Actualizado el 19 de marzo de 2012

Las extensiones de una barba:

El nacimiento de El Caimán Barbudo

Por: . 16|3|2012

El nacimiento de El Caimán BarbudoAl repasar las ediciones de El Caimán Barbudo de su primera época (marzo 1966-noviembre 1967) se percibe el espíritu creador y levantisco de sus fundadores. Se consideraban entonces dotados de las cualidades “genéticas” necesarias para crear un nuevo modo de poesía social a la altura del momento histórico que les había tocado vivir; al tiempo que se auto reconocían diferentes con relación a las generaciones de escritores y artistas precedentes, e incluso, de otros grupos de intelectuales noveles[1].

La formación cultural y política de estos jóvenes transcurría en medio de un proceso social revolucionario que desde sus inicios se distinguió por infringir los esquemas y vaticinios elaborados por teóricos tanto de la “izquierda”, como de la “derecha”. La dirección política pretendía transitar por un camino distanciado del que habían adoptado los países socialistas; y en particular, en la esfera cultural, estimulaba la libertad de creación artística-literaria y teórica y la coherencia con el acontecer y las tradiciones nacionales[2].

En este contexto, los iniciadores de la revista participaban directamente en los cambios revolucionarios, no solo en los ámbitos de las letras o las artes plásticas, sino también en la preparación para la defensa del país, las labores agrícolas y sociales. Su juventud constituía un atributo que los privilegiaba, pues estaban, al decir del Che: (…) libres del pecado original, y formaban parte de la (…) arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores[3]. Tales condiciones incidieron en su formación como trabajadores intelectuales y en los objetivos que se propusieron con la creación de El Caimán Barbudo.

La impronta de esta publicación en la historia de la cultura cubana me incitó a redactar el presente texto, en el que pretendo documentar, desde el propio contenido de la publicación, cómo sus gestores en los dos primeros años conformaron un grupo artístico-teórico[4] dentro del campo cultural cubano que se manifestó en consonancia con el proyecto de independencia y modernidad de la Revolución. Lo enunciado puede apreciarse en los trabajos que divulgaron de jóvenes escritores, poetas, artistas plásticos y filósofos cubanos y de algunos autores de otras generaciones. De igual manera, esto se constata en los documentos que seleccionaron de revolucionarios e intelectuales de diversas latitudes, quebrantadores de los cánones de la sociedad capitalista, o afiliados al “izquierdismo teórico”. El suplemento fue además, el espacio donde expusieron su visión heterodoxa sobre diferentes temas objeto de discusión durante ese período en los ámbitos teóricos, políticos y de la cultura[5].

UN GRUPO ARTÍSTICO- TEÓRICO

Desde 1965, la vanguardia política juvenil de la Revolución organizada en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), contó con un órgano oficial, el periódico Juventud Rebelde. Tenía como finalidad abordar temas económicos, políticos, sociales y deportivos de interés para ese grupo etario. Dicho diario incluía una sección cultural, que en la práctica resultaba ser un espacio insuficiente para divulgar las obras de la nueva promoción de artistas y escritores. Ante esa problemática, Jesús Díaz, profesor de Filosofía en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana (UH) y Miguel Rodríguez, director de Juventud Rebelde, acordaron la creación de un suplemento cultural que satisficiera las necesidades informativas y divulgativas del sector. El magazine, como se expresó en el primer editorial, abordaría no solo cuestiones de literatura y artes plásticas, sino también de política y filosofía, pues pretendían (…) romper la concepción de la literatura considerada como capilla (…)[6].

Para esa labor, Jesús Díaz, Premio Casa de las Américas 1966 en la categoría Cuento, solicitó la asistencia como Jefe de Redacción a su alumno y amigo Guillermo Rodríguez Rivera. Éste tenía cierta experiencia, pues había trabajado en la revista Mella (1961) y en Cuba (1965-1966); además, como era poeta y miembro de la Brigada Hermanos Saíz, se relacionaba más estrechamente con otros escritores jóvenes.

Al indagar sobre la procedencia de los integrantes del Consejo de Redacción y colaboradores de los diecisiete números y dos ediciones especiales de la primera etapa, se aprecia que confluyeron esencialmente tres grupos de distintos entornos y formación profesional: los poetas convocados por Guillermo Rodríguez Rivera; algunos colegas de Jesús Díaz, del Departamento de Filosofía de la UH, y varios trabajadores del periódico Juventud Rebelde. La heterogeneidad de este equipo incidió favorablemente en la revista, pues lograron divulgar no solo poesías, cuentos, fragmentos de novelas, los premios literarios (Casa de las Américas, UNEAC, David); sino también, realizaron entrevistas a otros intelectuales cubanos y extranjeros; presentaron reseñas literarias y de puestas en escenas; trataron sobre música, cine, filosofía, religión, historia, política, ciencia, entre múltiples temas.

