Actualizado el 11 de diciembre de 2011

Kelvis Ochoa: un músico cercano

Por: | Fotos: . 8|12|2011

Llegué a punto del mediodía a entrevistar a Kelvis Ochoa, que como buen pinero por convicción y crecimiento, nació en Las Tunas y poco después vino con su familia a vivir en Isla de Pinos. Me atendió en la cocina de la casa, entre los aromas de un estupendo menú que él mismo preparaba.

“Terminé la secundaria allá en la Isla y vine para La Habana, a estudiar una cosa que tenía que ver con talleres y eso. Al final ahí me empaté con un amigo que sabía guitarra, tendría unos trece años. Me enganché a lo de la guitarra. El me enseñó un par de canciones de Silvio. Íbamos a sus conciertos aquí en La Habana, o íbamos a la escalinata de la Universidad, al Carlos Marx…

“En realidad no me gustaba aquella escuela y me atraía cada vez más la guitarra. Imagínate estaba solo, sin mamá ni papá acá, y estaba aquí por la libre. Entonces me recogieron. Me dijeron ‘Ven pacá pa la Isla’ y allí me pongo a estudiar cerámica, pero seguí con la guitarra y como tampoco me gustaba mucho asistir a clases en ese momento, me puse ‘fatal’ con la escuela. Seguí con la guitarra. Ya no fui más a la escuela y empecé a conocer o otros decididos a ser artistas: Javier Guerra —nos conocimos desde muy chiquitos, porque nuestras madres estudiaron juntas peluquería—, Kcho, porque Martha Machado, su mamá, era todo un personaje allí. Ellos ya estaban en la ENA y cuando venían de pase nos juntábamos en el parque 15 de Mayo, a cantar, los primeros talleres literarios empezaron a hacerse allí. No teníamos una verdadera sede y la empezamos a solicitar, para que fuera la Casa del Joven Creador. Eso sería el año 85 o el 86. Tendría yo 15 o 16 años.

“Había una casa, que fue de las últimas americanas que estuvo en la Isla, y nos la dieron. Estaba realmente abandonada. Una casa de madera muy linda, pero ya los techos se mojaban. Como nos la entregaron empezamos a arreglarla por nuestros propios medios. Cambiamos los techos. Le hicimos derretido, teníamos jardinero… Allí pudimos comenzar a hacer mejor las cosas. Desde lectura y ver películas, los plásticos funcionaban en lo que había sido el garaje de la casa. Además de Javier y Kcho, trabajaron allí Tamayo y Tomás Maceira. Allí también empezamos a hacer los conciertos.

“Ya en coordinación con la AHS nacional, comenzaron a llegar allí Vanito Caballero, Santiago Feliú. Esto, mezclado con el festival Mangle Rojo, fue conformando una vida cultural muy fuerte, con Paco Mir, Soleida Ríos, Monchy Font… ahí empecé a hacer mis primeras canciones y a encontrarme frecuentemente con gente de La Habana. Fue el propio Santiago el que me dijo que le parecía bien lo que empezaba a hacer, pero si me quedaba allí, estaba frito. Debía venir para La Habana.

“Esos fueron mis comienzos. Regreso a La Habana después de terminar el Servicio Militar en el 91. A finales del 92 conozco a Omar Mederos y él me programa mi primer concierto en la Casa del Joven Creador Nacional, en diciembre de ese año, con Nan San Font. Empiezo a conocer a todos los demás: Boris Larramendi y los demás que después conformamos más tarde Habana Oculta. Con todos ellos me voy por toda la capital, en cuanta esquina nos inspiró, en esas circunstancias descubrimos que debíamos funcionar como grupo, porque las mismas canciones lo demandaban. Así, gracias a una amiga, Saresca, conseguí en la Casa de la FEU, ahí en K, un localcito para ensayar.

“Allí empecé a montar las primeras cosas con Cuatro Gatos, con Humbertico como bajista. Por ahí pasaron Arnaldo el del Talismán, Nan San Font… así empezamos a hacer conciertos. Los únicos lugares que había entonces era el Café Cantante del Teatro Nacional y la Casa Del Joven Creador Nacional, que ya prácticamente estaba cerrando. Por eso el Café Cantante jugó un papel muy importante, porque se convirtió en el único lugar donde nos podíamos reunir todo, rockeros, trovadores. De allí viene el sonido de Cuatro Gatos, que era de canciones de autor mezclado con toda la sonoridad rocanrolera que se producía en la ciudad. Fue una etapa muy linda y divertida.

