Actualizado el 14 de junio de 2011

Juntando cadáveres con Onetti

Por: . 3|6|2011

EL MISTERIO

“Hace tiempo que no encuentro una novela no policial que me apasione”, confesó Juan Carlos Onetti en una entrevista.1 Caso curioso este, el de un prosista tan reconocido, Premio Cervantes de 1980, que fuera devorador de literatura negra y encima lo reconociera sin melindres. Más aún cuando, cosa curiosa, el autor de Juntacadáveres nunca compuso novelas que trataran de policías, detectives y crímenes por resolver.

Esta paradoja fue servida sobre la mesa del panel titulado “Onetti y la literatura policial latinoamericana”, y perpetrado en la Sala Manuel Galich de la Casa de las Américas, el pasado martes 31 de mayo, alrededor de las 3 de la tarde, hora nefasta en la que, según dice el refrán, “mataron a Lola”. El suceso con sabor a sangre, libros y enigma forma parte de las Jornadas de la Cultura Uruguaya en La Habana, un programa de actividades que conmemora el Bicentenario del nacimiento del país austral como nación independiente.

LOS PERSONAJES

Juan Carlos Onetti: Nace el 1º de julio de 1909 en Montevideo y fallece en Madrid el 30 de mayo de 1994. Publica su primera novela, El pozo, en 1939; el mismo año que es nombrado secretario de redacción del prestigioso semanario Marcha, donde publicaba una columna sobre temas literarios. En 1949 funda Santa María, la ciudad mítica de su obra, con la publicación del relato La casa en la arena en La Nación. Sufre cárcel en 1974, tras la instauración de la dictadura militar, y marcha al exilio en España. Para autores como Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa es “el iniciador de la novela contemporánea latinoamericana”, una fama bien ganada a través de las novelas La vida breve (1950), El astillero (1961) y Juntacadáveres (1964).

Milton Fornaro: Nacido en Minas, 1957. Fue co-director del Diccionario de la Literatura Uruguaya (1986); ha sido guionista de TV, autor teatral, fundador de revistas; y es hoy Director de Comunicación del Ministerio de Educación y Cultura. Pero su prestigio mayor lo adquiere como narrador, a base de cuentos (Lo demás son cuentos, 1972; Ajuste de cuentos, 1982; Puro cuento, 1986; Descuentos, 1998) y las novelas Si le digo le miento (Premio Grinzane Cavour 2005), Murmuraciones inútiles (le valió el Premio Nacional de Literatura 2005) y Un señor de la frontera (finalista del Premio Planeta-Casa de América).

Fernando Butazzoni: Ve la luz en Montevideo, 1953. Con sólo 25 años y su primer libro (Los días de nuestra sangre), atrapa el Premio de Cuento Casa de las Américas 1979. Un año después logra mención en el Internacional de Poesía Rubén Darío con De la noche y la fiesta; y en 1981 obtiene el premio EDUCA de Narrativa Latinoamericana con La noche abierta, su primera novela. De amplia trayectoria periodística: participa en la fundación de La Revista del Sur y del semanario Brecha, fue director de la Gaceta Universitaria, y redactor en los diarios La República y Clarín. En 2010 es nombrado presidente del Consejo Directivo de Servicio Oficial de Radiodifusión y Espectáculos.

Arturo Arango: Nace en 1955. Integró el plantel de la revista Casa de las Américas y ahora es jefe de redacción de La Gaceta de Cuba. Con los cuentos de La vida es una semana ganó el premio UNEAC en 1988 y después obtuvo el Internacional Juan Rulfo con el relato Bola, bandera y gallardete. Ha publicado las novelas Una lección de anatomía (1998), El libro de la realidad (2001) y Muerte de nadie (Premio Internacional Casa de Teatro, República Dominicana, 2003); y los ensayos de Reincidencias (1989) y Segundas reincidencias (2002). Dirige la Cátedra de Guión en la EICTV de San Antonio de los Baños y como guionista ha recibido el Premio Coral por las películas Lista de espera y El cuerno de la abundancia.

Daniel Chavarría: Aunque nacido en San José de Mayo, Uruguay, 1933, se autodesigna “escritor cubano”, pues reside en la Isla desde 1969 y aquí ha hecho carrera literaria. Para ratificarlo, Cuba le ofreció el Premio Nacional de Literatura en 2010. A pesar de su tardío debut, a los 45 años, ha recuperado el tiempo perdido cosechando premios: Joy (1978, Mejor Novela Policiaca cubana de la Década), La sexta isla (1984, Premio de la Crítica), Allá ellos (1991, Premio Hammet), El ojo de Cibeles (1993, Premio Planeta-Joaquín Mortiz), El rojo en la pluma del loro (2001, Premio Casa de las Américas), Adiós muchachos (2002, Premio Edgar Allan Poe), Viudas de sangre (2004, Premio Alejo Carpentier), Príapos (2005, Premio Camilo José Cela).

Jorge Fornet: Nació en Bayamo, 1963. El actual director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas está titulado como Doctor en Literatura Hispánica. Su volumen Los nuevos paradigmas. Prólogo narrativo al siglo XXI fue galardonado en 2006 con el Premio Alejo Carpentier en Ensayo. Además, tiene publicados los libros El escritor y la tradición. En torno a la poética de Ricardo Piglia (2005) y ¿Para qué sirven los jarrones del Palacio de Invierno? (2006).

LA TRAMA

Tal vez sobrevuele la sala el espectro del creador legendario. Convertido el adelantado de Santa María en la materia informe de la incertidumbre, o de la remembranza. Quizás inquiete a los presentes, que evocan sus turbias historias, el halo gris de la desesperanza que recubre a sus personajes…

A falta de Onetti en habeas corpus, se le va a convocar con la palabra. Es a Jorge Fornet, en el rol de conductor del panel, a quien toca inaugurar la invocación. Pero él es hombre comedido, de los que no suelen robarse el show. De modo que introduce someramente el asunto y pasa de inmediato el testigo a Fornaro. Antes, aclara que el uruguayo es un experto en la materia, porque fue el co-editor y prologuista de una edición facsimilar, que se hizo en 2001, de La Tijera de Colón, aquella revista donde Onetti tuvo su primera publicación.

Milton ha escrito un ensayo vasto, repleto de argumentos con los cuales aseverar que el omnímodo lector de policiales que no hizo novela negra; en cambio, sí tiene mucho de “negro” en el trasfondo de su escritura. Pero promete leer sólo algunos fragmentos:

—Aunque Onetti dijo escribir para sí mismo, sin el lector la literatura de Onetti no puede entenderse. La búsqueda de la complicidad con el lector en la resolución del enigma es un rasgo típico del policial; y Onetti apela igualmente al lector, para encontrar la solución al enigma planteado por la forma misma de su escritura. Tanto en Onetti como en la literatura policial, los límites entre falsedad y realidad están borrados. Sólo mediante la lectura se alcanza la revelación…

En otro pasaje de la lectura, explica Fornaro, con su voz parsimoniosa:

—Los personajes de Onetti son similares a los protagonistas de la novela negra. Son hombres solos, incomunicados aún en la amistad y en el amor; son especialistas de la derrota. Como los personajes de Hammet y Chandler, los de Onetti son gente que vive al filo de la legalidad: el médico Díaz Grey trafica morfina, Junta Larsen aspira a montar el prostíbulo perfecto. Son “antihéroes”…

Al habla Arturo Arango, que arranca imitando la media sonrisa del instante de la sorpresa:

—¿Onetti y el policial? La invitación me confundió en un primer momento. Pero de inmediato: Onetti y el policial… Claro, claro. Es que uno lee a Onetti como se lee una novela policial, por la manera en que Onetti nos escamotea la historia para obligarnos a reconstruirla. Y encima, yo diría que dentro de la nueva novela policial latinoamericana está apareciendo una corriente cuya influencia genésica es onettiana. Sin ir más lejos, Blanco nocturno, la última del argentino Ricardo Piglia es una novela a lo Onetti que es, además, una novela policial.

Dice Butazzoni, con su tono sentencioso:

—Para mí, el vínculo más notable entre la novela negra y Onetti es que ambas tienen una misma base de sustentación: iluminar las zonas sórdidas de la realidad y lo peor de nosotros mismos.

Chavarría abre bien grande los ojos y pone en la boca una mueca muy suya:

—Todavía me pregunto de qué voy a hablar aquí… He leído a Onetti pero no lo conozco lo suficiente para discutir de su relación con el policial. Incluso, yo mismo me considero un autor policíaco ma non troppo. Mis novelas encajan más dentro de la “novela política de aventuras”; o en lo que he llamado “picaresca”, en la que mezclo delincuentes, humor y sexo…

Y finalmente, apelando a sus conocimientos del mundo clásico griego, Chavarría agrega:

—Aunque, en verdad, con espíritu policíaco se puede leer casi todo. ¿Acaso el Edipo Rey de Sófocles no es la más original de las historias policiales, en la que el hombre que indaga por el culpable del crimen es el propio asesino?

NOTAS

1. En la entrevista concedida por Onetti a Eduardo Galeano después de recibir el Premio Cervantes en 1980: “El borde de plata de la nube negra”, Juan Carlos Onetti, papeles críticos, Montevideo, 1989.

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