LOS POETAS SE PRONUNCIAN

Así comprometidos con la Revolución hasta la médula de los huesos, entonaremos desde estas páginas el canto nuevo, alegre y triste, esperanzado y cierto de los constructores[7]. Con esta sentencia los fundadores de El Caimán Barbudo concluyeron su editorial del primer número, donde quedó explícita cual era su alineación política. La inclusión de la palabra “constructores” denotaba su identificación con el resto de los trabajadores en la realización de la ardua tarea de edificar una sociedad distinta.

En esa edición, doce poetas hicieron suyo el manifiesto “Nos pronunciamos”, elaborado por Guillermo Rodríguez Rivera. En el documento anunciaron diáfanamente que tenían la pretensión de hacer poesía de, desde, por la Revolución. Pero sus versos no se limitarían solo a recrear el fervor revolucionario, como reclamaban algunos intolerantes en aquellos años; sino que los temas de inspiración tendrían relación con todas las inquietudes y experiencias humanas, las que serían tratadas sin apologías, enfrentando los conflictos sociales. Y aunque reconocían su inserción dentro de la tradición cultural del país, asumieron desde la perspectiva formal una posición antiacadémica, distanciada de los contenidos retóricos y de las formas y técnicas literarias tradicionales. Y así lo expresaron: Nos pronunciamos por la integración del habla cubana a la poesía (…) Consideramos que toda palabra cabe en la poesía, sea carajo o corazón[8].

El grupo de El Caimán, en su revista, y en otros espacios públicos de reflexión y debates, utilizó una estrategia herética en la lucha por legitimar sus ideas, y así establecerse como autoridad dentro del campo intelectual cubano de los sesenta. Entre las condiciones que los favorecían en sus propósitos estaba contar con una amplia tirada de ejemplares que se distribuían por toda la isla, pues los números se adjuntaban cada mes al periódico Juventud Rebelde. Además, el suplemento llegaba a manos de estudiantes universitarios e intelectuales de otros países, fundamentalmente latinoamericanos, quienes los recibían a través de vías no comerciales.

En las propuestas de estos jóvenes influyó no solo el espíritu de cambio que significaba la Revolución, sino también su acercamiento a la literatura hispanoamericana, en la medida que pudieron leer e interactuar con muchos de los escritores que visitaban con asiduidad la isla y cuyas obras se editaron en el país en aquellos años[9]. De igual forma, les interesaron la manera contestataria de expresión artística de otros, como: el dramaturgo alemán Peter Weiss, el filósofo y escritor francés Jean Paul Sartre y el dramaturgo inglés Peter Brook. Por esta razón varios trabajos de estos autores se presentaron en la revista[10].

Los principios formulados en “Nos pronunciamos” fueron ratificados casi un año después, en el número especial dedicado al Encuentro Internacional de poesía Rubén Darío (enero 1967), celebrado en Varadero. En esa ocasión Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras publicaron un artículo titulado “Acto de presencia” en el que distinguieron la obra poética de los creadores jóvenes de la producida por las generaciones de poetas anteriores; y advirtieron sobre el nacimiento de un nuevo modo de poesía social, donde la crítica de bisturí estaba condicionada por la honestidad[11]. Siguiendo este principio, algunos de los integrantes del grupo utilizaron un lenguaje áspero y a veces irónico en su prosa para vituperar lo que consideraban incorrecto[12]. Así fueron los trabajos: “Nota sobre la vitalidad de la cultura”, de Jesús Díaz, en el cual categóricamente señaló: “El denominador común del teatro cubano contemporáneo es otro: anemia. Atrapado entre el populismo del lamentable teatro Martí y de las no menos lamentables carpas, y el exclusivismo de las salas del Vedado, carecemos hoy, a casi ocho años de Revolución, de un verdadero teatro popular”[13]. También Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras en “Mercado negro” reprocharon la venta ilegal de libros, revistas y comics de dudosa calidad artística[14]; mientras que Guillermo Rodríguez Rivera, en “Pulpo eléctrico”, apuntó que esto mismo pasaba con los carteles ubicados en el Hotel Habana Libre[15]. La producción cinematográfica también recibió sus críticas en el trabajo “Fracaso de los transportes ICAIC”, de Ramón Sola Hernández[16].

Con ese espíritu fustigador crearon “La carabina de Ambrosio”, una sección que solo salió en el número 15 (junio de 1967) en la cual censuraron a los autores de reseñas de libros que únicamente aportaban opiniones favorables; y a la Colección Cocuyo, por restringirse a textos de los clásicos de la Literatura Universal. También se refirieron con acritud respecto a la despedida que le hicieron algunos artistas a la cantante Miriam Acevedo en El Gato Tuerto; y más sarcástico fue el título “Cambio un mono por un libro”, donde cuestionaron la decisión del Consejo Nacional de Cultura de ceder el Instituto de Literatura Lingüística a la Academia de Ciencias a cambio del Zoológico y el Acuario Nacional.

