Actualizado el 8 de diciembre de 2011

El secuestro de Pepe Biondi

Por: . 4|12|2011

El secuestro político apenas fue utilizado en la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista. Una de las excepciones fue la acción que el 23 de febrero de 1958, impidió a Juan Manuel Fangio, campeón mundial de automovilismo, participar en la carrera internacional que al día siguiente tuvo lugar en La Habana. Este suceso ha sido muy divulgado, incluyendo libro y filme. Pero el M-26 realizó otra acción semejante y el objetivo fue otra estrella, casualmente, también argentina, y ese es menos conocido: el secuestro del humorista Pepe Biondi, la noche que Cuba no debía reír.

DICK Y BIONDI: DE ACRÓBATAS A HUMORISTAS

En 1958 el argentino Pepe Biondi (1909-1975) era uno de los humoristas más populares en Cuba, donde mantenía un programa semanal por CMQ TV, el más poderoso de los canales del país. Era un humor que no ocultaba su raíz clownesca, porque Biondi provenía del circo. Había trabajado como payaso y acróbata, hasta que una lesión en la columna vertebral le obligó a abandonar las volteretas. 40 cuarenta del siglo pasado, pero no fue hasta la década siguiente que se estableció en la Isla con el dúo que, durante 26 años, formó con el emigrado ruso Bernardo Zalman Ver Dvorkin, que utilizaba el nombre artístico de Dick. Arribaron con el aval del éxito que El show de Dick y Biondi había tenido en la TV mexicana. El programa se comenzó a transmitir en Cuba hasta que el argentino continuó su carrera en solitario y nació El show de Pepe Biondi, de CMQ Televisión. Esta historia se desarrolla cuando el espacio disfrutaba de un gran éxito.

DEL CUPLÉ AL TANGO

Ángel, Machaco, Ameijeiras, entonces jefe de acción y sabotaje del M-26 en la capital, varias veces habló de repetir algo semejante al secuestro de Fangio. Incluso, acarició la idea de sustraer de sus compromisos a la bella Sarita Montiel, que en esos momentos actuaba en la Isla y había creado furor con películas como El último cuplé y La violetera. Pero en el caso específico de Biondi, la idea provino del arquitecto Cesáreo Fernández1. Aunque, como me confesaron dos participantes en la operación, lo que hoy recordamos como el secuestro de Pepe Biondi iba a ser el secuestro de Biondi y Enrique Santiesteban. Quizás el popular actor nunca se enteró del mal rato que estuvo a punto de pasar.

En ninguno de los casos se exigirían reclamaciones. Buscaban impedir que la noche del jueves 4 de septiembre de 1958, ninguno de los dos artistas pudiera cumplir sus presentaciones en la televisión. Dada la importancia de ellos en el reparto, obligarían a suspender el programa, que en la época, se transmitía en vivo. Sabían que la censura impediría a la prensa informar sobre lo sucedido. Pero después de seis años de dictadura, el pueblo se había especializado en la hermenéutica de los silencios. Dos programas estelares afectados el 4 de septiembre, olerían a la legua la naturaleza antibatistiana de esa “casualidad”. Era una manera de burlar el cerco de censura que imperaba en el país.

El 4 de septiembre era fecha de celebración para los bastitanos y, de manera especial, para sus cuerpos armados. Recordaban a toda fanfarria, aquella pirueta de la historia que, en horas permitió, permitió a Fulgencio Batista dar el salto de oscuro sargento a coronel jefe del ejército. En 1958, la fecha fue jueves, día de la semana que, desde el mes anterior, el Movimiento de Resistencia Cívica había declarado “Día de Resistencia Absoluta”. Llamaron a que ese día de la semana se mantuvieran vacíos los espectáculos públicos, las tiendas, los bares. Esa coincidencia del almanaque propició que la operación cumpliera doble una función.

Para secuestrar a Enrique Santiesteban partieron Armando Rivas Cabezas, Víctor Sorí y Mercedes Martínez Saladrigas, una joven, cuya hermana jimagua participó en la otra parte de la operación. La acción se frustró, porque minutos antes de llegar el comando, el actor había salido de su casa.

