lo humano o lo divino. Los diálogos a veces suelen convertirse en verdaderos escándalos, pues cubanos y cubanas de mucha sangre en las venas (rasgo que por suerte o por desgracia forma parte de la identidad cubiche), ni siquiera entre nosotros, que somos como una familia, se puede discutir sin que la pasión en más de una oportunidad nos ciegue.

Claro que hay temas acerca de los cuales se polemiza sin que los ánimos se alteren y miembros del colectivo que, en comparación con otros, tienen una mayor propensión hacia la tolerancia y el respeto por la opinión ajena, verdadera asignatura pendiente entre los nacidos en esta tierra.

Uno de los asuntos que en semanas recientes ha estado en el candelero y que, por supuesto, se ha debatido entre los caimaneros es el caso Wikileaks, y en particular la figura de Julian Assange, valorado por unos como un visionario y apreciado por otros como un payaso.

Por esas cosas de la vida y que José Lezama Lima definiese como el azar concurrente, ya al cierre de la presente edición hubo que levantar de la paginación un trabajo a última hora, pues su autor solicitó que el mismo se retirase y nos vimos entonces ante la disyuntiva de qué colocar para llenar el hueco dejado. La solución vino que ni traída del cielo, en forma de indagación por parte de nuestra secretaria Daya, quien hacía limpieza de material desechable en una de las computadoras de la redacción, y al encontrar un fichero mp3 titulado “Conversación sobre Wikileaks”, preguntó a los presentes qué era aquello y si lo podía borrar. Como que ninguno de nosotros sabía acerca de qué se trataba, optamos por reproducirlo y así descubrimos una amena conversa entre el Joaco y el Rafa Grillo a propósito de Wikileaks y Julian Assange.

Ante la realidad de que nos escudriñábamos los sesos pensando en qué incluir en las páginas que permanecían en blanco, alguien propuso la transcripción del aludido diálogo, ya que si bien se pudiese pensar que este es un asunto de tecnología y en nada relacionado con las artes y la literatura, ello es solo en apariencias porque como fuese sobradamente explicado por Walter Benjamin en su célebre ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, a estas alturas del presente siglo XXI está claro para todos que las innovaciones tecnológicas transforman las culturas. Así pues, gracias a que una mano desconocida se tomó el trabajo de grabarnos y dejarnos por una u otra razón el fichero en una de nuestras computadoras, asumimos la sugerencia de filtrar públicamente uno de los muchos diálogos que se producen en El Caimán Barbudo y aquí va el resultado de la transcripción.

J: Al margen de todo lo que pueda discutirse, para mí está claro que Wikileaks es la reacción a los enormes fallos y carencias de la prensa en la actualidad, y en particular de los grandes medios, que en sentido general y por muy diversas causas han abandonado el ejercicio del periodismo investigativo. Es cierto que se puede estar de acuerdo o no con la estrategia diseñada por Julian Assange y con el hecho de revelar el contenido de muchas de las filtraciones dadas a conocer por Wikileaks…; eso es una cosa, pero para mí, el gran mérito de todo esto es que se ha vuelto a las raíces de lo que en un momento determinado fue el periodismo y hay quienes pensamos que debería seguir siendo; es decir, el desempeño de ese rol de guardián de la sociedad y no tanto de protector de una instancia específica del poder y que esconde la realidad del enorme grado con que las clases políticas en no pocas ocasiones engañan a sus ciudadanos.

R: ¿Volver a las raíces, Joaco, a cuáles raíces? En mi opinión, la idea de la prensa como un “cuarto poder”, por fuera de los verdaderos y existentes, ha sido siempre uno de esos mitos, de esas utopías del “deber ser” que enmascaran a la “verdad verdadera”. Más imaginación y buena voluntad que realidad; más un imperativo de la ética encarnado en un sueño que alojado en el suelo efectivo de nuestro tiempo; más rollo virgen de celuloide que película reproducida en todo el mundo… Aún esa voluntad de escudriñar en lo oculto que dio pie a la tradición del “periodismo investigativo”, ha sido propulsada por determinados grupos e intereses de poder, porque ningún medio tradicional está aislado o por fuera de una conexión con el entramado económico-político. Eso es lo que hace realmente interesante un fenómeno como Wikileaks; me refiero al hecho de que, hasta tanto no se demuestre lo contrario, puede considerársele como una opción de “ecología social”, como la encarnación de un propósito deontológico del ciudadano, del deseo sobre lo que el periodismo debería ser: una posibilidad de acceso a información sensible, que determina las vidas de las personas, y que no está infiltrada y manipulada por esos intereses que le son ajenos y solo favorecen a las élites. Creo yo que el periodismo investigativo al que tú aspiras, solo es posible justamente desde esos medios, llamémosle alternativos, y desde esas personas desvinculadas de la gran malla del poder.