Éstas y otras declaraciones en diversos medios de prensa, unido a sus modos no convencionales de hacer literatura y arte, provocaron opiniones contrapuestas, incomprensiones y cierto distanciamiento de algunos intelectuales que se consideraban con iguales posibilidades de generar obras revolucionarias. No obstante, en la práctica, el equipo demostró que más allá de las discrepancias, ante momentos de urgencia política, era capaz de cerrar filas junto a los “mayores”. Tal complicidad objetiva[17] se manifestó en el número especial que prepararon en mayo de 1966, en solo 48 horas, al decretar el gobierno revolucionario el estado de alerta frente al peligro de una agresión por parte de los Estados Unidos. El editorial “La hora de los hombres” —término que englobaba a ambos géneros en aquella época— afirmaba: El Caimán está en guerra. El arte hoy tiene que estar en guerra, porque de esta guerra depende, con la suerte del pueblo, la suya[18].

En el número, con el título “Alerta poesía” se reunieron poemas de contenido patriótico de dieciséis autores cubanos de diferentes generaciones: Nicolás Guillén, Regino Pedroso, Fayad Jamis, Roberto Fernández Retamar, Luis Marre, Heberto Padilla, José A. Baragaño, Roberto Branly, Iván Gerardo Campanioni, Rolando López del Amo, Belkis Cuza Male, Elsa Claro, Guillermo Rodríguez Rivera, Félix Contreras, David Fernández y Froilán Escobar.[19] También Onelio Jorge Cardoso, Roberto Fernández Retamar y la pintora argentina Lea Lublín fundamentaron las razones de su disposición de defender al país en el artículo “Una sola actitud”. Por otra parte, Salvador Arias, Eduardo López y Ricardo J. Machado, en “Historia de una actitud argumentaron cómo su generación era heredera del espíritu combativo que siempre caracterizó a los intelectuales en épocas históricas anteriores.

Entre los poetas jóvenes presentes en el número especial estuvo Luis Rogelio Nogueras, quien se integró oficialmente al Consejo de Redacción de la revista a partir de la octava edición. En su poema “Uno se dice”, mediante un lenguaje coloquial transmitió la ira y conmoción que embargaba al pueblo en ese momento: Se recibe la noticia: Dean Rusk/ (Rusk quiere decir hijo de perra en inglés)/ amenaza de nuevo a Cuba[20]. Esa era la forma de decir con la que se habían identificado en “Nos pronunciamos”.

Durante estos dos primeros años del suplemento se compartieron con los lectores los criterios y testimonios de otros escritores experimentados. Ellos fueron: José Lezama Lima, José Antonio Portuondo, Rine Leal y José Zacarías Tallet[21]. Incluso, se publicó una valoración de Fayad Jamis sobre el grupo, donde señaló: Entre los que colaboran en El Caimán hay sin duda verdadero talento (…) lo que me gusta menos en algunos de los poetas de El Caimán es su constante preocupación de fijación o deslinde generacional (…)[22]. Si bien es sustentable esa afirmación, también es un hecho que estos jóvenes se consideraban herederos de los pensadores revolucionarios más preclaros del pasado. Ellos encontraron sus paradigmas en los intelectuales comprometidos con la patria que optaron por el enfrentamiento armado a la opresión colonial y neocolonial. Por este motivo en la revista enaltecieron las ideas de: José Martí, Rubén Martínez Villena, Julio Antonio Mella, Pablo de la Torriente Brau y Frank País.

El tema de las generaciones fue objeto de debate en el entorno cultural cubano en el año 1966. Específicamente La Gaceta de Cuba publicó las respuestas de varios intelectuales, entre ellos Jesús Díaz, a una encuesta sobre ese asunto. Una reflexión lúcida y que alertaba sobre algunas interpretaciones aberrantes en el desarrollo de la lucha ideológica, fue la expresada por Ricardo Jorge Machado desde El Caimán Barbudo del mes de septiembre, en el artículo “Generaciones y Revolución”. El análisis teórico del problema generacional y de su manifestación en las condiciones concretas de Cuba, aunque no estaba totalmente desprejuiciado, sí alertó sobre las posiciones extremistas ante “lo nuevo” al señalar:

Cada generación tiende a expresarse a través de formas que le son peculiares (…) Por eso debemos ser cautelosos y analizar muy cuidadosamente, antes de endilgarle connotaciones ideológicas negativas, de determinadas formas de peinado o ciertas modas de vestir. No es que neguemos la tesis de que la música o la moda pueden esconder en algunas ocasiones intenciones contrarrevolucionarias, o al menos desviaciones de orden moral. De lo que se trata es que una nueva moda o un peinado algo chocante no implican necesariamente una desviación ideológica[23].

LOS DE JUVENTUD REBELDE

Del periódico Juventud Rebelde se sumaron a trabajar en El Caimán: José Luis Posada (ilustraciones), Juan Ayús (director artístico), Elsa Claro (redacción), Mariano Rodríguez Herrera (redacción) y Silvia Freyre (secretaria), entre otros. Ayús y Posada desempeñaron un importante rol en la presentación artística de las diferentes ediciones, al hacerlas novedosas y atractivas. La portada del primer número, de marzo de 1966, fue una muestra de la irreverencia que distinguió a la revista y de su desapego a las normas, pues en el editorial separaron un diptongo y dos consonantes de las vocales que les sucedían, infringiendo de esta forma las consabidas reglas ortográficas.