LA FIESTA QUE NO TUVO PEPE BIONDI

Ese día Biondi cumplió 49 años y tenía pensado festejarlos después de concluida la transmisión del programa. Cosa que desconocían sus secuestradores, ni era esa la fiesta que buscaban aguar. El encargado de la operación fue Luis Martínez Bello, un inquieto maestro matancero, rubio, de 26 años y estatura pequeña. Después de torturas y un año de prisión en Isla de Pinos, tuvo que quedarse clandestino en La Habana. Sabía que si volvían a apresarlo no saldría vivo. El brigadier Pilar García, el hombre que casi lo mata en Matanzas, era ahora el jefe de la Policía Nacional. Así aguardaba en la esquina, jugando al disimulado con una pistola 45 en la cintura.

El grupo lo completaron Ana Rosa Martínez Saladrigas —la jimagua de Mercedes— y un jovencito de unos 15 años, que representaban el papel de enamorados, mientras Chuchú Silva aguardaba al timón del auto parqueado al doblar de la esquina.

Biondi salió del edificio donde vivía seguido de su valet, que llevaba en percha la ropa de actuación. Tomaron rumbo al edificio Focsa, donde la CMQ tenía dos nuevos estudios. Como sólo le separaban unos trescientos metros, acostumbraba hacer el camino a pie. Los primeros en acercársele fueron la pareja de jóvenes: Sin dejar de andar, el muchacho lo conminó a seguirlo. Pero el actor, pensando en una pareja de admiradores no le dio mayor atención y continuó el camino mientras murmuraba en tono de excusa que tenía que “ir para el trabajo”. El muchacho buscaba, sin éxito, la mejor manera de hacerse obedecer, hasta que Luis se aparejó al grupo y le dijo: “Somos del 26 de Julio y no queremos que la gente ría hoy”. Apoyando sus palabras con el leve gesto de abrirse el saco de la americana mostrando la pistola.

En su respuesta, Pepe Biondi demostró que había nacido para el humor. Después de una fugaz mirada al metal reluciente de la pistola varió su actitud. “Bueno, eso es más convincente”, dijo y se detuvo. El auto se acercó y montaron todos, hasta el asistente con la percha con ropa que ya no se utilizaría. Como el objetivo era Biondi, cuando tomaron la avenida de Malecón bajaron al asistente, con la advertencia de que caminara sin mirar para atrás. Aquel hombre era puro nervio y se tomó tan en serio la advertencia, que hasta Biondi tuvo que reír al verlo alejarse caminando con movimientos tan rectos y mecánicos como los de un robot.

Biondi hizo lo posible por cooperar para que todo transcurriera con la mayor tranquilidad posible, que era una forma de garantizar su vida. Por iniciativa propia varió su imagen. Para sorpresa de sus captores se quitó el bisoñé y apareció la calva que no mostraba en televisión. Después se colocó unos espejuelos oscuros y forzó algunos chistes para relajar la tensión. Comprendía que si la policía interceptaba el auto todos estaban en peligro. Cumplido el primer paso de la operación solo quedaba esperar unas horas y entregarlo a alguien que garantizara la integridad física del artista. Esa persona fue el sacerdote que oficiaba en la iglesia Arroyo Arenas, en las afueras de la ciudad.

Eran casi la medianoche cuando Martínez Bello tocó a la puerta del padre Rosas, que así se llamaba el sacerdote. Un cura de carácter fuerte, muy popular en la localidad. Como Luis llevaba la orientación de entregarle a Biondi en secreto de confesión, cuando el padre abrió la puerta, le dijo que necesitaba que lo confesara. El sacerdote parecía no entender lo que escuchaba. Miró al cielo estrellado y miró de arriba abajo a aquel gordito rubio que tenía plantado delante de él y pensó que era una broma. O se trataba de un trastornado. Su respuesta fue un discurso que no podría repetir en el púlpito. “¡Qué c… confesarte a esta hora! ¿Usted está loco? Vete a dormir y ve mañana a la iglesia”.