J: Compadre, yo te hablo de las que para mí son las raíces del periodismo, es decir, informar, opinar, describir, narrar, pero primero que todo informar. Tú no puedes pensar en desarrollar ninguno de los múltiples géneros que hay en el periodismo, sin pasar por el hecho de que hay que estar informado, para luego cumplir con la obligación de informar. Para mí, en mucho del periodismo contemporáneo eso se ha obviado, y por ello es que te digo que cuando Wikileaks aporta ese bagaje enorme de información que ha puesto en circulación, con ello se está volviendo a las raíces de la profesión.

Algo distinto es admitir que hoy los medios de comunicación no son los únicos que acceden a la noticia, como lo ha demostrado Wikileaks, y que históricamente la prensa ha estado ligada a lógicas específicas de poder y, a tono con ello, en equis momento abandonaron la transparencia en no pocos casos. Hoy han aparecido nuevos actores que asumen la tarea dejada de cumplir por los medios de comunicación y a partir de la irrupción de Internet y las nuevas tecnologías, ya nadie posee el monopolio sobre la información.

Es obvio que lo del “cuarto poder” es una quimera o un espejismo; para mí eso está más que claro bróder, y que la prensa no debe proyectarse nunca desde un hipotético estrado de juez. Pero eso es un asunto y otro bien distinto, por lo menos a mi criterio, es que sí debe analizar con profundidad los mismos problemas a que el ciudadano de a pie se enfrenta. No olvides que la información es un deber del periodista y un derecho del ciudadano, que en un mundo tan complejo como el de hoy requiere conocer el terreno que pisa.

R: Pero Joaco, ¿es el caso Wikileaks periodismo? Evidentemente no, si tomamos por periodismo aquello que sostiene su concepto tradicional, donde el hecho puro, el evento, es tasado, puesto en contexto, interpretado, narrado, y regurgitado en “noticia”. Wikileaks no es un centro comercial donde se venden noticias; es la Feria, la Exposición Universal, donde se muestran los puros hechos, el acontecimiento craso, y sin que medie acto de compraventa.

J: Mi herma, no estoy tan seguro de eso que afirmas. Para mí, Wikileaks sí es una forma de periodismo, sobre todo si pensamos en esa raíz a la que yo me aferro con los dientes y con las uñas, o sea, la información, que ciertamente es un arma de doble filo, porque pone ante nuestros ojos tanto las zonas claras como las partes más oscuras de la realidad, algo que se ha evidenciado con el accionar de Julian Assange y su gente. Si usted informa, y eso lo ha hecho Wikileaks mejor que nadie en mucho tiempo, está haciendo periodismo. ¿O es que para ti esas filtraciones no son noticias? Para mí reúnen todos los requisitos para serlo, además con un grado de importancia del que solo aparentan dudar los interesados en ocultar los daños que semejantes informaciones han causado en las democracias de occidente.

Y es más: el propio Assange ha nombrado lo que él hace como “periodismo científico”, y que sería aquel periodismo que trabaja con otros medios para llevar las noticias a la gente y para probar que dichas informaciones son verdad. Según esta concepción, el periodismo científico permite leer una noticia y a continuación hacer clic en línea para ver el documento original en que se basa esa información, con lo que el que accede a la misma puede formularse un juicio propio en torno a la autenticidad de lo informado y al desempeño del periodista.

Por otra parte, yo no metería las manos en la candela en cuanto a que en el proceso de las filtraciones entregadas a los cinco grandes periódicos (The Guardian, The New York Times, Le Monde, Der Spiegel y El País), quienes las han divulgado y amplificado, no haya habido acto de compraventa, aunque se repita hasta el cansancio que no hubo petición de contraprestación económica por parte de Assange y que, de haberse producido, los periódicos no la habrían aceptado.

R: Volviendo sobre lo que dijiste, en lo que sí estoy 100 % de acuerdo contigo, es en que debemos aspirar a un periodismo así; uno de guerrilla, descamisado y sin alianzas con los fuertes. Y sobre todo, que la sociedad entera debería entender esto, aceptarlo y promoverlo; incluso esos mismos poderes existentes deberían entender la conveniencia de que el periodismo fuera justamente el espejo ingrato, la medicina contra los excesos, una regla para medir la transgresión de los límites. ¿O es que acaso el poder no necesita al ciudadano? Porque nadie gobierna en el vacío, ni nadie gobierna sino es porque ese poder “se le otorga”, o porque “se le tolera” en ese lugar del poder. Bueno, sí, hay algunos que no, pero esos son los tiranos o los aspirantes a emperadores del universo, con ellos no vale otra que una prensa a su medida, y el que no quiera pues a la fosa común, como Rodolfo Walsh en Argentina; o a la cárcel, que tal parece será el destino de Assange, ya sea acusado como “terrorista mediático”, o como “violador de mujeres”… Válgame Dios, quién no haya forzado un “sí” cuando ellas dicen “no”, o no haya querido hacerlo a toda costa aunque olvidara el preservativo, pues que lance un pedrusco del tamaño del Sol.