Posada fue el creador del logotipo, un pequeño caimán con barba. Tal identificación anunciaba a los lectores que encontrarían en sus páginas obras literarias y plásticas revolucionarias, tanto por su contenido como por la forma, en correspondencia con el espíritu reinante en esos años. De su pluma salieron los “mancos mentales”, figuras deformes que representaban a los individuos que no tenían opiniones propias[24]. También criticó a los burócratas, al dibujar en la contraportada del primer número una caricatura suya saltando sobre otros tres personajes desnudos. Dicha representación no fue bien vista por las personas más timoratas, que la consideraron pornográfica[25].

El aporte más impactante de Posada al número especial, ante el Estado de Alerta, fue el dibujo en la portada de una loba con un casco y el emblema de la suástica (evocando al imperialismo). Bajo ésta, aparecían dos individuos serviles tomando de su leche. Al pie de la ilustración se dispuso una frase contundente: “Remember Giron”[26].

LOS FILÓSOFOS

Jesús Díaz desde los primeros instantes de gestación de la revista compartió sus ideas con algunos de los compañeros del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, entre ellos su director, Fernando Martínez Heredia. Después, un grupo de profesores se mantuvo colaborando con artículos o reseñas de libros, varias de las cuales se incorporaron en la sección Para creer leer.

Ricardo J. Machado junto a Jesús Díaz fueron los responsables de la selección de los materiales de contenido teórico y político. Para el primer número, Machado escogió el extenso ensayo “Las ideologías seudo marxistas de la alienación”, del filósofo francés Etienne Balibar. Con este trabajo el joven quería que los lectores percibieran que estaban en presencia de una publicación seria, alejada de la banalidad. Pero la complejidad del texto no propició el debate que deseaban promover a partir del mismo[27].

En esa etapa los filósofos tenían entre sus prioridades el estudio y la divulgación de las obras de pensadores extranjeros con criterios que diferían del enfoque del marxismo soviético. En 1966, aún no habían fundado su revista Pensamiento Crítico (febrero 1967), por lo que el magazine cultural de Juventud Rebelde fue uno de los medios utilizados para tales propósitos. Les interesaba conformar una teoría a partir de la interpretación creadora del marxismo para su utilización efectiva en la transformación revolucionaria de la sociedad. Recurrían también al conocimiento de la historia de la nación y del Tercer Mundo. En esta línea de reflexión estuvo el artículo “El ejercicio de pensar”, de Fernando Martínez Heredia, uno de los trabajos más profundos y valientes publicados en El Caimán, por su exposición atinada y abierta de los problemas presentes en la teoría marxista, y la crítica a las posiciones sectarias, burocráticas, oportunistas y seudomarxistas de los revolucionarios espurios[28]. Igualmente, los profesores se preocupaban por estar al tanto de las condiciones en que se desarrollaban las luchas políticas en los países neocoloniales. Con esta intención, Alfredo Fernández y Oscar Zanetti en el artículo “Latinoamérica: política y guerrillas”, analizaron las realidades económicas, políticas y sociales del continente y el tránsito de los procesos emancipadores del momento[29].

Por su parte, Ricardo Jorge Machado en “Regis Debray o la reivindicación de la teoría”, analizó la interpretación de este intelectual francés sobre la realidad de América Latina. En esos años, Debray era su colega, pues cumplía el servicio social como docente del Departamento de Filosofía. Ya para entonces había escrito varios textos entre ellos, “¿Revolución en la revolución?”, el cual tuvo una significativa repercusión en el pensamiento político de la izquierda, al provocar disímiles opiniones, algunas de ellas encontradas[30]. De su profesor, el filósofo Louis Althusser, también se trató en El Caimán. “Sobre la dialéctica materialista” y “Contradicción y super determinación”, fueron obras comentadas por los profesores Niurka Pérez[31] y Fernando Martínez Heredia respectivamente[32]. Éstas habían sido publicadas por Ediciones Venceremos en 1964, y constituían objetos de agudas controversias entre los seguidores del marxismo, y en particular, en el seno del colectivo docente. Las reflexiones de Althusser estimulaban a leer directamente los trabajos de Marx y Engels, práctica defendida por la mayoría de los profesores de Filosofía, en contraposición a aquellos que preponderaban el uso de los manuales al impartir las clases[33].

Uno de los temas abordados por los líderes de la Revolución en sus discursos durante los sesenta era lo concerniente a la importancia del desarrollo científico técnico como garantía del bienestar del pueblo[34]. En este camino, los profesores comenzaron a estudiar sobre los avances de la Cibernética, una ciencia incipiente en aquellos momentos, y que había sido relegada en los países socialistas por considerarla una disciplina burguesa. Para dirigir los debates, Luciano García y un grupo de colegas se especializaron en esa área del conocimiento. De él se publicó un trabajo en el número 13, de abril de 1967, que hablaba sobre el presente y futuro de la misma[35]. Un tiempo después, las revistas Revolución y Cultura y Pensamiento Crítico dedicaron un número cada una a esta temática, con lo que enriquecieron la información que inicialmente se aportó en El Caimán Barbudo[36].

