Actualizado el 4 de febrero de 2012

Sara González:

La voz de La Victoria

Por: . 2|2|2012

Sara GonzálezMe han pedido que escriba unas líneas sobre Sara González, diría que un obituario pero esa palabra me cae muy mal y más para asociarla con Sara. No fui su amiga, nunca la entrevisté y mis recuerdos son los de miles de asistentes a sus recitales en solitario o compartidos; o de lo visto sobre ella por la televisión o el cine.

Supe por ejemplo que organizaba en su casa interminables partidos de dominó que aderezaba con sus cuentos, dicharachos y las llamadas malas palabras. Esa misma Sara podía ser muy seria y hasta cáustica cuando hablaba de temas vitales para Cuba, su más grande amor.

Nacida en Cayo Hueso y crecida en Marianao, donde dejó la viola por una guitarra, fue hija de un tabaquero que le podía hablar de Carlomagno o de Napoleón Bonaparte, y de una madre costurera que no quería que fuera artista,

Pero Sara se aferró a la guitarra y cuando se cocinó lentamente el Movimiento de la Nueva Trova, estaba lista para entrar. Se atrevió a instancias de Pablo Milanés a musicalizar unos versos de José Martí, su primer disco.

Ahora bien, si sólo hubiera compuesto y cantado La Victoria, todo el mundo la recordaría. Se estrenó en Varadero. Frank Fernández preparó el concierto y le dijo, según confesó en el programa Con 2 que se quieran: “y tú que eres una mujer muy arriba, tú eres una mujer de un carácter explosivo y feliz. Tú tienes que hacer La Victoria. El que le cante a La Victoria tiene que ser con ese carácter y con esa alegría y con esa fuerza. Y la cabeza mía empezó con aquello y cogí un libro y empecé a leer y, de verdad te juro que ya estaba tan llena de aquello, porque yo no viví aquello, yo era una niña. Que me senté y me salió, Amaury, en diez minutos la canción, y esa canción se estrena ese día en el espectáculo ese”.

Desde entonces la interpretó centenares de veces, incluso a capella, porque si Sara es fundadora de un movimiento musical emblemático, es también su voz femenina más impactante. Sus condiciones vocales le hubieran permitido interpretar cualquier ritmo y diversas tesituras. Lo demostró en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.

Mujer de su tiempo, la también integrante del Conjunto Nacional de Espectáculos fue una tenaz luchadora por la Revolución. En la tribuna o en su casa, según cuentan sus amigos, en España, México o Australia defendía el proceso al que le había entregado su vida.

Con un optimismo extraordinario hace unas semanas estuvo en El jardín de la Gorda, su peña que llegó a contar con un público numeroso y recurrente, pero que en ese domingo se llenó de amigos y amigas de la cantante.

Todos sentían que era su despedida y quizás ella también. Era el 26 de diciembre. Desde hacía semanas luchaba contra un cáncer. Allí volvió a agradecer a los médicos y otros profesionales del hospital CIMEQ por la exquisitez con que la trataron.

Su cuerpo fue cremado, pero cenizas no es. Sara es la canción en defensa de Cuba y es La Victoria.

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