J: Un segundo aspecto que para mí queda claro de todo lo acontecido, es que la idea de que la Red era algo libre, descentralizada y democrática, es sencilla y llanamente una utopía. El caso Wikileaks ha dejado claro que la red es y está controlada por determinados poderes. La ilusión de que Internet era expresión de absoluta libertad se ha terminado. El sueño de una Internet libre para el pueblo a nivel mundial, y que no esté controlada por un grupo de corporaciones, siempre dispuestas a plegarse a la voluntad de equis gobierno, continúa siendo solo eso: un sueño.

R: Sí, Joaco, el sueño se despertó, pero la Red todavía no se rompió, está lanzada en el mar del ciberespacio, y aunque el poder cierre los agujeritos cada vez que detecte alguno, de todas maneras nosotros, los simples pececillos, podemos seguir clavando los dientes, abriendo nuevos orificios y colándonos de un lado a otro, porque, en fin, ellos también necesitan la malla, para hacer sus negocios, para controlar y manipular, para comunicarse… Seamos postpostapocalípticos, postpostmodernos y no hablemos del fin de Internet como un día se dijo de la Historia o del Arte. Internet no ha muerto ni tampoco el hacktivismo ni el impulso ciberactivista, o el simple afán de decir lo mío a tiempo y sonriendo. Yo creo en el outsiderismo perpetuo, en el “hombre rebelde” de Camus, aún más que en la posibilidad del súbito advenimiento del Reino de la Justicia y la Libertad en la tierra.

J: Sí, sí, yo también creo en el outsiderismo perpetuo, lo cual no deja de ser válido en la actual era del postdigitalismo. Pero hay que ser conscientes de que los dueños de Internet, los que diseñan las redes, las de comunicación y sociales al corte de Facebook, han alcanzado un poderío económico y político incalculables, en ocasiones superior al de los líderes políticos, con los que por razones de puro interés siempre están dispuestos a negociar y a ponerse finalmente de acuerdo.

R: Eso está claro. Por eso, lo que sí no es conveniente, ni lo ha sido nunca, es la ingenuidad. El poder, por supuesto, no va a regalarle nunca Internet al individuo, o a los pueblos. Para mí, el caso Wikileaks es, precisamente, el cambolo contra la cabeza del incauto. Tanto deberían sacar enseñanzas de este evento los pueblos como ya andan sacando sus cuentas de ello los gobernantes.

J: Hay otro tópico que centra los actuales debates; me refiero a la batalla entre el imperativo de confidencialidad y la libertad de expresión, sempiterna polémica que ha marcado la historia del periodismo. De alguna forma, el caso Wikileaks vuelve a poner sobre la mesa el tema de la libertad de expresión, ahora traspuesto al dominio digital, donde es obvio que también prevalece el secretismo. En ello se incluye la discusión acerca de si siempre se debe decir toda la verdad o tan solo una parte de la verdad.

A pesar de los inconvenientes que ello pueda deparar, yo soy de los que se pronuncia porque siempre se diga toda la verdad, porque si bien estoy claro de que en nuestro tiempo, todo puede ser manipulado y manipulable, y que ello también puede ocurrir con la verdad, al menos me parece que éticamente tal proceder es insostenible. Por cosas así es que por doquier la confianza en la prensa ha disminuido notablemente, para no ser absoluto y afirmar como algunos teóricos, que consideran que dicha confianza ha muerto. En este orden, sin caer yo en la tontería de coronar a Julian Assange con la categoría de héroe, lo que él ha propiciado con Wikileaks es como una suerte de antídoto a la crisis de legitimidad que en el presente vive la prensa a nivel mundial. A fin de cuentas, la Red es hoy un reto, capaz de propiciar, con todo y sus limitaciones, la posibilidad del grado de transparencia, como lo han defendido Wikileaks y sus partidarios.