Como el joven no daba ni un paso atrás, después de descargar otra buena dosis de expresiones criollas, accedió a confesarlo. Mayor sorpresa le aguardaba al ministro de Dios, cuando, con leve tartamudeo, el inquieto joven le confesó: “Padre, yo soy del 26 de Julio y he secuestrado a Pepe Biondi”. Aquel pastor volvió a explotar con una fuerza capaz de espantar a todo un rebaño. “¡Pero cómo se le ocurre venir aquí! Yo tengo a uno de ustedes escondido en el campanario”. Cosa que, por supuesto, también ignoraban los organizadores de la acción, pero que son elementos incontrolables de la realidad. La temperatura lexicográfica del padre aumentó aún más, cuando Luis le agregó que allá fuera otros compañeros suyos tenían al artista y que venían a entregárselo a él.

A todas estas, las voces han despertado a la madre del sacerdote, quien se levanta alarmada y aguarda en la entrada de la sala. Cuando el cura la ve, trata de trasmitir la calma que el mismo no encuentra: “Vete a dormir mamá —le pide—, que esto no tiene que ver con Cristo ni con la religión. Que esta gente ha venido a fastidiarme la noche”. Minutos después, Luis Martínez Bello dejaba al humorista argentino en manos del padre Rosas, con el pedido de que lo entregara a la embajada de su país.

El show de Pepe Biondi no salió al aire esa noche. A los televidentes se les informó que el programa no se transmitiría por una repentina indisposición del artista.

ENTREVISTA CON EL CHACAL

Al día siguiente, Pepe Biondi, ya sin deseos de reír, tuvo que acudir a la octava estación de la policía, en un edificio rente al malecón habanero. Allí fue entrevistado, con marcada intención de interrogatorio, por el teniente coronel Esteban Ventura, célebre como torturador y asesino. Todo el tiempo utilizó el tono insolente, que recordó después Pepe Biondi, “le servía para ocultar el miedo”. Pero no lograron nada de valor identificativo. Biondi se defendió diciendo que estaba muy aturdido y no pudo decir ni el color del auto en que lo movieron. Pilar García, jefe de la Policía, le ofreció situarle una escolta. Cosa que también rechazó el artista: “Si me pone usted una escolta tendré que irme del país”.

Biondi abandonó la estación con las últimas amenazas de Esteban Ventura en su atribulada cabeza: “Continúe diciendo que estaba enfermo. Y cuando vuelva a la televisión, vuelva a decirlo, que si no lo dice usted, lo diremos nosotros y será de otra manera”. Frente a la unidad policiaca se extendía el Mar Caribe. Biondi respiró profundo y pensó que su cumpleaños 49 jamás se le olvidaría.

LOS PROTAGONISTAS

Después del asesinato de Machaco Ameijeiras (8 de noviembre de 1958), Luis Martínez Bello fue designado jefe de acción y sabotaje del 26 de Julio en La Habana, responsabilidad que ocupó hasta el triunfo de la Revolución. Volvió a encontrarse con el padre Rosas en Pinar del Río. El sacerdote, ahora como obispo de la provincia; y Martínez Bello como capitán jefe de la Policía Nacional Revolucionaria, en los años 1961-63. Pepe Biondi continuó su carrera en Cuba y poco después regresó a su natal Buenos Aires. Goar Mestre, antiguo dueño de CMQ, había adquirido el canal 13 argentino y le ofreció un nuevo espacio. El programa Viendo a Biondi se mantuvo diez años logrando los mayores índices de audiencia. Biondi falleció el 4 de octubre de 1975.

Pepe Biondi participó en cinco filmes, pero murió sin saber que aquel jovencito al que confundió con un admirador y no le prestó mayor atención el día de su secuestro, se iba a convertir en uno de los grandes directores del cine latinoamericano. Se trataba del futuro director de clásicos cubanos como Lucía, Manuela, Cecilia y El siglo de las luces. Ese joven se llamaba Humberto Solás.

NOTAS

1. Miembro activo del Movimiento de Resistencia Cívica. Entre sus obras como arquitecto se encuentra el cine Mónaco en La Víbora.

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