“En el 95 estoy con Cuatro Gatos, haciendo cosas por ahí. No conocía ni a Papel ni a Gema. Entro a ese proyecto de Habana Oculta casualmente, porque Vanito y Alejandro Gutiérrez estaban haciendo Lucha Almada con Bis Music, con lo cual no entraron a Habana Oculta, pero ellos estaban inicialmente previstos. Boris me presenta a Pavel y a Gema, me escucharon y les pareció bien. Así entro al proyecto como Kelvis Ochoa y Cuatro Gatos. Grabamos dos temas como todos los demás y empieza la etapa de Madrid. Inicialmente con Manuel Domínguez, del sello Nube Negra. Es en el 96. Teníamos varios conciertos y al final solo alcanzamos a dos, porque las visas se demoraron. Llegamos a hacer uno en Bilbao y el otro no recuerdo bien si en Valladolid. Allí nos unimos a Lulo Pérez —trompeta—, a Cotán —tres—, músicos que ya estaban allí. Se inició una relación de trabajo con ellos. De allí surgió la posibilidad de hacer cosas en sitios de Madrid como Suristán y el Café del Foro, sitios que ya han desaparecido. Fueron importantes para nosotros, porque es donde empezamos a hacer los primeros conciertos, donde nos damos a conocer. Allí nos encuentra Manolo Aguilar, que es quien nos contrata para BMG Ariola y comenzamos a grabar el disco Habana Abierta. Sale en el 97. Con este disco sí nos movimos duro por todo el país. A mi los discos me encantan como quedaron, pero los hicimos con banda, cuando al final lo salimos a defender con guitarra. Así también sucedió con el segundo. Fue una etapa de mucho trabajo. Era algo distinto para nosotros, porque tocábamos en lugares donde la gente va a tomarse unas copas, mientras tú estás poniendo tu obra y llamarles la atención a esta gente.

“Para mí fue un crecimiento grande como artista y como ser humano. Creo que allí me hice mayor. Con respecto a la música cubana profundicé mucho más. Esa lejanía física de Cuba nos sacó el deseo, la admiración y la necesidad por la música originaria de nuestro país, incluso a los que en principio no se les notaba. La realidad es que todos la teníamos como reserva. Fue un constante poner a prueba todo lo aprendido de un escenario a otro. En ese trajín aprendí a organizar más las ideas como improvisador, algo que en principio vi muy lejano. En ese ejercicio aprendí muchísimo.

“Mi primera actuación en Cuba después de esa etapa española fue en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional. Todavía no existía Interactivo. Invito a Robertico Carcassés, a Oliver, muy joven todavía, fue muy lindo. Fue Leo a verme y al final me dijo unas palabras muy bonitas. Fue Nisia Agüero y aproveché para darle las gracias en nombre de mi generación, por siempre habernos brindado el Café Cantante en los 90. Vine por solo diez días, porque ya estaba sacando mi primer disco en solitario, era el 2001.

“Regresé esa misma semana a presentarlo. Luego regresé porque me habían invitado al Festival del Caribe de Santiago de Cuba. Allí hice un concierto con Pavel Urquiza y Yusa, en la Sala Dolores. A finales del 2002 empezaron a llegar otros participantes de Habana Abierta y cada cual celebró conciertos en diversas plazas de la capital en enero de 2003. En los últimos días de ese año ya estábamos Pavel, Gema y yo. Fue cuando participamos junto con Interactivo en el concierto en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, en compañía de Lenine, el magnífico músico de Brasil. Después de los conciertos de cada uno, hicimos aquel concierto de La Tropical. Fue una gran locura porque en una semana se hicieron las presentaciones individuales, pero al final todos participábamos en todos. Varios días cantando y de ‘fiesta y pachanga’ y al final llegamos sin voz a La Tropical, pero con mucha emoción. Fue muy lindo. Era la primera vez que un numeroso público del patio nos veía juntos. Para nosotros fue un regalo. Después de estar todo ese tiempo fuera del país no tienes a mano muchos resortes de la gente de uno. Fue un subidón enorme para nosotros. Recuerdo el concierto como uno de los más hermosos en los que he participado.

“En aquel momento tenía mucho trabajo con el disco Kelvis y también estaba preparando por mi cuenta el disco Curandera, porque estaba terminando con Ariola. No habían trabajado muy bien mi primer disco. Luego viene lo del proyecto Habana Blues. No pensaba todavía establecerme aquí, pero sí vine cada vez más. La primera vez tardamos seis años en venir, que fue nuestra etapa dura, pero al final, mira, viniendo cada vez más, me di cuenta que podía trabajar aquí. Mi familia y yo siempre tuvimos presente eso como una posibilidad real. Lo intenté y ha sido bueno para mi carrera, es regresar a la raíz y además en todo este tiempo no me han dejado de llover los proyectos. En cine, discos, espectáculos. Ya no me buscan allá. Tocan la puerta aquí.

