Actualizado el 27 de marzo de 2012

A propósito de “Género a debate y un hombre que mira”

Rasgando velos… desde otro mirar

Por: . 25|3|2012

Ilustración: Fotografía de Cirenaica MoreiraHola Martín: Me alegra mucho que se generen polémicas sobre estos temas en nuestros medios de prensa. Necesitamos debates que nos permitan superar el espacio estrecho de un comentario y trasciendan el contexto limitado de la web. Ojalá El Caimán se anime a dedicar un número de su edición impresa con varios artículos e investigaciones que hoy existen y que reflejan diversos puntos de vista.

Una de las lecciones de vida que aprendí en la carrera de Periodismo fue la responsabilidad que entraña el ejercicio público de la palabra. El ejercicio del criterio nos expone al análisis y la crítica de quien nos lee, y digo nos expone porque creo debe ser un ejercicio de transparencia y honestidad, somos lo que nuestras ideas expresan en un papel, una imagen, un diálogo.

Por eso creo que en el debate público sobre temas de género —ya sea en bitácoras, espacios individuales o en medios estatales y especializados como El Caimán— debe siempre regir un comprometimiento ético con la justicia y la igualdad de derechos, responsabilidades y dignidad entre mujeres y hombres, cualquiera sea su orientación sexual, identidad de género, color de la piel, procedencia geográfica, acceso a los recursos, a la información, etc., y sin desconocer nunca la posición de desventaja social a la que han sido relegados quienes sufrieron y sufren discriminación.

Estas cuestiones poseen un fuerte contenido vivencial y como profesionales de la comunicación resulta imprescindible que nos acerquemos a ellas desde el conocimiento de todo un arsenal teórico, político, social, cultural, que existe en Cuba y en todo el mundo; pues se corre el riesgo de no identificar nuestras propias limitaciones y de confundir a quien nos lee.

Quisiera comentar algunas de tus aseveraciones haciendo uso de unas pocas citas, textos publicados, frases y artículos que pueden consultarse en Internet.

Valorar la búsqueda de justicia por parte de las mujeres como queja desproporcionada, ingenio rebuscado y expresión del resentimiento, ya que desgraciadamente les tocó la peor parte en la repartición de derechos, desconoce la tradición del movimiento feminista que garantizó, para las de mi generación, buena parte de sus derechos sexuales y humanos. Reducir el accionar de las mujeres al lamento invisibiliza lo que se hace hoy por el empoderamiento de las mujeres, no solo en la capital y en proyectos culturales, sino también en espacios rurales, comunitarios, obreros, etc.

Además ¿quién se atreve a desconocer que miles y miles de mujeres pierden hoy la vida no por inconveniencias de su género o el solo hecho de ser mujer, sino porque el significado social que se le da a la feminidad en cientos de países justifica el feminicidio y la violencia contra niñas, adolescentes y mujeres? ¿Cómo no reconocer su condición de víctimas y la necesidad de vindicar sus derechos humanos?

Refiriéndote a la socialización de las niñas afirmas: “Se les enseña que deben cuidarse de los hombres porque ellos siempre quieren abusar y mangonear… Deben prepararse muy bien en lo profesional para poder imponerse a ‘los hombres que nunca quieren ceder espacio’, deben luchar duro y no quedarse calladas, para que ‘los hombres entiendan que nosotras también tenemos derechos’.”

Una de las principales conquistas femeninas en la Revolución Cubana ha sido la autonomía que han ganado las mujeres y su inserción en el espacio público. Solo un estudio que cuente con información estadística actual nos ayudaría a precisar si las verdaderas motivaciones de las mujeres para su superación yacen en el enfrentamiento a los hombres o en aspiraciones personales. Por otra parte, uno de los aportes más significativos de la teoría de género ha sido reconocer al patriarcado como un sistema de dominio que supera los cuerpos y se expresa en creencias, prejuicios, estructuras, sistemas de relaciones, entre otros. Esto lo refleja el siguiente dato que publica la periodista Anneris Ivet Leyva en un artículo que aparece en la versión impresa del periódico Granma del día 9 de marzo. Y cito:

“Resulta significativo que a pesar de constituir el 66 % de la fuerza técnica y profesional de los niveles medio y superior del país, el número de las que ejercen un real poder de decisión sobre recursos humanos, económicos y financieros no rebase el 40%, según datos de cierre del 2011… De acuerdo con otras informaciones de la ONEI publicadas en el informe Mujeres Cubanas, estadísticas y realidades, al cierre del 2008 las graduadas de educación superior en Ciencias Médicas representaban el 81,4 %, y entre el número de médicos ejerciendo también estaban en mayoría, con el 58 %. Sin embargo, pocas veces las vemos al frente de grandes centros de investigación u hospitales.”

La escena que reproduces sobre la distribución de roles y en especial el comportamiento caprichoso del personaje femenino me preocupa, por ser sintomático el uso creciente de estereotipos machistas que con el fin de “ejemplificar” desconocen toda una realidad diversa existente en la Cuba de hoy. Por ejemplo, el libro Mujeres en tránsito, un análisis de estadísticas cubanas publicado por la Agencia Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo en Cuba (AECID) y que contó con la participación de la reconocida especialista Teresa Lara —se distribuyó en el último espacio de Mirar desde la sospecha— nos demuestra lo engañosas que pueden ser escenas como la que propones. En el capítulo dedicado a los Divorcios en Cuba aparece lo siguiente:

“En 2007 la cantidad de divorcios concedidos fue de 34 559.
Al analizar el comportamiento de los divorcios de 2003 al 2007, según la duración del matrimonio, resulta significativo lo siguiente:
—Más del 60% de los divorcios ocurren en matrimonios con más de 6 años.
—Los divorcios de matrimonio con más de 15 años tienen la dinámica de crecimiento más alta, presentando una dinámica de crecimiento anual de 8,2% en los últimos cinco años.”