Otros profesores de filosofía como Hugo Azcuy, Thalía Fung y Aurelio Alonso colaboraron en el suplemento con la publicación de artículos o traducciones. Éste último protagonizó una de las pocas polémicas que se desarrolló en las páginas de la revista. La misma giró en torno al enfrentamiento ciencia —religión, otro de los temas álgidos de ese período.

El motivo de la discusión fueron once trabajos divulgados entre el 20 de marzo y el 29 de mayo de 1966, en el periódico El Mundo, en la sección “Mundo Católico”. Los mismos no estaban firmados, pero el responsable de la columna era el Padre Carlos Manuel de Céspedes. Bajo el título “¿En seis días?” criticó el cortometraje húngaro de igual nombre, por enfrentar la concepción científica sobre el origen del mundo, con el postulado religioso al respecto. En respuesta, Aurelio Alonso publicó en El Caimán el artículo “Mundo Católico y Teilhard de Chardin”, donde expuso su criterio desde el marxismo sobre algunas cuestiones relacionadas con la vida y el pensamiento del filósofo religioso[37]. La discusión entre los dos autores continuó dentro de las normas del respeto mutuo, lo que manifestaba madurez y el reconocimiento del derecho de la coexistencia de diversos puntos de vista sobre un asunto complejo. El Padre Carlos Manuel de Céspedes solo expresó su inconformidad con el dibujo de Jorge Carruana que acompañó el texto de Alonso, por considerarlo irrespetuoso para los que profesaban la fe[38].

PARA LATINOAMÉRICA Y VIET NAM: LA PLUMA Y EL ARMA

En los 60 la evolución de las guerrillas en Latinoamérica, la agresión norteamericana a Vietnam y el estatus político de Puerto Rico fueron contenidos recurrentes del discurso hegemónico en el país. Se reconocía la lucha armada como el método necesario para alcanzar la independencia de los pueblos subdesarrollados del dominio imperialista. Aquí radicaba la contradicción fundamental de la época. Tales proyecciones divergían de las ideas promovidas por la URSS y sus seguidores, que fundamentaban la necesidad de mantener la coexistencia pacífica entre los sistemas socialista y capitalista, para ellos, eje principal de los conflictos mundiales.

En sintonía con la postura del gobierno cubano, el Consejo de Redacción de El Caimán Barbudo expresó en el editorial del número 16, de julio de 1966, su saludo a la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), que se celebraría en La Habana del 31 de julio al 10 de agosto del próximo año. Esta reunión se proponía lograr un consenso entre las fuerzas revolucionarias del continente en la elaboración de una estrategia común que impulsara la Revolución. Del mismo modo, en la revista se manifestó en varias oportunidades el respaldo de los creadores al pueblo vietnamita[39]. Con ese interés idearon la sección V de Vietnam, que solo apareció en los números 14 y 15, en la que reflejaron acontecimientos relacionados con las protestas norteamericanas ante este conflicto.

Al arte pro independencia de Puerto Rico dedicaron el número 4, de julio de 1966, luego de que Jesús Díaz formara parte de la delegación cubana que asistió a los Juegos Centroamericanos celebrados en la ciudad de San Juan.

Otro de los temas frecuentes en los encuentros políticos internacionales y discursos de este carácter durante la segunda mitad de los sesenta fue el compromiso de los artistas y escritores con sus pueblos. Se debatía si para ser considerado un intelectual revolucionario era suficiente participar en el enfrentamiento ideológico desde las tribunas públicas y a través de sus obras; o si solo eran dignos de esta condición los que se incorporaban a la lucha armada. El sacrificio de aquellos que optaban por este último destino suscitaba mayor admiración en los círculos contestatarios. Eso quizás explique la presencia en El Caimán Barbudo de la primera época de numerosos trabajos de intelectuales latinoamericanos, por lo general jóvenes, devenidos en guerrilleros. Dicha situación contrastaba con la inexistencia en la revista de producciones de escritores soviéticos o de otros países socialistas. Esta particularidad revelaba el deseo de fijar distancia de las tendencias del realismo socialista; y por el contrario, estrechar los lazos culturales con el movimiento literario y político del Tercer Mundo.

Los lectores cubanos tuvieron la oportunidad de acceder a las obras de creadores revolucionarios del continente como: el poeta salvadoreño Roque Dalton (1935-1975); el escritor Javier Heraud (1942-1963), soldado del Ejército de Liberación Nacional del Perú; el sacerdote guerrillero colombiano Camilo Torres (1926-1966); el periodista venezolano Fabricio Ojeda (1929-1966); Luis de la Puente Uceda (¿-1965), integrante de las Fuerzas Armadas de Liberación de Venezuela; y el combatiente guatemalteco Otto René Castillo (1936-1967), uno de los poetas jóvenes más prometedores de su país. El valor de sus trabajos trascendió lo estrictamente literario para alcanzar un significado histórico, político y testimonial.