Después de Habana Oculta, con BMG Ariola hicimos tres discos, el que se llama Habana Abierta, Veinticuatro horas y Boomerang. En solitario me hicieron el disco Kelvis y yo por mi cuenta, como te dije, me hice Curandera con la producción musical de Descemer Bueno y Robertico Carcassés, que nunca ha salido. En el estudio de Pablo me hicieron un buen precio y pudimos hacer allí muchas cosas. Silvio también se me brindó, por si me hacía falta grabar en lo suyo. Tuve un gran apoyo. Al final no salió, porque el sello Putumayo iba a sacar una colección de sus artistas exclusivos y dentro de ellos iba a estar yo. Sacaron un primer título con un africano que se murió en un accidente y el dueño no sacó ninguno más. Aun así Putumayo me saca en sus colecciones tres temas de Curandera. Todavía quiero sacarlo. Lo he propuesto a varios sellos, incluso a la EGREM, pero nunca no hemos puesto de acuerdo. Ahora yo mismo voy a hacer una edición especial de mil discos. Creo que el álbum se lo merece. En realidad tengo muchos proyectos, pero ya sabes que con las discográficas cada vez es menos fácil.

“El disco con Descemer que sacó EGREM fue una experiencia muy linda. Todo parte de un día que nos encontramos en Madrid y nos pasamos varios días juntos creando cosas, al mismo tiempo que perfilábamos el disco Curandera. Lo primero que hicimos fue el tema “Quédate”, dedicado a todos los amigos. A la gente le gustó mucho y con ese influjo nos pusimos a trabajar varias composiciones para un disco. Luego salió Amor y Música que precisamente le da nombre al CD. Vinimos a La Habana, nos prestaron una casa en 41 y 60. Ahí nos poníamos a la labor por las mañanas y durante la noche y hasta la madrugada entrábamos al estudio. Muchas canciones, sobre todo los textos, los terminábamos allí. Fue un proceso creativo intenso. Participaron Carlos, Robertico, Polito, Lulo…Es una experiencia que queremos repetir.

“Después de eso he trabajado en varias bandas sonoras, en México con Descemer hice la música de Corazón del tiempo, una belleza de película, para la cual hicimos lindas canciones. También la banda sonora de Lisanka, de Daniel Díaz Torres, luego para una película de un francés que se llama Habana Muda. Es la historia de una familia de sordomudos. En Siete Días, que es donde trabajan siete directores: Tabío, Julio Meden, Benicio del Toro…

“Estoy contento por presentarme ante el público habanero, pero me gustaría tener más presencia en otras provincias. Cada vez es más difícil con los recortes de presupuesto. Ahora me cambié de empresa, estoy en Musicalia y con ellos estoy preparando una gira nacional. Mientras, voy a las más cercanas, Matanzas, Cienfuegos… Es una pena no poder ir con más frecuencia a todo el país.

“Me siento un cronista, por eso mis canciones van de un tema a otro, mezclando mis experiencias personales con todo lo demás. También creo personajes que en principio no existen, pero son muy cercanos a mucha gente. Siempre quise hacer canciones con letra comunicando un buen contenido y que rítmicamente resultaran sabrosas. Este propósito lo reafirme al conocer cada vez más el rock argentino. Se puede bailar con buenas letras. Entendí que ese era mi camino, buscando mis raíces. La música popular bailable a mi me encanta y también la canción de autor. Si se logran meter en un solo saco, es una suerte.

“Hablando de los trovadores de las últimas promociones, hay nombres que me impresionan muy bien. Siento, eso sí, que a muchos de ellos les faltó conocer lo que ya nosotros habíamos hecho. Se nota que les faltó lo que podría haberle aportado nuestra generación. Muchos de ellos están todavía en Silvio y Pablo. Nosotros partimos de ahí, pero luego de pasarlo por el filtro de cada cual hicimos evolucionar la Trova. Nosotros les faltamos a ellos, en cambio mi promoción tuvo a Santiago, Carlos… que ya habían hecho su canción con otra óptica. De todos modos no tengo dudas de que encontrarán su propia expresión. En los primeros viajes me preguntaba dónde está la canción de autor nueva. No los encontraba, hasta que participando en la peña de Renecito de la Cruz vi. A muchos de ellos y a un público que estaba pidiendo esos temas. Me gustó conocer que este tipo de canción tan nuestra, y que hace tanta falta, no había desaparecido.

“Sea cual sea la naturaleza de mi canción de autor, quiero que siempre me tengan en cuenta como un músico popular. Autor de una música que siempre les dio fe, alegría, que canta sus cosas tristes desde una perspectiva positiva, pensando que siempre las cosas pueden ir mejor. Quiero que me vean como un músico cercano, no una estrella de nada, sino como un tipo que va al agro y le repiten los coros de sus temas en la calle.”

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