Actualizado el 21 de octubre de 2011

Por una red de gestores culturales cubanos

Por: . 16|10|2011

Si bien en el contexto cubano el término de gestión cultural resulta algo nuevo y es un tema poco abordado en sus disímiles aristas, a nivel internacional dicho concepto se ha convertido en un instrumento fundamental para el accionar cotidiano. Por todo el mundo existen asociaciones y redes que agrupan a los profesionales dedicados al asunto, a fin de trazar las estrategias que garanticen la formación del futuro gestor cultural, su inserción en el contexto de las llamadas Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), sus relaciones con la política cultural, así como establecer las imprescindibles sinergias para enfrentar los retos derivados de esta práctica.

Aunque data de fecha reciente el hecho de que el pensamiento académico haya puesto interés en la reflexión en torno a la figura del gestor cultural (a pesar de su relación con el devenir de la industria cultural), la actividad es tan antigua como las primeras manifestaciones artísticas y abarca una larga historia de desarrollo espontáneo y empírico.

La tarde del miércoles 14 de septiembre marcó el inicio del II Taller de Producción y Gestión Cultural, evento convocado por la Casa de las Américas y la representación de la SGAE en Cuba. Entre los participantes, había quienes asistían por primera vez al taller y otros que ya habían concurrido a su primera edición, llevada a cabo el pasado año a propósito del tema de la producción musical. En la jornada de inauguración del presente 2011, se enfatizó en relación con el papel del gestor cultural en la actualidad y su creciente importancia.

El primero de los paneles presentados el miércoles 14 corrió a cargo de representantes del proyecto Love In, del Festival Habana en Movimiento y del Laboratorio Artístico de San Agustín (LASA). Estos tres ejemplos de gestión cultural, por encima de su disimilitud en cuanto a ejecución, procedimiento y naturaleza, tienen en común el impacto que cada uno de ellos ha generado en la comunidad y de conjunto demostraron que la fuerza motriz para su desarrollo ha sido la voluntad de los gestores y su vocación de gestionar cultura.

La segunda parte de la sesión inaugural prosiguió con la intervención de Silverio García, director de El Mejunje (el afamado proyecto sociocultural de Santa Clara), y una nueva presentación del libro Sencillamente Nisia, de Roberto Feraudi, relanzamiento que estuvo a cargo de la poeta Nancy Morejón.

Por su parte, la jornada del jueves 15 se dedicó a intercambiar acerca de las últimas tendencias en la organización cultural, con énfasis en las transformaciones que implica para la gestión el contexto de las TIC y que la ha llevado a ampliar sus horizontes, pues la utilización adecuada de tales herramientas facilita la actividad. Recuérdese que desde la irrupción de la cultura digital, han aparecido gestores culturales que actúan en dicho entorno.

Johannes Abreu, uno de los pocos académicos que entre nosotros ha estudiado de manera sistemática el asunto de la relación entre economía y cultura, particularmente en la esfera de la música, intervino con una ponencia en la que introdujo el concepto de “incubadoras culturales” y que sirvió para reconocer la necesidad de espacios llamados a brindar una cobertura de riesgo a quien se inicia en el quehacer de la gestión. De tal modo, los participantes en el taller coincidieron con el panelista en la necesidad de crear en Cuba una red que agrupe a los gestores del país y que, por ejemplo, ofrezca el indispensable asesoramiento a aquellos que comiencen a andar por el camino de la búsqueda de fuentes de financiamiento para sus proyectos culturales.

Tras la participación de Johannes, le tocó el turno a la abogada Darsi Fernández, quien disertó sobre las transformaciones que conlleva para la gestión cultural el desarrollo de las TIC, las cuales traen aparejado el hecho de que los gestores dependan en forma creciente de un espíritu colaborativo. Después de esta intervención, se presentó un panel que abordó el asunto desde el prisma de la economía y dejó claro que la gestión de recursos en la organización de proyectos culturales, sigue siendo la base de todo acto de animación que en la cultura se respete.