R: Joaco, aunque me tildes de novelero, yo lo veo así: Wikileaks es la primera gran ficción del siglo XXI, La Ilíada de nuestra época. La artimaña de Odiseo-Assange ha logrado colocar en la plaza de Troya-Sociedad Global-Internet un enorme caballo de madera que en el vientre guarda sus guerreros-revelaciones. Si esto fuera novela y no realidad, ardería Troya; Odiseo-Assange ganaría el premio de la revista Time como “Hombre del Año” en vez de Paris-Zuckerberg, ese chiquillo de Facebook; y a partir de ahora los presidentes harían de verdad todo lo que prometieron al dar su discurso en el ágora. Pero esta es la vida real y no Hollywoodland, vaya, y Assange no es Brad Pitt… Ahora, sí no pienso igual que Daniel Chavarría, en que Wikileaks es un caballo de Troya-gusano informático que va a desordenar los ordenadores de la izquierda mundial. ¡Pobre de la izquierda si no saca lascas de esta ofrenda de los dioses! Como diría mi primo guajiro: “A caballo regalado, no miro los dientes del que fue su dueño”, o como argumentaría Oscar Wilde: “El valor de una verdad no tiene que ver con que si el hombre que la pronuncie está engañando a su esposa”. ¿Acaso saldrías a injuriar al mensajero si encuentras que te pasaron un billete de 100 CUC debajo de la puerta? Tal como critico la banalidad de los medios internacionales, más ocupados en seguir el thriller de Assange versus la justicia “haciéndose la sueca”, que en ponerle el coco al contenido de los cables; así de absurda me parece la manía conspiranoica de los empeñados en adivinar qué Diablo se oculta tras el telón de Wikileaks. Pienso que lo que hay que hacer es escuchar el Mensaje; porque, en definitiva, hecho puesto a la luz ES hecho puesto a la luz, independientemente de quién lo sacó de la caverna o encendió la linterna. Aunque, por supuesto, y aquí regreso al tema de la ingenuidad, no estoy en la onda de tragarme el versículo de San Juan de que “La verdad os hará libres”. No por sí sola, al menos. Todo está en lo que hagamos con ese conocimiento.

J: Por supuesto que comparto tu idea de que por sí sola, la verdad no nos hará libres. Pero creo que resulta indiscutible que, aunque sea de forma parcial, limitada y aleatoria, las revelaciones de Wikileaks han venido a quebrar, de manera simbólica, el poder inmenso que evita a toda costa que la verdad aflore, con lo que se le ha dado un duro golpe a la pretensión de mantener en secreto los secretos. A lo anterior te añadiría que, con este episodio, se ha vuelto a comprobar que determinadas formas de poder temen la verdad cuando esta no coincide con su discurso y que, por el contrario, dar a conocer lo oculto debería ser siempre un principio definitorio del periodismo comprometido. Por eso comparto la idea de quienes opinan que algo más que el crédito de Assange y el de Wikileaks se deciden por los días que corren.

R: Mira, sobre el asunto de “transparencia vs. secretismo”, de cuál es la bendita y cuál la maldita, mi posición es esta: Obvio me parece que no hay que decirlo todo ni en todo momento, que si fuera así no existiría la ceguera del amor ni la locura de vivir en pareja, ni los amigos serían tan amigos, ni los pueblos hermanos serían tan hermanos; ni existirían las películas ni los cuentos ni las telenovelas; ni la sociedad humana seguiría estando articulada luego que las gentes, francamente, se dijeran el uno al otro cuán feo te queda ese pelado; y tal vez hasta la Tierra se encapricharía en no continuar rotando sobre su eje invisible después que todo el mundo le haya visto ese escultural eje que alguna vez fue invisible para los ojos. Ahora, lo que sí es importante para mí en este tema de “la transparencia” es la mentira descubierta que antes fue mentira encubierta, la falsa verdad que el día anterior se enunció como verdadera, el trapo sucio expuesto al sol que en la tendedera de ayer se le describió como paño maravilloso; la doble moral de los políticos y los mercaderes, que anuncian una cosa y apuestan en secreto a lo contrario; la hipocresía cutre conque le dan la mano al mismo tipo que van a espiar hasta que le sepan la marca de calzoncillos o al que abrazan para tener cerca la espalda en donde hundirán el punzón. La “transparencia” necesaria, la “libertad de expresión” necesaria y la “democracia” necesaria es la que sea capaz de “wikifiltrarnos” todas esas mentirillas, nada nobles, nada útiles, que ninguna de verdad sirve para cuidarnos, para protegernos, que eso es solo un pretexto de los que mandan… Si es pá eso, pues que no me cuiden tanto y me dejen a mi cuidarme. ¡Oye, que ya no hay pueblos tan bobos como aquel de los troyanos!

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