Un tratamiento especial en la revista lo tuvo la figura de Ernesto Che Guevara, ejemplo de intelectual revolucionario e internacionalista, cuyo asesinato, el 9 de octubre de 1967, repercutió profundamente en las vanguardias izquierdistas de todo el mundo. El número dedicado al Che fue la última entrega de ésta época. En ella incorporaron sus trabajos: “Moral y disciplina de los combatientes revolucionarios”, “Conmemoración de la muerte del General Antonio Maceo” y “Camilo”. Como prueba de la predilección del guerrillero por la poesía, seleccionaron una concisa carta que le dirigió al poeta español León Felipe acerca de su libro de poemas El Ciervo. En ésta le comentó que era uno de los pocos textos que tenía en la cabecera de su cama y lo estimuló a polemizar de manera fraterna. También se incluyó el cuento “Reunión”, del destacado escritor argentino Julio Cortázar, donde el personaje central estaba inspirado en la figura del mártir.

Las discrepancias que se habían manifestado entre la Dirección de El Caimán y el ejecutivo de la UJC desde hacía algún tiempo habían llegado ya en esa fecha al clímax, cuando decidieron publicar en el número 15 las opiniones de Heberto Padilla sobre la novela Pasión de Urbino, de Lisandro Otero. Las ofensas del poeta a funcionarios y organizaciones revolucionarias, aunque recibieron la respuesta concluyente de la Redacción, fueron la última razón que esgrimieron los dirigentes de la Juventud Comunista para reemplazar al colectivo que fundó la revista. De esta forma aciaga finalizó esta primera experiencia, en noviembre de 1967[40].

En el estudio de los inicios de El Caimán Barbudo se constata su inserción en un escenario socioeconómico, político, cultural e ideológico complejo, donde se enfrentaban diversas tendencias sustentadas en intereses e interpretaciones diferentes sobre la creación artística, literaria y teórica en las condiciones de construcción del socialismo. En este panorama, el grupo pretendió imponer su visión de la cultura desde sus obras y el ejercicio de la crítica. Asimismo, en la revista, apoyaron la integración cultural y política latinoamericana; y manifestaron su asunción del marxismo como concepción del mundo, con una perspectiva subversiva respecto a la interpretación dogmática del mismo, en conformidad con la convocatoria de los líderes de la Revolución. El enfoque moderno y provocador que tuvo la publicación constituye una expresión testimonial de su época, y en particular, de las inquietudes espirituales de un sector influyente de la intelectualidad cubana de los 60.

NOTAS


[1] Las desavenencias más notables se produjeron con el grupo de Ediciones El Puente. Ver: Díaz, Jesús. “Encuesta generacional”. La Gaceta de Cuba 5 (50) (La Habana) (abr.-mayo 1966): 9

————–. “El último Puente”. La Gaceta de Cuba 5 (52) (La Habana) (ag.-sept. 1966): 4.

[2]Ver: Castro Ruz Fidel. “Palabras a los Intelectuales”. La Habana: Editora del Consejo Nacional de Cultura, 1961.

Antuña, Vicentina. “El Consejo Nacional de Cultura contesta a Alfredo Guevara”. En: Polémicas culturales de los 60. Selec. y prol. Graziella Pogolotti. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2006. p. 191-193 (Sobre los diez puntos que deberían orientar la política cultural del país)

[3] Guevara, Ernesto Che. “El Socialismo y el hombre en Cuba”. La Habana: Editora Política, 1988 p. 21.

[4] Se incluye dentro de lo artístico a la Literatura, en tanto esta se define como el: Arte que emplea como medio de expresión una lengua. Diccionario de la Real Academia de la Lengua, 2007

 [5] Antes de El Caimán Barbudo había existido el magazine Lunes (mar. 1959 – nov. 1961), del periódico Revolución, con el cual existieron algunos puntos de contacto. Lunes tenía una línea editorial literaria, y al igual que El Caimán Barbudo, incorporó desde su primer número algunos trabajos sobre temas filosóficos y políticos. Asimismo, varios autores noveles tuvieron la oportunidad de dar a conocer sus obras en este suplemento. Sería interesante estudiar los puntos de encuentros y diferencias entre ambas publicaciones, siempre teniendo en cuenta que se desarrollaron por diferentes agentes sociales y contextos.

[6] Díaz Jesús. “(…) 1er. premio en cuento en el concurso Casa de las Américas”. Ent. Elsa Claro. Juventud Rebelde (La Habana) (14 febr. 1966): 5

[7] “El Caimán Barbudo ha hecho acto de presencia (…)”. El Caimán Barbudo 1. (La Habana) (mar. 1966): 1-2.

[8] “Nos pronunciamos”. El Caimán Barbudo 1. (La Habana) (mar. 1966):11.

Por: Orlando Alomá, Sigifredo Alvarez Conesa, Iván Gerardo Campanioni, Víctor Casaus, Félix Contreras, Froilán Escobar, Félix Guerra, Rolen Hernández, Luis Rogelio Nogueras, Helio Orovio, Guillermo Rodríguez Rivera y José Yanes.