Las mujeres en Cuba poseen la patria potestad de los hijos e hijas, además representan más de la mitad de la fuerza técnico-profesional. ¿Las experiencias de las 34 559 mujeres que, producto del divorcio pueden quedar como jefas de núcleo solteras y posibles trabajadoras, se aplicarían al ejemplo descrito? ¿Dónde queda la posible representación de las realidades de estas mujeres? ¿Dónde la búsqueda de otras maneras de ser y participar en familia, alternativas al modelo hegemónico patriarcal y heteronormativo?

Respecto al ámbito familiar me parece muy importante la llamada de atención que realizas sobre la castración emocional a la que se ven sujetos la inmensa mayoría de los hombres en la sociedad patriarcal. No obstante, no comparto el llamado de alerta sobre un supuesto desbalance en la discusión de estos temas. Quisiera que reflexionáramos sobre lo siguiente. ¿Por qué dadas las condiciones no se rompen estos esquemas y ataduras a los que están sometidos los hombres? Vuelvo a citar el artículo de Granma:

“Una de las innumerables expresiones de los prejuicios latentes es que, hasta septiembre del 2011, a ocho años de firmarse el Decreto-Ley 234 del 2003 de la Maternidad de la Trabajadora, que posibilitó a los hombres acceder a una licencia de paternidad una vez concluida la etapa de lactancia materna exclusiva —y así facilitar que la mujer, quizás con mayores perspectivas de desarrollo profesional o económico, se reincorporara al trabajo—, apenas 96 padres se habían acogido a este. Y una gran parte lo había hecho, además, porque no le quedaba otra opción (muerte o enfermedad de la madre), según publicó este diario el 27 de enero pasado, a partir de datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.”

Ceder poder cuesta, y mucho. Quiero remitirme entonces, a una de las razones por la cual han sido las mujeres quienes protagonizan la lucha contra el patriarcado. Voy a citar a dos estudiosos varones Pierre Bourdieu y Robert W. Connel —este último uno de los clásicos de los estudios de masculinidades que continúa cobrando fuerza en el mundo entero y que en Cuba también tiene importantes expertos como Ramón Rivero y Julio César González Pagés.

Bourdieu y Connel se refieren a la trampa del privilegio masculino. Dice Connel: “Un sistema de género donde los hombres dominan a las mujeres no puede dejar de constituir a los hombres como un grupo interesado en la conservación, y a las mujeres como un grupo interesado en el cambio. Este es un hecho estructural, independiente de si los hombres como individuos, aman u odian a las mujeres, o creen en la igualdad o en el servilismo… Hablar de un dividendo patriarcal es revelar exactamente esta pregunta de interés crucial. Los hombres obtienen un dividendo del patriarcado en términos de honor, prestigio y del derecho a mandar. También ganan un dividendo material… De estos hechos, la guerra de los sexos no es una broma. Las luchas sociales son resultado de grandes inequidades. De esta forma las políticas de masculinidad no se pueden preocupar solo de interrogantes sobre la vida personal y la identidad. Deben preocuparse también de asuntos de justicia social. Una estructura de desigualdad a esta escala, que involucra un despojo masivo de recursos sociales, es difícil de imaginarla sin violencia. El género dominante es, abrumadoramente, el que sostiene y usa los medios de violencia. Los hombres están armados muchísimo más a menudo que las mujeres.” (Robert W. Connel, La organización social de la masculinidad, disponible en www.cholonautas.edu.pe)

Y para continuar reivindicando el papel del conocimiento en estos debates, como profesionales de los medios que somos los dos, quiero terminar con una cita que utiliza Isabel Moya —Doctora en Ciencias de la Comunicación, con una tesis que demuestra la pertinencia de los nexos entre los campos de la Comunicación y el Género— en su libro El sexo de los ángeles publicado en 2010. Isabel nos presenta una idea de Jesús Martín Barbero clave para hacer periodismo y comunicación en la Cuba de hoy, clave para promover una sociedad más justa para todos y todas:

“La problemática del hacer teoría sigue mirándose en América Latina como algo sospechoso. Desde la derecha porque hacer teoría es un lujo reservado a los países ricos y lo nuestro es aplicar y consumir. Desde la izquierda porque los problemas ‘reales’, la brutalidad de la urgencia y las situaciones no dan derecho ni tiempo al quehacer teórico. Y sin embargo la teoría es uno de los espacios claves de la dependencia” (El subrayado es mío).

Y de la independencia.

La Habana, 20 de marzo de 2012. Hoy mi hijo cumple siete meses, merece vivir en un mundo libre de machismo y misoginia. Que no diga que su madre no luchó por ello.

*Lirians Gordillo Piña es periodista de la Editorial de la Mujer y coordinadora, junto a Danae E. Diéguez y Helen Hernández Hormilla, del espacio de debate Mirar desde la sospecha.

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