Actualizado el 23 de octubre de 2011

Yo también soy de la Asociación

Por: . 21|10|2011

Estuve en el Palacio de las Convenciones cuando se constituyó la Asociación Hermanos Saíz. En las páginas de El Caimán Barbudo, (¡ay, El Caimán, siempre El Caimán en mis momentos profesionales inolvidables!) se publicó el buen discurso de clausura de aquella jornada. Entonces, como he dicho otras veces, éramos felices y no lo sabíamos: una botella de Paticruzao valía tres pesos y centavos; un huevo, veinte centavos; el socialismo mundial para la gran mayoría estaba ahí, al doblar de la esquina, mis muchachos y yo (es un decir, algunos ya tenían una que otra cana) hacíamos una revista alegre, audaz, irreverente… en la que tenían que ver jovencitos que se iniciaban en el arte de escribir, como Ernesto Fundora.

Fueran o no de la Asociación Hermanos Saíz, pero principalmente los de la Asociación, muchos jóvenes hacían sus pininos en las páginas del Saurio y de ahí saltaban para otros haceres. Yamil Santana es un ejemplo, publicó su primer poema en la revista y después devino buen camarógrafo y por ahí anda dibujando imágenes con la cámara a la par que crece como papá de tres niños.

Los ejemplos de vínculos caimaneros son múltiples y por tal razón es que a esa organización de jóvenes la veo tan cercana a mí. Alexis Triana, al que aún siendo estudiante le dejaba páginas abiertas del saurio esperando sus trabajos, en el servicio social fue a dar a Moa, por solicitud propia en el contexto de una historia que algún día se contará. Buen periodismo y excelente promoción cultural hicieron que Alexis enrumbara su vida profesional dentro de aquella región. Presidió la AHS y ¡qué curioso! el habanero de pura cepa, a base de voluntad y unir criterios, rescató las Romerías de Mayo, una tradición típicamente holguinera, a las que nunca he ido pero de las que escucho historias falsas o verdaderas de asiduos asistentes como mi querido Joaquín Borges-Triana, el ciego de mirada más certera que he conocido en mi vida.

Leo con frecuencia en el portal de la AHS textos que hubiera querido escribir yo, voy a algún espectáculo en el Pabellón Cuba y durante los últimos tiempos me encanta escuchar a su presidente Luis Morlote que como siempre ha sido, al representar a los que se inician, habla como lo hacen quienes quieren conquistar el mundo.

No sé por qué razón, al no ser por mi condición de caimanera (aún irreverente y audaz, perdonen mi inmodestia, pero así lo siento), un día Fernando Rojas me invitó a un acto de la Asociación. Él era entonces su presidente. Fui y allí me entregaron un carné de miembro de honor de la AHS. Quizá sea el papel cuadrado identificativo que con más celo he guardado.

Porque si como dice Bladimir Zamora ser caimanero es tener una actitud ante la vida, pertenecer a la Asociación es asumir un reto permanente por transformar el mundo, esa actitud que generalmente solo tienen los jóvenes. Estoy consciente de que no lo soy, pero si la AHS decidió tenerme en sus filas, me concedió una patente infinita para seguir poniendo mi pedacito en ese interés de los muchachos y muchachas de todas las épocas de luchar por un mundo mejor, y mucho más hoy cuando la incertidumbre de una guerra destructiva se cierne sobre todos nosotros, y solo de nosotros dependerá conjurarla.

Tomado de La Jiribilla

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