[9] Rodríguez Rivera, Guillermo. “La poesía de Luis Rogelio Nogueras”. Prólogo. En: Luis Rogelio Nogueras. Hay muchos modos de jugar. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2005. p. 9

[10] Sartre, Jean Paul. Un análisis del teatro burgués. Trad. J. C. Scarpati. El Caimán Barbudo 2. (La Habana) (abr. 1966): 3-5

Weiss, Peter. 10 notas de trabajo de un escritor en el mundo actual. El Caimán Barbudo 15. (La Habana) (jun. 1967): 3-5

Brook, Peter. U.S./u.s. Ent. David Wright. El Caimán Barbudo 15. (La Habana) (jun. 1967): 8-9

[11] Casaus, Víctor y Luis Rogelio Nogueras. “Acto de presencia”. El Caimán Barbudo (nr. espec.) (La Habana) (20 en. 1967):1-2.

Este artículo motivó una polémica en las páginas de La Gaceta de Cuba, entre Pedro de Oráa y Guillermo Rodríguez Rivera. Ver en esta revista, año 6, los números: 57. (abr. 1967), 58. (mayo 1967) y 59. (jun. 1967).

[12] Esta forma de expresar las ideas la sostuvieron en otros trabajos que publicaron en diversas revistas. En particular Jesús Díaz, quién por ejemplo, en el artículo “Literatura Revolucionaria”, presentado en Bohemia del 22 julio de 1966, criticó la obra del poeta Jesús Orta Ruiz y afirmó que éste era incapaz de cantarle a la Revolución porque no contaba con las cualidades artísticas necesarias para ello.

[13] Díaz, Jesús. “Nota sobre la vitalidad de la cultura”. El Caimán Barbudo 15. (La Habana) (jun. 1967): 2.

[14] Casaus, Víctor y Luis Rogelio Nogueras. “Mercado negro”. El Caimán Barbudo 9. (La Habana) (1 dic. 1966):18-19.

[15] Rodríguez Rivera, Guillermo. “Pulpo eléctrico”. El Caimán Barbudo 14. (La Habana) (mayo 1967):21.

[16]Sola Hernández, Ramón. “Fracaso de los transportes ICAIC”. El Caimán Barbudo 15. (La Habana) (jun. 1967): 10-11 (Critica los films “Vuelo 134″ del director José A. Jorge y “Asalto al tren Central” de Alejandro Saderman.)

[17] Bourdieu, Pierre. Sociología y Cultura. Trad. Martha Pou. México D. F.: Editorial Grijalbo, 1990.

[18] “La hora de los hombres”. El Caimán Barbudo (nr. espec.) (La Habana) (jun. 1966): 3.

[19] “Alerta poesía.” El Caimán Barbudo (nr. espec.) (La Habana) (jun. 1966): 4-7.

[20] Nogueras, Luis Rogelio. “Uno se dice”. El Caimán Barbudo (nr. espec.) (La Habana) (jun. 1966): 13.

[21] “Palabras para los jóvenes”. El Caimán Barbudo 2. (La Habana) (abr. 1966): 6-7.

Tallet, José Zacarías. « Hablando con José Z ». Ent. Helio Orovio. El Caimán Barbudo 11(La Habana) (febr. 1967): 18-19.

[22] Jamis, Fayad. “El moro de La Habana”. Ent. Belkis Cuza Malé. El Caimán Barbudo 14. (La Habana) (mayo 1967): 20.

[23] Machado Ricardo J. “Generaciones y Revolución”. El Caimán Barbudo 6. (La Habana) (sept. 1966): 4

[24] Posada, José Luis. “Los mancos mentales”. El Caimán Barbudo 9. (La Habana) (1 dic. 1966):12-13.

[25] Ver : Ponce Suárez, Vilma. “Imagen de… Posada en El Caimán BarbudoLibrínsula No. 217 (7 oct. 2008). En: http://librinsula.bnjm.cu/217_entrevistas_1.html

[26] Posada, José Luis. “Remember Girón”. El Caimán Barbudo (nr. espec.) (La Habana) (jun. 1966): 1

[27] Jorge Machado, Ricardo. Entrevista de la autora. 2 febr. 2011

[28] Martínez Heredia, Fernando. “El ejercicio de pensar”. El Caimán Barbudo 11. (La Habana) (febr.1967): 2-5.

[29]Fernández, Alfredo y Oscar Zanetti. “Latinoamérica: Política y Guerrillas”. El Caimán Barbudo 8. (La Habana) (1 nov. 1966):3-4.

 [30] Machado, Ricardo J. “Regis Debray o la reinvindicación de la teoría”. El Caimán Barbudo 12. (La Habana) (mar. 1967):12-13.

 [31] Pérez, Niurka. “Sobre la dialéctica: polémica en Francia”. El Caimán Barbudo 6. (La Habana) (sept. 1966):14. (Para creer leer)

 [32] Martínez Heredia, Fernando. “Contradicción y super determinación”. El Caimán Barbudo 1 (La Habana) (mar. 1966): 21.