El panel evidenció la importancia del espacio local y comunitario como centro de desarrollo social. De particular interés resultó la intervención de Tania García, del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, quien aludió a que la producción cultural en Cuba estaría en condiciones de aspirar a un aporte más significativo al Producto Interno Bruto (PIB) del país. En tal sentido, explicó que por el contrario a lo que muchos piensan, debido a la casi nula importancia que se le concede en los análisis macroeconómicos, incluso en medio del decrecimiento económico que hoy vive todo el mundo, internacionalmente la producción cultural resulta uno de los sectores de mayor dinamismo y sus principales indicadores financieros crecen al margen de la crisis imperante, algo que no sucede entre nosotros.

La jornada del jueves 15 concluyó con dos vivificantes experiencias del trabajo de gestión cultural: la Compañía Teatral El Público y la Agencia Cubana de Rock. En el primer caso, estamos ante una agrupación de teatro caracterizada por la visualidad de las puestas y la preservación de su memoria gráfica. Como explicó el dramaturgo Norge Espinosa, asesor del grupo dirigido por Carlos Díaz, dado que la escena teatral cubana no se rige por conceptos de mercado, el presupuesto estatal concede idénticos recursos a los ciento cincuenta proyectos existentes en el país, sin hacer distingo entre los niveles de calidad de las propuestas. Por tanto, para llevar adelante la idea con la que surgió hace veinte años El Público, ha sido fundamental la gestión personal de Carlos, quien ha convocado a amigos de aquí y de allá para que colaboren con los recursos a su alcance en cada uno de los montajes realizados.

Algo por el estilo acontece con la Agencia Cubana de Rock, acorde con lo expresado por la MsC. Liliana González Moreno, musicóloga de la institución. Ella se refirió a cómo la Agencia surgió por la carencia de espacios que, para su desarrollo y legitimación durante años, tuvo el rock entre nosotros. En el presente, si bien todavía falta mucho por hacer y subsisten no pocos obstáculos, ya empiezan a verse resultados positivos, como por ejemplo, las tres emisiones de un festival dedicado a las distintas variantes del metal y que lleva por nombre Brutal Fest, evento organizado entre la Agencia Cubana de Rock y el sello francés independiente Brutal Beatdown Records, gracias al cual nos han visitado varias bandas metaleras del viejo continente.

La última sesión, celebrada el viernes 16, se abrió con un panel dedicado en lo fundamental a abordar el rol del gestor cultural, la diversidad de las dinámicas de su entrenamiento y el estado de su formación en Cuba. De los panelistas, resalto la intervención de Gabriel Enríquez Gutiérrez Menéndez, del Centro Nacional de Superación para la Cultura, que ilustró el notable posicionamiento que ha alcanzado este espacio entre las instituciones del Ministerio de Cultura, ejemplificado con el Diplomado en Gestión Cultural que llevan adelante, sobresaliente por el carácter interdisciplinario que asume, pero aún (en mi opinión) carente de una adecuada promoción hacia los posibles interesados, como quedó evidenciado en el debate.

Un momento especial fue la intervención de la estadounidense Catherine Murphy, miembro de The Literacy Project, quien habló de su experiencia de más de una década como gestora de proyectos culturales entre artistas de Cuba y USA y sobre el interés que entre los norteamericanos se da por las manifestaciones locales y comunitarias de nuestro país. Tras su participación, se produjo un panel acerca de los principales retos que, según el criterio de los panelistas, tipifican la actual gestión cultural en Cuba. Así, se habló de la necesidad de establecer marcos legales que respalden y regulen el desempeño del gestor cultural, sobre todo en un instante en que la actividad se da tanto en la esfera pública como en la privada. A lo anterior se unió el pronunciamiento en pro de la importancia de relacionar las estrategias de la gestión cultural con un fortalecimiento de la crítica artístico literaria cubana, hoy con notables déficits.

Finalmente, Carlos Alberto Cremata (Tin), director del proyecto La Colmenita, narró las experiencias de tan singular aventura creativa, multiplicada ya en otros sitios del mundo. Tras las palabras de Tin, los gestores culturales —pertenecientes o no al sistema institucional de la cultura— y que por tres tardes apostaron por una red que les dé aún mayores fuerzas para su accionar, se despidieron convencidos de que éste ha sido un sólido paso para avalar la figura del gestor y que todos juntos pudieran hacer mucho más en pro de la cultura nacional.

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