[33] A fines de 1966 y principios de 1967 Aurelio Alonso sostuvo una polémica con Humberto Pérez y Félix de la Uz sobre el uso de los manuales en las clases de Filosofía. Ésta se desarrolló en la revista Teoría y Práctica, órgano teórico de las Escuelas de Instrucción Revolucionaria. Ver:

- “Cartas a la Redacción”. Teoría y Práctica 28. (La Habana) (jul. 1966): 10-17

- Alonso, Aurelio. “Manual…o no manual. (Diálogo necesario)”. Teoría y Práctica 30. (La Habana) (sept. 1966): 12-18

- Pérez, Humberto y Féliz de la Uz. “Contribución a un diálogo nuevamente sobre los manuales”. Teoría y Práctica 31. (La Habana) (oct. 1966): 1-9

- Alonso, Aurelio. “[Carta]”. Cartas a la Redacción. Teoría y Práctica 32. (La Habana) (en. 1967): 84-85

[34] Ver: Castro Ruz, Fidel. “Discurso en el acto de conmemoración de la victoria de Playa Girón, celebrado en el Teatro Chaplin, el 19 de abril de 1965. (Departamento de versiones taquigráficas del gobierno revolucionario) (digital)

[35] García, Luciano. “La cibernética”. El Caimán Barbudo 13. (La Habana) (abr. 1967):12-14.

[36] En estas revistas los números dedicados a la Cibernética fueron: Revolución y Cultura 11, julio de 1968 y Pensamiento Crítico 30, julio 1969.

[37] – Céspedes, Carlos Manuel. “¿En seis días? (Una felicitación y algunas consideraciones?)”. El Mundo (La Habana) (20 mar. 1966): 10. Mundo Católico.

- Alonso Aurelio. “Mundo Católico y Teilhard de Chardin”. El Caimán Barbudo 7. (La Habana) (oct.1966): 2-3

- Céspedes, Carlos Manuel. “Algunas observaciones a “El Caimán Barbudo”. El padre Teilhard de Chardin s.j. y el mundo de la fe. (I)”. El Mundo (La Habana) (30 oct. 1966): 10. Mundo Católico.

- Alonso Aurelio. “Ustedes, nosotros, la fe”. El Caimán Barbudo 9. (La Habana) (1 dic. 1966): 2-5

- Céspedes, Carlos Manuel. “Ustedes, nosotros, la Esperanza y la Caridad (I)”. El Mundo (La Habana) (31 dic. 1966): 2. Mundo Católico.

[38] En la entrevista a Aurelio Alonso Tejada realizada por la autora el 29 de diciembre del 2010, sobre este tema explicó:

(…) me encontré un filosofo que me impactó mucho que fue Pierre Teilhard de Chardin, (…); ya yo había renunciado a fe desde hacía muchos años, pero nunca renuncié a la cultura cristiana y para mí estaba presente, (…) y llegó a Cuba la obra de Teilhard de Chardin, hacia el año 1964, (…) su obra era de los 50, de los 40, había sido proscrita por la iglesia y su publicación se había destapado en relación al Concilio Vaticano II; y para mí, fue impactante, en tanto era posible una comprensión no marxista integral, pero coincidente en algunas de las coordenadas con el marxismo (…)

 [39] “En La Habana se reunieron los representantes de los pueblos latinoamericanos (…)”. El Caimán Barbudo 16. (La Habana) (jul. 1967): 2.

“1967: Año del Viet Nam Heroico”. El Caimán Barbudo 10. (La Habana) (en. 1967):2.

[40] En el devenir de la revista durante esta etapa influyó de manera particular las relaciones que establecieron sus creadores con el ejecutivo de la UJC. A diferencia de otras publicaciones, no gozaban de plena autonomía, pues era el suplemento cultural del periódico de la Juventud Comunista. La dirección de la organización política determinó en varias ocasiones designar a uno de sus miembros para controlar el trabajo del Consejo Editorial, demostrando su desconfianza en la labor del colectivo. Los prejuicios que aún existían respecto al sector intelectual y el desconocimiento de las especificidades y complejidades del trabajo en la esfera cultural, no les permitieron a los dirigentes juveniles elaborar una estrategia para superar las diferencias con estos intelectuales y hacer causa común con ellos. Por otra parte, las constantes expresiones críticas de los reunidos en torno a El Caimán hacia otros escritores y artistas, y su convicción de ser ellos privilegiados por el contexto social en que se habían formado, los apartaron de ese grupo y alentaron la apreciación de que conformaban una “piña”. En el análisis de los factores que incidieron en la decisión de sustituir al Consejo de Dirección habría que valorar también las condiciones socioeconómicas, políticas e ideológicas en que se produjeron las fricciones, así como, los rasgos de las personalidades de los involucrados y los vínculos interpersonales que se establecieron entre ellos, por citar otros aspectos a tener en cuenta.

Categoría: Artículos | Tags: | | | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados